Y vienes, pero te vas
Apareces, aunque no estás
Eres como un fantasma
No… ¡Eres un ser más!
No te quito de mi cabeza
Loca me he vuelto ya.
Apareces tras una curva
Corro tras de ti.
Alzo mi mano a tocarte,
Ya no estás aquí.
Intento rozarte, pero no puedo,
Intento hablarte, pero no sé
Intentos fallidos de conversación
Abro la boca, tan solo para esbozar un… ‘’Adiós’’
¿Qué hiciste?
¿Dónde estás?
Horas en mi bici
Por medio segundo,
Voltearte a mirar.
Cuando tus ojos clavas en mí
Mi pulso no alcana a parar
Cuando tu voz me pregunta
No sé si quiera hablar.
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Bienvenidos
Quería dar la bienvenida y las gracias, a todos aquellos que visiten mi blog.
Agradecería el comentar alguna entrada, simplemente para saber lo que puedo mejorar.
¡Muchas gracias!
¡Un beso!
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lunes, 23 de mayo de 2011
Enfados a sí misma.
Hoy no quiero salir,
No quiero hablar,
No quiero quererte,
Ni si quiera tocarte.
Hoy no quiero verte
Ni desearte, si quiera tenerte.
Es más, ¡¡No me importas!!
No me digas que me quieres,
No me toques, ¡ni me hables!
Hoy quiero escapar,
Quiero gritar
Quiero amarte,
Quiero sentirte.
Quiero tu mirada sobre la mía,
Tu piel contra mi piel
Sin prejuicios.
Quiero que me quieras
Quiero llorar
Quiero irme de este infierno,
Quiero olvidarme de quien soy
Puedes irte, olvidarlo todo.
Quiero morir.
No quiero hablar,
No quiero quererte,
Ni si quiera tocarte.
Hoy no quiero verte
Ni desearte, si quiera tenerte.
Es más, ¡¡No me importas!!
No me digas que me quieres,
No me toques, ¡ni me hables!
Hoy quiero escapar,
Quiero gritar
Quiero amarte,
Quiero sentirte.
Quiero tu mirada sobre la mía,
Tu piel contra mi piel
Sin prejuicios.
Quiero que me quieras
Quiero llorar
Quiero irme de este infierno,
Quiero olvidarme de quien soy
Puedes irte, olvidarlo todo.
Quiero morir.
Existen momentos
¿Qué quieres que sienta cuando te veo pasar?
Si cada vez que no me hablas, me cuesta respirar.
¿Qué quieres que haga cuando no puedo verte?
Si lo único que quiero es el lunes, para volver a observarte.
¿Cómo le hago?
Sin ti, no puedo.
¿Cómo respiro?
Constas de mi suspiro.
Y ahora dime, ¿qué puedo hacer?
¿Me escapo? ¿Te olvido? ¿Te dejo de hablar?
Es que sin ti, no puedo, de verdad.
Y, contigo muero, por no poder gritar.
Cuando te veo a hurtadillas de todos los demás.
Cuando me escapo a verte, lunes y miércoles.
Cuando me quedo en tu retrato para verte.
Cuando escucho canciones que me recuerdan a ti.
¿Cómo le hago para no sentir?
Para no sufrir
Para olvidar
Para que todo esto, más daño no me pueda causar.
Si cada vez que no me hablas, me cuesta respirar.
¿Qué quieres que haga cuando no puedo verte?
Si lo único que quiero es el lunes, para volver a observarte.
¿Cómo le hago?
Sin ti, no puedo.
¿Cómo respiro?
Constas de mi suspiro.
Y ahora dime, ¿qué puedo hacer?
¿Me escapo? ¿Te olvido? ¿Te dejo de hablar?
Es que sin ti, no puedo, de verdad.
Y, contigo muero, por no poder gritar.
Cuando te veo a hurtadillas de todos los demás.
Cuando me escapo a verte, lunes y miércoles.
Cuando me quedo en tu retrato para verte.
Cuando escucho canciones que me recuerdan a ti.
¿Cómo le hago para no sentir?
Para no sufrir
Para olvidar
Para que todo esto, más daño no me pueda causar.
martes, 17 de mayo de 2011
~Especial~
Sabía que mi llanto podía escucharse desde fuera del baño, pero no me preocupé en ocultarlo. Estaba sentada, en el suelo. Con la puerta cerrada. Oía la gente hablar por el pasillo, cosa que no debería ser así, pues ya la gente estaría dando clase. Pronto se dejaron de escuchar voces. Me aferré a mis piernas, con su imagen entre mis manos, en una foto de papel. La acerqué a mi corazón, abrazándola así. - ¿Por qué todos se dan cuenta menos tú…? – Lloraba desolada, ante la aparición de algo que, me llevase.
A mi lado estaba la mochila, donde llevaba todos los libros. De ahí saqué un cuaderno y un bolígrafo. Comencé a escribir:
-Lo siento. Te he fallado. Dije que no volvería a caer. Caí, he de admitirlo. Pero tranquila, ya no tendrás que volver a esperar que no lo vuelva a hacer. Pronto desapareceré de aquí. Pronto dejaré de… Molestaros a todos…-
Las lágrimas cayeron en el papel, haciéndolos mojar.
- No quiero ser una carga más. Quiero despedirme de ti. Es lo único que pido. Lo siento, de verdad. Por favor. Tengo que hablar contigo. Es importante, ¿Vale? Estaré bien.
A las cinco, estaré en la puerta del instituto, podrás verme. Espero verte allí.
Adiós, te quiero.-
Suspiré, cerré la carta entre lágrimas, le dí un beso, puse su nombre por la parte que yo veía. Salí del baño incorporándome. Pasé bajo la puerta de clase la nota y me quedé escuchando para saber que decía, escondida. Al ver que le dio la carta, salí corriendo.
Desaparecí, me desvanecí, como un conejo que está a punto de ser cazado. Me escapé de aquél espantoso lugar sin que nadie extrañara mi presencia. Claro que, para los compañeros, “estaba en el baño”. Típica escusa, ¿no? Ya, ¿Qué más daba? Me iba a ir.
Esperé en la puerta del instituto, ansiosa a su llegada, sentada en el suelo. Suponía que vendría, aunque no lo sabía con exactitud. Pasaron cinco minutos, no llegó. Pasaron diez minutos, no llegaba. Los minutos se me hacían eternos, los segundos, se me hacían lustros. Pasaron quince minutos. Me decidí a irme. Me levanté, dispuesta a coger camino a donde quiera que me llevase el destino, con mi maleta a cuestas. Entonces, alcé la cabeza, y la vi, corría hacia mí. Parecía preocupada y, agobiada. Decidí esperarla. Entonces me miró, luchando por respirar.
+ Lo… Lo siento… No… No me dejaron salir…
- No… Te preocupes…
Suspiré. Lo notó. Miré al suelo. Noté su mirada penetrante sobre mí. Me parecía triste, aunque no llegué a detectarla. Ella tomó mi barbilla y la subió para que le mirara.
+ Cuéntame…
- Vámonos a otro sitio.
+ Está bien…
Me puse a su lado. Caminé. Caminó. Le miré, me miró.
+ ¿Dónde?
- Vamos allí dentro.
Señalé las canteras. Así lo hicimos, entramos, buscamos un banco y nos sentamos.
+ ¿Por qué…?
- No soporto estar aquí, Luz.
+ Pero, ¿Por qué…?
- Me siento encerrada… Necesito… Sentirme libre…
+ Y… ¿Por qué yo, Adele? ¿Por qué me lo dices a mí…? Quiero decir, no me molesta… Pero… ¿Por qué me elegiste a mí para decirlo?
- De eso… Quería hablar…
+ Dime…
Apreté los ojos, le tomé del rostro, acaricié su mejilla con el dedo pulgar. Intenté fijar mi mirada en sus ojos, rebosantes de preocupación.
-No te preocupes, ¿Vale? Estaré bien. Es más, si tú quieres, podré venir a verte. No iré muy lejos.
Señalé mi maleta.
- Tampoco llevo muchas cosas…
Sonreí, intentando tapar la preocupación que ella llevaba.
+ ¿Dónde irás?
- No me busques… Yo iré por ti…
+ Dime donde irás, por favor…
Encogí mis labios, ella cogió mi mano.
- No me iré muy lejos.
+ Llévame…
- No sería un buen sitio para ti. No quiero que me vieses allí.
+ Quédate conmigo…
- No podría…
Acaricié su rostro, con tristeza. Me moría de ganas de besarla y que viniese conmigo, pero las razones eran obvias. Aquél lugar podría llegar a ser peligroso.
+Pe…Pero…
Coloqué mi dedo índice en sus labios.
- Sólo serán unos días, ¿vale? Estaré bien, lo prometo.
Ella negó. Coloqué mi frente con la de ella, y le miré a los ojos fijamente.
- Estaré bien, princesa… De verdad… No quiero ir a casa durante unos días… Ni quiero ir al instituto… Nadie me echará de menos, ya verás…
+ ¿Qué le dirás a tus padres?
- Les dije que… Estaría… De excursión con el colegio unos días, y, bueno, coló. Hice una autorización… Y, unas cuantas movidas. No me echarán de menos.
+ Ven conmigo…
- No quiero ser un estorbo… Ya lo sabes…
+ No lo serás… ¡Déjame ir contigo!
- El sitio donde me quedaré no será muy bonito…
+ Quiero asegurarme que estás bien…
Me miraba a los ojos. Cerré los míos leve, intentando no llorar.
- Lo estaré… Llevo el móvil, ¿vale?
+ ¡Déjame saber dónde vas! ¿Dónde podré encontrarte?
- Mañana te recojo del instituto, ¿Vale? ¿Así estarás más tranquila?
+ Quiero escaparme contigo…
- ¿Qué le dirías a tus padres?
+ Se van de viaje, se quedan mis tíos en casa. Les diré que me quedo en casa de una amiga.
- ¿Estás segura?
+ Quiero ir contigo.
Le besé la mejilla. Sentí nervios, y un cúmulo de sensaciones increíbles. Pero me encantó.
+ ¿Dónde es?
- Conoces el lugar. Pero no sé dónde resguardarnos.
Ella asintió y me devolvió el beso. Decidí levantarme.
- Será mejor ir a tu casa, que cojas algo de ropa y, vallamos. Antes de que oscurezca.
Ella me dio la razón y, así lo hicimos. Le cogí de la mano tirando de ella, bromeando. Ella me sonreía. Fuimos a su casa, entramos a su habitación y, ella en la mochila del instituto, metió ropa.
+ ¿Cómo lo haremos?
- Confía en mí.
+ Ya lo hago…
- Vámonos.
Ella asintió, con la maleta en sus hombros. Iba delante de mí. Yo le seguía.
Tras 20 minutos de camino, apenas sin habla. Conseguimos llegar. Aquél sitio. Me encantaba. Era mi refugio, era mi lugar. Ahora era nuestro lugar. NADIE nos lo podía arrebatar. Ahí estábamos, ella y yo. Juntas. Me descoloqué la maleta. Saqué la pequeña caseta y automáticamente se hizo. Le hice una señal para entrar, así lo hicimos. La caseta era un poco pequeña, pero bastante acogedora.
- ¿Tienes saco?
+ Ops… No…
Ella me miró con rostro de preocupación. Yo le sonreí, le ofrecí mi saco.
+ Pero… ¿Y tú?
- Estaré bien. Deja de mirarme con esa carita anda. No te preocupes.
Le sonreí, me miró torciendo la boca. Y no dijo nada.
Ya era de noche. Hora de la cena. Para mi suerte, había traído suficiente comida y dinero para una semana. Todo planeado desde hace tiempo. Cenábamos fuera de la caseta, sobre una manta, mientras observábamos las estrellas. Luego nos recostamos en esta misma. Ella apoyó su cabeza contra mi pecho mientras las observábamos.
+ ¡Mira! ¡Una estrella fugaz! ¡¡Pidamos un deseo!!
Cerré mis ojos, sonriendo. Aquella era la noche más perfecta de toda mi vida. Ella era mi único deseo. Así que lo único que pedí, era su correspondencia. Aún así lo dejé pasar.
- Na, no me hará falta.
+ ¿Por qué?
Ella me miraba. Sólo nos iluminaba una pequeña vela al lado nuestra.
- Porque… Sólo falta un pequeño detalle para que esta noche sea perfecta… Y, ya lo llega siendo.
+ ¿Qué detalle?
Acaricié su rostro, incorporándome al ver que ella lo hacía.
- La razón por la que te cité a ti, y no a cualquier otra persona…
Sus ojos se quedaron mirándome. No supe si estaba intrigada, o lo comprendía. Encogí leve mis labios. Me quedé embobada en sus ojos. En como el brillo de aquella vela, se reflejaba. Entonces, una ráfaga de viento, me hizo temblar y, apagó la vela.
- Será mejor que entremos.
Ella me dio la razón. Entramos.
+ Métete aquí, conmigo.
- Estaré bien fuera…
+ No… No es cierto. Yo he venido aquí contigo, porque yo he querido, no quiero que estés incómoda. Además, cabemos las dos.
- ¿Dejarás de quejarte entonces?
Bromeé. Asintió. Ella se hizo un lado. Me metí donde el sitio me dejaba. Frente a frente. Su cuerpo, contra mi cuerpo. Podía observar sus ojos. Sabía que no dormiría. Menos, si no se lo decía.
-Te quiero…
Ella me miró. Cogió la linterna y la encendió para más visión. Me quedé mirando sus ojos. Ahora nada rompería ese momento. Era mi momento. Era nuestro momento. Aquel en el que haría mi sueño realidad. Aquello que desvelaba mis noches. Juntamos nuestras frentes, me quedé embobada en sus ojos. Se acercaba, me acercaba. Casi podía sentir su respiración. Sus labios rozaron los míos. Lo que provocó mi nerviosismo. Ella colocó su mano en mi cintura, haciéndome relajar. Entreabrió sus labios. Me besó. Correspondí, sonriendo como nunca antes, había sonreído en la vida.
+Te amo…
Esbozó en una media sonrisa.
A mi lado estaba la mochila, donde llevaba todos los libros. De ahí saqué un cuaderno y un bolígrafo. Comencé a escribir:
-Lo siento. Te he fallado. Dije que no volvería a caer. Caí, he de admitirlo. Pero tranquila, ya no tendrás que volver a esperar que no lo vuelva a hacer. Pronto desapareceré de aquí. Pronto dejaré de… Molestaros a todos…-
Las lágrimas cayeron en el papel, haciéndolos mojar.
- No quiero ser una carga más. Quiero despedirme de ti. Es lo único que pido. Lo siento, de verdad. Por favor. Tengo que hablar contigo. Es importante, ¿Vale? Estaré bien.
A las cinco, estaré en la puerta del instituto, podrás verme. Espero verte allí.
Adiós, te quiero.-
Suspiré, cerré la carta entre lágrimas, le dí un beso, puse su nombre por la parte que yo veía. Salí del baño incorporándome. Pasé bajo la puerta de clase la nota y me quedé escuchando para saber que decía, escondida. Al ver que le dio la carta, salí corriendo.
Desaparecí, me desvanecí, como un conejo que está a punto de ser cazado. Me escapé de aquél espantoso lugar sin que nadie extrañara mi presencia. Claro que, para los compañeros, “estaba en el baño”. Típica escusa, ¿no? Ya, ¿Qué más daba? Me iba a ir.
Esperé en la puerta del instituto, ansiosa a su llegada, sentada en el suelo. Suponía que vendría, aunque no lo sabía con exactitud. Pasaron cinco minutos, no llegó. Pasaron diez minutos, no llegaba. Los minutos se me hacían eternos, los segundos, se me hacían lustros. Pasaron quince minutos. Me decidí a irme. Me levanté, dispuesta a coger camino a donde quiera que me llevase el destino, con mi maleta a cuestas. Entonces, alcé la cabeza, y la vi, corría hacia mí. Parecía preocupada y, agobiada. Decidí esperarla. Entonces me miró, luchando por respirar.
+ Lo… Lo siento… No… No me dejaron salir…
- No… Te preocupes…
Suspiré. Lo notó. Miré al suelo. Noté su mirada penetrante sobre mí. Me parecía triste, aunque no llegué a detectarla. Ella tomó mi barbilla y la subió para que le mirara.
+ Cuéntame…
- Vámonos a otro sitio.
+ Está bien…
Me puse a su lado. Caminé. Caminó. Le miré, me miró.
+ ¿Dónde?
- Vamos allí dentro.
Señalé las canteras. Así lo hicimos, entramos, buscamos un banco y nos sentamos.
+ ¿Por qué…?
- No soporto estar aquí, Luz.
+ Pero, ¿Por qué…?
- Me siento encerrada… Necesito… Sentirme libre…
+ Y… ¿Por qué yo, Adele? ¿Por qué me lo dices a mí…? Quiero decir, no me molesta… Pero… ¿Por qué me elegiste a mí para decirlo?
- De eso… Quería hablar…
+ Dime…
Apreté los ojos, le tomé del rostro, acaricié su mejilla con el dedo pulgar. Intenté fijar mi mirada en sus ojos, rebosantes de preocupación.
-No te preocupes, ¿Vale? Estaré bien. Es más, si tú quieres, podré venir a verte. No iré muy lejos.
Señalé mi maleta.
- Tampoco llevo muchas cosas…
Sonreí, intentando tapar la preocupación que ella llevaba.
+ ¿Dónde irás?
- No me busques… Yo iré por ti…
+ Dime donde irás, por favor…
Encogí mis labios, ella cogió mi mano.
- No me iré muy lejos.
+ Llévame…
- No sería un buen sitio para ti. No quiero que me vieses allí.
+ Quédate conmigo…
- No podría…
Acaricié su rostro, con tristeza. Me moría de ganas de besarla y que viniese conmigo, pero las razones eran obvias. Aquél lugar podría llegar a ser peligroso.
+Pe…Pero…
Coloqué mi dedo índice en sus labios.
- Sólo serán unos días, ¿vale? Estaré bien, lo prometo.
Ella negó. Coloqué mi frente con la de ella, y le miré a los ojos fijamente.
- Estaré bien, princesa… De verdad… No quiero ir a casa durante unos días… Ni quiero ir al instituto… Nadie me echará de menos, ya verás…
+ ¿Qué le dirás a tus padres?
- Les dije que… Estaría… De excursión con el colegio unos días, y, bueno, coló. Hice una autorización… Y, unas cuantas movidas. No me echarán de menos.
+ Ven conmigo…
- No quiero ser un estorbo… Ya lo sabes…
+ No lo serás… ¡Déjame ir contigo!
- El sitio donde me quedaré no será muy bonito…
+ Quiero asegurarme que estás bien…
Me miraba a los ojos. Cerré los míos leve, intentando no llorar.
- Lo estaré… Llevo el móvil, ¿vale?
+ ¡Déjame saber dónde vas! ¿Dónde podré encontrarte?
- Mañana te recojo del instituto, ¿Vale? ¿Así estarás más tranquila?
+ Quiero escaparme contigo…
- ¿Qué le dirías a tus padres?
+ Se van de viaje, se quedan mis tíos en casa. Les diré que me quedo en casa de una amiga.
- ¿Estás segura?
+ Quiero ir contigo.
Le besé la mejilla. Sentí nervios, y un cúmulo de sensaciones increíbles. Pero me encantó.
+ ¿Dónde es?
- Conoces el lugar. Pero no sé dónde resguardarnos.
Ella asintió y me devolvió el beso. Decidí levantarme.
- Será mejor ir a tu casa, que cojas algo de ropa y, vallamos. Antes de que oscurezca.
Ella me dio la razón y, así lo hicimos. Le cogí de la mano tirando de ella, bromeando. Ella me sonreía. Fuimos a su casa, entramos a su habitación y, ella en la mochila del instituto, metió ropa.
+ ¿Cómo lo haremos?
- Confía en mí.
+ Ya lo hago…
- Vámonos.
Ella asintió, con la maleta en sus hombros. Iba delante de mí. Yo le seguía.
Tras 20 minutos de camino, apenas sin habla. Conseguimos llegar. Aquél sitio. Me encantaba. Era mi refugio, era mi lugar. Ahora era nuestro lugar. NADIE nos lo podía arrebatar. Ahí estábamos, ella y yo. Juntas. Me descoloqué la maleta. Saqué la pequeña caseta y automáticamente se hizo. Le hice una señal para entrar, así lo hicimos. La caseta era un poco pequeña, pero bastante acogedora.
- ¿Tienes saco?
+ Ops… No…
Ella me miró con rostro de preocupación. Yo le sonreí, le ofrecí mi saco.
+ Pero… ¿Y tú?
- Estaré bien. Deja de mirarme con esa carita anda. No te preocupes.
Le sonreí, me miró torciendo la boca. Y no dijo nada.
Ya era de noche. Hora de la cena. Para mi suerte, había traído suficiente comida y dinero para una semana. Todo planeado desde hace tiempo. Cenábamos fuera de la caseta, sobre una manta, mientras observábamos las estrellas. Luego nos recostamos en esta misma. Ella apoyó su cabeza contra mi pecho mientras las observábamos.
+ ¡Mira! ¡Una estrella fugaz! ¡¡Pidamos un deseo!!
Cerré mis ojos, sonriendo. Aquella era la noche más perfecta de toda mi vida. Ella era mi único deseo. Así que lo único que pedí, era su correspondencia. Aún así lo dejé pasar.
- Na, no me hará falta.
+ ¿Por qué?
Ella me miraba. Sólo nos iluminaba una pequeña vela al lado nuestra.
- Porque… Sólo falta un pequeño detalle para que esta noche sea perfecta… Y, ya lo llega siendo.
+ ¿Qué detalle?
Acaricié su rostro, incorporándome al ver que ella lo hacía.
- La razón por la que te cité a ti, y no a cualquier otra persona…
Sus ojos se quedaron mirándome. No supe si estaba intrigada, o lo comprendía. Encogí leve mis labios. Me quedé embobada en sus ojos. En como el brillo de aquella vela, se reflejaba. Entonces, una ráfaga de viento, me hizo temblar y, apagó la vela.
- Será mejor que entremos.
Ella me dio la razón. Entramos.
+ Métete aquí, conmigo.
- Estaré bien fuera…
+ No… No es cierto. Yo he venido aquí contigo, porque yo he querido, no quiero que estés incómoda. Además, cabemos las dos.
- ¿Dejarás de quejarte entonces?
Bromeé. Asintió. Ella se hizo un lado. Me metí donde el sitio me dejaba. Frente a frente. Su cuerpo, contra mi cuerpo. Podía observar sus ojos. Sabía que no dormiría. Menos, si no se lo decía.
-Te quiero…
Ella me miró. Cogió la linterna y la encendió para más visión. Me quedé mirando sus ojos. Ahora nada rompería ese momento. Era mi momento. Era nuestro momento. Aquel en el que haría mi sueño realidad. Aquello que desvelaba mis noches. Juntamos nuestras frentes, me quedé embobada en sus ojos. Se acercaba, me acercaba. Casi podía sentir su respiración. Sus labios rozaron los míos. Lo que provocó mi nerviosismo. Ella colocó su mano en mi cintura, haciéndome relajar. Entreabrió sus labios. Me besó. Correspondí, sonriendo como nunca antes, había sonreído en la vida.
+Te amo…
Esbozó en una media sonrisa.
miércoles, 11 de mayo de 2011
~Al borde del abismo~
Los charcos de sangre se formaron a mi alrededor. Su sonrisa inundó mi mente. Mi cuerpo dejó de reaccionar ante nada. Sólo su imagen estaba en mi cabeza. "Adiós, mi niña. " Apreté el puño, soltaba lágrimas. Alcancé el móvil, observé su mirada. Abrí la agenda… Decidí hacer una llamada. Un brazo al suelo con el otro marqué su número.
Ya no me sentía en mí, me estaba mareando. Llorando, ¿Por lo que había hecho? O, ¿Por no poder decirle todo? Necesitaba decírselo, ahí estaba yo, el día de mi fin. Lo sabía, era ese día, el suelo estaba encharcado con mi sangre, y ahí estaba yo tirada, sintiendo como pequeñas cuchillas en todo mi brazo. Pero no me dolía, o, al menos eso me decía. No podía verme el brazo, para detectar cómo era la herida pero, era profunda, aquello no paraba. Me estaba mareando. Le llamé. Sonaba el teléfono, me sentí sin fuerzas, casi desmayada… “¡Cógelo, joder!” Esbocé con toda la fuerza que podía…
Al fin. Lo cogió. “Ven…” Decía sin fuerzas. “¿Eres tú, Adele?” Contestó.
“ S…Sí… Soy yo… Ven a mi c…casa…” Me mareaba, casi no podía hablar. “Encontrarás una llave en el bajo de la puerta… Entra…” Esperaba que pudiese llegar, no llegué a escuchar sus palabras, sentía un pitido prolongado en los oídos, que sólo me permitía escuchar una voz desesperada. Sentía debilidad. Pero no dolor. Lloraba. Mi cuerpo estaba inundado en sangre. “T…Tengo que hablar contigo… Ser…Será mejor que llegue…llegues pronto…. A…Adiós….”. Corté la llamada, no tenía fuerzas para sostener el móvil. Lo dejé a un lado, mientras agarraba de nuevo mi cuchilla, aquella vieja amiga. La empuñé, con la mano ensangrentada mientras lloraba a gritos.
Cuando casi ni podía abrir los ojos, pálida, sangrienta. Oí como la puerta se abría, y ella me buscaba preocupada. “A…Aquí…” Un hilo de voz salía, sin fuerzas. Para mi sorpresa, ella la captó, vino hacia mí. Se arrodilló a mi lado, sin comprender nada. Mis manos estaban tumbadas en el suelo hacia arriba. Contempló mi arma, lo cogió y lo tiró hacia atrás. “¡¿POR QUÉ ADELE?! ¡¿POR QUÉ?! ¡OTRA VEZ NO, JODER!” Pude escuchar que decía, aunque, parecía que estaba al fondo de una habitación cerrada. Ella cogió una toalla. Tomó su móvil y llamó a urgencias. Con la toalla, hizo un torniquete en mi brazo. Ya no lo sentía, creo que era demasiado tarde. Veía lágrimas caer sobre su rostro, por primera vez. “¡¿ERES TONTA?!” Una pregunta irónica, quizás. La vista se me nubló, hasta el punto en el que, ella se hizo una mancha. Necesitaba hablarle, no sabía si lo hacía, creo que lo conseguía, pero no lo captaba. “Te…Te… amo….” Las lágrimas salían de mi rostro. Pude sentir como ella deslizando sus pulgares por mis pómulos, lo secaba con mucho cuidado. “No… No digas nada...” Me abrazó… Hacía tiempo que no le sentía así… Sabía que la quería ahí. No tenía fuerzas para alzar un brazo y rodearla. “¿Por qué, Adele, por qué…?” Apreté los ojos, aunque, no tenía fuerzas, casi no podía respirar. “Te necesito… demasiado…Te… amo...” Intenté decir, pero, la voz se me trababa. “Dímelo…” Decía entre lágrimas. “No… te apartes… de mi lado…” Ella me besó la mejilla, y esperaba ansiosa la llegada de la ambulancia.
Llamaron al timbre, ella corrió, abrió e indicó donde me hallaba. Los médicos me cogieron y me subieron a la camilla. Ella corría a mi lado. Aquella fue la última imagen que reconocí, por el momento. Nunca supe como sería aquél momento, el momento de la muerte. A pesar de todo, era bonito. Lo que dicen que ves toda tu vida por delante, son tonterías. Yo sólo la veía a ella. Veía su sonrisa, veía sus ojos, sus labios, sus manos… Sólo le sentía a ella. De camino al hospital me parecía oír los gritos de una chica. Había un camino, entero de blanco. En un lado, podía diferenciar su rostro sus ojos, y su sonrisa. En la otra, también. Pero era distinto, no sé qué diferenciaba cada foto. Oía sus gritos. “¡ADEEEELEEEE!” Los médicos intentaban rehabilitarme de camino. Lo dieron por perdido, ella se acercó a mí, llorando en el que era mi cuerpo muerto. Cogió mi mano. La besó. Acarició mi rostro. “Vuelve… Prometo no dejarte sola” Oí sus palabras. No sé cómo, pero sentía todo. No podía despertar. Estaba ahí, lo sentía, le veía, le escuchaba. Pero no podía despertar. Creo que entré en una especie de coma. Sentí que volaba. Creo que, llegamos al hospital y, ella estuvo ahí todo el tiempo, de mi mano cogida. Dormida en el incómodo sillón infernal. Esperando que despertase. Ante una simple respuesta. Día tras día. Como me prometió, ella estaba ahí. Me leía mis historias, mis poesías, y decía que, cuando despertase, todo sería distinto. También escuché como los médicos decían, que, si despertaba, que no sería seguro, podía perder mucha memoria, incluso olvidar quién soy, de donde vengo… También decían que, podía quedarme inválida. Ella me contaba que le daría igual todo, pero que quiere que esté ahí. Estaba faltando al instituto, sólo por mí. Estaba pasando ahí todos los días, sólo por mí. Decía que ella me enseñaría lo que fuese, con tal de que despertase. Que lo único que le importaba era eso. Algún día, iba al instituto. Pero rápidamente a la vuelta hacía la tarea junto a mí. Me contaba todo lo que había pasado en clase, y, que, algunos me habían extrañado. Ella creía que no le escuchaba, pero yo lo hacía. Se le notaba cansada, en innumerables veces. Me encantaba sentir su mano cogiendo la mía. Me encantaba oír su voz, aunque siquiera pudiese sonreírle, me encantaba que estuviese ahí, conmigo. Me decía que me quería. Nunca creí que escucharía de su boca eso, pero, lo dijo… Estaba ahí y lo dijo. Me ponía música, y, la susurraba cantando a mi lado. Me daba el beso de las buenas noches. Y, siempre, me pedía por favor que despertase. Me contaba lo que pasaba a mi alrededor. Cosas como “Mira, hoy ha venido fulanito a verte, Adele.” Le notaba desesperada, desesperanzada, como si supiese que ya no volvería a respirar. Pasaron, dos meses. Mi piel, ya se regeneró. Quería despertar, no es que no me sintiese bien en esa especie de nube que había colapsado mi cerebro. Es que, necesitaba verla sonreír. ¿A qué esperaba mi cabeza? ¿Por qué no me despertaba?
Justo dos meses pasaron, cuando ella, entre lágrimas, a mi lado cogía mi mano, acariciaba mi mejilla y suplicaba que despertase. Prometió de nuevo no dejarme sola. Tomó mi rostro, acarició mis mejillas. Y, por unos instantes sus labios rozaron los míos. Quería despertar, y poderle sonreír, y decirle que todo estaría bien. Al fin, abrí los ojos con dificultad. La veía, borrosa. Le sonreí leve. Ella sonreía como nunca, entre lágrimas, pero sonreía. “Adele… Adele… ¿Sabes quién soy?” No podía hablar así que me limité a sonreír acariciándole alzando la mano para acariciar la suya. Supuso que era un sí. Llamó a los médicos. Todos los médicos se sorprendieron de mi recuperación. Nada más salir de casa para ir al instituto, ella me acompañaba, cogida de mi mano, me dio un leve beso en los labios y sonrió. “Te escuché todo este tiempo… No podía despertar… Lo siento mucho…” Ella me dio un apretón en la mano a modo de un ‘’No te preocupes’’.Al entrar junto a ella, todos me miraron, se sorprendieron y, mientras fui pasando entre ellos. Algunos me abrazaban. Otros, se limitaban a sonreírme, aunque eran más. Ella me cubrió los ojos por detrás. A pesar de mi debilidad, podía caminar medianamente bien. Entré en clase, ella descubrió mis ojos. Allí estaban, compañeros y amigos, dándome la bienvenida con un gran cartel que ponía. “¡BIENVENIDA ADELE!” No pude evitar emocionarme. Abracé uno por uno a todos. Entonces me di cuenta que no estaba sola. Me arrepentí, aunque en el fondo, no. Sabía que si no lo hubiese hecho, nada de aquello hubiese pasado. Ahora mi felicidad se centraba en ellos. Ahora sabía que podía salir adelante, aunque me sintiera mal. Sabía que, aunque el acto de hacerlo había sido egoísta, me había hecho valorar, todo lo que el alrededor era para mí. Como bien dicen, “Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”. Yo lo había experimentado, ellos lo habían experimentado. Para volver a nacer, has de rozar la muerte. Sabía que había vuelto a nacer.
Att; Aje
Ya no me sentía en mí, me estaba mareando. Llorando, ¿Por lo que había hecho? O, ¿Por no poder decirle todo? Necesitaba decírselo, ahí estaba yo, el día de mi fin. Lo sabía, era ese día, el suelo estaba encharcado con mi sangre, y ahí estaba yo tirada, sintiendo como pequeñas cuchillas en todo mi brazo. Pero no me dolía, o, al menos eso me decía. No podía verme el brazo, para detectar cómo era la herida pero, era profunda, aquello no paraba. Me estaba mareando. Le llamé. Sonaba el teléfono, me sentí sin fuerzas, casi desmayada… “¡Cógelo, joder!” Esbocé con toda la fuerza que podía…
Al fin. Lo cogió. “Ven…” Decía sin fuerzas. “¿Eres tú, Adele?” Contestó.
“ S…Sí… Soy yo… Ven a mi c…casa…” Me mareaba, casi no podía hablar. “Encontrarás una llave en el bajo de la puerta… Entra…” Esperaba que pudiese llegar, no llegué a escuchar sus palabras, sentía un pitido prolongado en los oídos, que sólo me permitía escuchar una voz desesperada. Sentía debilidad. Pero no dolor. Lloraba. Mi cuerpo estaba inundado en sangre. “T…Tengo que hablar contigo… Ser…Será mejor que llegue…llegues pronto…. A…Adiós….”. Corté la llamada, no tenía fuerzas para sostener el móvil. Lo dejé a un lado, mientras agarraba de nuevo mi cuchilla, aquella vieja amiga. La empuñé, con la mano ensangrentada mientras lloraba a gritos.
Cuando casi ni podía abrir los ojos, pálida, sangrienta. Oí como la puerta se abría, y ella me buscaba preocupada. “A…Aquí…” Un hilo de voz salía, sin fuerzas. Para mi sorpresa, ella la captó, vino hacia mí. Se arrodilló a mi lado, sin comprender nada. Mis manos estaban tumbadas en el suelo hacia arriba. Contempló mi arma, lo cogió y lo tiró hacia atrás. “¡¿POR QUÉ ADELE?! ¡¿POR QUÉ?! ¡OTRA VEZ NO, JODER!” Pude escuchar que decía, aunque, parecía que estaba al fondo de una habitación cerrada. Ella cogió una toalla. Tomó su móvil y llamó a urgencias. Con la toalla, hizo un torniquete en mi brazo. Ya no lo sentía, creo que era demasiado tarde. Veía lágrimas caer sobre su rostro, por primera vez. “¡¿ERES TONTA?!” Una pregunta irónica, quizás. La vista se me nubló, hasta el punto en el que, ella se hizo una mancha. Necesitaba hablarle, no sabía si lo hacía, creo que lo conseguía, pero no lo captaba. “Te…Te… amo….” Las lágrimas salían de mi rostro. Pude sentir como ella deslizando sus pulgares por mis pómulos, lo secaba con mucho cuidado. “No… No digas nada...” Me abrazó… Hacía tiempo que no le sentía así… Sabía que la quería ahí. No tenía fuerzas para alzar un brazo y rodearla. “¿Por qué, Adele, por qué…?” Apreté los ojos, aunque, no tenía fuerzas, casi no podía respirar. “Te necesito… demasiado…Te… amo...” Intenté decir, pero, la voz se me trababa. “Dímelo…” Decía entre lágrimas. “No… te apartes… de mi lado…” Ella me besó la mejilla, y esperaba ansiosa la llegada de la ambulancia.
Llamaron al timbre, ella corrió, abrió e indicó donde me hallaba. Los médicos me cogieron y me subieron a la camilla. Ella corría a mi lado. Aquella fue la última imagen que reconocí, por el momento. Nunca supe como sería aquél momento, el momento de la muerte. A pesar de todo, era bonito. Lo que dicen que ves toda tu vida por delante, son tonterías. Yo sólo la veía a ella. Veía su sonrisa, veía sus ojos, sus labios, sus manos… Sólo le sentía a ella. De camino al hospital me parecía oír los gritos de una chica. Había un camino, entero de blanco. En un lado, podía diferenciar su rostro sus ojos, y su sonrisa. En la otra, también. Pero era distinto, no sé qué diferenciaba cada foto. Oía sus gritos. “¡ADEEEELEEEE!” Los médicos intentaban rehabilitarme de camino. Lo dieron por perdido, ella se acercó a mí, llorando en el que era mi cuerpo muerto. Cogió mi mano. La besó. Acarició mi rostro. “Vuelve… Prometo no dejarte sola” Oí sus palabras. No sé cómo, pero sentía todo. No podía despertar. Estaba ahí, lo sentía, le veía, le escuchaba. Pero no podía despertar. Creo que entré en una especie de coma. Sentí que volaba. Creo que, llegamos al hospital y, ella estuvo ahí todo el tiempo, de mi mano cogida. Dormida en el incómodo sillón infernal. Esperando que despertase. Ante una simple respuesta. Día tras día. Como me prometió, ella estaba ahí. Me leía mis historias, mis poesías, y decía que, cuando despertase, todo sería distinto. También escuché como los médicos decían, que, si despertaba, que no sería seguro, podía perder mucha memoria, incluso olvidar quién soy, de donde vengo… También decían que, podía quedarme inválida. Ella me contaba que le daría igual todo, pero que quiere que esté ahí. Estaba faltando al instituto, sólo por mí. Estaba pasando ahí todos los días, sólo por mí. Decía que ella me enseñaría lo que fuese, con tal de que despertase. Que lo único que le importaba era eso. Algún día, iba al instituto. Pero rápidamente a la vuelta hacía la tarea junto a mí. Me contaba todo lo que había pasado en clase, y, que, algunos me habían extrañado. Ella creía que no le escuchaba, pero yo lo hacía. Se le notaba cansada, en innumerables veces. Me encantaba sentir su mano cogiendo la mía. Me encantaba oír su voz, aunque siquiera pudiese sonreírle, me encantaba que estuviese ahí, conmigo. Me decía que me quería. Nunca creí que escucharía de su boca eso, pero, lo dijo… Estaba ahí y lo dijo. Me ponía música, y, la susurraba cantando a mi lado. Me daba el beso de las buenas noches. Y, siempre, me pedía por favor que despertase. Me contaba lo que pasaba a mi alrededor. Cosas como “Mira, hoy ha venido fulanito a verte, Adele.” Le notaba desesperada, desesperanzada, como si supiese que ya no volvería a respirar. Pasaron, dos meses. Mi piel, ya se regeneró. Quería despertar, no es que no me sintiese bien en esa especie de nube que había colapsado mi cerebro. Es que, necesitaba verla sonreír. ¿A qué esperaba mi cabeza? ¿Por qué no me despertaba?
Justo dos meses pasaron, cuando ella, entre lágrimas, a mi lado cogía mi mano, acariciaba mi mejilla y suplicaba que despertase. Prometió de nuevo no dejarme sola. Tomó mi rostro, acarició mis mejillas. Y, por unos instantes sus labios rozaron los míos. Quería despertar, y poderle sonreír, y decirle que todo estaría bien. Al fin, abrí los ojos con dificultad. La veía, borrosa. Le sonreí leve. Ella sonreía como nunca, entre lágrimas, pero sonreía. “Adele… Adele… ¿Sabes quién soy?” No podía hablar así que me limité a sonreír acariciándole alzando la mano para acariciar la suya. Supuso que era un sí. Llamó a los médicos. Todos los médicos se sorprendieron de mi recuperación. Nada más salir de casa para ir al instituto, ella me acompañaba, cogida de mi mano, me dio un leve beso en los labios y sonrió. “Te escuché todo este tiempo… No podía despertar… Lo siento mucho…” Ella me dio un apretón en la mano a modo de un ‘’No te preocupes’’.Al entrar junto a ella, todos me miraron, se sorprendieron y, mientras fui pasando entre ellos. Algunos me abrazaban. Otros, se limitaban a sonreírme, aunque eran más. Ella me cubrió los ojos por detrás. A pesar de mi debilidad, podía caminar medianamente bien. Entré en clase, ella descubrió mis ojos. Allí estaban, compañeros y amigos, dándome la bienvenida con un gran cartel que ponía. “¡BIENVENIDA ADELE!” No pude evitar emocionarme. Abracé uno por uno a todos. Entonces me di cuenta que no estaba sola. Me arrepentí, aunque en el fondo, no. Sabía que si no lo hubiese hecho, nada de aquello hubiese pasado. Ahora mi felicidad se centraba en ellos. Ahora sabía que podía salir adelante, aunque me sintiera mal. Sabía que, aunque el acto de hacerlo había sido egoísta, me había hecho valorar, todo lo que el alrededor era para mí. Como bien dicen, “Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”. Yo lo había experimentado, ellos lo habían experimentado. Para volver a nacer, has de rozar la muerte. Sabía que había vuelto a nacer.
Att; Aje
domingo, 8 de mayo de 2011
Eres tú ~
Un pequeño tablón dedicado. No es de lo que suelo escribir, pero espero que os guste.
Eres la causa de mi ira, la de mi sonrisa, de mis dudas, de mi respiración.
Eres mi felicidad, mis lágrimas...
Eres mi rencor, mi deseo, mi fuerza, mi debilidad.
Eres mi ironía, mi sarcasmo, mi verdad, mi mentira.
Eres mi respiración, mi ahorco, mi agua.
Eres como un desierto, eres mi sol, eres mi luna.
Eres mi luz, eres mi oscuridad.
Eres mi visión, y aquellas manos que no me deja ver.
Eres mi todo.
Eres la causa de mi tristeza, la causa de mi alegría.
La causa de mi sonrisa, la causa de mis lágrimas.
Eres todo, aún así, de no darte cuenta...
Eres la causa de mi ira, la de mi sonrisa, de mis dudas, de mi respiración.
Eres mi felicidad, mis lágrimas...
Eres mi rencor, mi deseo, mi fuerza, mi debilidad.
Eres mi ironía, mi sarcasmo, mi verdad, mi mentira.
Eres mi respiración, mi ahorco, mi agua.
Eres como un desierto, eres mi sol, eres mi luna.
Eres mi luz, eres mi oscuridad.
Eres mi visión, y aquellas manos que no me deja ver.
Eres mi todo.
Eres la causa de mi tristeza, la causa de mi alegría.
La causa de mi sonrisa, la causa de mis lágrimas.
Eres todo, aún así, de no darte cuenta...
~Momentos de Los hombres de Paco~
He recogido dos de los momentos más significativos en la historia de Lucas y Sara y, Pepa y Silvia. Más bien, los primero momentos, los que más me gustaron.
P&S
-No me puedo imaginar con una mujer
+A ver, Silvia, es que no te tienes que imaginar con una mujer, te
tienes que imaginar, conmigo.
L&S
- Pues, ¿sabes que le regalaría yo a una persona de la que estuviera enamorada?
+ ¿El qué?
- Una bola del mundo.
+¿Una bola del mundo?
- Así la haríamos girar e imaginaríamos donde iríamos...
* *
+Ten.
- Wow, ¿y esto?
+ Ábrelo...
- Una bola del mundo...
+ Cierra los ojos y hazla girar...
- Madagascar...
+ Madagascar...
- ¿Quiere decir que cuando cumpla los 18 me llevarás a madagascar?
+ Quiere decir, que dentro de... Un año y cuatro días... Iremos a Madagascar.
P&S
-No me puedo imaginar con una mujer
+A ver, Silvia, es que no te tienes que imaginar con una mujer, te
tienes que imaginar, conmigo.
L&S
- Pues, ¿sabes que le regalaría yo a una persona de la que estuviera enamorada?
+ ¿El qué?
- Una bola del mundo.
+¿Una bola del mundo?
- Así la haríamos girar e imaginaríamos donde iríamos...
* *
+Ten.
- Wow, ¿y esto?
+ Ábrelo...
- Una bola del mundo...
+ Cierra los ojos y hazla girar...
- Madagascar...
+ Madagascar...
- ¿Quiere decir que cuando cumpla los 18 me llevarás a madagascar?
+ Quiere decir, que dentro de... Un año y cuatro días... Iremos a Madagascar.
viernes, 6 de mayo de 2011
~Ámame~
-Ven…
+ ¿Qué…?
- No puedo más…
+ ¿Por qué?
- No sé si decirlo…
+ Dilo…
- Sería una tontería…
+ No para mí…
- Hay…
+ ¿Hay…?
- Hay alguien…
+ ¿Alguien? O...Oh…
- Sí…
+ Valla… ¿Cómo se llama…?
- No… Me has entendido mal…
+ ¿Por…?
- Me… Gusta alguien…
+ Bueno… Y, ¿Cómo se llama…?
- Déjalo… Jamás sentiría nada…
+ No digas eso… Nunca se sabe…
- Yo sí lo sé…
+ Bueno… ¿Qué te atrae…?
- No sé…Siento que es diferente, su forma de mirar, cambia según la persona hable de algo. Y, hay una mirada que… Me vuelve loca… Siento que… Algunas veces, es… Cabezota… Pero, a pesar de sus palabras y de todo… Me encanta como es… Parece que me mire diferente, parece que… A veces es especial, por… Decirlo así… ¿sabes? Pero… Otras me hace dudar… No sé por qué le quiero… No sé por qué me enamoré. No sé… Pero creo que jamás sentiría nada…
+ Se… Se… se te ve… Muy… enamorada…
- ¿Qué te pasa…?
+ Nada…
- No soporto verte llorar…
+ No estoy llorando…
- Mírame…
+ ¿Cómo… se llama…?
-¿Por qué lloras…? No puedo verte así…
+ Te quiero…
- ¿C…Cómo…?
+ ¡SÍ, JODER, TE QUIERO!
- V…Valla…
+ Eso me pasa…
- Y…
+ Ya… Olvídalo… Me voy…
- No…
+ Suéltame… No volveré a molestarte…
- Deja de decir tonterías, no molestas…
+ ¿Quién es…?
- Eres tú, lo único que quiero. – Susurró a su oído. Le besó-
+ ¿Qué…?
- No puedo más…
+ ¿Por qué?
- No sé si decirlo…
+ Dilo…
- Sería una tontería…
+ No para mí…
- Hay…
+ ¿Hay…?
- Hay alguien…
+ ¿Alguien? O...Oh…
- Sí…
+ Valla… ¿Cómo se llama…?
- No… Me has entendido mal…
+ ¿Por…?
- Me… Gusta alguien…
+ Bueno… Y, ¿Cómo se llama…?
- Déjalo… Jamás sentiría nada…
+ No digas eso… Nunca se sabe…
- Yo sí lo sé…
+ Bueno… ¿Qué te atrae…?
- No sé…Siento que es diferente, su forma de mirar, cambia según la persona hable de algo. Y, hay una mirada que… Me vuelve loca… Siento que… Algunas veces, es… Cabezota… Pero, a pesar de sus palabras y de todo… Me encanta como es… Parece que me mire diferente, parece que… A veces es especial, por… Decirlo así… ¿sabes? Pero… Otras me hace dudar… No sé por qué le quiero… No sé por qué me enamoré. No sé… Pero creo que jamás sentiría nada…
+ Se… Se… se te ve… Muy… enamorada…
- ¿Qué te pasa…?
+ Nada…
- No soporto verte llorar…
+ No estoy llorando…
- Mírame…
+ ¿Cómo… se llama…?
-¿Por qué lloras…? No puedo verte así…
+ Te quiero…
- ¿C…Cómo…?
+ ¡SÍ, JODER, TE QUIERO!
- V…Valla…
+ Eso me pasa…
- Y…
+ Ya… Olvídalo… Me voy…
- No…
+ Suéltame… No volveré a molestarte…
- Deja de decir tonterías, no molestas…
+ ¿Quién es…?
- Eres tú, lo único que quiero. – Susurró a su oído. Le besó-
jueves, 28 de abril de 2011
~Mi pensamiento, mi vida. ~
Quiero bailar contigo hasta al amanecer,
Quedarme impregnada en tu piel
Volver al pasado, cogida de tu mano.
Regresar al futuro, y verlo todo claro.
Deseo manifestar todos mis sentimientos,
Aclarar al mundo la realidad, que no miento.
Gritar muy alto, aunque no me oigan,
Esbozar en una sonrisa comprendida, “Te amo, mi vida”.
Quiero coger tu mano, me pondré nerviosa.
Quiero tocar tu piel, tu sonrisa tan hermosa.
¡Responde a mis palabras ahogadas!
¡Responde a mis deseos que arden en llamas!
Permíteme abrirte la puerta al paso,
Deseo todo de ti, menos el fracaso.
Quizás la forma de decir, no diga lo que siento.
Quizás la forma de escribir, hable de deseo.
Quizás exista la manera en que tú me comprendieras.
Quizás leas en mi mirada, que se ilumina con tu pasada.
Aquella chica que a lo lejos veo caminar,
Aquella chica que me enamoró con su respirar.
Aquella chica que no sabe lo que siento,
Es mi dulce deseo, es lo que llevo dentro.
No hablo de sexo, hablo de sentimientos,
Hablo de algo más, lo que llevo dentro.
Hablo por mi corazón, mis tripas, mi razón.
Hablo de lo que hace sentir, cuando pasa por mi lado.
Mi mano la tuya rozar, mirar a tus ojos sin cesar.
Quedarme impregnada en tu piel, es todo lo que deseo hacer.
Abrazarte una tarde cualquiera, quedarme a tu lado, sin salir ahí afuera.
Rozarte la barbilla, acariciar tu mejilla,
Mirar esos ojos, que me volvieron tan sencilla.
Mi único pensamiento, su rostro,
Mi único remordimiento, su dolor,
Lo único que mis ojos alcanzan a ver, su mirada.
Porque es aquella sonrisa, la que me tiene iluminada.
Att, Aje
Quedarme impregnada en tu piel
Volver al pasado, cogida de tu mano.
Regresar al futuro, y verlo todo claro.
Deseo manifestar todos mis sentimientos,
Aclarar al mundo la realidad, que no miento.
Gritar muy alto, aunque no me oigan,
Esbozar en una sonrisa comprendida, “Te amo, mi vida”.
Quiero coger tu mano, me pondré nerviosa.
Quiero tocar tu piel, tu sonrisa tan hermosa.
¡Responde a mis palabras ahogadas!
¡Responde a mis deseos que arden en llamas!
Permíteme abrirte la puerta al paso,
Deseo todo de ti, menos el fracaso.
Quizás la forma de decir, no diga lo que siento.
Quizás la forma de escribir, hable de deseo.
Quizás exista la manera en que tú me comprendieras.
Quizás leas en mi mirada, que se ilumina con tu pasada.
Aquella chica que a lo lejos veo caminar,
Aquella chica que me enamoró con su respirar.
Aquella chica que no sabe lo que siento,
Es mi dulce deseo, es lo que llevo dentro.
No hablo de sexo, hablo de sentimientos,
Hablo de algo más, lo que llevo dentro.
Hablo por mi corazón, mis tripas, mi razón.
Hablo de lo que hace sentir, cuando pasa por mi lado.
Mi mano la tuya rozar, mirar a tus ojos sin cesar.
Quedarme impregnada en tu piel, es todo lo que deseo hacer.
Abrazarte una tarde cualquiera, quedarme a tu lado, sin salir ahí afuera.
Rozarte la barbilla, acariciar tu mejilla,
Mirar esos ojos, que me volvieron tan sencilla.
Mi único pensamiento, su rostro,
Mi único remordimiento, su dolor,
Lo único que mis ojos alcanzan a ver, su mirada.
Porque es aquella sonrisa, la que me tiene iluminada.
Att, Aje
sábado, 23 de abril de 2011
~ Lágrimas entre rocas. ~
En el silencio del olvido,
Quise recordar,
Aquél nítido dolor,
Que tras las mantas podía contemplar.
Mis lágrimas por la noche derramaban,
Toda la tristeza por meses acumulada.
¡No volveré a llorar en público!
Me intentaba convencer, todo era mentira.
Que toda mi vida había sido una mentira,
Que todas las sonrisas, no eran más que falsedad.
Que todo lo que me rodeaba, se había marchitado.
Que aquél yogur, se acababa de caducar.
Lloraba entre sábanas de lija,
Mis pañuelos, no eran más que roca.
Ahí estaba yo, tendida ante la muchedumbre
Que con deprecio me miraba, y se burlaba.
Así pasó, día tras día…
La manta que esto cubría,
Poco a poco se deshacía…
La manta que esto tapaba,
Se estaba marchando donde no alcanzaba.
Antes, la ignorancia apegaba,
Me llevaba donde era feliz,
Prefiero que vuelva,
Como de niños, una vez más.
Att: Aje
Quise recordar,
Aquél nítido dolor,
Que tras las mantas podía contemplar.
Mis lágrimas por la noche derramaban,
Toda la tristeza por meses acumulada.
¡No volveré a llorar en público!
Me intentaba convencer, todo era mentira.
Que toda mi vida había sido una mentira,
Que todas las sonrisas, no eran más que falsedad.
Que todo lo que me rodeaba, se había marchitado.
Que aquél yogur, se acababa de caducar.
Lloraba entre sábanas de lija,
Mis pañuelos, no eran más que roca.
Ahí estaba yo, tendida ante la muchedumbre
Que con deprecio me miraba, y se burlaba.
Así pasó, día tras día…
La manta que esto cubría,
Poco a poco se deshacía…
La manta que esto tapaba,
Se estaba marchando donde no alcanzaba.
Antes, la ignorancia apegaba,
Me llevaba donde era feliz,
Prefiero que vuelva,
Como de niños, una vez más.
Att: Aje
jueves, 21 de abril de 2011
~ En cualquier momento es posible ~
Tendida en la cama de mi habitación, contemplaba el techo, esperando que algo pasase. La música de fondo, casi ni la podía escuchar, supongo que estaba ensimismada en mi pensamiento.
-¡¡¿Es que nada va a pasar?!!- Grité, olvidando que mis padres estaban abajo y podían escucharme. Ignoré aquel detalle. Entonces me quedé pensando, bueno, ya estaba pensando, pero, me quedé en un solo pensamiento. Ella. Ella rondaba mi cabeza siempre, pero, sobre todo esos días de, nada que hacer. Pufff..., ¡Como odio esos días!
La lluvia azotaba las ventanas, parecía pelearse. Me gustaba la lluvia. Me imaginé corriendo bajo ella, sintiendo el frescor por mis mejillas, olvidándolo todo, como volviendo a la infancia, en aquel momento, que corres por el barro sin miedo, manchándote. Quería hacerlo. Pero, no sola. Podía escuchar con soltura el ruido de los coches pasando por los charcos. Me imaginé a mí, de pequeña, cuando solía chapotear. Bueno, aunque, ella no salía de mi mente, ¿El por qué? Supongo que todos los de mi alrededor estaban atentos de ello. - ¿Por qué estás ahí? ¡Llámame! – Grité de nuevo, esperando su llamada, bueno, más bien, esperando una llamada, que me sacase de todo aquello. – Pero… ¿cómo puedo amarla tanto, joder? – Decía una y otra vez, supuse que nadie me escuchaba, y, así era. Cogí mi móvil, con algo de pereza, abrí imágenes, y me puse a ver las suyas. Me quedé embobada con una de ellas. ¿Su sonrisa, sus ojos? No sé.
-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!- Grité, incorporándome de un salto. - ¡No puedo más! – Guardé el móvil, bajé. Cogí las llaves, y, sin importarme la lluvia, cogí la bicicleta, pedaleé con todas mis fuerzas, dejándome el aliento. Ya estaba empapada, pero, me daba igual. Estaba tan harta de esconderme de todo, que, me empezó a dar igual el mundo. Llegué a su casa, iba a declararme. Estaba de acuerdo en que no era ni el mejor momento, ni el mejor día para salir a hacerlo, pero, sentía que debía. Toqué el timbre, sentía que no podía respirar, pero poco a poco iba reponiendo fuerzas. Pregunté por su nombre. Estaba. – Bien – Jadeé cansada, esperando a que ella acudiera. Le miré a los ojos. - ¡Hola! ¿Qué haces aquí? Anda, pasa dentro y te secas, no te vallas a enfermar – Ella, tan amable, como siempre. Negué. Ella insistió. – Venga, pasa, no te quedes ahí – Necesitaba hablar con ella, pero no sabía cómo, acepté el pasar, dejando la bici en su patio. Ella tendió una toalla seca sobre mí, para que no cogiese frío, yo se lo agradecí, con una de esas sonrisas estúpidas que siempre me salían, cogí aire. Ella notó algo. - ¿Qué hacías por aquí? – Su tono era amable, casi como, por sacar un tema de conversación. –Necesitaba salir de casa, necesito hablar contigo – Ella arqueó ambas cejas. – Claro, dime – Le miré, aquél no era el sitio indicado, no me sentía a gusto para hablar sobre aquello. - ¿Podemos ir a un sitio más privado? – Ella asintió, me cogió de la mano, y me llevó hasta su habitación. – Verás… Esto es difícil… - Le miraba a los ojos, algo nerviosa, tenía la necesidad de cerrar fuerte los ojos para decirlo y, así lo hice. – Estoy… total e irrevocablemente enamorada de ti… No… me preguntes por qué, porque, no sé… Sólo sé, que, no puedo parar de pensar en ti, estás en mi siempre y, que te necesito… - Le volví a mirar, estaba nerviosa, ella se quedó paralizada. Su mano aún seguía agarrando a la mía, ya que, no la había soltado en aquel momento. La acaricié, sentí que era la última vez que podría sentirla tan cerca. – Me…Mejor me voy…- Me dí media vuelta, tras dejar de acariciar su mano. Ella apretó su mano, tirando hacia dentro. – No… - Le miré a los ojos, me miró. Sonrió, sonreí. Me mordí el labio, estaba intranquila, no sabía exactamente qué pasaría con todo. Se acercó a mí con decisión. Cerré los ojos. Le besé, me besó. Entonces sí pude decir, que, fue el día más feliz de mi vida.
Att: Aje
-¡¡¿Es que nada va a pasar?!!- Grité, olvidando que mis padres estaban abajo y podían escucharme. Ignoré aquel detalle. Entonces me quedé pensando, bueno, ya estaba pensando, pero, me quedé en un solo pensamiento. Ella. Ella rondaba mi cabeza siempre, pero, sobre todo esos días de, nada que hacer. Pufff..., ¡Como odio esos días!
La lluvia azotaba las ventanas, parecía pelearse. Me gustaba la lluvia. Me imaginé corriendo bajo ella, sintiendo el frescor por mis mejillas, olvidándolo todo, como volviendo a la infancia, en aquel momento, que corres por el barro sin miedo, manchándote. Quería hacerlo. Pero, no sola. Podía escuchar con soltura el ruido de los coches pasando por los charcos. Me imaginé a mí, de pequeña, cuando solía chapotear. Bueno, aunque, ella no salía de mi mente, ¿El por qué? Supongo que todos los de mi alrededor estaban atentos de ello. - ¿Por qué estás ahí? ¡Llámame! – Grité de nuevo, esperando su llamada, bueno, más bien, esperando una llamada, que me sacase de todo aquello. – Pero… ¿cómo puedo amarla tanto, joder? – Decía una y otra vez, supuse que nadie me escuchaba, y, así era. Cogí mi móvil, con algo de pereza, abrí imágenes, y me puse a ver las suyas. Me quedé embobada con una de ellas. ¿Su sonrisa, sus ojos? No sé.
-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!- Grité, incorporándome de un salto. - ¡No puedo más! – Guardé el móvil, bajé. Cogí las llaves, y, sin importarme la lluvia, cogí la bicicleta, pedaleé con todas mis fuerzas, dejándome el aliento. Ya estaba empapada, pero, me daba igual. Estaba tan harta de esconderme de todo, que, me empezó a dar igual el mundo. Llegué a su casa, iba a declararme. Estaba de acuerdo en que no era ni el mejor momento, ni el mejor día para salir a hacerlo, pero, sentía que debía. Toqué el timbre, sentía que no podía respirar, pero poco a poco iba reponiendo fuerzas. Pregunté por su nombre. Estaba. – Bien – Jadeé cansada, esperando a que ella acudiera. Le miré a los ojos. - ¡Hola! ¿Qué haces aquí? Anda, pasa dentro y te secas, no te vallas a enfermar – Ella, tan amable, como siempre. Negué. Ella insistió. – Venga, pasa, no te quedes ahí – Necesitaba hablar con ella, pero no sabía cómo, acepté el pasar, dejando la bici en su patio. Ella tendió una toalla seca sobre mí, para que no cogiese frío, yo se lo agradecí, con una de esas sonrisas estúpidas que siempre me salían, cogí aire. Ella notó algo. - ¿Qué hacías por aquí? – Su tono era amable, casi como, por sacar un tema de conversación. –Necesitaba salir de casa, necesito hablar contigo – Ella arqueó ambas cejas. – Claro, dime – Le miré, aquél no era el sitio indicado, no me sentía a gusto para hablar sobre aquello. - ¿Podemos ir a un sitio más privado? – Ella asintió, me cogió de la mano, y me llevó hasta su habitación. – Verás… Esto es difícil… - Le miraba a los ojos, algo nerviosa, tenía la necesidad de cerrar fuerte los ojos para decirlo y, así lo hice. – Estoy… total e irrevocablemente enamorada de ti… No… me preguntes por qué, porque, no sé… Sólo sé, que, no puedo parar de pensar en ti, estás en mi siempre y, que te necesito… - Le volví a mirar, estaba nerviosa, ella se quedó paralizada. Su mano aún seguía agarrando a la mía, ya que, no la había soltado en aquel momento. La acaricié, sentí que era la última vez que podría sentirla tan cerca. – Me…Mejor me voy…- Me dí media vuelta, tras dejar de acariciar su mano. Ella apretó su mano, tirando hacia dentro. – No… - Le miré a los ojos, me miró. Sonrió, sonreí. Me mordí el labio, estaba intranquila, no sabía exactamente qué pasaría con todo. Se acercó a mí con decisión. Cerré los ojos. Le besé, me besó. Entonces sí pude decir, que, fue el día más feliz de mi vida.
Att: Aje
martes, 12 de abril de 2011
El amor viene solo.
Debía decírselo, ¡Ese era mi momento! No había nadie alrededor, le miraba y ella me miraba, ¿A qué esperaba? Me estaba poniendo extremadamente nerviosa al pensarlo, pero, al ver dos personas acercarse a ella, lo saqué de momento. –Oye… Necesito hablar contigo… Un momento… - Ella sonrió, al menos algo me tranquilizó. –Claro, dime- Miré a mi alrededor, no creo que ese fuese el mejor lugar. Le cogí de la mano, tiré de ella, llevándola a un sitio más lejos de aquel motivador y a la vez desmotivador sitio. Me siguió. Ya parecía no escucharnos nadie, a pesar de ello, mi tono de voz, era extremadamente bajito, por lo que me acercaba a ella. Comencé a hablar, con extremado nerviosismo.
-Bueno… Yo… Nunca… Nunca antes…
+ A ver… ¿Qué está pasando? Relájate…
- No… No puedo…
+ ¿Estás… bien?
Asentí, aunque no estaba muy segura. Mientras preguntaba ella posó su mano en mi mejilla. Noté como el aire me faltaba, como me estaba mareando, pero persistí asintiendo, hasta que casi me debilité y tambaleé. Ella me sostuvo y me ayudó a sentarme.
+ ¿Llamo a alguien…?
Su tono de voz me hacía sentir culpable, le notaba asustada.
- No, no te preocupes…
Le miraba, me miraba. Comencé a respirar con tranquilidad, sonreí al notar su mano sobre la mía. La acaricié. Se sentó a mi lado, sin romper aquella mirada.
-Yo… te…
Ella me miraba, clavando sus ojos sobre los míos. Me temblaba el labio, esperaba que ella reaccionase.
-Yo… estoy…
Cerré los ojos con fuerza, y cogí fuerzas, mirándola.
-Enamorada… de…
Ella posó su mano sobre mi mejilla. Supe que no hacían falta más palabras. Ella sonrió, me quedé mirando aquella sonrisa, que siempre me encantó. Se acercaba con lentitud a mí, correspondía. Cerré los ojos para sentirla cerca. Jamás alcanzarían las palabras para describir cómo fue aquel momento.
Att; Aje
-Bueno… Yo… Nunca… Nunca antes…
+ A ver… ¿Qué está pasando? Relájate…
- No… No puedo…
+ ¿Estás… bien?
Asentí, aunque no estaba muy segura. Mientras preguntaba ella posó su mano en mi mejilla. Noté como el aire me faltaba, como me estaba mareando, pero persistí asintiendo, hasta que casi me debilité y tambaleé. Ella me sostuvo y me ayudó a sentarme.
+ ¿Llamo a alguien…?
Su tono de voz me hacía sentir culpable, le notaba asustada.
- No, no te preocupes…
Le miraba, me miraba. Comencé a respirar con tranquilidad, sonreí al notar su mano sobre la mía. La acaricié. Se sentó a mi lado, sin romper aquella mirada.
-Yo… te…
Ella me miraba, clavando sus ojos sobre los míos. Me temblaba el labio, esperaba que ella reaccionase.
-Yo… estoy…
Cerré los ojos con fuerza, y cogí fuerzas, mirándola.
-Enamorada… de…
Ella posó su mano sobre mi mejilla. Supe que no hacían falta más palabras. Ella sonrió, me quedé mirando aquella sonrisa, que siempre me encantó. Se acercaba con lentitud a mí, correspondía. Cerré los ojos para sentirla cerca. Jamás alcanzarían las palabras para describir cómo fue aquel momento.
Att; Aje
domingo, 10 de abril de 2011
Despedida
-Espérate.
+ ¿A qué?
- A que tenga valor…
+ ¿Valor para qué?
- Espérate, por favor… No… No te vallas…
+ Sólo me recogía para regresar a casa.
- No… No puedes irte…
+ Pero, ¿Por qué?
- Te extraño…
+ Pero… ¡Si estoy aquí!
- Pero ahora te irás…
+ Nos vemos mañana… ¿Vale?
- No… No te vallas
+ ¿Por qué?
- Si te vas… No me volverás a ver…
+ Claro que te veré… Mañana, en el instituto. A ver, ¿Qué está pasando?
- No voy a volver…
+ ¿Cómo? ¿Te mudas? ¿Dónde vas? ¿Qué dices?
- …
+ ¡Contesta! ¿Cómo que no vuelves?
- Ya no hago nada aquí…
+ ¿Cómo que no haces nada aquí?
- Lo siento…
+ ¿Por… por qué me abrazas…? No… No llores… Por favor… No llores…
- Te amo…
+ ¿Dónde vas…? No llores… Por favor…
- Dame una razón…
+ Yo…
- No soy nada del otro mundo…
+ No… Claro que no eres nada del otro mundo…
- ¿Ves?
+ Eres todo… De mi mundo…
Att: Aje
+ ¿A qué?
- A que tenga valor…
+ ¿Valor para qué?
- Espérate, por favor… No… No te vallas…
+ Sólo me recogía para regresar a casa.
- No… No puedes irte…
+ Pero, ¿Por qué?
- Te extraño…
+ Pero… ¡Si estoy aquí!
- Pero ahora te irás…
+ Nos vemos mañana… ¿Vale?
- No… No te vallas
+ ¿Por qué?
- Si te vas… No me volverás a ver…
+ Claro que te veré… Mañana, en el instituto. A ver, ¿Qué está pasando?
- No voy a volver…
+ ¿Cómo? ¿Te mudas? ¿Dónde vas? ¿Qué dices?
- …
+ ¡Contesta! ¿Cómo que no vuelves?
- Ya no hago nada aquí…
+ ¿Cómo que no haces nada aquí?
- Lo siento…
+ ¿Por… por qué me abrazas…? No… No llores… Por favor… No llores…
- Te amo…
+ ¿Dónde vas…? No llores… Por favor…
- Dame una razón…
+ Yo…
- No soy nada del otro mundo…
+ No… Claro que no eres nada del otro mundo…
- ¿Ves?
+ Eres todo… De mi mundo…
Att: Aje
viernes, 8 de abril de 2011
Futuro próximo
Algún pasarás por aquél lugar,
Donde tu nombre dejé grabado,
A la vera de un “Te amo”
Lo verás, lo leerás.
-No es para mí- Tú pensarás.
Recordarás mis palabras,
Y a tu mente, haré dudar.
Mi firma será recogida,
Apenas visible, pero, la reconocerás.
Yo ya no estaré en este lugar,
Desconcertada, tú te quedarás.
Quizás te dé igual,
Quizás te dé por llamar,
Tal vez, te preguntes, -¿Qué será de ella?-
O, como incógnito, lo dejarás pasar.
Una palabra en mi boca,
Siempre callaré, como loca.
¿Cuándo te darás cuenta?
No lo culpo, no quiero decir.
Viviré en tu suspiro,
Respiraré con tu mirada,
Me alimento de cada sonrisa,
Que derrochas, a veces, con un simple mirar.
De este sitio, he de salir,
De todo esta oscuridad, me tengo que ir.
He de olvidarme, de ti, como de mí.
He de olvidar, todo aquello, que aprendí.
Volveré como desconocida,
Nunca conocí este lugar,
Pasé buenos tiempos,
¿Por qué los malos he de recordar…?
Att: Aje
Donde tu nombre dejé grabado,
A la vera de un “Te amo”
Lo verás, lo leerás.
-No es para mí- Tú pensarás.
Recordarás mis palabras,
Y a tu mente, haré dudar.
Mi firma será recogida,
Apenas visible, pero, la reconocerás.
Yo ya no estaré en este lugar,
Desconcertada, tú te quedarás.
Quizás te dé igual,
Quizás te dé por llamar,
Tal vez, te preguntes, -¿Qué será de ella?-
O, como incógnito, lo dejarás pasar.
Una palabra en mi boca,
Siempre callaré, como loca.
¿Cuándo te darás cuenta?
No lo culpo, no quiero decir.
Viviré en tu suspiro,
Respiraré con tu mirada,
Me alimento de cada sonrisa,
Que derrochas, a veces, con un simple mirar.
De este sitio, he de salir,
De todo esta oscuridad, me tengo que ir.
He de olvidarme, de ti, como de mí.
He de olvidar, todo aquello, que aprendí.
Volveré como desconocida,
Nunca conocí este lugar,
Pasé buenos tiempos,
¿Por qué los malos he de recordar…?
Att: Aje
jueves, 7 de abril de 2011
Pura realidad
Quería comprobar la realidad,
Si toda mi vida por delante,
Pasaría en una situación de dificultad.
Sabía que una imagen,
Aparecería sin cesar.
A un lado, alejado de la ciudad,
Me hallaba junto a mi amiga,
La que me alejaría de todo el mal.
Miraba alrededor, nadie se había de hallar.
Pues si alguien visualizaba aquél acto,
Todo tendría que dejar.
Empuñé sin fuerza,
Miré a la nada, ya no importaba.
No quería comprobarlo, sinceramente,
Lo único que deseaba, era acabar.
Podía ver las flores balanceadas,
Por aquella dulce brisa que las bañaba.
Mientras de mi rostro, lágrimas caían,
¡Quería acabar ese día!
De mi muñeca, todo brazalete aparté.
De mi rostro, todas las lágrimas sequé.
De mi corazón, no conseguía borrar el dolor.
Aquél día, iba a acabar con todo ese sufrimiento.
Sentía deslizar mis lágrimas por mis mejillas,
Podía identificar, el trayecto,
Ahora sí, podía sentir a mi amiga,
Recorriendo por mi piel, así lo hacía.
Gemía de dolor, gemía de rencor,
Más no podía olvidar,
Todo lo que ese cuerpo sufrió.
De mi piel, sangre salía,
Mis ojos, poco a poco se enrojecían,
Era su rostro, el que pasaba por mi mente.
Era su rostro, el que así me mantenía.
-¿Por qué a mí?- Tan sólo preguntaba.
Tampoco esperaba ninguna respuesta certificada.
Me bastaba con un abrazo.
De todo esto, conclusiones saqué,
Y, aún así, siempre quise desaparecer,
Como siempre, una y otra y otra vez….
Att: Aje
Si toda mi vida por delante,
Pasaría en una situación de dificultad.
Sabía que una imagen,
Aparecería sin cesar.
A un lado, alejado de la ciudad,
Me hallaba junto a mi amiga,
La que me alejaría de todo el mal.
Miraba alrededor, nadie se había de hallar.
Pues si alguien visualizaba aquél acto,
Todo tendría que dejar.
Empuñé sin fuerza,
Miré a la nada, ya no importaba.
No quería comprobarlo, sinceramente,
Lo único que deseaba, era acabar.
Podía ver las flores balanceadas,
Por aquella dulce brisa que las bañaba.
Mientras de mi rostro, lágrimas caían,
¡Quería acabar ese día!
De mi muñeca, todo brazalete aparté.
De mi rostro, todas las lágrimas sequé.
De mi corazón, no conseguía borrar el dolor.
Aquél día, iba a acabar con todo ese sufrimiento.
Sentía deslizar mis lágrimas por mis mejillas,
Podía identificar, el trayecto,
Ahora sí, podía sentir a mi amiga,
Recorriendo por mi piel, así lo hacía.
Gemía de dolor, gemía de rencor,
Más no podía olvidar,
Todo lo que ese cuerpo sufrió.
De mi piel, sangre salía,
Mis ojos, poco a poco se enrojecían,
Era su rostro, el que pasaba por mi mente.
Era su rostro, el que así me mantenía.
-¿Por qué a mí?- Tan sólo preguntaba.
Tampoco esperaba ninguna respuesta certificada.
Me bastaba con un abrazo.
De todo esto, conclusiones saqué,
Y, aún así, siempre quise desaparecer,
Como siempre, una y otra y otra vez….
Att: Aje
miércoles, 6 de abril de 2011
No olvides tus sueños.
Tomé su mano, ¡Lo había hecho! No sé cómo, pero lo conseguí. Le miré a los ojos. Ella tornó mis ojos hacia mí, extrañada. No le aparté la mirada, esperaba que ella tampoco lo hiciese. Acariciaba su mano, para mi sorpresa, ella la dejó ahí. ¿Qué haría? No lo sé… Estaba demasiado nerviosa para pensar en el qué será. Me quedé embobada en ese brillo de ojos que siempre me atrapó, bueno, de haces meses detrás. Intenté hablar, pero no podía. Puso esa mirada, esa tierna mirada que me hacía sonreír, ese brillo apareció en sus ojos y el color de éstos se hizo intenso. Me mordí el labio, esperando que ella dijese algo. Sabía que no iba a decir nada, en el fondo y, llegué a pensar, que, desde aquél momento me empezaría a odiar. Para mi sorpresa, ella se quedó manteniendo la mirada. Sentí la necesidad de sacudir la cabeza, pero no lo hice. ¡Ese era mi momento! ¡Tenía que hacerlo! Ahora o nunca… Podía sentir el corazón estallar en mi garganta. Podía sentir todo mi cuerpo temblando, como un bebé en una cuerda floja. Alcé mi otra mano, la posé en su mejilla, su rosada e inocente mejilla. Podía sentirla, creí que estaba nerviosa, pero no podía asegurarlo. Sus labios formaron esa dulce sonrisa, aquella que tanto me atrapaba. De ésta, dos hoyuelos se formaban en sus mejillas. Le tomé de la barbilla, acercándome con lentitud a ella. Lo había soñado tantas veces, que, creí que sólo era un sueño. La gente pasaba a nuestro alrededor, pero, por una vez en mi vida, estaba segura de que a ella, también le daba igual. Me acercaba dudosa a ella, pues, su posición no cambiaba. Seguía mirándome, alcé su rostro por su barbilla, con lentitud. Ella cedió y comenzó a acariciar mi mano. No sabía si seguir, y ya estaba a unos centímetros de sus labios, podía sentir su respiración. ¿Y si me estaba equivocando? ¡Deseaba tanto besarla! Entrecerraba los ojos, sin dejar de mirarla. Oí sus palabras… Tan sólo llegué a escuchar “Hazlo p...por…” Entonces, pasé mi mano por su nuca, y choqué sus labios contra los míos, terminándolo en un beso. Desde aquél momento, supe, que, lo que sentía, si era correcto.
Att: Aje
Att: Aje
martes, 5 de abril de 2011
Nunca sabes quién te puede amar.
- Necesito más de una razón para quedarme aquí.
+ Te quiero.
- ¿Qué tiene que ver?
+ ¿No querías razones?
- Claro, pero...
+ ¿No te vale?
- Pero, dije más de una.
+ Ven, verás... Mira al cielo...
- ¿Qué? Estrellas... ¿Qué hay?
+ ¿Ves que hay muchas, no?
- Sí, pero, ¿Qué pasa?
+ Pues faltan para dar razones del te quiero. ¿Acaso quieres que te diga lo que me haces sentir aquí? Quizás eso valga para que te quedes...
- Pero... Necesito alguna más...
+ ¡Te quiero, te amo, te adoro, te TODO! ¿No lo entiendes?
- ¿Por qué me dices eso..?
+ ¿No te das cuenta, no?
- A ver... ¿qué está pasando...?
+ No me pidas tus razones, porque yo no sé las tuyas. Tengo ganas de uir de este sitio, correr lejos, pero no lo hago. Yo aquí tengo una simple razón, una simple motivación. No quiero retenerte en este sitio, porque sé que tendrás que partir dónde a tí te guste. Éste es mi sitio, si tú estás aquí. Éste es mi sitio, mientras permanezcas. Tú eres la única razón por la que esté aquí. Puedes irte, jamás te lo impediré. Pero nunca olvides que fuiste la razón de una persona, que te llegó a amar y, te ama.
+ Te quiero.
- ¿Qué tiene que ver?
+ ¿No querías razones?
- Claro, pero...
+ ¿No te vale?
- Pero, dije más de una.
+ Ven, verás... Mira al cielo...
- ¿Qué? Estrellas... ¿Qué hay?
+ ¿Ves que hay muchas, no?
- Sí, pero, ¿Qué pasa?
+ Pues faltan para dar razones del te quiero. ¿Acaso quieres que te diga lo que me haces sentir aquí? Quizás eso valga para que te quedes...
- Pero... Necesito alguna más...
+ ¡Te quiero, te amo, te adoro, te TODO! ¿No lo entiendes?
- ¿Por qué me dices eso..?
+ ¿No te das cuenta, no?
- A ver... ¿qué está pasando...?
+ No me pidas tus razones, porque yo no sé las tuyas. Tengo ganas de uir de este sitio, correr lejos, pero no lo hago. Yo aquí tengo una simple razón, una simple motivación. No quiero retenerte en este sitio, porque sé que tendrás que partir dónde a tí te guste. Éste es mi sitio, si tú estás aquí. Éste es mi sitio, mientras permanezcas. Tú eres la única razón por la que esté aquí. Puedes irte, jamás te lo impediré. Pero nunca olvides que fuiste la razón de una persona, que te llegó a amar y, te ama.
jueves, 31 de marzo de 2011
El presente
Sin rumbo, en soledad,
Imagino el día de mi muerte,
Como si de sonrisa se tratara.
No me importa el futuro,
Bastante tengo, el presente, he de llevar.
Si quiera puedo con ello,
Casi me voy a derrumbar.
Derramar lágrimas a escondidas,
A la luz de la luna, hago testigo.
Escondida me sostengo a mi sábana.
Mi única compañía, otra vez.
Creí en un imposible,
Creí en el volver a salir,
Creía que podía con todo esto,
Tan sólo me logré confundir.
Me sentía menos sola,
Más luego, comencé a salir,
Caminaba, y, ¡No dolía!
De moneda de cambio, volví a servir.
La insufrible presencia me llama,
Las lágrimas vuelvo a derramar.
Estoy cansada de todo,
No quiero caminar.
Necesito gritar, pero no lo haré.
Necesito un abrazo, pero no lo pediré.
Me quedaré aquí, no quiero suplicar.
No voy, si no dicen “ven”
¿Por qué? Si me entremeto, volveré a caer.
A veces, no sé en quién confiar,
No sé con quien brindar, y con quién llorar.
De esa manera, prefiero hacerlo, todo en soledad.
Empieza a costarme, esa relación, que antes no era nada.
Att;AJE
Imagino el día de mi muerte,
Como si de sonrisa se tratara.
No me importa el futuro,
Bastante tengo, el presente, he de llevar.
Si quiera puedo con ello,
Casi me voy a derrumbar.
Derramar lágrimas a escondidas,
A la luz de la luna, hago testigo.
Escondida me sostengo a mi sábana.
Mi única compañía, otra vez.
Creí en un imposible,
Creí en el volver a salir,
Creía que podía con todo esto,
Tan sólo me logré confundir.
Me sentía menos sola,
Más luego, comencé a salir,
Caminaba, y, ¡No dolía!
De moneda de cambio, volví a servir.
La insufrible presencia me llama,
Las lágrimas vuelvo a derramar.
Estoy cansada de todo,
No quiero caminar.
Necesito gritar, pero no lo haré.
Necesito un abrazo, pero no lo pediré.
Me quedaré aquí, no quiero suplicar.
No voy, si no dicen “ven”
¿Por qué? Si me entremeto, volveré a caer.
A veces, no sé en quién confiar,
No sé con quien brindar, y con quién llorar.
De esa manera, prefiero hacerlo, todo en soledad.
Empieza a costarme, esa relación, que antes no era nada.
Att;AJE
miércoles, 30 de marzo de 2011
Accidente
En aquel momento me sentí el centro de atención. Noté todas las miradas sobre mí, aunque eso ya no importaba. Casi no podía ver nada, y, notaba todos los gritos de desesperación de mi familia. ¿Cómo habían llegado hasta allí? No lo sabía. ¿Cómo sabían que estaba allí? No podía responderme. Había pensado tanto en un momento así, que, hasta me sentía culpable. Pero, esta vez, no había sido mi culpa. Ya no podía respirar bien, no lo conseguía. Sabía que era mi fin. Aquel despreocupado y ebrio hombre, me había atropellado sin piedad.
*Sé que no podrás oírme, pero, por favor, deja de gritar. Puedo verte, algo borrosa, por favor, no llores mamá. Puedo sentir el roce de tu mano, y los llantos desconsolados de mi familia, ¡Diles que no lloren! No quiero que eso sea mi escucha. Mamá… ¿Quiénes son esa gente? Noto mojado todo mi cuerpo, y, miles de cuchillas cortándome en pedazos. No… no llores, por favor… Mamá… Lo siento… Iba tan despreocupada, que, no me dí cuenta, que se acercó a la acera tanto. Lo puedo sentir, de aquí no saldré. ¡Agg! ¡Me arde la pierna! Ma…má… Tengo sueño… Creo que… echaré… una cabezadita…*
*¿Dónde estoy? ¿Qué es este sitio? ¿Qué es ese pitido? Autch, me duele la cabeza. Veo borroso… ¿Cómo he llegado aquí? ¿Qué dice ese médico? ¿El accidente? ¿Qué accidente? Aaah, ¡No puedo moverme, me duele todo! Ma…má… No puedo mover si quiera la boca. ¡Maldita sea, no puedo hablar, sólo balbucear! Apenas te escucho, pero, puedo adivinar tus palabras. ¿Un accidente? No recuerdo nada… ¿No podré volver a casa…? Comprendo… No… No quería que avisases a nadie… No quiero que vean como no puedo valerme por mí misma… Si quiera para comer… Además… sólo vendrán por pena, pura pena… Si quiera podré hablarles… No mamá, puedes ir a comer, tranquila. *
¿Quién vendría? Supongo que nadie, además… Sólo podía moverme por la camilla. Las lágrimas recorrían mi rostro. De esta no saldría, me encontraba fatal y, me dolía la cabeza. A medio día, casi podía hablar un poco, creo, que era efecto del movimiento tan brusco, de el “accidente’’ como decían. Intenté dormir, pero, oía las enfermeras hablar… Decían algo como “Esta chica no sobrevivirá mucho tiempo”. Yo lo sabía, me dolía el pecho, sentía mareos y, no podía moverme con facilidad. Suerte que respiraba.
Mis pertenencias estaban a un lado, en una mesa. Podía ver una especie de carta, siempre la llevaba encima, sí, era para ella… Pero nunca me atrevería a dársela.
Escuché la puerta, el collarín no me dejaba moverme así que, lancé una mirada. Supuse que sería alguna enfermera, así que, preferí seguir mirando a la nada, sumida en mis pensamientos: Ella. Cerré los ojos, olvidando que alguien entraba por la puerta, ignorándolo todo, sabía que no duraría más de dos días, como también sabía, que, mi madre estaba en el pasillo, jamás me dejaría sola. Pero prefirió darme un rato, supongo que, le habían dicho que me darían de comer, o algo así. Bah, ya, qué importaba.
-¿Puedo pasar?- Oí su dulce voz, le miré, mientras aquella lágrima recorría mi mejilla. Sonreí como una tonta, indicando con ello que sí. Ella cerró la puerta. Me alegró saber que lo hizo. Le miraba, fijamente, quería incorporarme, para poder hablar con ella, pero casi no podía. –No, no te muevas, quédate así- Suspiré, no me gustaba estar acostada en todo momento, le miraba, no quería que oyese mi voz, de tal manera, sin poder vocalizar. Ella visualizó el rastro de mi lágrima, y, con su dedo, secó lentamente dicho recorrido. Cerré los ojos mientras lo hacía, no quise que separase su mano de mi, quería sentirla cerca, tan cerca como fuera posible. Ella posó su mano sobre la mía, volví a sonreír como una tonta, olvidando todo, ella estaba, ¿Qué importaba? Podía mover los dedos de dicha mano. Así lo hice, quería acariciar los suyos. Le miraba a los ojos, y ella me miraba en silencio. Estaba mareada, creo, que me volvió a subir la fiebre, pero, no hacía caso. La enfermera interrumpió el momento, tenía que darme de comer. No quería que ella viese dicho acto y, quería estar con ella, así que, dije que no quería comer, y, así era. La enfermera, me tomó la temperatura, en efecto, tenía fiebre, más de cuarenta. Tuve que tomar la medicación, estaba, realmente, asquerosa, y, encima, debía tomarla con cañita. Al menos, podía tragar sola. Ella me miraba preocupada, y, ofreció a la enfermera, ocuparse de que yo comiese. La enfermera aceptó, yo, sonreí con timidez, odiaba tener que ser tan ayudada. Ella intentaba hacerlo más ameno y, lo conseguía, como todo lo que se proponía. Antes de salir la enfermera, me ayudó a incorporarme para poder comer, aunque no quería, más tarde, salió, y, ella, colocó la mesa rodeando mis piernas y se puso al lado. Probaba la comida, para que no me quemase y, cuando estaba segura que era así, la acercaba a mi boca, y, con dificultad, yo, alcanzaba a comer. Eso sí, también tenía que limpiarme, cosa que, me proporcionaba, extremada timidez. No podía casi ni mirarla, igualmente, ella, hacía bromas, para intentar que me tranquilizara. Cuando casi hube acabado el plato, dije que no quería más, así era. Ella apartó el plato y, me limpió. Me sentía tan inútil… Pero, ella lo hacía muy fácil. No quería que se fuese, aunque, sabía que, tarde o temprano, vendrían sus padres a recogerla. Tras comer, me sentía muy mareada y, tenía mucho frío, así lo dije. La enfermera, anteriormente, dijo que, era normal, y que debía dormir. No quería, ella recordó sus palabras y, tubo la amabilidad de recordármelo. Yo negué, no quería, sabía que se iría. Agarró mi mano y afirmó –Estaré aquí cuando despiertes-. Tenía que hablarle, aunque, no me entendiese bien. Acaricié su mano y, cogí aire, cosa que, me faltaba un poco. –No te vallas…- Mis palabras sonaban tan lamentables, que, hasta a mí misma, me daba pena, dijo que así sería. Recibió una llamada al móvil y, al poco, volvió conmigo, confirmando que así sería. Sonreí, se me caían los párpados. Sentía tanto mareo. Sólo quería estar con ella. –P..por favor… Ponte… aquí… a mi lado…- Me faltaba el aire, podía notarlo. Sabía que no podía moverme, pero, quería tenerla cerca, ella se sentó a mi lado. Indiqué que se tumbase para más comodidad. Ella accedió. De alguna manera, sabía que, no volvería a sentir nada más. Comencé a hablarle, tenía que decírselo. Con lágrimas en lo ojos, comencé a explicarle todo lo que sentía, ella me miraba, y secaba con suavidad mis lágrimas mientras, me decía –Saldrás de esta…- Yo, le decía que no, había escuchado a las enfermeras, así se lo expliqué, pero ella, no quería creerme. Le noté entristecida, y las lágrimas caían de sus ojos, alcé un poco la mano, para secarlas. –No te alejes de mí… Por favor- Ella asintió, a mí, me subía la temperatura, y, cada vez me mareaba más. Notó algo raro, así que, me acarició la cara, sintió que ardía, como antes. Le miré a los ojos, ella me devolvía la mirada, fija. Acariciaba mis mejillas, acarició mi labio inferior, y, más tarde, se acercó lentamente a mí. Sentí sus labios sobre los míos, reaccioné, besándola. Había estado esperando ese momento mucho. Mis lágrimas recorrían mi rostro sin cesar, y, las suyas, hacían lo mismo. Acaricié su mejilla, para secarlas, y así lo hizo ella a la vez. Poco a poco, sentí que me mareaba más. Mi corazón dejaba de latir, y, mis últimas palabras de asfixio, acompañaron su nombre junto a un “Te amo”. Oía gritos, pero mi cuerpo me impedía reaccionar. Las enfermeras tenían razón, moriría.
Att; Aje
*Sé que no podrás oírme, pero, por favor, deja de gritar. Puedo verte, algo borrosa, por favor, no llores mamá. Puedo sentir el roce de tu mano, y los llantos desconsolados de mi familia, ¡Diles que no lloren! No quiero que eso sea mi escucha. Mamá… ¿Quiénes son esa gente? Noto mojado todo mi cuerpo, y, miles de cuchillas cortándome en pedazos. No… no llores, por favor… Mamá… Lo siento… Iba tan despreocupada, que, no me dí cuenta, que se acercó a la acera tanto. Lo puedo sentir, de aquí no saldré. ¡Agg! ¡Me arde la pierna! Ma…má… Tengo sueño… Creo que… echaré… una cabezadita…*
*¿Dónde estoy? ¿Qué es este sitio? ¿Qué es ese pitido? Autch, me duele la cabeza. Veo borroso… ¿Cómo he llegado aquí? ¿Qué dice ese médico? ¿El accidente? ¿Qué accidente? Aaah, ¡No puedo moverme, me duele todo! Ma…má… No puedo mover si quiera la boca. ¡Maldita sea, no puedo hablar, sólo balbucear! Apenas te escucho, pero, puedo adivinar tus palabras. ¿Un accidente? No recuerdo nada… ¿No podré volver a casa…? Comprendo… No… No quería que avisases a nadie… No quiero que vean como no puedo valerme por mí misma… Si quiera para comer… Además… sólo vendrán por pena, pura pena… Si quiera podré hablarles… No mamá, puedes ir a comer, tranquila. *
¿Quién vendría? Supongo que nadie, además… Sólo podía moverme por la camilla. Las lágrimas recorrían mi rostro. De esta no saldría, me encontraba fatal y, me dolía la cabeza. A medio día, casi podía hablar un poco, creo, que era efecto del movimiento tan brusco, de el “accidente’’ como decían. Intenté dormir, pero, oía las enfermeras hablar… Decían algo como “Esta chica no sobrevivirá mucho tiempo”. Yo lo sabía, me dolía el pecho, sentía mareos y, no podía moverme con facilidad. Suerte que respiraba.
Mis pertenencias estaban a un lado, en una mesa. Podía ver una especie de carta, siempre la llevaba encima, sí, era para ella… Pero nunca me atrevería a dársela.
Escuché la puerta, el collarín no me dejaba moverme así que, lancé una mirada. Supuse que sería alguna enfermera, así que, preferí seguir mirando a la nada, sumida en mis pensamientos: Ella. Cerré los ojos, olvidando que alguien entraba por la puerta, ignorándolo todo, sabía que no duraría más de dos días, como también sabía, que, mi madre estaba en el pasillo, jamás me dejaría sola. Pero prefirió darme un rato, supongo que, le habían dicho que me darían de comer, o algo así. Bah, ya, qué importaba.
-¿Puedo pasar?- Oí su dulce voz, le miré, mientras aquella lágrima recorría mi mejilla. Sonreí como una tonta, indicando con ello que sí. Ella cerró la puerta. Me alegró saber que lo hizo. Le miraba, fijamente, quería incorporarme, para poder hablar con ella, pero casi no podía. –No, no te muevas, quédate así- Suspiré, no me gustaba estar acostada en todo momento, le miraba, no quería que oyese mi voz, de tal manera, sin poder vocalizar. Ella visualizó el rastro de mi lágrima, y, con su dedo, secó lentamente dicho recorrido. Cerré los ojos mientras lo hacía, no quise que separase su mano de mi, quería sentirla cerca, tan cerca como fuera posible. Ella posó su mano sobre la mía, volví a sonreír como una tonta, olvidando todo, ella estaba, ¿Qué importaba? Podía mover los dedos de dicha mano. Así lo hice, quería acariciar los suyos. Le miraba a los ojos, y ella me miraba en silencio. Estaba mareada, creo, que me volvió a subir la fiebre, pero, no hacía caso. La enfermera interrumpió el momento, tenía que darme de comer. No quería que ella viese dicho acto y, quería estar con ella, así que, dije que no quería comer, y, así era. La enfermera, me tomó la temperatura, en efecto, tenía fiebre, más de cuarenta. Tuve que tomar la medicación, estaba, realmente, asquerosa, y, encima, debía tomarla con cañita. Al menos, podía tragar sola. Ella me miraba preocupada, y, ofreció a la enfermera, ocuparse de que yo comiese. La enfermera aceptó, yo, sonreí con timidez, odiaba tener que ser tan ayudada. Ella intentaba hacerlo más ameno y, lo conseguía, como todo lo que se proponía. Antes de salir la enfermera, me ayudó a incorporarme para poder comer, aunque no quería, más tarde, salió, y, ella, colocó la mesa rodeando mis piernas y se puso al lado. Probaba la comida, para que no me quemase y, cuando estaba segura que era así, la acercaba a mi boca, y, con dificultad, yo, alcanzaba a comer. Eso sí, también tenía que limpiarme, cosa que, me proporcionaba, extremada timidez. No podía casi ni mirarla, igualmente, ella, hacía bromas, para intentar que me tranquilizara. Cuando casi hube acabado el plato, dije que no quería más, así era. Ella apartó el plato y, me limpió. Me sentía tan inútil… Pero, ella lo hacía muy fácil. No quería que se fuese, aunque, sabía que, tarde o temprano, vendrían sus padres a recogerla. Tras comer, me sentía muy mareada y, tenía mucho frío, así lo dije. La enfermera, anteriormente, dijo que, era normal, y que debía dormir. No quería, ella recordó sus palabras y, tubo la amabilidad de recordármelo. Yo negué, no quería, sabía que se iría. Agarró mi mano y afirmó –Estaré aquí cuando despiertes-. Tenía que hablarle, aunque, no me entendiese bien. Acaricié su mano y, cogí aire, cosa que, me faltaba un poco. –No te vallas…- Mis palabras sonaban tan lamentables, que, hasta a mí misma, me daba pena, dijo que así sería. Recibió una llamada al móvil y, al poco, volvió conmigo, confirmando que así sería. Sonreí, se me caían los párpados. Sentía tanto mareo. Sólo quería estar con ella. –P..por favor… Ponte… aquí… a mi lado…- Me faltaba el aire, podía notarlo. Sabía que no podía moverme, pero, quería tenerla cerca, ella se sentó a mi lado. Indiqué que se tumbase para más comodidad. Ella accedió. De alguna manera, sabía que, no volvería a sentir nada más. Comencé a hablarle, tenía que decírselo. Con lágrimas en lo ojos, comencé a explicarle todo lo que sentía, ella me miraba, y secaba con suavidad mis lágrimas mientras, me decía –Saldrás de esta…- Yo, le decía que no, había escuchado a las enfermeras, así se lo expliqué, pero ella, no quería creerme. Le noté entristecida, y las lágrimas caían de sus ojos, alcé un poco la mano, para secarlas. –No te alejes de mí… Por favor- Ella asintió, a mí, me subía la temperatura, y, cada vez me mareaba más. Notó algo raro, así que, me acarició la cara, sintió que ardía, como antes. Le miré a los ojos, ella me devolvía la mirada, fija. Acariciaba mis mejillas, acarició mi labio inferior, y, más tarde, se acercó lentamente a mí. Sentí sus labios sobre los míos, reaccioné, besándola. Había estado esperando ese momento mucho. Mis lágrimas recorrían mi rostro sin cesar, y, las suyas, hacían lo mismo. Acaricié su mejilla, para secarlas, y así lo hizo ella a la vez. Poco a poco, sentí que me mareaba más. Mi corazón dejaba de latir, y, mis últimas palabras de asfixio, acompañaron su nombre junto a un “Te amo”. Oía gritos, pero mi cuerpo me impedía reaccionar. Las enfermeras tenían razón, moriría.
Att; Aje
lunes, 28 de marzo de 2011
Ella
El viento azotó sus cabellos como un caballo cabalgando. Sus ojos brillaban con tal intensidad, que parecían destellos de pequeñas luces de colores, pero esta vez, en un color, un color intenso, que marcó tantos meses en profundidad. Ella sonreía, y mi mirada se centraba en una cosa: Sus labios. No podía parar de mirarle, no quería dejar de mirarle, pero, sabía que tarde o temprano iba a tener que hacerlo. Preferí disfrutar del momento. Tenía tantas ganas de besarla... Sabía que un día no aguantaba. El miedo siempre me echó atrás, el miedo siempre me impedía decirle todo lo que siento.
Seguí ignorando la realidad para fijarme de nuevo en sus ojos mientras hablaba, quería sacarle conversación, sólo para poder mirarle con un pretexto. Un mechón de pelo, cubrió su mejilla, a consecuencia de dicha brisa. Sentí ganas de apartarlo, sólo para rozarla por un segundo. Sentí ganas de mirarle y susurrarle al oido: ''Te amo, no sabes cuanto''. Pero no podía.
Introducí mis manos en los bolsillos, a pesar de tenerlos repletos de objetos, para resistirme a todo.
El brillo del sol daba de espaldas a ella, pero, sus ojos brillaban igualmente, de tal intensidad. Sus pestañas estaban dividiéndose en sombra que caía sobre sus ojos, lo que le hacía irresistible. Sonreía con tal facilidad, que, no sería capaz de imaginarme, la felicidad de estar a su lado, una tarde completa, una tarde a solas, aunque no dijese nada. Pero con solo una tarde, poder rozarle sin miedo. Poder hablar sin represión, valdría para una felicidad, al menos, momentánea.
Att:Aje
Seguí ignorando la realidad para fijarme de nuevo en sus ojos mientras hablaba, quería sacarle conversación, sólo para poder mirarle con un pretexto. Un mechón de pelo, cubrió su mejilla, a consecuencia de dicha brisa. Sentí ganas de apartarlo, sólo para rozarla por un segundo. Sentí ganas de mirarle y susurrarle al oido: ''Te amo, no sabes cuanto''. Pero no podía.
Introducí mis manos en los bolsillos, a pesar de tenerlos repletos de objetos, para resistirme a todo.
El brillo del sol daba de espaldas a ella, pero, sus ojos brillaban igualmente, de tal intensidad. Sus pestañas estaban dividiéndose en sombra que caía sobre sus ojos, lo que le hacía irresistible. Sonreía con tal facilidad, que, no sería capaz de imaginarme, la felicidad de estar a su lado, una tarde completa, una tarde a solas, aunque no dijese nada. Pero con solo una tarde, poder rozarle sin miedo. Poder hablar sin represión, valdría para una felicidad, al menos, momentánea.
Att:Aje
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