Me quedé abrazada a ella mientras lloraba. Sentía su mirada sobre mí y yo, no podía parar. Puse una de mis manos sobre la de ella, ya que no quería que me soltase. –Tranquilízate… - Susurraba mientras acariciaba mi brazo con su pulgar. Cerré los ojos mientras lo hacía y jadeaba leve. Mi barbilla temblaba en símbolo de volver a llorar y no podía hacer nada con eso. Le abrazaba mientras olía su aroma y sentía su corazón con mi oreja en su pecho. No podía hacer nada y sentí que quería parar ese momento para quedarnos ahí quietas las dos.
-¿Sabes…? – Dije mientras miraba al frente. – No quiero volver a casa… No quiero… irme de aquí ahora… - Ella me miró levantándome un poco la cabeza con el hombro y yo observé sus ojos. Jamás había estado de ésta forma con ella y sentí una mirada diferente. Me besó la frente y volvió a abrazarme de la misma forma mientras yo acariciaba su mano.
Al rato, me miró de nuevo. -¿te sientes mejor?- Dijo mientras me miraba, me incorporé un poco, sin dejar que me soltase. –Sí… un poco…- Dije mientras le miraba aún cerca, a los ojos. –Ya ¿Eh? No te quiero ver más así… - Decía con un poco de tristeza en su mirada y le acaricié la mejilla. Le miraba a los ojos a pocos centímetros de su rostro, pasé el pulgar por sus labios y me acerqué a los mismos. – Joder…- Susurré mientras me acercaba a ella, rozando sus labios con los míos. Ella entreabrió sus labios, le miré a los ojos y los cerró, acto seguido, los cerré. Tomé su nuca con suavidad mientras traté sus labios con delicadeza y ella me siguió colocando una de sus manos en mi cintura. Me alejé un poco de sus labios y apoyé mi frente en la suya. – Quisiera que éste momento se parase y quedarme impregnada en tus labios para siempre… - Bajé mi otra mano a su cintura y una lágrima recorrió mi mejilla. – No llores… - Secó mi lágrima con una mano y más tarde me besó leve en los labios. – He soñado tantas veces con éste momento… - Susurré mientras apretaba los ojos. –Dime que esto no es un sueño, dime que soy libre y que hice esto sin problemas y que me quieres… - Ella esbozó una leve sonrisa. – Tranquilízate… Esto, es real, yo estoy aquí… - Decía mientras me miraba a los ojos. Se acercó a mis labios y sonrió diciendo. – Yo, te quiero… - Me mordí el labio mientras ella se acercaba. Paré de hacerlo para ahora, besarla. Tras un rato sumida en sus labios, le propuse ir a caminar y ella aceptó. En el camino dudaba si cogerle la mano y ella lo hizo por mí. Pero entonces deslicé mi mano hasta su cintura para caminar agarrada de ésta. Le besé la mejilla. Ella metió su mano en el bolsillo trasero de mi pantalón y yo le paré mientras caminábamos, dejando su mano en el mismo sitio y abrazándola. – Te quiero… - Le susurré al oído y más tarde besé éste bajando por su cuello, mordiendo éste leve entre besos, le dejé una marca de mi estancia por el sitio con los labios. – Es difícil controlarse ahora después de tanto tiempo desearlo… - Ella me miró a los ojos y me dijo. – No quiero que lo hagas, hoy tengo la necesidad de quererte, y quiero hacerlo… No quiero ir rápido, pero quiero quedarme aquí viendo el tiempo pasar rápido, contigo – Sonreí mirándola a los ojos. – No sabes cuánto he deseado escuchar todo eso. – Me ruboricé un poco mientras le miraba y bajé la mirada. Ella me volvió a besar y yo, cerré los ojos. Cuando terminó la abracé con fuerza, sintiendo su correspondencia contra mí. Entonces el día que tuve, sabía que había merecido la pena por tenerla ahí, entre mis brazos como siempre había deseado.
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sábado, 17 de marzo de 2012
Adolescencia época épica
Era el primer día de instituto, estaba tan emocionada que no pude más que soñar con ello, cuando pude dormir. Me levanté de un salto y me vestí rápidamente esperando que mi hermano mayor me acompañase a ello. Conocería gente nueva y tendría nuevos amigos con los que poder hablar, o eso es lo que pensaba.
El primer día pasó muy rápido, la tutora parecía maja y los compañeros no tenían mala pinta, al menos, algunos. Había otros que no me dieron muy buena impresión, pero pensé que no tendría problemas con ellos.
La primera semana no fue mal, pero me costaba tanto relacionarme con todos… No encontraba el momento exacto en el que meterme en una conversación, aún así, en clase no iba demasiado mal.
Llegó una clase de francés en la que, me tocó preguntarle el nombre a una chica. – Vamos, Adele, pregúntale el nombre a… ¡Ella! – Asentí y la miré. – Comment tu t’apelle? – Dije mientras la miraba, con mal acento francés. – Je m’apelle Mónica, et toi? – Respondió a petición de la profesora. – Je m’apelle Adele. – Sonreí y pensé que podía haber echo una buena amistad con tan solo una palabra, y supuse que al acabar la clase podría hablar con ella sin vergüenza, pero no fue así. Al final de la clase se fue. No me preocupé, pensé que las demás semanas, podría ir mejor y no pasaría nada porque podría hacer amigos. Siempre hablaba con una chica, la cuál era prima de una antigua amiga mía, y me sentía muy bien hablando con ella, pero sin embargo ella tenía un grupo de amigas y a mi me daba mucha vergüenza ir con ellas, porque me costaba. Aún así a veces me iba con ellas. Llegó una temporada en la que me vi sola y siempre estaba triste y siempre todos, se burlaban de mí. Veía cómo la gente salía al recreo y yo estaba deseando que un profesor nos retejiese más en clase para poder no salir al recreo y no se burlasen de mí… Pero cada vez que lo deseaba, nunca ocurría… Me pasaba los días escondidas bajo la escalera hasta que decidí encerrarme en el baño para tratar de evadirme de las burlas, aún así… No lo conseguía. Los profesores me decían que saliese al patio y yo salía, pero no podía evitar llorar cuando recordaba cómo eran las cosas en el colegio y cómo estaban siendo ahora. Me sentía tan sola al ver a todos con un amigo de siempre. Mientras que yo, proveniente de otro colegio, era arrastrada al rincón más oscuro… La soledad. Para colmo, mi mejor amigo decidió dejar de quedar conmigo, ¿quién iba a querer estar saliendo con una anti-social que trata toda su vida de evadirse de los demás por miedo al rechazo? Me sentía imbécil y sin ganas de seguir… En ocasiones, no aguantaba las ganas de gritarle al primero que me volviese a insultar, como cada día, hasta que una vez lo hice.
En mitad de una clase, no paraban de picarme y salté, comencé a gritarle como loca verdades increíbles y todos se quedaron callados, pero con ganas de más. El profesor mandó silencio y yo me callé mordiendo encías, pensando que ese sería el fin de las burlas. Al día siguiente, en la última hora, me quedé sola al mandarnos por pareja y yo, me quedé sola. Los veía a todos y me apoyé en la pared a la espera de que la profesora me dijese algo que hacer, pero ésta salió y como consecuencia me tocaría pagar a mí. - ¿Otra vez te has quedado sola, eh? Jajaja, qué lástima de ti… - Me miraba y yo la miraba. – Déjame, ¿Vale? – Decía mientras trataba de aguantar mis lágrimas mirando al suelo. La otra profesora de educación física, al verme terminar llorando preguntó desde lejos que qué estaba pasando y yo no supe decir nada. Mientras ésta se iba acercando la chica se acercó a mi y habló. – Atrévete a decirle algo que te juro que te cojo a la salida. – Negué como idiota, mientras ella y sus tres secuaces se daban la vuelta. Entonces la profesora me preguntó que qué me pasaba y le respondí que me había quedado sola de nuevo.
Ese mismo día había llovido muchísimo y estaba todo el suelo encharcado así que de vuelta a casa, los tres secuaces de la anterior chica comenzaron a darme por atrás con el paraguas y yo, no podía hacer nada. Al llegar a un charco le salpicaron con el pie hasta mancharme parte del pelo y mientras bajaba la mirada entre lágrimas, éstos seguían haciendo lo que les salía en gana. No hice nada por ello e hicieron que tropezara poniendo el paraguas en mis zapatos. Traté de caminar más rápido y ellos pasaron de mí. Llegué a casa, solté la maleta, saludé a mi madre y comí. Me encerré en mi cuarto a hacer la tarea mientras lloraba. Los profesores no me hacían caso y llegué a tal punto de no poder más que se lo conté a mi madre, ya que ese mismo día vio mi ropa machada. Ella fue a hablar con los profesores, pero no hicieron nada importante con respecto al tema y yo, no podía más. Los mismos imbéciles seguían siguiéndome por la calle, haciendo burlas desde atrás, tirándome cosas mientras caminaba con algún amigo y gritándome. Me llevé una temporada en casa, sin salir con nadie ni hablar con nadie, pensando que de ésta manera nada me podría dañar… Pero entonces me di cuenta que me estaba haciendo tanto daño como muerte a mi misma. Llegó el verano y no tenía con quien salir. Conocí a una chica que terminó por gustarme y salí con ella un tiempo, pero cuando me dejó el vacío que sentir al solo tenerle a ella fue tan inmenso como el boquete de un túnel para una hormiga. Lloraba todos los días y no tenía nadie con quien hablarlo para que me consolara y me ayudase a salir de ese trance así que me decidí a hacer lo más cobarde del mundo: Me iba a matar.
Conforme comenzó el tercer curso, seguía empeñada en esa opción e intentándolo. Nada decía que hiciese lo contrario: Me sentía sola, no salía a la calle con nadie, no me iba bien las notas, el instituto pasaba de mí, aquellos idiotas seguían metiéndose conmigo. ¿Qué iba a hacer?
Estaba decidida que una tarde iba a ser la última hasta que una voz envolvió mi oído para sacarme de ese pozo… - Adele, éste recreo no te vas a quedar allí sola en el pasillo. Vas a venir con nosotras y así hasta todos los recreos en los que sea posible, ¿Está claro? – Ella sonrió y yo, por una vez desde hacía mucho me sentí… respetada.
Algo fue sucediendo dentro de mí y yo, no lo comprendía, hasta que en un tiempo me di cuenta… Me estaba enamorando… Trataba de conocerla, hablar con ella, saber cosas sobre su vida y… Verla siempre que podía… Me enteraba de todo lo que podía, hablaba con una de sus mejores amigas, la cual también desde hace tiempo era amiga mía, pero aún no de tal forma. Sentí que podía sentir algo recíproco, pero me equivoqué. En ocasiones salía con gente a la calle, y conseguía olvidar los dos anteriores años, pero entonces volvían aquellos imbéciles a tirarme piedras.
Traté de volver a morir porque me di cuenta de que a pesar de ahora tener gente en clase, en la calle seguían burlándose de mí… Pensaba que no valía la pena seguir para eso y… Yo no sabía pedir ayuda. Hasta que con esa chica, me dejé llevar por lo que dijesen mis palabras. Tras mucho tiempo escondida, comencé a hablar de todo lo que me pasaba y ella, me comprendía. Le contaba que estaba enamorada, que me sentía mal, que tenía ganas de llorar por cualquier cosa y… Todo lo que sintiese en el momento se lo decía. En ocasiones, me contaba cosas.
Cuando la miraba, su mirada era brillante e intensa, como algo brillante mojado. Sentía ganas de abrazarla y llorar todo lo que necesitaba. Quería sorprenderla todo el rato para robarle una sonrisa y, cómo no, un poco de su tiempo. Le decía que le quería y que era muy importante para mí y trataba de hacérselo sentir. Y por primera vez después de 14 años, pedí ayuda a alguien. Le dije que no podía parar de sentirme mal y por ello tenía una obsesión con auto-lesionarme. Se lo contaba todo y cada vez que lo hacía, porque lo necesitaba y ella, me apoyaba.
Me escapaba de casa, para poder verla unos segundos y, me quedaba horas esperando a lo que fuera por verla un par de segundos. Pero a pesar de eso sabía que todo era estúpido y me seguía sintiendo así. Ahora sabía que tenía más miedo que antes. En un modo, no quería que ella se enterase, pero si no lo decía me iba a reventar el estómago. Fue en verano cuando lo solté todo, ese mismo verano… Ese mismo que jamás deseé que empezara para poder verla todos los días en el instituto, cuando estaba con una fiebre a matar, o cuando estaba con flores en el estómago por verla de las cuales salían pequeños pinchos de rosales cuando le veía hablar con otra persona que la hacía reír.
A pesar de pasar los recreos entre lágrimas por todo lo que mis circunstancias llamaban… Sentía que podía salir a veces, y que ella podía ayudarme más de lo que creía. Llegó el verano y, ya tenía que salir de todo. Le pedí ayuda y ella se deshizo de todo con lo que podía intentar decirle adiós. Me miró y me hizo prometerme que no lo haría… Lo prometí.
A pesar de todo, mis lágrimas siguieron hacia delante porque no podría conseguir lo que siempre había soñado y ya no sabía cómo reaccionar ante nada.
Traté de evadirme en las nuevas personas que me habían encontrado en el camino y ayudarme a salir del mal para el bien y conseguí salir. Aunque a veces me pinche con el rosal del curso anterior, se que podré salir…
Esto, no es una historia, esto, es mi realidad…
El primer día pasó muy rápido, la tutora parecía maja y los compañeros no tenían mala pinta, al menos, algunos. Había otros que no me dieron muy buena impresión, pero pensé que no tendría problemas con ellos.
La primera semana no fue mal, pero me costaba tanto relacionarme con todos… No encontraba el momento exacto en el que meterme en una conversación, aún así, en clase no iba demasiado mal.
Llegó una clase de francés en la que, me tocó preguntarle el nombre a una chica. – Vamos, Adele, pregúntale el nombre a… ¡Ella! – Asentí y la miré. – Comment tu t’apelle? – Dije mientras la miraba, con mal acento francés. – Je m’apelle Mónica, et toi? – Respondió a petición de la profesora. – Je m’apelle Adele. – Sonreí y pensé que podía haber echo una buena amistad con tan solo una palabra, y supuse que al acabar la clase podría hablar con ella sin vergüenza, pero no fue así. Al final de la clase se fue. No me preocupé, pensé que las demás semanas, podría ir mejor y no pasaría nada porque podría hacer amigos. Siempre hablaba con una chica, la cuál era prima de una antigua amiga mía, y me sentía muy bien hablando con ella, pero sin embargo ella tenía un grupo de amigas y a mi me daba mucha vergüenza ir con ellas, porque me costaba. Aún así a veces me iba con ellas. Llegó una temporada en la que me vi sola y siempre estaba triste y siempre todos, se burlaban de mí. Veía cómo la gente salía al recreo y yo estaba deseando que un profesor nos retejiese más en clase para poder no salir al recreo y no se burlasen de mí… Pero cada vez que lo deseaba, nunca ocurría… Me pasaba los días escondidas bajo la escalera hasta que decidí encerrarme en el baño para tratar de evadirme de las burlas, aún así… No lo conseguía. Los profesores me decían que saliese al patio y yo salía, pero no podía evitar llorar cuando recordaba cómo eran las cosas en el colegio y cómo estaban siendo ahora. Me sentía tan sola al ver a todos con un amigo de siempre. Mientras que yo, proveniente de otro colegio, era arrastrada al rincón más oscuro… La soledad. Para colmo, mi mejor amigo decidió dejar de quedar conmigo, ¿quién iba a querer estar saliendo con una anti-social que trata toda su vida de evadirse de los demás por miedo al rechazo? Me sentía imbécil y sin ganas de seguir… En ocasiones, no aguantaba las ganas de gritarle al primero que me volviese a insultar, como cada día, hasta que una vez lo hice.
En mitad de una clase, no paraban de picarme y salté, comencé a gritarle como loca verdades increíbles y todos se quedaron callados, pero con ganas de más. El profesor mandó silencio y yo me callé mordiendo encías, pensando que ese sería el fin de las burlas. Al día siguiente, en la última hora, me quedé sola al mandarnos por pareja y yo, me quedé sola. Los veía a todos y me apoyé en la pared a la espera de que la profesora me dijese algo que hacer, pero ésta salió y como consecuencia me tocaría pagar a mí. - ¿Otra vez te has quedado sola, eh? Jajaja, qué lástima de ti… - Me miraba y yo la miraba. – Déjame, ¿Vale? – Decía mientras trataba de aguantar mis lágrimas mirando al suelo. La otra profesora de educación física, al verme terminar llorando preguntó desde lejos que qué estaba pasando y yo no supe decir nada. Mientras ésta se iba acercando la chica se acercó a mi y habló. – Atrévete a decirle algo que te juro que te cojo a la salida. – Negué como idiota, mientras ella y sus tres secuaces se daban la vuelta. Entonces la profesora me preguntó que qué me pasaba y le respondí que me había quedado sola de nuevo.
Ese mismo día había llovido muchísimo y estaba todo el suelo encharcado así que de vuelta a casa, los tres secuaces de la anterior chica comenzaron a darme por atrás con el paraguas y yo, no podía hacer nada. Al llegar a un charco le salpicaron con el pie hasta mancharme parte del pelo y mientras bajaba la mirada entre lágrimas, éstos seguían haciendo lo que les salía en gana. No hice nada por ello e hicieron que tropezara poniendo el paraguas en mis zapatos. Traté de caminar más rápido y ellos pasaron de mí. Llegué a casa, solté la maleta, saludé a mi madre y comí. Me encerré en mi cuarto a hacer la tarea mientras lloraba. Los profesores no me hacían caso y llegué a tal punto de no poder más que se lo conté a mi madre, ya que ese mismo día vio mi ropa machada. Ella fue a hablar con los profesores, pero no hicieron nada importante con respecto al tema y yo, no podía más. Los mismos imbéciles seguían siguiéndome por la calle, haciendo burlas desde atrás, tirándome cosas mientras caminaba con algún amigo y gritándome. Me llevé una temporada en casa, sin salir con nadie ni hablar con nadie, pensando que de ésta manera nada me podría dañar… Pero entonces me di cuenta que me estaba haciendo tanto daño como muerte a mi misma. Llegó el verano y no tenía con quien salir. Conocí a una chica que terminó por gustarme y salí con ella un tiempo, pero cuando me dejó el vacío que sentir al solo tenerle a ella fue tan inmenso como el boquete de un túnel para una hormiga. Lloraba todos los días y no tenía nadie con quien hablarlo para que me consolara y me ayudase a salir de ese trance así que me decidí a hacer lo más cobarde del mundo: Me iba a matar.
Conforme comenzó el tercer curso, seguía empeñada en esa opción e intentándolo. Nada decía que hiciese lo contrario: Me sentía sola, no salía a la calle con nadie, no me iba bien las notas, el instituto pasaba de mí, aquellos idiotas seguían metiéndose conmigo. ¿Qué iba a hacer?
Estaba decidida que una tarde iba a ser la última hasta que una voz envolvió mi oído para sacarme de ese pozo… - Adele, éste recreo no te vas a quedar allí sola en el pasillo. Vas a venir con nosotras y así hasta todos los recreos en los que sea posible, ¿Está claro? – Ella sonrió y yo, por una vez desde hacía mucho me sentí… respetada.
Algo fue sucediendo dentro de mí y yo, no lo comprendía, hasta que en un tiempo me di cuenta… Me estaba enamorando… Trataba de conocerla, hablar con ella, saber cosas sobre su vida y… Verla siempre que podía… Me enteraba de todo lo que podía, hablaba con una de sus mejores amigas, la cual también desde hace tiempo era amiga mía, pero aún no de tal forma. Sentí que podía sentir algo recíproco, pero me equivoqué. En ocasiones salía con gente a la calle, y conseguía olvidar los dos anteriores años, pero entonces volvían aquellos imbéciles a tirarme piedras.
Traté de volver a morir porque me di cuenta de que a pesar de ahora tener gente en clase, en la calle seguían burlándose de mí… Pensaba que no valía la pena seguir para eso y… Yo no sabía pedir ayuda. Hasta que con esa chica, me dejé llevar por lo que dijesen mis palabras. Tras mucho tiempo escondida, comencé a hablar de todo lo que me pasaba y ella, me comprendía. Le contaba que estaba enamorada, que me sentía mal, que tenía ganas de llorar por cualquier cosa y… Todo lo que sintiese en el momento se lo decía. En ocasiones, me contaba cosas.
Cuando la miraba, su mirada era brillante e intensa, como algo brillante mojado. Sentía ganas de abrazarla y llorar todo lo que necesitaba. Quería sorprenderla todo el rato para robarle una sonrisa y, cómo no, un poco de su tiempo. Le decía que le quería y que era muy importante para mí y trataba de hacérselo sentir. Y por primera vez después de 14 años, pedí ayuda a alguien. Le dije que no podía parar de sentirme mal y por ello tenía una obsesión con auto-lesionarme. Se lo contaba todo y cada vez que lo hacía, porque lo necesitaba y ella, me apoyaba.
Me escapaba de casa, para poder verla unos segundos y, me quedaba horas esperando a lo que fuera por verla un par de segundos. Pero a pesar de eso sabía que todo era estúpido y me seguía sintiendo así. Ahora sabía que tenía más miedo que antes. En un modo, no quería que ella se enterase, pero si no lo decía me iba a reventar el estómago. Fue en verano cuando lo solté todo, ese mismo verano… Ese mismo que jamás deseé que empezara para poder verla todos los días en el instituto, cuando estaba con una fiebre a matar, o cuando estaba con flores en el estómago por verla de las cuales salían pequeños pinchos de rosales cuando le veía hablar con otra persona que la hacía reír.
A pesar de pasar los recreos entre lágrimas por todo lo que mis circunstancias llamaban… Sentía que podía salir a veces, y que ella podía ayudarme más de lo que creía. Llegó el verano y, ya tenía que salir de todo. Le pedí ayuda y ella se deshizo de todo con lo que podía intentar decirle adiós. Me miró y me hizo prometerme que no lo haría… Lo prometí.
A pesar de todo, mis lágrimas siguieron hacia delante porque no podría conseguir lo que siempre había soñado y ya no sabía cómo reaccionar ante nada.
Traté de evadirme en las nuevas personas que me habían encontrado en el camino y ayudarme a salir del mal para el bien y conseguí salir. Aunque a veces me pinche con el rosal del curso anterior, se que podré salir…
Esto, no es una historia, esto, es mi realidad…
jueves, 15 de marzo de 2012
Sorpresa
Fu
e mientras estaba colocando unos libros en una estantería cuando se acercó por detrás de mí, agarrándome con cuidado y acariciando mi cintura, abrazándome cuando sus manos llevaron a mi tripa. Sonreí como una imbécil, más él, hizo lo mismo.
Miré hacia atrás y clavé mi mirada en sus ojos, brillantes y marrones, como siempre los recordaba al irme al acostar. – Hola princesa – Dijo mientras me dedicaba una sonrisa con amor. Le respondí dándole un beso en los labios y cerré los ojos dejándome abrazar.
Todo era perfecto, él, yo, unidos y abrazados felices… ¿Qué más podía pedir?
Entonces él fue bajando su mano con lentitud hasta llegar a la hebilla del cinturón. – No lo hagas – Decía con miedo, pero él seguía. Trató de quitar mi cinturón y lo consiguió mientras no podía resistirme a él. – No, no quiero que lo hagas, no – Le traté de quitar las manos pero su mirada parecía evadida y no parecía querer parar. Me impuse a su fuerza, pero él la triplicaba. - ¡QUE PARES! – Grité, pero no me oía y seguía tratando de calentarme. Me arrancó el botón del pantalón, ese pantalón que tanto me gustaba y tanto aprecio le tenía. - ¡SUÉLTAME! – Gritaba a espera de que hiciese oídos, mientras asustada, lloraba. –No… Por favor… - Seguía y me manejó hasta el lugar donde él quería llegar a algo más, ahora era un monstruo, no era él, en conjunto de hormonas se le habían juntado para un solo pensamiento: Practicar el coito. - ¡Suéltame! – Decía mientras él cogía sus cuerdas atándome sin poderme mover a una cama que nunca conocí y jamás hubiese deseado haber conocido. - ¿Por qué me haces esto? ¡Suéltame, joder, suéltame! – Decía gritando mientras lloraba, pero él siguió a lo suyo, decidiendo que me trataría como su juguete, un juguete muy íntimo. Las muñecas las sentía arder por el roce de las cuerdas y más de lo mismo en los tobillos. Con cuidado y entre gritos mientras él intentaba llegar al éxtasis, incluso agarrándome por el cuello, trataba de desatarme, lo conseguí.
Mordió mis pechos desnudos sin cuidado, dejándome al poco un cardenal en éstos que más tarde sabía que me dolería. - ¿Por qué haces esto? ¡Suéltame, joder! – Lloraba intranquila, hasta que él, se levantó. Entonces me miró mientras estaba acostada en la cama, desnuda y me soltó una bofetada que hizo mi labio sangrar. – Tú eres mía y siempre lo serás, ahora jamás podrás salir de aquí. Y para hacerte de mi propiedad… - Decía con maldad mirándome fijamente a los ojos, símbolo de autoconfianza. Cogió una navaja y trazó unas líneas haciéndome sangrar en la tripa y en las piernas. – Así nadie te querrá y de ésta forma, serás mía… Siempre… - Se volvió a acercar a los pechos y me volvió a morder uno de éstos. Dejó la navaja ensangrentada en la mesa y mientras trabajaba el sacar una sola mano para cortar las cuerdas, ésta se ahogaba, pero lo conseguí. Cogí la navaja con mucho cuidado de no hacer ruido y ahogada entre lágrimas y dolor traté de cortar las cuerdas siguientes, hasta que lo conseguí. Cogí mi ropa más cercana, poniéndomela encima y tapándome. Traté de saltar por la ventana ya que no era demasiado alta, y más tarde salí corriendo por la calle. No tenía dónde ir, desde que comencé a salir con él perdí a todas mis amigas, así que me arrinconé en un lugar de la calle donde él no solía ir nunca. Lloraba encogida, pues no era la primera vez que me lo había hecho y no sabía qué hacer. Sabía que me buscaría y que preguntaría por mí… Pero a pesar del amor que sentía por él, el daño que me hacía era mucho mayor. Y estaba cansada de soportarlo, tenía que refugiarme y no sabía donde ir. Recordé el local de una amiga donde ella solía estar y creí que la mejor idea sería reunirme con ella, en vez de estar sola y así de desabrigada en la calle.
Llegué al local, después de tanto buscarlo y llamé a la puerta. Efectivamente, allí estaba mi amiga, a la cual miré entre lágrimas. - ¿Qué te ha pasado, cariño? ¿Qué pasó? – Me miraba con gran preocupación mientras yo no podía evitar las lágrimas salir de mis ojos. Mi amiga corrió rápidamente a abrazarme mientras me decía que me tranquilizase y le contase todo. – Él lo… volvió a hacer por… más de décima vez… Trató de hacerlo cuando yo… No quería y… Se gozó de mí… cuando yo no quería… Y luego… - Me levanté la camisa que tenía mal puesta enseñándole las heridas que me había causado. – Dijo que de ésta forma nunca sería de nadie y… que nadie me desearía nunca… -
Lloraba con fuerza mientras mi amiga me rodeó con el brazo. – Mi vida, voy a curarte eso, ¿vale? – Asentí. – Te dije que él no era bueno, cielo… Que si sufrías lo dejases desde el principio, cariño… Será mejor que llamemos a la poli… - Le corté antes de que dijese algo más. – No, de eso nada… A la policía no, por favor, no puedo ir a la policía, no… Espera unos días que se tranquilice, él se pondrá bien en unos días y… todo irá bien… - Mi amiga suspiró. - ¿qué más te hizo? – Negué bruscamente, sin querer enseñárselo, mientras me cubría los pechos y cruzaba con cuidado las piernas. Mi amiga abrió los ojos como platos imaginándose lo que podría haber hecho. – Muéstramelo… - Negué mientras tenía miedo. – Necesito una ducha… - Dije sin fuerzas de si quiera poder levantarme. – Primero vamos a mi casa, te quedarás allí conmigo, te daré ropa, cenaremos y te ducharás…- Asentí aunque avergonzada.
Llegamos a su casa, más hermosa de lo que recordaba y me llamaron la atención las fotos. En casi todas salíamos las dos con una gran sonrisa y abrazadas.
- Vaya, qué de fotos nuestras… - Ella se puso nerviosa y yo le sonreí como pude, aunque me dolía el labio. Me llevó hacia la cocina mientras sacaba algo para cenar. – No tengo mucho, pero es algo – Negué – Cualquier cosa es demasiado ahora mismo- Me miró. – Pero tienes que comer… -
Cenamos ambas, mientras me hablaba de sucesos graciosos y eso me hizo desconectar.
Tras eso, me guió hasta el baño, y ahí comencé a quitarme la ropa mientras ella iba a traerme algo para luego. Me metí en la ducha, me sentí tan mal que me caí sentándome lentamente en el suelo, llorando con la ducha entre mis manos. Entonces entró. – Aquí tienes la ro… Oye, cariño… - Se acercó a mí abriendo la ducha, mientras la miraba lloraba. – Él me quiere… Sé que me quiere… - Decía mientras el agua caía sobre mí. – Tengo que volver a casa… - Mi amiga negó. – Hoy no irás a casa, podría ser peor, anda, venga, te ayudo a bañarte… - Entonces se desnudó quedando en ropa interior, ya que siempre tuvo mucha vergüenza y me ayudó a levantarme. Cogió el jabón y lo deslizó sobre mi espalda, los moretones de éste con cuidado y así sucesivamente hasta acabar con el cuerpo. - ¿Todo esto te lo hizo él? – Asentí mientras trataba de no llorar. Ella me abrazó y sentí cómo su cuerpo seco se mojaba junto al mío. Lloré de nuevo en su hombro. – Anda, vamos a secarte, cariño. Salimos, ella casi salía seca y yo puse los pies con torpeza en la toalla del suelo. Ella me secaba y me indicó que me sentase en el baño. Me fue desinfectando las heridas con cuidado ya que me dolían bastante. Más tarde comenzamos a vestirme y ella hizo lo mismo con ella misma. Fuimos a la habitación y me indicó dónde me quedaría, entonces negué pidiéndole por favor que no podía dormir sola. Ella dijo que me quedase en su habitación y yo se lo agradecí y le abracé.
Fuimos a la cama y me fui acomodando con dolor en todo el cuerpo, más tarde se acostó ella y me reposé sobre su pecho mientras lloraba y ella trataba de tranquilizarme.
Terminé dormida y contaban las noches la manera en la que me miraba. Ella me besaba la cabeza y me aportaba seguridad, aunque no se atrevía a decirme nada yo sabía que ella quería que me quedase con ella, a parte de la seguridad que me aportaría y la tranquilidad con la que estaría con ella, por algo más que no quería contarme.
Entonces llegó la mañana, y ella me sorprendió con un desayuno en la cama para intentar animarme. Dejó a un lado la bandeja y me miraba. Me dio un leve beso en la mejilla, parecía que no quería levantarme. Me acarició el pelo, poniéndolo en su sitio, sea cual sea el que fuese por la mañana y miraba mi dormir con ternura. – Princesa… Te quiero… - Entonces me desperté y la miré con los ojos semi-abiertos. – Esto… hola cariño… te he… te he preparado… el… el desayuno y… aquí está…- Me incorporaba sin fuerzas pues me dolía aún todo. – Cuando te lo tomes te pondré una crema para el dolor de los moretones, ¿Vale? – Asentí un poco triste, por el recuerdo que traía eso. Me puso la bandeja con la comida en las piernas y me senté. Siempre había soñado eso y nunca me lo habían hecho. Me pareció muy extraño que lo hiciese ella de esa forma. - ¿Por qué haces eso? – Ella me miró. – No entiendo, ¿el qué? – Le miré mientras tomaba un poco del zumo de naranja, recién exprimido, como siempre me gustó. Lo noté en el gusto, y en el toque de azúcar que le añadió, siempre justo y delicioso. – Sí, el… Cuidarme y, mimarme así… - Le miraba y me manché un poco la comisura mientras bebía y ella negó y me secó levemente ésta mordiéndose el labio.
Terminé de desayunar y rápidamente me dijo que me acostase de nuevo para ponerme la crema en el cuerpo. Noté sus manos con la fría crema que trató de calentar antes con las manos sobre mi cuerpo y cómo bajaba y subía con suavidad para no hacerme daño.
- Ah… - Me quejé. – Lo siento, princesa… - Recordé esa última palabra, cerré los ojos y lo dejé pasar. – No pasa nada… - Decía con una lágrima en los ojos, y cuando terminó me incorporé, quedándome en la cama sentada. - ¿Qué hice mal? – Ella negó mientras colocaba mi pelo tras la oreja y me miraba a los ojos. – Elegir a la persona equivocada, pero nunca es tarde… - Le miré. - ¿Tú estás enamorada? – Bajó la mirada y negó, mintiéndome. – No te creeo… - Me miró y sonrió un poco, sabiendo que le había cogido. – Lo mío es imposible… - El brillo que resplandecían sus ojos con la luz que la ventana dejaba entrar me hizo tener la necesidad de acercarme a ella para besarla. Nos quedamos calladas y ella me miraba con lástima, ahora fue ella quien lanzó una lágrima a su mejilla. La sequé con un dedo. - ¿Qué te pasa? – Le pregunté preocupada, pues no quería adelantar acontecimientos. – Lo siento… - Fruncí el ceño mientras ella me miraba. - ¿Qué sient…? – Entonces ella se acercó a mí callándome con un beso y no pude negarme. No sabía por qué, pero mi vida había cambiado de un dolor inmenso a una pasión por descubrir. Me gustó y decidí probar…
- ¿Y es por eso por lo que ella también es mi mamá? – Sonreí – Así es pequeña, mientras todo eso pasó, yo estaba embarazada de ti y ella me ayudó y me enamoré de ella, olvidé a tu padre… Y ya no supe más de él… Excepto que… - Mi pequeña me miró. – Él dos meses después entró a la cárcel y ya no sé más de él… - Ella me abrazó. – Quiero que seas feliz, aunque eso trate de estar con una mujer, me he criado con las dos y os quiero muchísimo como seáis, y tener dos mamás, ¡Es muy divertido!-
e mientras estaba colocando unos libros en una estantería cuando se acercó por detrás de mí, agarrándome con cuidado y acariciando mi cintura, abrazándome cuando sus manos llevaron a mi tripa. Sonreí como una imbécil, más él, hizo lo mismo.
Miré hacia atrás y clavé mi mirada en sus ojos, brillantes y marrones, como siempre los recordaba al irme al acostar. – Hola princesa – Dijo mientras me dedicaba una sonrisa con amor. Le respondí dándole un beso en los labios y cerré los ojos dejándome abrazar.
Todo era perfecto, él, yo, unidos y abrazados felices… ¿Qué más podía pedir?
Entonces él fue bajando su mano con lentitud hasta llegar a la hebilla del cinturón. – No lo hagas – Decía con miedo, pero él seguía. Trató de quitar mi cinturón y lo consiguió mientras no podía resistirme a él. – No, no quiero que lo hagas, no – Le traté de quitar las manos pero su mirada parecía evadida y no parecía querer parar. Me impuse a su fuerza, pero él la triplicaba. - ¡QUE PARES! – Grité, pero no me oía y seguía tratando de calentarme. Me arrancó el botón del pantalón, ese pantalón que tanto me gustaba y tanto aprecio le tenía. - ¡SUÉLTAME! – Gritaba a espera de que hiciese oídos, mientras asustada, lloraba. –No… Por favor… - Seguía y me manejó hasta el lugar donde él quería llegar a algo más, ahora era un monstruo, no era él, en conjunto de hormonas se le habían juntado para un solo pensamiento: Practicar el coito. - ¡Suéltame! – Decía mientras él cogía sus cuerdas atándome sin poderme mover a una cama que nunca conocí y jamás hubiese deseado haber conocido. - ¿Por qué me haces esto? ¡Suéltame, joder, suéltame! – Decía gritando mientras lloraba, pero él siguió a lo suyo, decidiendo que me trataría como su juguete, un juguete muy íntimo. Las muñecas las sentía arder por el roce de las cuerdas y más de lo mismo en los tobillos. Con cuidado y entre gritos mientras él intentaba llegar al éxtasis, incluso agarrándome por el cuello, trataba de desatarme, lo conseguí.
Mordió mis pechos desnudos sin cuidado, dejándome al poco un cardenal en éstos que más tarde sabía que me dolería. - ¿Por qué haces esto? ¡Suéltame, joder! – Lloraba intranquila, hasta que él, se levantó. Entonces me miró mientras estaba acostada en la cama, desnuda y me soltó una bofetada que hizo mi labio sangrar. – Tú eres mía y siempre lo serás, ahora jamás podrás salir de aquí. Y para hacerte de mi propiedad… - Decía con maldad mirándome fijamente a los ojos, símbolo de autoconfianza. Cogió una navaja y trazó unas líneas haciéndome sangrar en la tripa y en las piernas. – Así nadie te querrá y de ésta forma, serás mía… Siempre… - Se volvió a acercar a los pechos y me volvió a morder uno de éstos. Dejó la navaja ensangrentada en la mesa y mientras trabajaba el sacar una sola mano para cortar las cuerdas, ésta se ahogaba, pero lo conseguí. Cogí la navaja con mucho cuidado de no hacer ruido y ahogada entre lágrimas y dolor traté de cortar las cuerdas siguientes, hasta que lo conseguí. Cogí mi ropa más cercana, poniéndomela encima y tapándome. Traté de saltar por la ventana ya que no era demasiado alta, y más tarde salí corriendo por la calle. No tenía dónde ir, desde que comencé a salir con él perdí a todas mis amigas, así que me arrinconé en un lugar de la calle donde él no solía ir nunca. Lloraba encogida, pues no era la primera vez que me lo había hecho y no sabía qué hacer. Sabía que me buscaría y que preguntaría por mí… Pero a pesar del amor que sentía por él, el daño que me hacía era mucho mayor. Y estaba cansada de soportarlo, tenía que refugiarme y no sabía donde ir. Recordé el local de una amiga donde ella solía estar y creí que la mejor idea sería reunirme con ella, en vez de estar sola y así de desabrigada en la calle.
Llegué al local, después de tanto buscarlo y llamé a la puerta. Efectivamente, allí estaba mi amiga, a la cual miré entre lágrimas. - ¿Qué te ha pasado, cariño? ¿Qué pasó? – Me miraba con gran preocupación mientras yo no podía evitar las lágrimas salir de mis ojos. Mi amiga corrió rápidamente a abrazarme mientras me decía que me tranquilizase y le contase todo. – Él lo… volvió a hacer por… más de décima vez… Trató de hacerlo cuando yo… No quería y… Se gozó de mí… cuando yo no quería… Y luego… - Me levanté la camisa que tenía mal puesta enseñándole las heridas que me había causado. – Dijo que de ésta forma nunca sería de nadie y… que nadie me desearía nunca… -
Lloraba con fuerza mientras mi amiga me rodeó con el brazo. – Mi vida, voy a curarte eso, ¿vale? – Asentí. – Te dije que él no era bueno, cielo… Que si sufrías lo dejases desde el principio, cariño… Será mejor que llamemos a la poli… - Le corté antes de que dijese algo más. – No, de eso nada… A la policía no, por favor, no puedo ir a la policía, no… Espera unos días que se tranquilice, él se pondrá bien en unos días y… todo irá bien… - Mi amiga suspiró. - ¿qué más te hizo? – Negué bruscamente, sin querer enseñárselo, mientras me cubría los pechos y cruzaba con cuidado las piernas. Mi amiga abrió los ojos como platos imaginándose lo que podría haber hecho. – Muéstramelo… - Negué mientras tenía miedo. – Necesito una ducha… - Dije sin fuerzas de si quiera poder levantarme. – Primero vamos a mi casa, te quedarás allí conmigo, te daré ropa, cenaremos y te ducharás…- Asentí aunque avergonzada.
Llegamos a su casa, más hermosa de lo que recordaba y me llamaron la atención las fotos. En casi todas salíamos las dos con una gran sonrisa y abrazadas.
- Vaya, qué de fotos nuestras… - Ella se puso nerviosa y yo le sonreí como pude, aunque me dolía el labio. Me llevó hacia la cocina mientras sacaba algo para cenar. – No tengo mucho, pero es algo – Negué – Cualquier cosa es demasiado ahora mismo- Me miró. – Pero tienes que comer… -
Cenamos ambas, mientras me hablaba de sucesos graciosos y eso me hizo desconectar.
Tras eso, me guió hasta el baño, y ahí comencé a quitarme la ropa mientras ella iba a traerme algo para luego. Me metí en la ducha, me sentí tan mal que me caí sentándome lentamente en el suelo, llorando con la ducha entre mis manos. Entonces entró. – Aquí tienes la ro… Oye, cariño… - Se acercó a mí abriendo la ducha, mientras la miraba lloraba. – Él me quiere… Sé que me quiere… - Decía mientras el agua caía sobre mí. – Tengo que volver a casa… - Mi amiga negó. – Hoy no irás a casa, podría ser peor, anda, venga, te ayudo a bañarte… - Entonces se desnudó quedando en ropa interior, ya que siempre tuvo mucha vergüenza y me ayudó a levantarme. Cogió el jabón y lo deslizó sobre mi espalda, los moretones de éste con cuidado y así sucesivamente hasta acabar con el cuerpo. - ¿Todo esto te lo hizo él? – Asentí mientras trataba de no llorar. Ella me abrazó y sentí cómo su cuerpo seco se mojaba junto al mío. Lloré de nuevo en su hombro. – Anda, vamos a secarte, cariño. Salimos, ella casi salía seca y yo puse los pies con torpeza en la toalla del suelo. Ella me secaba y me indicó que me sentase en el baño. Me fue desinfectando las heridas con cuidado ya que me dolían bastante. Más tarde comenzamos a vestirme y ella hizo lo mismo con ella misma. Fuimos a la habitación y me indicó dónde me quedaría, entonces negué pidiéndole por favor que no podía dormir sola. Ella dijo que me quedase en su habitación y yo se lo agradecí y le abracé.
Fuimos a la cama y me fui acomodando con dolor en todo el cuerpo, más tarde se acostó ella y me reposé sobre su pecho mientras lloraba y ella trataba de tranquilizarme.
Terminé dormida y contaban las noches la manera en la que me miraba. Ella me besaba la cabeza y me aportaba seguridad, aunque no se atrevía a decirme nada yo sabía que ella quería que me quedase con ella, a parte de la seguridad que me aportaría y la tranquilidad con la que estaría con ella, por algo más que no quería contarme.
Entonces llegó la mañana, y ella me sorprendió con un desayuno en la cama para intentar animarme. Dejó a un lado la bandeja y me miraba. Me dio un leve beso en la mejilla, parecía que no quería levantarme. Me acarició el pelo, poniéndolo en su sitio, sea cual sea el que fuese por la mañana y miraba mi dormir con ternura. – Princesa… Te quiero… - Entonces me desperté y la miré con los ojos semi-abiertos. – Esto… hola cariño… te he… te he preparado… el… el desayuno y… aquí está…- Me incorporaba sin fuerzas pues me dolía aún todo. – Cuando te lo tomes te pondré una crema para el dolor de los moretones, ¿Vale? – Asentí un poco triste, por el recuerdo que traía eso. Me puso la bandeja con la comida en las piernas y me senté. Siempre había soñado eso y nunca me lo habían hecho. Me pareció muy extraño que lo hiciese ella de esa forma. - ¿Por qué haces eso? – Ella me miró. – No entiendo, ¿el qué? – Le miré mientras tomaba un poco del zumo de naranja, recién exprimido, como siempre me gustó. Lo noté en el gusto, y en el toque de azúcar que le añadió, siempre justo y delicioso. – Sí, el… Cuidarme y, mimarme así… - Le miraba y me manché un poco la comisura mientras bebía y ella negó y me secó levemente ésta mordiéndose el labio.
Terminé de desayunar y rápidamente me dijo que me acostase de nuevo para ponerme la crema en el cuerpo. Noté sus manos con la fría crema que trató de calentar antes con las manos sobre mi cuerpo y cómo bajaba y subía con suavidad para no hacerme daño.
- Ah… - Me quejé. – Lo siento, princesa… - Recordé esa última palabra, cerré los ojos y lo dejé pasar. – No pasa nada… - Decía con una lágrima en los ojos, y cuando terminó me incorporé, quedándome en la cama sentada. - ¿Qué hice mal? – Ella negó mientras colocaba mi pelo tras la oreja y me miraba a los ojos. – Elegir a la persona equivocada, pero nunca es tarde… - Le miré. - ¿Tú estás enamorada? – Bajó la mirada y negó, mintiéndome. – No te creeo… - Me miró y sonrió un poco, sabiendo que le había cogido. – Lo mío es imposible… - El brillo que resplandecían sus ojos con la luz que la ventana dejaba entrar me hizo tener la necesidad de acercarme a ella para besarla. Nos quedamos calladas y ella me miraba con lástima, ahora fue ella quien lanzó una lágrima a su mejilla. La sequé con un dedo. - ¿Qué te pasa? – Le pregunté preocupada, pues no quería adelantar acontecimientos. – Lo siento… - Fruncí el ceño mientras ella me miraba. - ¿Qué sient…? – Entonces ella se acercó a mí callándome con un beso y no pude negarme. No sabía por qué, pero mi vida había cambiado de un dolor inmenso a una pasión por descubrir. Me gustó y decidí probar…
- ¿Y es por eso por lo que ella también es mi mamá? – Sonreí – Así es pequeña, mientras todo eso pasó, yo estaba embarazada de ti y ella me ayudó y me enamoré de ella, olvidé a tu padre… Y ya no supe más de él… Excepto que… - Mi pequeña me miró. – Él dos meses después entró a la cárcel y ya no sé más de él… - Ella me abrazó. – Quiero que seas feliz, aunque eso trate de estar con una mujer, me he criado con las dos y os quiero muchísimo como seáis, y tener dos mamás, ¡Es muy divertido!-
Something new
- Tengo miedo…
+ ¿A qué?
- A que pueda acabar todo esto…
+ Pero, miedo, ¿Por qué? ¿Acaso lo desconoces?
- Eso es lo peor, que lo conozco.
+ Entonces, no has de tener miedo. Miedo es esa palabra que se usa para describir un sentimiento extraño hacia lo desconocido.
- Ya pero… No sé…
+ A ver, ¿Crees que si nadie se enfrentara al miedo, el mundo ahora mismo estaría siendo así?
- Es que…
+ No, dime, ¿Crees?
- No, no lo creo… Pero es que no sé qué existe en mi interior…
+ Ahí está la razón, no te comprendes a ti misma, tienes que conocerte.
- Soy un ser despreciable.
+ No te digas eso, no lo eres. Yo te conozco, eres un ser humano con una gran capacidad de querer, de amar y de hacer sentir cosas a la gente. Todo lo que haces, todo lo que transmites llega a la gente y eso es muy difícil. Haces sonreír a la gente cuando se siente mal, y eso es algo genial. No debes de sentirte mal cuando un pequeño montecito sin importancia se cruza por tu camino.
- ¿Y si no llevo zapatos y voy descalza por un camino lleno de pinchos?
+ No pidas zapatos, ni si quiera trates de fabricártelos, pide unos pies fuertes para soportar el dolor…
- ¿Y si aún así lo siento?
+ Pues mentalízate de que todo puede ir mejor y que pronto encontrarás un camino cómodo, sencillo y feliz. Y que por ello habrá merecido la pena luchar.
+ ¿A qué?
- A que pueda acabar todo esto…
+ Pero, miedo, ¿Por qué? ¿Acaso lo desconoces?
- Eso es lo peor, que lo conozco.
+ Entonces, no has de tener miedo. Miedo es esa palabra que se usa para describir un sentimiento extraño hacia lo desconocido.
- Ya pero… No sé…
+ A ver, ¿Crees que si nadie se enfrentara al miedo, el mundo ahora mismo estaría siendo así?
- Es que…
+ No, dime, ¿Crees?
- No, no lo creo… Pero es que no sé qué existe en mi interior…
+ Ahí está la razón, no te comprendes a ti misma, tienes que conocerte.
- Soy un ser despreciable.
+ No te digas eso, no lo eres. Yo te conozco, eres un ser humano con una gran capacidad de querer, de amar y de hacer sentir cosas a la gente. Todo lo que haces, todo lo que transmites llega a la gente y eso es muy difícil. Haces sonreír a la gente cuando se siente mal, y eso es algo genial. No debes de sentirte mal cuando un pequeño montecito sin importancia se cruza por tu camino.
- ¿Y si no llevo zapatos y voy descalza por un camino lleno de pinchos?
+ No pidas zapatos, ni si quiera trates de fabricártelos, pide unos pies fuertes para soportar el dolor…
- ¿Y si aún así lo siento?
+ Pues mentalízate de que todo puede ir mejor y que pronto encontrarás un camino cómodo, sencillo y feliz. Y que por ello habrá merecido la pena luchar.
jueves, 8 de marzo de 2012
El sueño de Adele
Estábamos en el parque, no sabía qué estaba haciendo allí exactamente. Tenía tal inconsciencia sobre el asunto que decidí tomármelo como un nada, sin saber que pronto vendría un todo, tan pronto como un corazón roto a su paso. Suspiré y ella me miró, rápidamente la miré y apartó la mirada, crucé las piernas y decidí hablar. - ¿Vamos a algún sitio? – Ella me miró y asintió. – Será una buena idea. – Sonreí, y esperé a que se levantase para irnos. Rápidamente se incorporó a mi lado dando el primer paso para caminar, mientras tanto yo, tenía las manos en los bolsillos. Comenzamos a caminar, la noté más rara de lo normal, pero cuando la miraba, sonreía como si nada fuese diferente.
Algo estaba pasando y no me daba cuenta de ello. Tenía que descubrirlo. -¿Tienes algo que decirme?- Pregunté mientras miraba al frente, se quedó callada negando. Suspiré, cerré los ojos y en el mismo callejón en el que estábamos me eché en la pared. Ella se paró mirándome. - ¿qué pasa? – Decía con algo de nerviosismo, me encogí de hombros. – Cuéntame – Negó mientras trataba de evitar mi mirada. Agarré su barbilla, la miré a los ojos mientras se mordía el labio e hice que me mirase. Ella me miraba con miedo y trató de cogerme la mano, cerrando levemente los ojos mirando al suelo de nuevo. – No te voy a juzgar, sea lo que sea, eres mi amiga por encima de todo.- Volvió a clavar su mirada en mí. – Quizás ese sea el problema – Dijo mordiéndose el labio inferior de nuevo. Se acercó levemente a mí mientras no me apartaba la mirada, encogí levemente los labios. - ¿El problema? – humedecí mis labios, creí que comenzaba a entender todo.
- Sí… - Me puse nerviosa mientras le veía acercarse, ya casi sentía su respiración en mis labios. – No… No existe… ningún problema… No tiene por qué haberlo… Esto no está… Nada bien… - Me temblaba la barbilla mientras no sabía qué hacer. Noté que su nerviosismo había desaparecido para ser implantado dentro de mí. Casi rozaba mis labios con los suyos y no tenía el valor de evitarle. - ¿De verdad quieres que no lo haga?– Decía mientras apoyaba una de sus manos en mi cintura. Negué mordiéndome el labio y sintiendo los suyos sobre los míos. – No voy a poder parar… - Se encogió de hombros mientras trató sus labios junto a los míos, cogí aire y la besé levemente. Cerré los ojos sabiendo el peligro que corría y la besaba como si mi vida dependiese de ello. El deseo de ese momento fue tan grande que me dio igual el peligro de lo que fuese. Acariciaba su espalda y la acercaba a mí, sin importarme la gente que pasase a mí alrededor. - ¿Hay alguien en tu casa? – Me susurró al oído. Asentí. – Vamos a la mía, si quieres…- Negué. –No voy a poder controlarme, y si esto es algo quiero que lo digas ya… porque yo no voy a saber… controlarlo si no me dices… necesito controlarme y…- Juntó de nuevo sus labios con los míos, haciéndome callar. – No vuelvas a decir nada más… - La miraba. - ¿qué sientes? – Besó mi cuello mientras subía a mi oído mientras yo me mordía el labio. – Siento que te deseo más que a nada y que te… amo – Bajé mis manos hasta sus glúteos acercándola de nuevo para besarla, no podía más. Podía arrepentirme de hacerlo, pero sabía que el no hacerlo me iba a arrepentir con mayor intensidad. - ¿Y tú? ¿Qué sientes? - La miré a los ojos y le di un leve beso en los labios. – Que eres todo lo que siempre deseé, y que estoy haciéndole mucho daño… - Dejé escapar una lágrima que ella secó con los labios. – Estoy dispuesta a esperarte… - Con las manos en el mismo sitio, moví su rostro con el mío para besar su cuello con lentitud, llegando a absorber en un punto, dejándole marca. Se sorprendió. – No creo, ¿no? – Me hice la despistada y reí. – Te quiero – Sonreí. – Me encantaría que el mundo se parase ahora mismo… - Suspiré y se volvió a acercar a darme un beso.
Justo fue ese momento en el que desperté, probablemente del sueño más hermoso jamás vivido, pero jamás contado. En el que jamás hubiese deseado volver a la realidad.
Att:Aje
Algo estaba pasando y no me daba cuenta de ello. Tenía que descubrirlo. -¿Tienes algo que decirme?- Pregunté mientras miraba al frente, se quedó callada negando. Suspiré, cerré los ojos y en el mismo callejón en el que estábamos me eché en la pared. Ella se paró mirándome. - ¿qué pasa? – Decía con algo de nerviosismo, me encogí de hombros. – Cuéntame – Negó mientras trataba de evitar mi mirada. Agarré su barbilla, la miré a los ojos mientras se mordía el labio e hice que me mirase. Ella me miraba con miedo y trató de cogerme la mano, cerrando levemente los ojos mirando al suelo de nuevo. – No te voy a juzgar, sea lo que sea, eres mi amiga por encima de todo.- Volvió a clavar su mirada en mí. – Quizás ese sea el problema – Dijo mordiéndose el labio inferior de nuevo. Se acercó levemente a mí mientras no me apartaba la mirada, encogí levemente los labios. - ¿El problema? – humedecí mis labios, creí que comenzaba a entender todo.
- Sí… - Me puse nerviosa mientras le veía acercarse, ya casi sentía su respiración en mis labios. – No… No existe… ningún problema… No tiene por qué haberlo… Esto no está… Nada bien… - Me temblaba la barbilla mientras no sabía qué hacer. Noté que su nerviosismo había desaparecido para ser implantado dentro de mí. Casi rozaba mis labios con los suyos y no tenía el valor de evitarle. - ¿De verdad quieres que no lo haga?– Decía mientras apoyaba una de sus manos en mi cintura. Negué mordiéndome el labio y sintiendo los suyos sobre los míos. – No voy a poder parar… - Se encogió de hombros mientras trató sus labios junto a los míos, cogí aire y la besé levemente. Cerré los ojos sabiendo el peligro que corría y la besaba como si mi vida dependiese de ello. El deseo de ese momento fue tan grande que me dio igual el peligro de lo que fuese. Acariciaba su espalda y la acercaba a mí, sin importarme la gente que pasase a mí alrededor. - ¿Hay alguien en tu casa? – Me susurró al oído. Asentí. – Vamos a la mía, si quieres…- Negué. –No voy a poder controlarme, y si esto es algo quiero que lo digas ya… porque yo no voy a saber… controlarlo si no me dices… necesito controlarme y…- Juntó de nuevo sus labios con los míos, haciéndome callar. – No vuelvas a decir nada más… - La miraba. - ¿qué sientes? – Besó mi cuello mientras subía a mi oído mientras yo me mordía el labio. – Siento que te deseo más que a nada y que te… amo – Bajé mis manos hasta sus glúteos acercándola de nuevo para besarla, no podía más. Podía arrepentirme de hacerlo, pero sabía que el no hacerlo me iba a arrepentir con mayor intensidad. - ¿Y tú? ¿Qué sientes? - La miré a los ojos y le di un leve beso en los labios. – Que eres todo lo que siempre deseé, y que estoy haciéndole mucho daño… - Dejé escapar una lágrima que ella secó con los labios. – Estoy dispuesta a esperarte… - Con las manos en el mismo sitio, moví su rostro con el mío para besar su cuello con lentitud, llegando a absorber en un punto, dejándole marca. Se sorprendió. – No creo, ¿no? – Me hice la despistada y reí. – Te quiero – Sonreí. – Me encantaría que el mundo se parase ahora mismo… - Suspiré y se volvió a acercar a darme un beso.
Justo fue ese momento en el que desperté, probablemente del sueño más hermoso jamás vivido, pero jamás contado. En el que jamás hubiese deseado volver a la realidad.
Att:Aje
sábado, 3 de marzo de 2012
Pídele
Pídele a un fumador que no fume,
Pídele a un vago que estudie,
Pídele a un enamorado que se desenamore,
Pídele a un indigente mil euros.
Pídele a un soñador que no sueñe,
Pídele a Dios que te ruegue.
Pídele un corazón roto que no sufra,
Pero no me pidas a mí que te olvide.
Pídele a un drogadicto que lo deje,
Pídele a un pedófilo que no lo haga,
Pídele piedad al señor más injusto,
Pídele a un cotilla que guarde un secreto.
Pídele a un cura homófobo que case dos homosexuales,
Pídele a un creyente que sea realista,
Pídele a tu padre que no te castigue por suspender,
Pero no me pidas que deje de soñar.
Pídele a un arrogante que te hable correctamente,
Pídele a un maleducado que sepa comportarse,
Pídele a un hipócrita que diga lo que de verdad siente,
Pídele a un estúpido que se comporte bien.
Pídele a un fanático que le deje de seguir,
Pídele a un cateto que comience a hablar bien,
Pídele a un corazón que deje de latir,
Pero no me pidas que olvide el pasado para ti.
Pídeme que no llore, pero lo haré.
Pídeme que te olvide, pero no podré.
Pídeme que me aleje de lo que me enferma, que no sabré.
Pídeme que no me valla, pero me tendré que ir.
Pídeme piedad, y trataré de darla,
Pídeme que no quiera, que lo haré.
Pídeme que elija, que no te gustará lo que elegiré.
Pídeme que no sueñe… Pero soñaré…
Att: Aje 3.3.12
Pídele a un vago que estudie,
Pídele a un enamorado que se desenamore,
Pídele a un indigente mil euros.
Pídele a un soñador que no sueñe,
Pídele a Dios que te ruegue.
Pídele un corazón roto que no sufra,
Pero no me pidas a mí que te olvide.
Pídele a un drogadicto que lo deje,
Pídele a un pedófilo que no lo haga,
Pídele piedad al señor más injusto,
Pídele a un cotilla que guarde un secreto.
Pídele a un cura homófobo que case dos homosexuales,
Pídele a un creyente que sea realista,
Pídele a tu padre que no te castigue por suspender,
Pero no me pidas que deje de soñar.
Pídele a un arrogante que te hable correctamente,
Pídele a un maleducado que sepa comportarse,
Pídele a un hipócrita que diga lo que de verdad siente,
Pídele a un estúpido que se comporte bien.
Pídele a un fanático que le deje de seguir,
Pídele a un cateto que comience a hablar bien,
Pídele a un corazón que deje de latir,
Pero no me pidas que olvide el pasado para ti.
Pídeme que no llore, pero lo haré.
Pídeme que te olvide, pero no podré.
Pídeme que me aleje de lo que me enferma, que no sabré.
Pídeme que no me valla, pero me tendré que ir.
Pídeme piedad, y trataré de darla,
Pídeme que no quiera, que lo haré.
Pídeme que elija, que no te gustará lo que elegiré.
Pídeme que no sueñe… Pero soñaré…
Att: Aje 3.3.12
martes, 28 de febrero de 2012
Tiempo
Tu deseo, se hace mi destino,
Tu corazón se hace mi camino.
Mientras que tu mente es mi indecisión,
Tú confundes la marea, llamándome mi amor.
La sombra de la noche se hace alargada,
Un amanecer me llama junto a ti,
Pero se hace extraño
Levantarme y tenerte junto a mí.
Lo extraño se hace bonito,
Lo bonito se hace visto,
Y lo visto se hace normal.
El sol nos cubre la espalda,
La nube sonríe al pasar,
Pero lo que no sabe es que la luna,
No nos deja de mirar.
Las estrellas son testigos,
De una noche llena de amor,
No quiero caricias,
Tan sólo quiero tu corazón.
Dime que me quieres,
Dime que me amas,
Pero no preguntes jamás,
Si lo que siento es de verdad.
El amanecer intenso confundirá tu piel con la mía,
Pero no lo tientes, no quiero que llegue.
Espera al momento, no te pongas nervioso.
Porque cuando sea preciso el tiempo
Aparecerá cada cosa en su lugar.
Desordenes en mi cabeza,
Desordenes en mi corazón,
No te confundas, te siento.
Tan sólo es la estúpida razón.
Att: Aje
Tu corazón se hace mi camino.
Mientras que tu mente es mi indecisión,
Tú confundes la marea, llamándome mi amor.
La sombra de la noche se hace alargada,
Un amanecer me llama junto a ti,
Pero se hace extraño
Levantarme y tenerte junto a mí.
Lo extraño se hace bonito,
Lo bonito se hace visto,
Y lo visto se hace normal.
El sol nos cubre la espalda,
La nube sonríe al pasar,
Pero lo que no sabe es que la luna,
No nos deja de mirar.
Las estrellas son testigos,
De una noche llena de amor,
No quiero caricias,
Tan sólo quiero tu corazón.
Dime que me quieres,
Dime que me amas,
Pero no preguntes jamás,
Si lo que siento es de verdad.
El amanecer intenso confundirá tu piel con la mía,
Pero no lo tientes, no quiero que llegue.
Espera al momento, no te pongas nervioso.
Porque cuando sea preciso el tiempo
Aparecerá cada cosa en su lugar.
Desordenes en mi cabeza,
Desordenes en mi corazón,
No te confundas, te siento.
Tan sólo es la estúpida razón.
Att: Aje
Oscuridad en las masas
Siempre me gustó la sinceridad, pero no me gustó el dolor que ésta conllevaba, pensé que las consecuencias de un acto podían hacerme daño, y traté de mentalizarme para que éste no se llevase una parte de mí, pero no pude. Una imagen evadió mi mente: Él, besándose con otra. Jamás hube querido que se hubiese hecho realidad, pero así fue, y aunque creí estar preparada para ello, no lo estaba.
Mi orgullo estaba por encima de mí, y jamás permitiría que algo como aquello me derrumbase ante él. No alcanzaría a expresar el dolor de aquél acto, pues él era mi vida, mi razón de existir, pero estaba claro que eso ahora, no se iba a acabar ahí, así que con el rostro fruncido y haciendo fuerzas con las mejillas, asentí como una imbécil, deseando que fuese la hora para que se fuese, por no soltarle una de esas guantadas que le dejarían el moflete rojo como un tomate e hinchado como una pelota de baloncesto.
Trató de acercarse a mí, me conocía perfectamente, sabía que estaba tan enfadada como dolida, aunque trataba de esconderlo, pero me daba igual. Le avisaba con la mirada, no le hablaba por educación… Bueno, ¿A quién pretendo mentir? No le hablaba por no solarle una cantidad de idioteces con gran sentido y mucho sentimiento que me harían llorar ante él, como un bebé que se acaba de mojar el pañal. Pero no, no iba a ser yo ésta vez la que mojaría el pañal ante él, no sin que él, no sufriese. Sabía que mi ira iba a actuar de mala forma, pero sabía que él, de alguna forma, iba a sufrir más que yo a partir de ese momento, porque ahora a mí, me iba a ir genial. – Osas llegar a donde nadie, tocas donde nunca nadie ha podido tocar, robas mi corazón, lo arrancas, lo rompes prometiéndome que lo tratas bien, y te vas. No quiero que vuelvas a decirme que te importo, porque si te hubiese importado, lo hubieses hecho antes. ¿Sabes qué? Me has hecho daño, y esto, te perdurará más de lo que piensas. No te tortures por mí, tortúrate por lo que has perdido. Porque esto que está aquí, ahora será de otra persona, y sí, te quiero, es más, te amo. Pero ahora yo no soy dueña de mí. Te has llevado mi razón, y mi corazón. Pronto lo recuperaré y lo sé. Pero mientras tanto es hora de que me divierta. – Esbocé con las lágrimas contenidas. Sus palabras se le quedaron trabadas, sabía que le hacía daño, pero por una vez quería ser yo la que era mala, porque estaba cansada de que la gente me hiciese daño. – No hace falta que digas nada porque será en vano, no me pidas que no me mate, porque no te haré caso. No me pidas que no beba, porque no te haré caso, no me pidas que no me valla con quien menos me convenga, porque me iré. Y no tardaré poco en desaparecer de éste mundo, si no me devuelves mi corazón, mi razón, mi coherencia y mi razón de existencia. Seré dependiente de lo que a mí, me de la gana y quizás sea incluso todo lo que odie. Me odio a mí, ¿¿Aún no lo sabías?? Pero todo esto, te dará igual, encontrarás una carta mía escrita en mi habitación, en esa caja donde guardamos todo, en la que tendré mis confesiones más preciadas de después de esto y te arrepentirás… De absolutamente todo. Pero no voy a llorar delante de ti como una imbécil para que vuelvas, porque no quiero que lo hagas después de todo esto. Estoy cansada, de ser yo la que sufra, de ser yo la que llore y ser yo la que pase las noches en vela pensando en ti, y sin poder salir de fiesta y beber. Estoy cansada de mi casa, de estar encerrada el día entero y querer salir, beber, y pasarlo de puta madre con quien me de la gana y a la mañana siguiente aparecer en la casa de algún colega, tumbado con él o ella en la cama y sin acordarme de nada, pero riéndome. – Decía mientras retenía las lágrimas, deseando correr. – Trata de recordar los momentos buenos que hemos pasado… Fueron increíbles y… han sido muy especiales para mí, recuerda que te quise y que te quiero… Pero que ahora todo ha cambiado, ya nada es igual… No quiero que esto parezca un tópico, ni nada así. Porque estoy seguro de que te quiero, pero es conveniente que pasemos un tiempo separados. – Le corté la palabra riéndome irónicamente y negando, mientras una lágrima de odio recorría mi mejilla. – Los momentos buenos… ¿Qué? Todo no vale la pena si después te das cuenta de que es una mentira, de que me has mentido todo éste tiempo diciéndome que me querías, y esbozándomelo. ¡NO! ¡No quiero nada de ti! ¡No me toques, ni intentes tranquilizarme, porque no! Ya no formas parte de mi corazón, ahora lo tienes tú y crecerá uno nuevo, que tratará de resolver todos los líos que tú organizaste en mi vida, donde no deberías haber entrado. ¿Qué? ¿Me quieres? ¿PERO QUÉ TONTERÍAS SON ESAS? Si andas por ahí ya, sin querer saber nada de mi y mintiéndome. Quizás si lo hubieses dejado en el momento en el que me dejaste de ver como tu vida, te hubiese creído, pero… ¿cuánto ha pasado desde entonces…? – Decía mientras trataba de mantener dos metros de distancia a él. – Un mes… - Respondió. – Un sucio mes, en el que no eres feliz conmigo. ¿Sabes? Tengo muchos problemas, en mi cabeza surgen demasiadas conexiones fallidas y tengo antecedentes depresivos. Y es la única razón por la que puede que esté mal en ese único mes, y creo que después de tanto tiempo deberías saberlo. Pero no eres tú el que me deja, para ser amigos. Soy yo la que te deja, para irme de tu vida. Porque no puedo ser tu amiga… Porque mi corazón te pertenecerá, pero mi mente es una sucia perversa que hará de mi vida algo más que un puto sentimiento de mierda que me evadirá de la puta realidad. Hará de mi, algo diferente, pero tú no sabrás nada de mí. O quizás sí, cuando salga en las noticias mi carta escrita con sangre y mi nombre grabado, pero para entonces, estaré tan muerta, como podrida y no podrás hacer nada para remediarlo. – Salí corriendo mientras él, lloraba, sabía lo que él sentía pero sabía que yo me sentí aún peor que él y, que ésta vez, mi vida iba a cambiar más de lo normal. ¿Dónde iba? A casa no. Necesitaba salir, así que aparecí en su casa, en la casa donde más celos de él habitaban en metros cuadrados. ¿La razón? ¡Qué más daba! Toqué el timbre y salió ella. Mis ojos estaban inundados en lágrimas, como roto mi corazón. Mi vida estaba desmoronada y sabía que no podía estar sola. Abrió la puerta. Tan solo podía llorar en el sitio mientras la miraba con cara de idiota. Me miró y me abrazó automáticamente. – Me ha dejado… Lo ha hecho… No me quiere… No me ha querido nunca… Me ha mentido… - Decía balbuceando mientras lloraba en su hombro. – Vamos para dentro, ¿Te parece? Y hablamos más tranquila, mi niña.- Asentí como pude, tratando de secar mis lágrimas, pero ella me apartó las manos y con suavidad me las secó. Cerré los ojos y ella me cogió la mano guiándome hasta su habitación. Por suerte no había nadie en la sala de su casa, así que me alegré sólo por eso. Nos sentamos en una silla cada una, mientras ella me miraba cogiéndome las manos. – No me quiere, nunca lo hizo… - Dije mientras me desvanecía a llorar. Ella me acariciaba la mano en un intento de tranquilizarme. – Dijo que ya no era feliz conmigo y que desde hace más de un mes, dejaba de pensar en mí como su vida… - seguía mirándome, preocupada. Me encogí de hombros sin poder evitar ponerme a llorar, se levantó y me abrazó. – Siento unas ganas increíbles de morir… Y desaparecer de aquí… Como en mis sueños, cuando él no estaba, no… Ahora el deseo es mayor y evade parte de mi mente que podía ser feliz y pensó positivo. Ahora no puedo seguir aquí, todo me recuerda a él y… No voy a poder ser feliz… He rechazado miles de cosas por estar con él y… Ahora.. esto… No me lo puedo cre…er… - Decía entre lágrimas, debilitándome con cada pensamiento de éstas, y oyendo su respiración dolida por mí en mi oído. – Él te quiso, quizás no encontró el momento de decírtelo, mi vida… Él, estoy segura de que nunca quiso hacerte daño y de que aún te quiere, no como antes, pero te quiere… Podéis seguir siendo amigos… ¿no?- Negué con la cabeza, llena de lágrimas. – Jamás podría ser su amiga… - Me volvió a mirar a los ojos. – No hagas ninguna locura… - Me mordí el labio mientras escuché eso, y bajé la cabeza. – No me pidas eso… - Me agarró de la barbilla y la miré. – Ahora soy libre y no soy feliz, pero ahora haré lo que yo quiera, y no lo que los demás quieran… - Negó. – Yo jamás fui del montón y tú lo sabes. – Asentí. – No hagas locuras, hazlo por mí… Te quiero muchísimo… -. Me encogí de hombros. – No puedo prometer nada, lo sabes…- Me puso el dedo entre mis labios, haciéndome callar. – No me gusta ésta situación- Esbozó suspirando. – Ni a mí… - Me miraba mientras se mordía el labio. – Lo siento… - Negué. – No es tu culpa. – Bajó la cabeza y asintió. – ¿Por qué iba a serlo? – Cerró levemente los ojos mientras yo dejé escapar una lágrima que fue desplazada por una racha de viento que trajo la ventana de su habitación, ella me miraba con los ojos más brillantes y sinceros que nunca y me abrazó. – Te quiero… - Le miré fijamente a los ojos. - ¿qué hiciste? – Mordí encías. – Siempre te quise y… No deseaba mal para ti, pero yo… No… No puedo con… con ésta… con esta situación… siempre quise ser… ser feliz, contigo… pero ser feliz… como fuese… pero… feliz… contigo… Pero… ahora… me siento mal… porque tú estás mal… y cada vez que… venías a mí, con un problema, me partía… Porque siempre deseé ser él…- Decía con nerviosismo sin poder mirarme a los ojos. – Yo…- Me volvió a poner el dedo índice entre los labios sin decirme nada, pero sabiendo que quería sentirme libre esa misma noche. – Tú, vas a venir conmigo tan lejos como podamos, hoy mismo… Ahora mismo… ¿te parece? – Asentí, mirándola a los ojos. Me evadieron. Estaba perdida y ella se acercaba con las manos en mi cintura.
Cerró sus ojos y cerré los míos entreabriéndolos con lentitud para dejar que ella diese el paso, sin darme cuenta que a la otra parte de la calle, mirando para la ventana, estaba él. Me besó y acaricié su pelo mientras. Bajamos a la calle, y efectivamente, se acercó a pedirme una explicación. - ¡NO TENGO QUE DARTE MÁS EXPLICACIONES! – Me miró. - ¿Me has mentido todo este tiempo? – Negué irónicamente. – No, pero a partir de ahora voy a hacer todo lo que no pude hacer anteriormente. Y te vas a arrepentir. – Cogí la mano de ella y comenzamos a caminar, aunque dolida, con el orgullo por las nubes. Llegó la noche y estábamos en algún lugar alejado, con un par de botellas a nuestros lados y sin ser conscientes de la realidad. Reía feliz, o eso es lo que parecía. Reíamos tumbadas en el césped mientras mirábamos la luna, totalmente borrachas. - ¿qué pedirías a la luna? – Pregunté. – Besarte toda mi vida. – Respondió. - ¿y tú?- La miré. – Ser feliz y que tu deseo se pudiese hacer realidad. – Dije, no sabía si por la borrachera, o por el momento, pero lo sentía, aunque sentía dolor. Entonces se acercó a mí lentamente y me incorporé levemente, pero ella me echó al suelo con su chaqueta tras mi cabeza, mientras se mordía el labio mirándome. Traté sus piernas con mis manos con lentitud, intentando no ser muy efusiva. Sus labios recorrían mi cuello, bajando mientras desabrochaba mi camisa de la suerte, para besarme lentamente. Entonces, comencé a subirle lentamente la camiseta con cuidado de no hacerle daño. Acariciaba su tripa con cuidado, no sabía por qué, pero lo había soñado mucho antes. Le quité la camiseta completamente mientras tanto, ella comenzaba a besarme con lentitud el cuello tratándolo con cuidado. – Hoy serás mía. – Dijo mientras seguía y cogía una de las botellas. Bebió y me dio de beber a mí, haciendo que cayese de mis labios para besarme y volver a bajar al cuello. Me mordía el labio mientras podía sentirla anestesiada. Hecho sobre mi pecho para pasar más tarde la lengua. Iba bajando, pero me negué a ello subiéndole levemente por la barbilla hasta mis labios. - ¿Qué pasa? – Preguntó en mi oído, negué. – Aún no, princesa. – Asintió besándome de nuevo mientras trataba de desabrochar mi pantalón y dejaba quitármelo, no sin antes hacer lo mismo con el suyo. Rozaba con cuidado cada parte de su cuerpo, haciéndola sentir bien y ambas, sin dejar de beber. Dí la vuelta a la ronda tras sentir su roce extremo sobre mí. Comencé a besar su cuello y desabrochaba su sujetador para sentir su piel junto a la mía y ella, hizo lo mismo. Recorrí su piel con mis labios haciéndole llegar al éxtasis más extremo al que jamás llegaría. Terminamos las botellas y la sed aumentaba. Entonces ella llevó de nuevo el mando y le obligué a quedarse en mis labios. Pero donde siempre hay noche intensa, existe un amanecer inmediato. El sol nos invadió el rostro cuando ella estaba encima de mi, tapadas por una chaqueta que nos cubría. La observé durmiendo, y no alcancé a sentir la belleza de su rostro. Pero aún me sentía dolida. Ella despertó y me besó los labios. – Ha sido la mejor noche de mi existencia. –
Mi chip cambió, lo que pensé que iba a ser un mal cambio, fue todo lo contrario… - Antes de nada, eres mi amiga y he de decir que todo esto ha sido increíble y… Creo que, ahora lo tengo todo claro y… Toda esa tensión que tenía eran deseos de sentirte… Acabo de comprender a mi corazón y al tuyo… Pero no quiero que esto se convierta en una sola noche. Sé que aún estoy dolida por la mentira de él, pero sé que ahora puede haber algo más importante e intenso contigo. – Ella me miraba. – Te amo, y me encantaría que esto no fuese un cambio radical para mal, porque no aguantaría otro… - Me miró. - ¿qué quieres decir?- Le miré. – Que quiero pasar el resto de mi vida contigo. – Me besó y por una vez en mi vida, estaba segura de que ésta vez, era la definitiva.
Mi orgullo estaba por encima de mí, y jamás permitiría que algo como aquello me derrumbase ante él. No alcanzaría a expresar el dolor de aquél acto, pues él era mi vida, mi razón de existir, pero estaba claro que eso ahora, no se iba a acabar ahí, así que con el rostro fruncido y haciendo fuerzas con las mejillas, asentí como una imbécil, deseando que fuese la hora para que se fuese, por no soltarle una de esas guantadas que le dejarían el moflete rojo como un tomate e hinchado como una pelota de baloncesto.
Trató de acercarse a mí, me conocía perfectamente, sabía que estaba tan enfadada como dolida, aunque trataba de esconderlo, pero me daba igual. Le avisaba con la mirada, no le hablaba por educación… Bueno, ¿A quién pretendo mentir? No le hablaba por no solarle una cantidad de idioteces con gran sentido y mucho sentimiento que me harían llorar ante él, como un bebé que se acaba de mojar el pañal. Pero no, no iba a ser yo ésta vez la que mojaría el pañal ante él, no sin que él, no sufriese. Sabía que mi ira iba a actuar de mala forma, pero sabía que él, de alguna forma, iba a sufrir más que yo a partir de ese momento, porque ahora a mí, me iba a ir genial. – Osas llegar a donde nadie, tocas donde nunca nadie ha podido tocar, robas mi corazón, lo arrancas, lo rompes prometiéndome que lo tratas bien, y te vas. No quiero que vuelvas a decirme que te importo, porque si te hubiese importado, lo hubieses hecho antes. ¿Sabes qué? Me has hecho daño, y esto, te perdurará más de lo que piensas. No te tortures por mí, tortúrate por lo que has perdido. Porque esto que está aquí, ahora será de otra persona, y sí, te quiero, es más, te amo. Pero ahora yo no soy dueña de mí. Te has llevado mi razón, y mi corazón. Pronto lo recuperaré y lo sé. Pero mientras tanto es hora de que me divierta. – Esbocé con las lágrimas contenidas. Sus palabras se le quedaron trabadas, sabía que le hacía daño, pero por una vez quería ser yo la que era mala, porque estaba cansada de que la gente me hiciese daño. – No hace falta que digas nada porque será en vano, no me pidas que no me mate, porque no te haré caso. No me pidas que no beba, porque no te haré caso, no me pidas que no me valla con quien menos me convenga, porque me iré. Y no tardaré poco en desaparecer de éste mundo, si no me devuelves mi corazón, mi razón, mi coherencia y mi razón de existencia. Seré dependiente de lo que a mí, me de la gana y quizás sea incluso todo lo que odie. Me odio a mí, ¿¿Aún no lo sabías?? Pero todo esto, te dará igual, encontrarás una carta mía escrita en mi habitación, en esa caja donde guardamos todo, en la que tendré mis confesiones más preciadas de después de esto y te arrepentirás… De absolutamente todo. Pero no voy a llorar delante de ti como una imbécil para que vuelvas, porque no quiero que lo hagas después de todo esto. Estoy cansada, de ser yo la que sufra, de ser yo la que llore y ser yo la que pase las noches en vela pensando en ti, y sin poder salir de fiesta y beber. Estoy cansada de mi casa, de estar encerrada el día entero y querer salir, beber, y pasarlo de puta madre con quien me de la gana y a la mañana siguiente aparecer en la casa de algún colega, tumbado con él o ella en la cama y sin acordarme de nada, pero riéndome. – Decía mientras retenía las lágrimas, deseando correr. – Trata de recordar los momentos buenos que hemos pasado… Fueron increíbles y… han sido muy especiales para mí, recuerda que te quise y que te quiero… Pero que ahora todo ha cambiado, ya nada es igual… No quiero que esto parezca un tópico, ni nada así. Porque estoy seguro de que te quiero, pero es conveniente que pasemos un tiempo separados. – Le corté la palabra riéndome irónicamente y negando, mientras una lágrima de odio recorría mi mejilla. – Los momentos buenos… ¿Qué? Todo no vale la pena si después te das cuenta de que es una mentira, de que me has mentido todo éste tiempo diciéndome que me querías, y esbozándomelo. ¡NO! ¡No quiero nada de ti! ¡No me toques, ni intentes tranquilizarme, porque no! Ya no formas parte de mi corazón, ahora lo tienes tú y crecerá uno nuevo, que tratará de resolver todos los líos que tú organizaste en mi vida, donde no deberías haber entrado. ¿Qué? ¿Me quieres? ¿PERO QUÉ TONTERÍAS SON ESAS? Si andas por ahí ya, sin querer saber nada de mi y mintiéndome. Quizás si lo hubieses dejado en el momento en el que me dejaste de ver como tu vida, te hubiese creído, pero… ¿cuánto ha pasado desde entonces…? – Decía mientras trataba de mantener dos metros de distancia a él. – Un mes… - Respondió. – Un sucio mes, en el que no eres feliz conmigo. ¿Sabes? Tengo muchos problemas, en mi cabeza surgen demasiadas conexiones fallidas y tengo antecedentes depresivos. Y es la única razón por la que puede que esté mal en ese único mes, y creo que después de tanto tiempo deberías saberlo. Pero no eres tú el que me deja, para ser amigos. Soy yo la que te deja, para irme de tu vida. Porque no puedo ser tu amiga… Porque mi corazón te pertenecerá, pero mi mente es una sucia perversa que hará de mi vida algo más que un puto sentimiento de mierda que me evadirá de la puta realidad. Hará de mi, algo diferente, pero tú no sabrás nada de mí. O quizás sí, cuando salga en las noticias mi carta escrita con sangre y mi nombre grabado, pero para entonces, estaré tan muerta, como podrida y no podrás hacer nada para remediarlo. – Salí corriendo mientras él, lloraba, sabía lo que él sentía pero sabía que yo me sentí aún peor que él y, que ésta vez, mi vida iba a cambiar más de lo normal. ¿Dónde iba? A casa no. Necesitaba salir, así que aparecí en su casa, en la casa donde más celos de él habitaban en metros cuadrados. ¿La razón? ¡Qué más daba! Toqué el timbre y salió ella. Mis ojos estaban inundados en lágrimas, como roto mi corazón. Mi vida estaba desmoronada y sabía que no podía estar sola. Abrió la puerta. Tan solo podía llorar en el sitio mientras la miraba con cara de idiota. Me miró y me abrazó automáticamente. – Me ha dejado… Lo ha hecho… No me quiere… No me ha querido nunca… Me ha mentido… - Decía balbuceando mientras lloraba en su hombro. – Vamos para dentro, ¿Te parece? Y hablamos más tranquila, mi niña.- Asentí como pude, tratando de secar mis lágrimas, pero ella me apartó las manos y con suavidad me las secó. Cerré los ojos y ella me cogió la mano guiándome hasta su habitación. Por suerte no había nadie en la sala de su casa, así que me alegré sólo por eso. Nos sentamos en una silla cada una, mientras ella me miraba cogiéndome las manos. – No me quiere, nunca lo hizo… - Dije mientras me desvanecía a llorar. Ella me acariciaba la mano en un intento de tranquilizarme. – Dijo que ya no era feliz conmigo y que desde hace más de un mes, dejaba de pensar en mí como su vida… - seguía mirándome, preocupada. Me encogí de hombros sin poder evitar ponerme a llorar, se levantó y me abrazó. – Siento unas ganas increíbles de morir… Y desaparecer de aquí… Como en mis sueños, cuando él no estaba, no… Ahora el deseo es mayor y evade parte de mi mente que podía ser feliz y pensó positivo. Ahora no puedo seguir aquí, todo me recuerda a él y… No voy a poder ser feliz… He rechazado miles de cosas por estar con él y… Ahora.. esto… No me lo puedo cre…er… - Decía entre lágrimas, debilitándome con cada pensamiento de éstas, y oyendo su respiración dolida por mí en mi oído. – Él te quiso, quizás no encontró el momento de decírtelo, mi vida… Él, estoy segura de que nunca quiso hacerte daño y de que aún te quiere, no como antes, pero te quiere… Podéis seguir siendo amigos… ¿no?- Negué con la cabeza, llena de lágrimas. – Jamás podría ser su amiga… - Me volvió a mirar a los ojos. – No hagas ninguna locura… - Me mordí el labio mientras escuché eso, y bajé la cabeza. – No me pidas eso… - Me agarró de la barbilla y la miré. – Ahora soy libre y no soy feliz, pero ahora haré lo que yo quiera, y no lo que los demás quieran… - Negó. – Yo jamás fui del montón y tú lo sabes. – Asentí. – No hagas locuras, hazlo por mí… Te quiero muchísimo… -. Me encogí de hombros. – No puedo prometer nada, lo sabes…- Me puso el dedo entre mis labios, haciéndome callar. – No me gusta ésta situación- Esbozó suspirando. – Ni a mí… - Me miraba mientras se mordía el labio. – Lo siento… - Negué. – No es tu culpa. – Bajó la cabeza y asintió. – ¿Por qué iba a serlo? – Cerró levemente los ojos mientras yo dejé escapar una lágrima que fue desplazada por una racha de viento que trajo la ventana de su habitación, ella me miraba con los ojos más brillantes y sinceros que nunca y me abrazó. – Te quiero… - Le miré fijamente a los ojos. - ¿qué hiciste? – Mordí encías. – Siempre te quise y… No deseaba mal para ti, pero yo… No… No puedo con… con ésta… con esta situación… siempre quise ser… ser feliz, contigo… pero ser feliz… como fuese… pero… feliz… contigo… Pero… ahora… me siento mal… porque tú estás mal… y cada vez que… venías a mí, con un problema, me partía… Porque siempre deseé ser él…- Decía con nerviosismo sin poder mirarme a los ojos. – Yo…- Me volvió a poner el dedo índice entre los labios sin decirme nada, pero sabiendo que quería sentirme libre esa misma noche. – Tú, vas a venir conmigo tan lejos como podamos, hoy mismo… Ahora mismo… ¿te parece? – Asentí, mirándola a los ojos. Me evadieron. Estaba perdida y ella se acercaba con las manos en mi cintura.
Cerró sus ojos y cerré los míos entreabriéndolos con lentitud para dejar que ella diese el paso, sin darme cuenta que a la otra parte de la calle, mirando para la ventana, estaba él. Me besó y acaricié su pelo mientras. Bajamos a la calle, y efectivamente, se acercó a pedirme una explicación. - ¡NO TENGO QUE DARTE MÁS EXPLICACIONES! – Me miró. - ¿Me has mentido todo este tiempo? – Negué irónicamente. – No, pero a partir de ahora voy a hacer todo lo que no pude hacer anteriormente. Y te vas a arrepentir. – Cogí la mano de ella y comenzamos a caminar, aunque dolida, con el orgullo por las nubes. Llegó la noche y estábamos en algún lugar alejado, con un par de botellas a nuestros lados y sin ser conscientes de la realidad. Reía feliz, o eso es lo que parecía. Reíamos tumbadas en el césped mientras mirábamos la luna, totalmente borrachas. - ¿qué pedirías a la luna? – Pregunté. – Besarte toda mi vida. – Respondió. - ¿y tú?- La miré. – Ser feliz y que tu deseo se pudiese hacer realidad. – Dije, no sabía si por la borrachera, o por el momento, pero lo sentía, aunque sentía dolor. Entonces se acercó a mí lentamente y me incorporé levemente, pero ella me echó al suelo con su chaqueta tras mi cabeza, mientras se mordía el labio mirándome. Traté sus piernas con mis manos con lentitud, intentando no ser muy efusiva. Sus labios recorrían mi cuello, bajando mientras desabrochaba mi camisa de la suerte, para besarme lentamente. Entonces, comencé a subirle lentamente la camiseta con cuidado de no hacerle daño. Acariciaba su tripa con cuidado, no sabía por qué, pero lo había soñado mucho antes. Le quité la camiseta completamente mientras tanto, ella comenzaba a besarme con lentitud el cuello tratándolo con cuidado. – Hoy serás mía. – Dijo mientras seguía y cogía una de las botellas. Bebió y me dio de beber a mí, haciendo que cayese de mis labios para besarme y volver a bajar al cuello. Me mordía el labio mientras podía sentirla anestesiada. Hecho sobre mi pecho para pasar más tarde la lengua. Iba bajando, pero me negué a ello subiéndole levemente por la barbilla hasta mis labios. - ¿Qué pasa? – Preguntó en mi oído, negué. – Aún no, princesa. – Asintió besándome de nuevo mientras trataba de desabrochar mi pantalón y dejaba quitármelo, no sin antes hacer lo mismo con el suyo. Rozaba con cuidado cada parte de su cuerpo, haciéndola sentir bien y ambas, sin dejar de beber. Dí la vuelta a la ronda tras sentir su roce extremo sobre mí. Comencé a besar su cuello y desabrochaba su sujetador para sentir su piel junto a la mía y ella, hizo lo mismo. Recorrí su piel con mis labios haciéndole llegar al éxtasis más extremo al que jamás llegaría. Terminamos las botellas y la sed aumentaba. Entonces ella llevó de nuevo el mando y le obligué a quedarse en mis labios. Pero donde siempre hay noche intensa, existe un amanecer inmediato. El sol nos invadió el rostro cuando ella estaba encima de mi, tapadas por una chaqueta que nos cubría. La observé durmiendo, y no alcancé a sentir la belleza de su rostro. Pero aún me sentía dolida. Ella despertó y me besó los labios. – Ha sido la mejor noche de mi existencia. –
Mi chip cambió, lo que pensé que iba a ser un mal cambio, fue todo lo contrario… - Antes de nada, eres mi amiga y he de decir que todo esto ha sido increíble y… Creo que, ahora lo tengo todo claro y… Toda esa tensión que tenía eran deseos de sentirte… Acabo de comprender a mi corazón y al tuyo… Pero no quiero que esto se convierta en una sola noche. Sé que aún estoy dolida por la mentira de él, pero sé que ahora puede haber algo más importante e intenso contigo. – Ella me miraba. – Te amo, y me encantaría que esto no fuese un cambio radical para mal, porque no aguantaría otro… - Me miró. - ¿qué quieres decir?- Le miré. – Que quiero pasar el resto de mi vida contigo. – Me besó y por una vez en mi vida, estaba segura de que ésta vez, era la definitiva.
martes, 21 de febrero de 2012
El secreto de Adele
Siénteme dentro de ti,
Pronto lo estaré.
Siente mi corazón latiendo en tu oído,
Pronto lo harás.
Sentirás tanto de mi,
Que jamás te quitarás el sonido de voz de tu cabeza.
Que el momento en el pasado,
Será para ti, presente.
Me sentirás muy dentro de ti,
Haciéndote sentir bien,
Llegando al lugar que nunca nadie llegará.
A tu interior.
Rogarás que vuelva,
Porque lo estás deseando.
Desearás tanto de mi,
Como puedas llegar a pensar.
Desearás que te bese el cuello
En un arrebato de pasión
Durante toda la noche
En la que sólo quede testigo las estrellas.
Y cuando creas que todo el máximo esplendor,
Ha concluido en un simple éxtasis,
Jamás será el máximo,
Porque desearás que llegue como nadie.
Desearás tenerme entre tu corazón
Desearás tenerme en tu mente.
Desearás amarme como a nadie,
Y desearás hacer lo que a nada.
Querrás besarme hasta desgastar mis labios
Y querrás saciar tu sed en mi interior.
Hasta el punto en el que un simple gemido,
No sea suficiente para ti.
Sonará todo como un sueño,
Que será tomada como una copa
Y sentida como un pequeño placer,
Que te hará vivir.
Quiero tenerte cerca,
Sentir tu piel contra la mía,
Chocar tus labios
Como si la vida dependiese de ello.
Quiero que sientas lo que yo siento,
Que quieras más de lo que yo quiero
Y que seas tan insaciable como quien más.
Quiero tenerte entre mis garras,
Para poder sentirte dentro
Para que me sientas dentro de ti,
Porque querrás volver a repetir.
Escribiré tanto, como sentimiento,
De duda, de amor, ¿Qué más da?
¿Acaso soy yo?
Jamás alcanzaré a escribir tanto.
Llevo mucho tiempo
El sentimiento queda dentro
Donde nadie puede ver,
Lo que yo puedo llegar a ser.
Quieres sentirme,
Quiero sentirte,
Lo veo en tus ojos
En tu mirada, en tu forma de hablar.
Quiero besarte, quiero follarte.
Quiero que sientas todo,
Pero no quiero sentir nada.
Para qué mentir, todo es así.
Hay cosas que rondan mi cabeza,
Pero no llegan a alcanzar,
El simple hecho de lo que pasaría
Lo que podría cambiar…
Att: aje 21.02.12
Pronto lo estaré.
Siente mi corazón latiendo en tu oído,
Pronto lo harás.
Sentirás tanto de mi,
Que jamás te quitarás el sonido de voz de tu cabeza.
Que el momento en el pasado,
Será para ti, presente.
Me sentirás muy dentro de ti,
Haciéndote sentir bien,
Llegando al lugar que nunca nadie llegará.
A tu interior.
Rogarás que vuelva,
Porque lo estás deseando.
Desearás tanto de mi,
Como puedas llegar a pensar.
Desearás que te bese el cuello
En un arrebato de pasión
Durante toda la noche
En la que sólo quede testigo las estrellas.
Y cuando creas que todo el máximo esplendor,
Ha concluido en un simple éxtasis,
Jamás será el máximo,
Porque desearás que llegue como nadie.
Desearás tenerme entre tu corazón
Desearás tenerme en tu mente.
Desearás amarme como a nadie,
Y desearás hacer lo que a nada.
Querrás besarme hasta desgastar mis labios
Y querrás saciar tu sed en mi interior.
Hasta el punto en el que un simple gemido,
No sea suficiente para ti.
Sonará todo como un sueño,
Que será tomada como una copa
Y sentida como un pequeño placer,
Que te hará vivir.
Quiero tenerte cerca,
Sentir tu piel contra la mía,
Chocar tus labios
Como si la vida dependiese de ello.
Quiero que sientas lo que yo siento,
Que quieras más de lo que yo quiero
Y que seas tan insaciable como quien más.
Quiero tenerte entre mis garras,
Para poder sentirte dentro
Para que me sientas dentro de ti,
Porque querrás volver a repetir.
Escribiré tanto, como sentimiento,
De duda, de amor, ¿Qué más da?
¿Acaso soy yo?
Jamás alcanzaré a escribir tanto.
Llevo mucho tiempo
El sentimiento queda dentro
Donde nadie puede ver,
Lo que yo puedo llegar a ser.
Quieres sentirme,
Quiero sentirte,
Lo veo en tus ojos
En tu mirada, en tu forma de hablar.
Quiero besarte, quiero follarte.
Quiero que sientas todo,
Pero no quiero sentir nada.
Para qué mentir, todo es así.
Hay cosas que rondan mi cabeza,
Pero no llegan a alcanzar,
El simple hecho de lo que pasaría
Lo que podría cambiar…
Att: aje 21.02.12
Pensamientos impuros
El futuro se ha parado al ver mi rostro,
Al ver que ya no sé que hacer.
Al ver que la felicidad no sabe llegar.
El futuro no sabe llegar,
No sabe sonreír,
No sabe iluminar.
El futuro ha oscurecido,
Ha apagado la llama del calor,
La de la vida del corazón.
Pero entonces aprendí,
Que el futuro no es lo que ves,
Si no lo que sientes.
Aprendí que el futuro es inmediato
Que es amor, y felicidad.
Pero también dolor, y lagunas.
Entonces comprendí que amar,
Era futuro, que querer, lo era.
Y aprendí a sonreír, cuando quería llorar.
Aprendí que la vida son palos
Pero hay que tener maña para hacer una caseta.
Donde poder vivir en paz.
Aprendí que la vida es sudor, lágrimas y mucho dolor,
Pero que jamás he de dejar que otras personas,
Me puedan llegar a manipular.
Porque entonces sería cuando mi vida,
No sería vida, si no sólo mando.
Donde no podría manejar.
Entonces dije adiós a los mandos
A los cables, y a todo eso
Que me dejaba atada.
Para abrirme a vivir la vida,
A mi manera, como quiera.
Sin que nadie me retenga.
Porque que tenga corazón ocupado,
En varias mitades, no impide,
Jamás impide el paso a la libertad.
Porque quiero ser libre,
Porque no sé lo que siento y muero.
Porque no vivo por mi,
Pero es hora de hacerlo.
Porque no siento por mi,
Pero es momento de hacerlo.
Pero sentir el corazón de una persona,
Es tan precipitado, como amar.
Aún así, trato de no fallar.
Porque necesito vivir, y soltarme
Hasta no poder más.
Necesito libertad, pero quiero amar.
He amado, he llorado, he vivido, he sentido.
He dado todo, para y por nada.
Merezco ser feliz.
Quiero felicidad en el amor,
Quiero libertad, entre los dos.
Quiero sonreír y felicidad juntos.
No quiero no poder abrazar,
Ni poder besar ni sentir
En la mejilla un sin sentido, salir.
No quiero hacer daño, no quiero.
No quiero hacer llorar, no quiero.
No quiero sufrir yo, no quiero.
Por eso mismo que no quiero sufrir,
He de decir, que mi corazón es libre,
Pero te pertenece.
Por eso de que no quiero sufrir, he de decir,
Que mi mente piensa en muchas cosas,
Y no es feliz.
He de decir que tengo miedos,
Pero los callo.
Que tengo lagunas,
Pero las trato.
He de decir que no hago daño,
Sólo lo arreglo.
He de decir que quiero ser feliz.
No un objeto inanimado.
Att: Aje 21.02.12
Al ver que ya no sé que hacer.
Al ver que la felicidad no sabe llegar.
El futuro no sabe llegar,
No sabe sonreír,
No sabe iluminar.
El futuro ha oscurecido,
Ha apagado la llama del calor,
La de la vida del corazón.
Pero entonces aprendí,
Que el futuro no es lo que ves,
Si no lo que sientes.
Aprendí que el futuro es inmediato
Que es amor, y felicidad.
Pero también dolor, y lagunas.
Entonces comprendí que amar,
Era futuro, que querer, lo era.
Y aprendí a sonreír, cuando quería llorar.
Aprendí que la vida son palos
Pero hay que tener maña para hacer una caseta.
Donde poder vivir en paz.
Aprendí que la vida es sudor, lágrimas y mucho dolor,
Pero que jamás he de dejar que otras personas,
Me puedan llegar a manipular.
Porque entonces sería cuando mi vida,
No sería vida, si no sólo mando.
Donde no podría manejar.
Entonces dije adiós a los mandos
A los cables, y a todo eso
Que me dejaba atada.
Para abrirme a vivir la vida,
A mi manera, como quiera.
Sin que nadie me retenga.
Porque que tenga corazón ocupado,
En varias mitades, no impide,
Jamás impide el paso a la libertad.
Porque quiero ser libre,
Porque no sé lo que siento y muero.
Porque no vivo por mi,
Pero es hora de hacerlo.
Porque no siento por mi,
Pero es momento de hacerlo.
Pero sentir el corazón de una persona,
Es tan precipitado, como amar.
Aún así, trato de no fallar.
Porque necesito vivir, y soltarme
Hasta no poder más.
Necesito libertad, pero quiero amar.
He amado, he llorado, he vivido, he sentido.
He dado todo, para y por nada.
Merezco ser feliz.
Quiero felicidad en el amor,
Quiero libertad, entre los dos.
Quiero sonreír y felicidad juntos.
No quiero no poder abrazar,
Ni poder besar ni sentir
En la mejilla un sin sentido, salir.
No quiero hacer daño, no quiero.
No quiero hacer llorar, no quiero.
No quiero sufrir yo, no quiero.
Por eso mismo que no quiero sufrir,
He de decir, que mi corazón es libre,
Pero te pertenece.
Por eso de que no quiero sufrir, he de decir,
Que mi mente piensa en muchas cosas,
Y no es feliz.
He de decir que tengo miedos,
Pero los callo.
Que tengo lagunas,
Pero las trato.
He de decir que no hago daño,
Sólo lo arreglo.
He de decir que quiero ser feliz.
No un objeto inanimado.
Att: Aje 21.02.12
sábado, 18 de febrero de 2012
Memorias de Adele, una chica en apuros.
Se fue la luz, parecía que era un momento único, pues me acerqué, sin saber cómo iba a responder a todo, pero lo hice. Cerré los ojos, sabiendo que ella también se estaba acercando. Noté su respiración sobre mi mejilla, olía su pelo desde no muy lejos y podía tocarla, aunque era algo muy precipitado, para ese momento. Sentí de nuevo su respiración, pero ésta vez más cerca de mis labios. Cerré los ojos, aunque no veía nada. Rocé sus labios, pero no sabía que hacer. Ella estaba exactamente en la misma posición que yo. Tenía que dejar que ella me besase, porque yo sola, no podría. Tenía una inmensa necesidad de arrinconarla en la primera pared que viese para poder sentir su cuerpo junto al mío en una fusión en la que jamás se separase de mí… Pero tenía miedo de que algo pudiese pasar. Yo, estaba comprometida y sabíamos que eso no saldría bien para todos. No quise que la luz volviese en ningún momento. Posé una de mis manos en su cintura, deseosa de acercarla, me aparté de sus labios para oler su pelo, tratando de hacer del inmenso deseo, algo menor, pero no sirvió de nada. El deseo subía a cada momento y mis las ganas de sentir sus labios junto a los míos era cada vez mayor. Pasé mis labios con cuidado sobre su cuello, apartando con lentitud su cabello, lo besé lentamente mientras reposaba la otra de mis manos sobre su cintura, acariciándola. –Vámonos de aquí…- Decía ella, parecía morderse el labio. - ¿Dónde iremos? – Dije mientras repasaba la fragancia de su pelo. – A mi casa… - Asentí, y el camino me pareció más largo de lo normal. Caminaba de su lado, sin poder mirarla y sin saber si realmente podría coger su mano. Llegamos y pasó ante mí guiándome. Cerré la puerta a su paso y me dirigí junto a ella a la habitación. Ya dentro de ésta, la miré, volví a cerrar la puerta y me quedé callada. – No sé qué estoy haciendo… - Decía mordiéndose el labio mientras se acercaba. – Esto no está bien – Asentí. – Lo sé…- Dije mientras me agarraba al marco de la puerta viéndola acercarse. – No quiero hacer daño a nadie – Me dijo al oído mientras me mordía el labio y giraba el rostro para sentirla más cerca. – Sé lo que estoy haciendo, y sé que quizás me arrepienta… Pero… Sé que… Hace mucho… - Me mordí el labio con más fuerza para no decir más. –Quiero besarte…- Decía ella mientras se acercaba a mis labios. Cerré los ojos, acaricié con tan solo una mano su cintura y dejé que se acercase mientras entreabría mis labios, jadeante de nerviosismo. Justo a un centímetro de mi rostro se quedó quieta y me miró a los ojos. – Tengo miedo- Decía con voz temblorosa. -¿Qué temes?- Dije mientras miraba sus brillantes ojos, oscurecidos por la pequeña sombra que dejaba caer sus pestañas en éstos. – No quiero ser algo ‘más’ ni ser ‘la otra’ – Contestó. – No lo serás… Eres más importante de lo que pien… - No dejó que terminase y me sorprendió con ese beso tan esperado de hace tanto tiempo. Acaricié su cintura y la mano que tenía libre la llevé a su nuca, acariciándola con lentitud mientras mis labios estaban fundiéndose en su saliva. Sabía que después de eso, lo iba a pasar mal, pero decidí seguir, pues mi corazón me lo mandaba, y mi mente, no quería reaccionar en éste momento. Así que la guié hasta una de las paredes para acercarme y aunque ella se resistía a que yo tuviese el control, me dejó. La seguía besando buscando entre sus labios para poder sentirla, cada vez más cerca. Ninguna de las dos, decíamos nada, pero sí compartíamos algo. Así pasaron las horas, evolucionando a cada momento de la circunstancia. Y aunque sabía que estaba mal, me dejó de importar el mundo, porque quería sentirme dentro de ella. Las sábanas fueron testigos de una pasión oculta por dos adolescentes llenas de fuego. Nada pudo pararnos en el momento, ni hacer que fuese mal. El momento sería descrito como un momento de pasión descontrolada de la que ninguna de las dos, pretendíamos salir. Jamás había sentido tanto placer, ni éxtasis extremo, como el que sentía con ella. Mi vida había cambiado de tal manera en el que todo lo demás, quizás ahora fuese diferente, pero de cualquier forma, sabía que merecería la pena, por tenerla entre mis brazos para amarme.
-Las promesas de amor, siempre me dieron miedo, pero quiero amarte- Dije abrazándola mientras se acostaba sobre mi pecho. – Quiero que este momento sea grabado para la eternidad y nos quedemos fundidas aquí, solas tú y yo. Sería perfecto. – Contestó tras darme un beso. – Moriré en el intento, pero, necesito sentirme tan cerca de ti, como pueda. – Suspiré, sabía que había hecho algo muy malo, pero también sabía que ahora no lo cambiaría por nada del mundo…
-Las promesas de amor, siempre me dieron miedo, pero quiero amarte- Dije abrazándola mientras se acostaba sobre mi pecho. – Quiero que este momento sea grabado para la eternidad y nos quedemos fundidas aquí, solas tú y yo. Sería perfecto. – Contestó tras darme un beso. – Moriré en el intento, pero, necesito sentirme tan cerca de ti, como pueda. – Suspiré, sabía que había hecho algo muy malo, pero también sabía que ahora no lo cambiaría por nada del mundo…
jueves, 16 de febrero de 2012
Eres como...
Te conviertes en arena,
Ahora me huyes.
Te conviertes en agua,
Ahora me ahogo.
Te conviertes en vida,
Y yo solo muero.
Te conviertes en sonrisas
Y yo sólo en lágrimas.
Te conviertes en lago
Y ardo en llamas,
Te conviertes en mí
Y yo huyo no más.
Te conviertes en luz
Y yo no puedo ver nada.
Te conviertes en mi sonrisa
Y ya no puedo sonreír.
Te conviertes en oscuridad
Y me choco hasta caer.
Te conviertes en fuego,
Y yo soy agua.
Dices que somos dos gotas de agua,
Que tu y yo no nos vamos a separar
Te digo que mi corazón te pertenece,
Pero mi mente, no para de pensar.
Eres el aire que respiro,
Sin ti, no puedo vivir,
No quiero gritarte,
Pero siento rabia en mi.
No quiero que me odies
Pero me siento mal dentro.
No quiero que te sientas mal
Porque en mi vida, la cosa es así.
No me odies,
Quiéreme.
No me detestes,
Ámame.
No me digas adiós,
Salúdame.
No me preguntes,
Abrázame.
Será la única manera de sentir,
Que una parte de mi
Sigue viva,
Dentro de mi.
Ahora me huyes.
Te conviertes en agua,
Ahora me ahogo.
Te conviertes en vida,
Y yo solo muero.
Te conviertes en sonrisas
Y yo sólo en lágrimas.
Te conviertes en lago
Y ardo en llamas,
Te conviertes en mí
Y yo huyo no más.
Te conviertes en luz
Y yo no puedo ver nada.
Te conviertes en mi sonrisa
Y ya no puedo sonreír.
Te conviertes en oscuridad
Y me choco hasta caer.
Te conviertes en fuego,
Y yo soy agua.
Dices que somos dos gotas de agua,
Que tu y yo no nos vamos a separar
Te digo que mi corazón te pertenece,
Pero mi mente, no para de pensar.
Eres el aire que respiro,
Sin ti, no puedo vivir,
No quiero gritarte,
Pero siento rabia en mi.
No quiero que me odies
Pero me siento mal dentro.
No quiero que te sientas mal
Porque en mi vida, la cosa es así.
No me odies,
Quiéreme.
No me detestes,
Ámame.
No me digas adiós,
Salúdame.
No me preguntes,
Abrázame.
Será la única manera de sentir,
Que una parte de mi
Sigue viva,
Dentro de mi.
martes, 7 de febrero de 2012
Tú
Necesito sentir la brisa del mar sobre mis mejillas,
Y saber que nací libre.
Necesito una cálida sonrisa al día,
Para sentirme útil.
No quiero un papel que diga
‘unidos hasta la eternidad’
Porque no existirá,
Jamás amor que pueda fallar.
Mírame, quiéreme, pídeme que esté contigo,
Pero no me pidas que me ate.
Porque soy un ave que deseó libertad
Jamás una firma que le haga sentir atada.
Siénteme, ámame, está conmigo.
Pero no me pidas aún una firma
Porque me sentiría en una habitación
De cuatro paredes, en la que no existe rendija.
No quiero atarme a la eternidad,
Con quince años no más.
Quiero vivir la vida contigo,
Pero que vivamos sin pensar.
Quiero soltarme, lo juro,
Quiero esperar para disfrutar,
Quiero que el día que venga todo,
Sea porque estemos preparados.
No me malinterpretes, porque no.
Lo quiero todo contigo,
Quiero amarte, respetarte, sentirte, quererte.
Y sobre todo, quiero pasar a tu lado,
El tiempo que mi cuerpo me permita.
Y saber que nací libre.
Necesito una cálida sonrisa al día,
Para sentirme útil.
No quiero un papel que diga
‘unidos hasta la eternidad’
Porque no existirá,
Jamás amor que pueda fallar.
Mírame, quiéreme, pídeme que esté contigo,
Pero no me pidas que me ate.
Porque soy un ave que deseó libertad
Jamás una firma que le haga sentir atada.
Siénteme, ámame, está conmigo.
Pero no me pidas aún una firma
Porque me sentiría en una habitación
De cuatro paredes, en la que no existe rendija.
No quiero atarme a la eternidad,
Con quince años no más.
Quiero vivir la vida contigo,
Pero que vivamos sin pensar.
Quiero soltarme, lo juro,
Quiero esperar para disfrutar,
Quiero que el día que venga todo,
Sea porque estemos preparados.
No me malinterpretes, porque no.
Lo quiero todo contigo,
Quiero amarte, respetarte, sentirte, quererte.
Y sobre todo, quiero pasar a tu lado,
El tiempo que mi cuerpo me permita.
viernes, 3 de febrero de 2012
El número 66
Mientras una lágrima recorría aquél pálido rostro, se tumbaba en el suelo de aquél baño mientras lloraba. ¿La razón? Ella misma. Hizo creer a los demás que lo que le pasaba no era importante, mientras se mataba úlcera a úlcera en su interior.
Dejó el tema irse de sus manos, hasta el punto en el no poder más, echar a llorar y sufrir. -¿Necesitas hablar?- Una amiga le preguntaba. – No. – Siempre contestaba.
Y es que escuchaba que la mujer perfecta, todo lo contrario a ella. Su pelo perdió el brillo que hacía unos años tenía, es que ya lo decían, la adolescencia es una etapa muy… diferente. Su cuerpo atravesó unos cambios, las hormonas le llevaron al lado oscuro, a la resignación, al no salir de su cueva.
Pasaba los días encerrada en su habitación, ¿Qué hacía? Nadie lo sabe. Pero su mamá nunca podía entrar. - ¿qué te pasa? – Le preguntaba. – Nada. – Es lo único que ésta le respondía. Enmudecida desaparecía de la habitación que le daba vida, para aparecer en la calle. Volvía mojada, sucia y con algún que otro moratón. A su madre le extrañaba, y se preocupaba, aunque ella se empeñaba en que nunca, pasaba nada.
Se miraba frente al espejo, con la puerta del baño cerrada. En su mano mantenía un algodón lleno de alcohol, para sanar sus heridas. Mientras sanaba éstas una lágrima recorría su rostro, de nuevo. Se acercaba de nuevo la hora de irse de casa, y su mamá, no podía hacer nada por impedirlo, pues cuando lo intentaba ella se oponía y, hacía oídos sordos. – Por favor, no hagas nada malo, princesa… Cuídate, de verdad… Puedo… Ayudarte… - Entonces cerró la puerta. – Y lo sabes… - Terminaba de decir con el corazón en un puño.
Ella nunca decía nada, nunca sentía nada ante los demás y jurarían que jamás le han visto llorar. Nunca había dado problemas, ha sido siempre una de las mejores en clase e incluso fue delegada uno de los cursos, y todos sus amigas siempre le apoyaron. Así fue, hasta que llegó al instituto, esa dulce inocente se convirtió en quién sabe qué.
Nunca se le veía con nadie, nunca se le veía hacer nada, pero eso no fue en el primer curso. Su rostro fue cambiando y maduró, como lo hizo su inocencia, la que siempre creyó en la felicidad. ¿Por qué ese cambio? Su madre se sentía desconcertada, indecisa, no sabía qué hacer, no sabía qué era lo correcto. Pero el colmo llegó cuando pasó a tercero, cambió su vestimenta, cambió el estilo de su pelo y entonces fue cuando comenzó a salir a hurtadillas por las noches, para ‘no hacer nada’.
Su madre no era tonta, ella ya dudaba, se quedaba despierta por la noche, hasta la madrugada, cuando la oía volver de… donde quiera que fuese ese sitio.
Se acostaba con sigilo, era entonces cuando su madre se levantaba a verla, necesitaba saber que estaba allí. Ella yacía dormida, bueno, haciéndose la dormida.
Entonces su madre volvió a su habitación, haciéndose la despistada. Entre lágrimas se acostaba, al igual que su hija, desconsolada, muerta de miedo, pero siempre en silencio.
Su corazón estaba tan roto, como el de su madre.
Ella estaba harta, harta del silencio, ya quería morir, y en clase, ya si que no era la misma. Jamás estaba con sus compañeros y nunca respondía. No abría la boca, salvo para revelarse contra sus profesores. Los mismos a los que un día hablaba y respetaba.
Al despertarse, no se acordaba de nada del día anterior, y, aunque no le gustaba, se levantaba y se iba al instituto, con tal de estar fuera de casa.
Un día los mismos chicos que siempre le pegaban, la arrinconaron hasta dejarla aislada. ‘¿Qué queréis?’ Le dijo ella, mirándolo con tanto asco como rabia. ‘Mmmm… No sé… ¿qué podemos querer de ti?’ Decía el que parecía ser el lobo más feroz de la estúpida manada. ‘Nos debes algo, ¿no crees?’ Ella lo miraba con odio. ‘No os debo nada, dejadme en paz’ Decía con desagrado. Entonces el mismo que antes habló se acercó a ella con lentitud tocándole el hombro. ‘Venga, vamos, dánoslo’ Dijo con voz serena. ‘No os voy a dar nada, no me toques, das asco, imbécil’ Él se crujió los dedos, pretendiendo dar miedo, pero más que miedo, le producía pena. ‘¿Qué? ¿Me vas a pegar? Bah, hazlo, ya lo hiciste ayer, antes de ayer, el otro, y el otro… No te tengo miedo, nenaza.’ El chico le miró por encima del hombro. ‘No, hoy harás algo diferente…’ Dijo mientras la sostenía del hombro de nuevo. ‘¿El qué? ¿Mandarte a tomar por culo como debí de hacer hace siete putos años?’ Alzó su puño y le pegó por la barbilla, le cogió de sorpresa. ‘Está bien, tú lo has querido, niñata asquerosa’ Esbozó una media sonrisa mientras la agarraba del cuello. ‘Seré una niñata asquerosa, pero por lo menos tengo más cabeza que pene, además de tener una madre y un padre que me quieren más de lo que jamás nadie te va a querer a ti, si es que te quieren. Por lo menos tengo una ducha en mi casa donde lavarme, que a ti, ya te fa tufando, que lo sepas’ Apretó su mano, y la chica se hartó. Alzó un su rodilla hasta darle en la entrepierna. Él se tiró al suelo, retorciéndose de dolor y sus secuaces, fueron por ella. ‘¿Vosotros también? ¿Es que jamás os hartaréis? Sucios cobardes de mierda, mira que ser cinco y tener que venir a pegar a una chica… ¿Creéis que esto saldrá bien por vosotros? Podéis hacerme daño, pero vosotros pasaréis el resto de vuestras vidas lamiendo la mierda que dejan los perros en la calle y si no, entre rejas, de eso ya me encargaré yo…’
Otro de ellos se acercó a ella y le pegó un puñetazo en la barbilla, dejándola tirada en el suelo, dándose un golpe en la cabeza y dejándola inconsciente, mientras los otros dos con su macho alfa se iban al baño para tratar de refugiarse de los profesores.
Una de sus compañeras la encontró tirada, y pidió ayuda. Pues el golpe de la cabeza fue bastante fuerte.
Se quedó rendida en el suelo, pero al poco, cuando su compañera le cogió la mano, fue reaccionando poco a poco. ‘¿Estás bien?’ preguntaba preocupada. ‘Sí, no te preocupes’ Decía quejándose de la cabeza y mareada, tratando de levantarse. ‘No te levantes, han llamado a una ambulancia, vienen para aquí. Quédate ahí, ¿Vale?’ Asintió pensó que sería lo mejor. ‘No… Dejes… Que… me… saquen… sangre por favor…’ Dijo entre lágrimas. ‘¿Por qué…?’ Su compañera se sentía extrañada. ‘No lo dejes, ¿Vale? Hice cosas que no están nada bien…’ Su compañera asintió, aunque no sabía ni cómo hacerlo. Los médicos llegaron y cuando ya estaba de camino al hospital, su compañera iba junto a ella, y sin saber por qué, tenía su mano agarraba. Hacía tanto tiempo que sentía ese miedo, que tener su mano cogida mientras que le hacían algunas pruebas, le hizo tener más miedo. ‘Ahora le sacaremos una prueba de sangre, para comprobar que no hay nada perjudicial, y es algo normal, ¿Vale?’ Ella estaba dormida, y su compañera sin saber qué hacer sólo dijo con mucho nerviosismo ‘Nooo, no pueden hacer eso’ Los médicos le preguntaron que por qué, mientras uno preparaba las cosas. ‘¿No es mejor en el hospital? Cuando su madre de la autorización, digo…’ improvisó, pero como ya casi habían llegado, asintieron.
Ya en la habitación, ella había despertado. ‘Siento que hayas tenido que hacer todo esto…’ Luz, su compañera, negó. ‘No, no es ninguna molestia, para nada’ Le hizo sonreír, hacía mucho que no lo hacía. ‘Pero vas a tener que contarme qué está pasando. ¿Vale?’ Ella asintió, Luz le informó de que había estado su madre, pero tenía que ir a trabajar y a la compra así que se fue, al igual que su padre, pero que estaba muy preocupada por ella, y que volvería por la noche cuando acabase el trabajo, así que ella se quedaría hasta entonces. ‘Entonces, ¿Te cuento?’ Luz asintió.
‘Pasé una mala semana, y me sentía muy sola, porque nadie me llegó a hablar, siempre peleé con mis padres y nadie me hacía caso, así que comencé a salir de casa, iba por los alrededores del instituto cuando de repente, me empezaron a insultar y pasé del tema. Pero llegó lo peor cuando uno se acercó, y mirándome a la cara, cosa que vi extraño, pues uno de ellos jamás se acercan, lo hacen de lejos y en manada. Me insultó. Me hubiese dado igual, si no fuese por lo desfigurada que tenía la cara y esa cicatriz tan horrible que tenía en la nariz, posiblemente de haberse sacado los mocos, quién sabe. Así que lo miré a la cara, y me limité a apartarlo con dos dedos, pero él quería pelea. Era lo que buscaba, entonces, le dije. -¿Es que vas a pegarme como un sucio cobarde por nada?- Pareció molestarle, aunque su intelecto jamás entendería lo que le dije, y me agarró del cuello, hasta dejarme en asfixia, y cuando me soltó, no hice nada. Él me ofreció su cigarro y yo me negué. Sacó su navaja y me amenazó…’ Enseñó la cicatriz en su brazo. Luz se sorprendió. ‘Empezó a apretar y no sabía qué hacer… Así que lo cogí y me uní a ellos, con miedo. Me ofrecieron de todo, y día a día tenía que ir yendo con ellos, sabiendo que me estaba arruinando la vida. Un día dije que no quería volver a ir con ellos y cada vez que salía para cualquier cosa, y me los encontraba, me pegaban en grupo. Hasta hoy… Han aparecido, y… Me empezaron a pegar… No quería pelea, pero… Me estaban hartando, y ya no podía más…’ Comenzó a llorar de impotencia, Luz la abrazó y ella negó. ‘No importa’ alegó. ‘Claro que importa, y lo que importa ahora, es que estás bien’ Le besó la frente. ‘Pero me tienen cogida por los huevos. No puedo hacer más contra ellos’ dijo con pena ‘Si que puedes’ Repuso. ‘¿Ah sí?’ Preguntó intrigada. ‘¿Qué puedo hacer?’ Suspiró. ‘Jamás ir sola…’ Le cogía la mano. ‘Estoy sola en esto, normalmente...’ Luz negó, haciéndole ver que le tenía a ella. Le acarició la mejilla, y esperó a que se terminase de recuperar, para proceder al plan. ‘¿Qué te parece si quedamos esta tarde?’ Le comentó Luz, cuando ya habían salido del hospital. ‘Vale, pero no puedo salir mucho, tengo que cuidar la casa y, además no me conviene mucho la calle… Me da… Miedo… ya sabes…’ Luz asintió. ‘Si quieres podemos quedarnos en tu casa a ver una película tranquilas y solas, puedo llevar palomitas o patatas si quieres’ La chica asintió. ‘Vivo en el número 66’ Luz asintió y se fue.
Esa misma tarde apareció con una de sus camisetas más hermosas y unos pantalones ajustados rasgados, los cuales eran sus preferidos. Mientras tanto la chica la esperaba en pijama, pues no tenía mucho ánimo de cambiarse. ‘Valla, qué… guapa’ Dijo la chica. ‘Tú también’ La chica alegó que estaba en pijama. ‘Pero estás hermosa con lo que te pongas’ Dijo Luz. Más tarde le besó la mejilla. ‘Traigo palomitas, ¿Las ponemos?’ ‘Claro, yo iré poniendo la película y preparando el sofá’ ‘No, de eso nada, tu te quedas ahí sentada que acabas de salir del hospital.’ Negó Luz.
‘Está bien’ Dijo mientras ella lo preparaba todo. Tras un rato se sentaron a ver la película, era de miedo. En un momento, Luz agarró su mano y ambas se miraron. Luz se sonrojó y le pidió perdón. ‘¿Por qué?’ Preguntó la chica. ‘Porque… Bueno… yo… No sé…’ Alegó con nerviosismo. Mientras se miraban mutuamente sin saber qué hacer. Luz agarró su mejilla, rozándola. Se acercó levemente a ella hasta rozar sus labios con lentitud. Paso éstos sobre los de la chica, dejándolos entreabiertos. La chica posó su mano en la cintura de Luz, que armada de valor la besaba como nunca había besado a nadie, deseando sentirla tan cerca de si como fuese posible. Y así fue como dos cuerpos separados por una sociedad inmensa de homofobia se apartaron por un momento de éstas para dejarse llevar por la pasión durante cuatro muy cortas horas, y volviéndose a dejar llevar durante muchas más a lo largo de toda su vida. Ésta es la razón por la que no siempre está todo perdido, por la que siempre se puede ver más allá de las tormentas, porque la predicción no siempre acierta, el número 66 a veces no es tan malo. Como realmente parece.
Att: aje
Dejó el tema irse de sus manos, hasta el punto en el no poder más, echar a llorar y sufrir. -¿Necesitas hablar?- Una amiga le preguntaba. – No. – Siempre contestaba.
Y es que escuchaba que la mujer perfecta, todo lo contrario a ella. Su pelo perdió el brillo que hacía unos años tenía, es que ya lo decían, la adolescencia es una etapa muy… diferente. Su cuerpo atravesó unos cambios, las hormonas le llevaron al lado oscuro, a la resignación, al no salir de su cueva.
Pasaba los días encerrada en su habitación, ¿Qué hacía? Nadie lo sabe. Pero su mamá nunca podía entrar. - ¿qué te pasa? – Le preguntaba. – Nada. – Es lo único que ésta le respondía. Enmudecida desaparecía de la habitación que le daba vida, para aparecer en la calle. Volvía mojada, sucia y con algún que otro moratón. A su madre le extrañaba, y se preocupaba, aunque ella se empeñaba en que nunca, pasaba nada.
Se miraba frente al espejo, con la puerta del baño cerrada. En su mano mantenía un algodón lleno de alcohol, para sanar sus heridas. Mientras sanaba éstas una lágrima recorría su rostro, de nuevo. Se acercaba de nuevo la hora de irse de casa, y su mamá, no podía hacer nada por impedirlo, pues cuando lo intentaba ella se oponía y, hacía oídos sordos. – Por favor, no hagas nada malo, princesa… Cuídate, de verdad… Puedo… Ayudarte… - Entonces cerró la puerta. – Y lo sabes… - Terminaba de decir con el corazón en un puño.
Ella nunca decía nada, nunca sentía nada ante los demás y jurarían que jamás le han visto llorar. Nunca había dado problemas, ha sido siempre una de las mejores en clase e incluso fue delegada uno de los cursos, y todos sus amigas siempre le apoyaron. Así fue, hasta que llegó al instituto, esa dulce inocente se convirtió en quién sabe qué.
Nunca se le veía con nadie, nunca se le veía hacer nada, pero eso no fue en el primer curso. Su rostro fue cambiando y maduró, como lo hizo su inocencia, la que siempre creyó en la felicidad. ¿Por qué ese cambio? Su madre se sentía desconcertada, indecisa, no sabía qué hacer, no sabía qué era lo correcto. Pero el colmo llegó cuando pasó a tercero, cambió su vestimenta, cambió el estilo de su pelo y entonces fue cuando comenzó a salir a hurtadillas por las noches, para ‘no hacer nada’.
Su madre no era tonta, ella ya dudaba, se quedaba despierta por la noche, hasta la madrugada, cuando la oía volver de… donde quiera que fuese ese sitio.
Se acostaba con sigilo, era entonces cuando su madre se levantaba a verla, necesitaba saber que estaba allí. Ella yacía dormida, bueno, haciéndose la dormida.
Entonces su madre volvió a su habitación, haciéndose la despistada. Entre lágrimas se acostaba, al igual que su hija, desconsolada, muerta de miedo, pero siempre en silencio.
Su corazón estaba tan roto, como el de su madre.
Ella estaba harta, harta del silencio, ya quería morir, y en clase, ya si que no era la misma. Jamás estaba con sus compañeros y nunca respondía. No abría la boca, salvo para revelarse contra sus profesores. Los mismos a los que un día hablaba y respetaba.
Al despertarse, no se acordaba de nada del día anterior, y, aunque no le gustaba, se levantaba y se iba al instituto, con tal de estar fuera de casa.
Un día los mismos chicos que siempre le pegaban, la arrinconaron hasta dejarla aislada. ‘¿Qué queréis?’ Le dijo ella, mirándolo con tanto asco como rabia. ‘Mmmm… No sé… ¿qué podemos querer de ti?’ Decía el que parecía ser el lobo más feroz de la estúpida manada. ‘Nos debes algo, ¿no crees?’ Ella lo miraba con odio. ‘No os debo nada, dejadme en paz’ Decía con desagrado. Entonces el mismo que antes habló se acercó a ella con lentitud tocándole el hombro. ‘Venga, vamos, dánoslo’ Dijo con voz serena. ‘No os voy a dar nada, no me toques, das asco, imbécil’ Él se crujió los dedos, pretendiendo dar miedo, pero más que miedo, le producía pena. ‘¿Qué? ¿Me vas a pegar? Bah, hazlo, ya lo hiciste ayer, antes de ayer, el otro, y el otro… No te tengo miedo, nenaza.’ El chico le miró por encima del hombro. ‘No, hoy harás algo diferente…’ Dijo mientras la sostenía del hombro de nuevo. ‘¿El qué? ¿Mandarte a tomar por culo como debí de hacer hace siete putos años?’ Alzó su puño y le pegó por la barbilla, le cogió de sorpresa. ‘Está bien, tú lo has querido, niñata asquerosa’ Esbozó una media sonrisa mientras la agarraba del cuello. ‘Seré una niñata asquerosa, pero por lo menos tengo más cabeza que pene, además de tener una madre y un padre que me quieren más de lo que jamás nadie te va a querer a ti, si es que te quieren. Por lo menos tengo una ducha en mi casa donde lavarme, que a ti, ya te fa tufando, que lo sepas’ Apretó su mano, y la chica se hartó. Alzó un su rodilla hasta darle en la entrepierna. Él se tiró al suelo, retorciéndose de dolor y sus secuaces, fueron por ella. ‘¿Vosotros también? ¿Es que jamás os hartaréis? Sucios cobardes de mierda, mira que ser cinco y tener que venir a pegar a una chica… ¿Creéis que esto saldrá bien por vosotros? Podéis hacerme daño, pero vosotros pasaréis el resto de vuestras vidas lamiendo la mierda que dejan los perros en la calle y si no, entre rejas, de eso ya me encargaré yo…’
Otro de ellos se acercó a ella y le pegó un puñetazo en la barbilla, dejándola tirada en el suelo, dándose un golpe en la cabeza y dejándola inconsciente, mientras los otros dos con su macho alfa se iban al baño para tratar de refugiarse de los profesores.
Una de sus compañeras la encontró tirada, y pidió ayuda. Pues el golpe de la cabeza fue bastante fuerte.
Se quedó rendida en el suelo, pero al poco, cuando su compañera le cogió la mano, fue reaccionando poco a poco. ‘¿Estás bien?’ preguntaba preocupada. ‘Sí, no te preocupes’ Decía quejándose de la cabeza y mareada, tratando de levantarse. ‘No te levantes, han llamado a una ambulancia, vienen para aquí. Quédate ahí, ¿Vale?’ Asintió pensó que sería lo mejor. ‘No… Dejes… Que… me… saquen… sangre por favor…’ Dijo entre lágrimas. ‘¿Por qué…?’ Su compañera se sentía extrañada. ‘No lo dejes, ¿Vale? Hice cosas que no están nada bien…’ Su compañera asintió, aunque no sabía ni cómo hacerlo. Los médicos llegaron y cuando ya estaba de camino al hospital, su compañera iba junto a ella, y sin saber por qué, tenía su mano agarraba. Hacía tanto tiempo que sentía ese miedo, que tener su mano cogida mientras que le hacían algunas pruebas, le hizo tener más miedo. ‘Ahora le sacaremos una prueba de sangre, para comprobar que no hay nada perjudicial, y es algo normal, ¿Vale?’ Ella estaba dormida, y su compañera sin saber qué hacer sólo dijo con mucho nerviosismo ‘Nooo, no pueden hacer eso’ Los médicos le preguntaron que por qué, mientras uno preparaba las cosas. ‘¿No es mejor en el hospital? Cuando su madre de la autorización, digo…’ improvisó, pero como ya casi habían llegado, asintieron.
Ya en la habitación, ella había despertado. ‘Siento que hayas tenido que hacer todo esto…’ Luz, su compañera, negó. ‘No, no es ninguna molestia, para nada’ Le hizo sonreír, hacía mucho que no lo hacía. ‘Pero vas a tener que contarme qué está pasando. ¿Vale?’ Ella asintió, Luz le informó de que había estado su madre, pero tenía que ir a trabajar y a la compra así que se fue, al igual que su padre, pero que estaba muy preocupada por ella, y que volvería por la noche cuando acabase el trabajo, así que ella se quedaría hasta entonces. ‘Entonces, ¿Te cuento?’ Luz asintió.
‘Pasé una mala semana, y me sentía muy sola, porque nadie me llegó a hablar, siempre peleé con mis padres y nadie me hacía caso, así que comencé a salir de casa, iba por los alrededores del instituto cuando de repente, me empezaron a insultar y pasé del tema. Pero llegó lo peor cuando uno se acercó, y mirándome a la cara, cosa que vi extraño, pues uno de ellos jamás se acercan, lo hacen de lejos y en manada. Me insultó. Me hubiese dado igual, si no fuese por lo desfigurada que tenía la cara y esa cicatriz tan horrible que tenía en la nariz, posiblemente de haberse sacado los mocos, quién sabe. Así que lo miré a la cara, y me limité a apartarlo con dos dedos, pero él quería pelea. Era lo que buscaba, entonces, le dije. -¿Es que vas a pegarme como un sucio cobarde por nada?- Pareció molestarle, aunque su intelecto jamás entendería lo que le dije, y me agarró del cuello, hasta dejarme en asfixia, y cuando me soltó, no hice nada. Él me ofreció su cigarro y yo me negué. Sacó su navaja y me amenazó…’ Enseñó la cicatriz en su brazo. Luz se sorprendió. ‘Empezó a apretar y no sabía qué hacer… Así que lo cogí y me uní a ellos, con miedo. Me ofrecieron de todo, y día a día tenía que ir yendo con ellos, sabiendo que me estaba arruinando la vida. Un día dije que no quería volver a ir con ellos y cada vez que salía para cualquier cosa, y me los encontraba, me pegaban en grupo. Hasta hoy… Han aparecido, y… Me empezaron a pegar… No quería pelea, pero… Me estaban hartando, y ya no podía más…’ Comenzó a llorar de impotencia, Luz la abrazó y ella negó. ‘No importa’ alegó. ‘Claro que importa, y lo que importa ahora, es que estás bien’ Le besó la frente. ‘Pero me tienen cogida por los huevos. No puedo hacer más contra ellos’ dijo con pena ‘Si que puedes’ Repuso. ‘¿Ah sí?’ Preguntó intrigada. ‘¿Qué puedo hacer?’ Suspiró. ‘Jamás ir sola…’ Le cogía la mano. ‘Estoy sola en esto, normalmente...’ Luz negó, haciéndole ver que le tenía a ella. Le acarició la mejilla, y esperó a que se terminase de recuperar, para proceder al plan. ‘¿Qué te parece si quedamos esta tarde?’ Le comentó Luz, cuando ya habían salido del hospital. ‘Vale, pero no puedo salir mucho, tengo que cuidar la casa y, además no me conviene mucho la calle… Me da… Miedo… ya sabes…’ Luz asintió. ‘Si quieres podemos quedarnos en tu casa a ver una película tranquilas y solas, puedo llevar palomitas o patatas si quieres’ La chica asintió. ‘Vivo en el número 66’ Luz asintió y se fue.
Esa misma tarde apareció con una de sus camisetas más hermosas y unos pantalones ajustados rasgados, los cuales eran sus preferidos. Mientras tanto la chica la esperaba en pijama, pues no tenía mucho ánimo de cambiarse. ‘Valla, qué… guapa’ Dijo la chica. ‘Tú también’ La chica alegó que estaba en pijama. ‘Pero estás hermosa con lo que te pongas’ Dijo Luz. Más tarde le besó la mejilla. ‘Traigo palomitas, ¿Las ponemos?’ ‘Claro, yo iré poniendo la película y preparando el sofá’ ‘No, de eso nada, tu te quedas ahí sentada que acabas de salir del hospital.’ Negó Luz.
‘Está bien’ Dijo mientras ella lo preparaba todo. Tras un rato se sentaron a ver la película, era de miedo. En un momento, Luz agarró su mano y ambas se miraron. Luz se sonrojó y le pidió perdón. ‘¿Por qué?’ Preguntó la chica. ‘Porque… Bueno… yo… No sé…’ Alegó con nerviosismo. Mientras se miraban mutuamente sin saber qué hacer. Luz agarró su mejilla, rozándola. Se acercó levemente a ella hasta rozar sus labios con lentitud. Paso éstos sobre los de la chica, dejándolos entreabiertos. La chica posó su mano en la cintura de Luz, que armada de valor la besaba como nunca había besado a nadie, deseando sentirla tan cerca de si como fuese posible. Y así fue como dos cuerpos separados por una sociedad inmensa de homofobia se apartaron por un momento de éstas para dejarse llevar por la pasión durante cuatro muy cortas horas, y volviéndose a dejar llevar durante muchas más a lo largo de toda su vida. Ésta es la razón por la que no siempre está todo perdido, por la que siempre se puede ver más allá de las tormentas, porque la predicción no siempre acierta, el número 66 a veces no es tan malo. Como realmente parece.
Att: aje
jueves, 2 de febrero de 2012
¡Mamá!
Entonces, el lobo le dijo a la princesa. “No vallas por ese camino, está lleno de obstáculos que podrán acabar contigo, princesa. Eres aún débil, necesitas un hombre a tu lado para defenderte, no has de ir por ahí. No tiente a la suerte.” Y ella respondió. “mi rostro aparenta inocencia, pero mis manos destreza, por cada piedra que encuentre, una sonrisa alzaré al cielo, porque por mi familia vivo, y por ella viviré” Entonces el lobo bueno aprendió una valiosa lección: No debe de juzgarse a nadie por su aspecto. Y colorín colorado, éste cuento se ha acabado.
+Hasta mañana princesa.
- Espera, mamá…
+ ¿Qué pasa cielo?
- No quiero que te separes de mi lado.
+ Pero voy a dormir, y mañana volveré, mi vida.
- La mamá de esa princesa se murió de la noche a la mañana.
+ Pero esto no es un cuento, princesa.
- ¿Eso quiere decir que no necesito un príncipe?
+ ¿Qué quieres decir con eso?
- No, nada. Hasta mañana.
+ Princesa, venga, cuéntame…
- Es que Rose dice que no es normal, pero aún así será mi amiga.
+ ¿Qué quieres decir? Venga, ¿De qué me hablas?
El silencio se hizo, hasta que Adele se decidió a hablar con voz temblorosa.
- ¿Te acuerdas de que estaba con Robert?
Su mamá asintió.
- Pues es que ya no me gusta Robert.
+ ¿Y quién te gusta?
Adele negaba.
+ Vamos, dímelo, soy tu madre…
Decía mientras le hacía cosquillas.
- Es que tú también me vas a juzgar…
Dijo con tristeza en sus ojos, acostándose en la cama hacia el otro lado.
+ ¿Cómo que te voy a juzgar? ¡Jamás haría eso! ¡Eres mi hija! ¡Tienes mis genes y también mi corazón! Tienes mi vida ganada y lo sabes, pequeña.
- Me gusta Luz…
+ ¿Luz? ¿Es un chico nuevo?
Su mamá sonreía con picardía mientras, Adele se limitó a negar.
- No, mamá, mi mejor amiga… La de siempre…
+ Ohh…
Decía con asombro.
+ Luz…
- ¿Ahora me vas a odiar?
Se tapó con las sábanas para llorar.
+ A ver… Cielo, ¿por qué dices eso?
- ¡Porque todos dicen que soy una rara! ¡Que no quieren que esté a su lado porque tengo una enfermedad! ¡Y nadie quiere sentarse conmigo en clase, ni pasar el tiempo junto a mí…! Y tú seguro que tampoco querrás… ¿Por qué soy diferente? ¿Soy tan rara?
+ Claro que no, cariño. Tú eres tú y los demás son los demás. No eres diferente, ni si quiera rara, eres especial, simplemente eres tú misma, cosa que la mayoría de aquellos pequeñajos no podrán ser nunca. Tú, lo eres. A ellos no les han enseñado el respeto, y a mi jamás me han enseñado como reaccionar cuando pase esto, pero ya me lo temía, así que no te preocupes, esperaba éste momento desde hace mucho. ¿Esa chica es tu amiga?
- Sí…
+ Pues no tiene por qué preocuparte nada más, es tu amiga de siempre. ¿Lo sabe?
- No… Quiero decírselo, pero no puedo. ¿Me odias?
+ Claro que no, princesa. Eres mi pequeña, desde hace 13 años, ¿Por qué te iba a odiar? ¿Recuerdas el cuento que te contaba de pequeña?
- Sí…
+ La princesa jamás necesitó un príncipe, sólo necesitaba amor, no alguien en un caballo, por muy hermoso y todo el dinero del mundo que tenga. Sólo quería vivir en condiciones. Por eso a ti te gusta ella, porque buscas una vida especial, no como todos.
- ¿Cómo lo supiste?
+ Pues, desde que tenías dos añitos, sólo jugabas con las muñecas chicas, y las barbies, las juntabas en las mismas camas ellas dos juntas y tenían bebés. Además, ¿Crees que no me daba cuenta cómo mirabas a la hija de la vecina cuando tenías diez años y ella estaba con su amigo?
- ¡No la miraba! ¡Es que se llevó mi gomilla!
+ Y con ello tu corazón, pero lo recuperaste. Nunca olvides que yo siempre te querré por toda mi vida, cariño. Pero es hora de dormir. Hasta mañana.
- ¡Mamá!
+Dime
- Te quiero.
+Hasta mañana princesa.
- Espera, mamá…
+ ¿Qué pasa cielo?
- No quiero que te separes de mi lado.
+ Pero voy a dormir, y mañana volveré, mi vida.
- La mamá de esa princesa se murió de la noche a la mañana.
+ Pero esto no es un cuento, princesa.
- ¿Eso quiere decir que no necesito un príncipe?
+ ¿Qué quieres decir con eso?
- No, nada. Hasta mañana.
+ Princesa, venga, cuéntame…
- Es que Rose dice que no es normal, pero aún así será mi amiga.
+ ¿Qué quieres decir? Venga, ¿De qué me hablas?
El silencio se hizo, hasta que Adele se decidió a hablar con voz temblorosa.
- ¿Te acuerdas de que estaba con Robert?
Su mamá asintió.
- Pues es que ya no me gusta Robert.
+ ¿Y quién te gusta?
Adele negaba.
+ Vamos, dímelo, soy tu madre…
Decía mientras le hacía cosquillas.
- Es que tú también me vas a juzgar…
Dijo con tristeza en sus ojos, acostándose en la cama hacia el otro lado.
+ ¿Cómo que te voy a juzgar? ¡Jamás haría eso! ¡Eres mi hija! ¡Tienes mis genes y también mi corazón! Tienes mi vida ganada y lo sabes, pequeña.
- Me gusta Luz…
+ ¿Luz? ¿Es un chico nuevo?
Su mamá sonreía con picardía mientras, Adele se limitó a negar.
- No, mamá, mi mejor amiga… La de siempre…
+ Ohh…
Decía con asombro.
+ Luz…
- ¿Ahora me vas a odiar?
Se tapó con las sábanas para llorar.
+ A ver… Cielo, ¿por qué dices eso?
- ¡Porque todos dicen que soy una rara! ¡Que no quieren que esté a su lado porque tengo una enfermedad! ¡Y nadie quiere sentarse conmigo en clase, ni pasar el tiempo junto a mí…! Y tú seguro que tampoco querrás… ¿Por qué soy diferente? ¿Soy tan rara?
+ Claro que no, cariño. Tú eres tú y los demás son los demás. No eres diferente, ni si quiera rara, eres especial, simplemente eres tú misma, cosa que la mayoría de aquellos pequeñajos no podrán ser nunca. Tú, lo eres. A ellos no les han enseñado el respeto, y a mi jamás me han enseñado como reaccionar cuando pase esto, pero ya me lo temía, así que no te preocupes, esperaba éste momento desde hace mucho. ¿Esa chica es tu amiga?
- Sí…
+ Pues no tiene por qué preocuparte nada más, es tu amiga de siempre. ¿Lo sabe?
- No… Quiero decírselo, pero no puedo. ¿Me odias?
+ Claro que no, princesa. Eres mi pequeña, desde hace 13 años, ¿Por qué te iba a odiar? ¿Recuerdas el cuento que te contaba de pequeña?
- Sí…
+ La princesa jamás necesitó un príncipe, sólo necesitaba amor, no alguien en un caballo, por muy hermoso y todo el dinero del mundo que tenga. Sólo quería vivir en condiciones. Por eso a ti te gusta ella, porque buscas una vida especial, no como todos.
- ¿Cómo lo supiste?
+ Pues, desde que tenías dos añitos, sólo jugabas con las muñecas chicas, y las barbies, las juntabas en las mismas camas ellas dos juntas y tenían bebés. Además, ¿Crees que no me daba cuenta cómo mirabas a la hija de la vecina cuando tenías diez años y ella estaba con su amigo?
- ¡No la miraba! ¡Es que se llevó mi gomilla!
+ Y con ello tu corazón, pero lo recuperaste. Nunca olvides que yo siempre te querré por toda mi vida, cariño. Pero es hora de dormir. Hasta mañana.
- ¡Mamá!
+Dime
- Te quiero.
lunes, 16 de enero de 2012
Sólo informar.
Debí de haber sabido,
Que tus palabras jamás esbozaban una verdad.
Que un siempre en tus labios,
Era un no en la eternidad.
Debí haber sido más lista,
Y poder ver un poco la realidad,
Pero me cegaba la posibilidad,
De tenerte como algo más.
Siempre pensé que era imbécil,
Yo, no los demás.
Imbécil por creer,
Imbécil por amar.
Aprendí mal, sobre la gente mala.
Aprendí mal, sobre a quién había que ayudar,
Aún así no me arrepiento de haberte conocido,
Me arrepiento de haberte creído.
Mas tus palabras yo creí por última vez,
Pero ya no más.
Éste estúpido cuerpo,
Ya no te extrañará nunca más.
Aunque digas adiós,
Quizás un pasado se quede.
Pero el presente que es más listo.
Sepa realmente que no te quiere.
No digo que no te quiera en mi vida,
Pues tu amistad fue de lo más importante una vez,
Digo que mi corazón es fuerte de hace tiempo
Y que sin ti, aguanto extremadamente bien.
Att; Aje 16.01.12
Que tus palabras jamás esbozaban una verdad.
Que un siempre en tus labios,
Era un no en la eternidad.
Debí haber sido más lista,
Y poder ver un poco la realidad,
Pero me cegaba la posibilidad,
De tenerte como algo más.
Siempre pensé que era imbécil,
Yo, no los demás.
Imbécil por creer,
Imbécil por amar.
Aprendí mal, sobre la gente mala.
Aprendí mal, sobre a quién había que ayudar,
Aún así no me arrepiento de haberte conocido,
Me arrepiento de haberte creído.
Mas tus palabras yo creí por última vez,
Pero ya no más.
Éste estúpido cuerpo,
Ya no te extrañará nunca más.
Aunque digas adiós,
Quizás un pasado se quede.
Pero el presente que es más listo.
Sepa realmente que no te quiere.
No digo que no te quiera en mi vida,
Pues tu amistad fue de lo más importante una vez,
Digo que mi corazón es fuerte de hace tiempo
Y que sin ti, aguanto extremadamente bien.
Att; Aje 16.01.12
sábado, 14 de enero de 2012
Mátame
Me mata tu inseguridad,
Me matan tus miedos,
Me matan tus celos.
Vuelvo a morir, con todo ello.
Siento lentamente despellejarme
El corazón haciéndose pedazos,
¡Mi corazón no es de nadie!
¿No te enteras? Yo te quiero a ti.
¿No te enteras? Mi corazón te pertenece a ti.
No lo quieras en tus manos,
Pues es feo, y no está bien cuidado.
Dañará tu imagen, como a todos los demás…
Ah… Y se me olvidaba un detalle…
Con un poco de polvo, se puede rayar,
Es muy frágil, llora con facilidad.
Es estúpido e irónico a veces.
Siente mucho sobre las personas,
Tiene una gran capacidad de amar,
Es fácil de dañarlo.
Tú has de cuidarlo más.
Hace unos años, tenía envoltura.
Feliz era, nada le pasaba.
Creí que lo cuidaban, pero así lo devolvieron.
Ayúdame a arreglarlo, no lo ensucies.
No tengas miedo, él tiene más.
No te sientas mal, pues él se encogerá.
Dudas no quiere volver a sentir,
Parece fuerte y duro, pero dentro de él
Está realmente dolorido y a punto de romper.
Permíteme decirte, tu tienes la llave de ésta caja.
Tú tienes el secreto de éste corazón.
Cuídalo con tu vida, una de éstas, está en tus manos.
Y si te vas… Esto se va a convertir en un adiós.
Att: aje 14.01.12
Me matan tus miedos,
Me matan tus celos.
Vuelvo a morir, con todo ello.
Siento lentamente despellejarme
El corazón haciéndose pedazos,
¡Mi corazón no es de nadie!
¿No te enteras? Yo te quiero a ti.
¿No te enteras? Mi corazón te pertenece a ti.
No lo quieras en tus manos,
Pues es feo, y no está bien cuidado.
Dañará tu imagen, como a todos los demás…
Ah… Y se me olvidaba un detalle…
Con un poco de polvo, se puede rayar,
Es muy frágil, llora con facilidad.
Es estúpido e irónico a veces.
Siente mucho sobre las personas,
Tiene una gran capacidad de amar,
Es fácil de dañarlo.
Tú has de cuidarlo más.
Hace unos años, tenía envoltura.
Feliz era, nada le pasaba.
Creí que lo cuidaban, pero así lo devolvieron.
Ayúdame a arreglarlo, no lo ensucies.
No tengas miedo, él tiene más.
No te sientas mal, pues él se encogerá.
Dudas no quiere volver a sentir,
Parece fuerte y duro, pero dentro de él
Está realmente dolorido y a punto de romper.
Permíteme decirte, tu tienes la llave de ésta caja.
Tú tienes el secreto de éste corazón.
Cuídalo con tu vida, una de éstas, está en tus manos.
Y si te vas… Esto se va a convertir en un adiós.
Att: aje 14.01.12
Llámame
Mi calma te llama,
Ansia tu voz en el más profundo de los silencios.
Necesita besarte en el más intenso de los días.
Quiere hablar contigo sobre la eternidad.
Mi sonrisa te añora.
Añora unos labios que besar,
Una mente que descubrir
Y un abrazo que sentir.
En el sigilo de una noche de pasión,
Mi corazón se quiere descubrir sin miedo.
No en una tarde de añoranza,
Pues tranquilidad, no se siente.
Pretende con sigilo,
Acercarte a mi corazón,
Pero prométeme quedarte.
No necesito otro adiós.
14/1/12
Ansia tu voz en el más profundo de los silencios.
Necesita besarte en el más intenso de los días.
Quiere hablar contigo sobre la eternidad.
Mi sonrisa te añora.
Añora unos labios que besar,
Una mente que descubrir
Y un abrazo que sentir.
En el sigilo de una noche de pasión,
Mi corazón se quiere descubrir sin miedo.
No en una tarde de añoranza,
Pues tranquilidad, no se siente.
Pretende con sigilo,
Acercarte a mi corazón,
Pero prométeme quedarte.
No necesito otro adiós.
14/1/12
jueves, 12 de enero de 2012
¿Un error?
Alguien cubrió mis ojos por detrás con suavidad, por lo que me dejé. Respiré profundo, sintiendo unos labios calientes sobre mi cuello, en ese momento, llevé mis manos hacia detrás, rozando la cintura de quién fuese esa persona. Se me hacía tan familiar…
Agarré sus manos y me dí la vuelta, me sorprendió. La abracé con todas mis fuerzas. – Te eché de menos, Megan… - Decía mientras la apretaba contra mi pecho. – Y yo a ti, princesa. – Me sonrojé, siempre supo cómo hacerlo. – Han cambiado tanto las cosas… No tienes ni idea… - Suspiré, y la miré. Ella decidió hacer lo mismo. – Para mí no han cambiado tanto… - Dijo mientras apartaba un mechón que entorpecía el poder mirarla. - ¿Cómo te va con él? – Su tono era más extraño de lo normal. – Me va genial, jamás pensé que podía ser tan feliz con una persona como lo soy con él… Es genial, en serio… - Sonreía como una tonta, y ella no paraba de mirarme a los ojos. – Parece que entonces sí han cambiado mucho las cosas… - Asintió con delicadeza, esbozando un poco de tristeza en sus palabras. - ¿qué pasa? – Pregunté con intriga. - ¿Qué me he perdido? – Ella negó y sonrió, como si nada estuviese pasando, como siempre.
- Nada, es que te eché tanto de menos… - Sonreí, y le besé la mejilla. - ¿Te apetece venir esta tarde a casa? – Me ofrecía. Asentí con rapidez. – Pero, no recuerdo muy bien donde vives – Torció la boca. – En ese caso, pasaré a buscarte a las cinco, ¿Te parece?- Asentí de nuevo. – Vete a prepararte, princesa. Iré a limpiar un poco la casa para que esté lista – Sonrió y me besó la mejilla. Se marchó y yo entré a casa.
Antes de las cinco, le mandaba un sms a Bruno, explicándole que iba a ir con Megan para que no se preocupase. Que seguramente estaría hasta tarde.
Tocó el timbre, y aún no sabía por qué, pero estaba muy nerviosa. Me vestí con unos de mis vaqueros ajustados desgastados cortos, unas converse y una camiseta tirada por el hombro. Ella apareció con unos vaqueros largos, una camiseta ajustada y unos botines. Siempre me pareció que iba hermosa. Se sorprendió al verme, y me comentó que iba hermosa. Me abrió la puerta del coche y nos dirigimos hacia su casa.
- Bruno me da envidia… - Dijo ella mientras conducía, yo me reí, y me lo tomé a broma.
Llegamos a su casa, estaba tan hermosa como la recordaba, cerré los ojos y respiré profundo. Recordé la primera vez que entré en esa casa y me enamoré de nuevo del pasado. Pero ahora no, ahora era una chica comprometida la cuál no podía hacerle eso a su novio, así que no me preocupé y sonreí. Fue entonces cuando ella me agarró por la cintura, guiándome hasta la puerta. Abrió esta estando detrás de mí, dijo que le esperase en el salón que traería algo de beber, esperé mirando la decoración, había puesto un par de cuadros más, en alguno que otro volvía a salir mi rostro.
Apareció con un par de copas rellenas de algo con bastante alcohol, supuse que por un día no pasaría nada, así que acepté una de ellas. Pasó la tarde entre charlas puestas al día y tres copas de más encima.
Decidí que era la hora de volver a casa, y ya que ni ella ni yo estábamos en condiciones de conducir, le pedí el teléfono para llamar un taxi y ella se negó. Pensó que sería mejor pasar la noche en su casa y ya me acercaría mañana. Negué, pues no quería ser una carga, y me acerqué a la puerta. Ella se puso ante mí y me arrinconó en ésta. – Vaaamos Megg, he de ir a casa, en serio… - Ella negó mientras se acercaba con lentitud a mí. –Vamos, estamos muy borrachas, no hagas algo de… lo… que… podamos… arre…pentirnos… - Dije mientras ella me besaba el cuello. – No… puedo… Hacerle… esto… a… Bruno… - ella acercaba su cuerpo contra el mío, pegándolo. Mientras pasaba su mano por mi tripa, con lentitud. Jamás supe resistirme a sus garras. Era tan hermosa, sabía cómo hacerme sentir bien en cada momento, y sabía cómo hacerme sentir la persona más preciada del planeta. Gemí mordiéndome el labio, mientras ella pasaba su mano por mi pubis, bajando lentamente, hasta hacerme sentir el éxtasis más profundo, en el cuál nunca había estado. Dejé que siguiera, no podía resistirme a tal recuerdo y mientras gemía traté de desnudarla, olvidándome de todo, el alcohol me había dejado anestesiada, y ahora sólo quería jugar. Rozaba sus pechos con máximo cuidado y deseo, sabiendo que era con diferencia, una de las cosas que más me atraía en el mundo. Besé su cuello, tratando de ahogar mi gemido en éste, olvidando la razón por la que había ido esta tarde, sintiéndome libre. Absorbí con todas mis ganas, dejándole un par de marcas de mi deseo en éste. En el fondo sabía que lo que estaba haciendo estaba realmente mal, pero que me estaba sintiendo como nunca. La incansable Megan había vuelto a sus andadas, y lo había vuelto a hacer conmigo. Al menos, eso demostró durante ocho horas en su habitación. Jamás alcancé a expresar el éxtasis tan profundo que llegué a sentir con ella y a juzgar por su respiración ella, también lo sintió.
La mañana siguiente sin saber qué había pasado realmente, en su habitación, desnuda, me despertó una dulce voz susurrando en mis labios. – Princeesaa…- Abrí los ojos y la vi, no sabía que hacer. Si besarla, sonreírle, abrazarle, salir corriendo, llorar… Sabía que fue una de las mejores noches de mi vida, pero también sabía que también quizás podía destrozar algo, y que no era la primera vez. – Te hice el desayuno – Dijo con la bandeja entre sus manos. – Es tu favorito, rubia – Sonreí ante el pánico. – Creo que debería llamar a Bruno… - Me miró bajó la cabeza y negó. –De eso nada, antes, desayuna- Alcancé mi móvil y vi unas 15 llamadas de él. Me asusté pues sabía que estaría enfadado y mientras obligada por ella, comía, lo llamaba. A la tercera, lo cogió. – ¿Bru..Bru..Bruno?- Dije tartamudeando. Él contestó enfadado. - ¿Dónde estás, Adele? ¿Qué has estado haciendo? ¿Por qué no me has cogido el teléfono en toda la noche? – Suspiré. – Mi vida, lo siento, lo siento de verdad, estuve aquí con Megan, estuvimos hablando y bebimos un poco, y no estaba en condiciones de volver a casa, me quedé dormida en su sofá y me quedé en su casa. – El parecía respirar tranquilo y se despidió. Prometí llamarlo cuando estuviese en casa. A eso de las una ya llegué a casa, pero no lo llamé, preferí esperar. Cogí fuerzas, lo llamé mientras lloraba. Mi mundo se había vuelto a derrumbar, todo había sido una gran mentira. – Bruno, joder, lo siento… Ayer volví a tener un desliz, estuve con Megan en su casa y… Ella y yo… Terminamos haciendo cosas de las que me arrepiento muchísimo… O eso creo… - Decía mientras casi se me cortaba la respiración. Jamás había amado antes a un chico como le amé a él, pero creí que volvió a florecer el sentimiento hacia Megan. Ella siempre fue una chica especial. – Lo siento, JODER, lo siento… Pero creo… Que… estoy… Enamorada… de… los… dos… - Lloraba mientras se lo contaba, sin poder evitarlo. – NO ME ODIES, POR FAVOR – Él no decía nada. – Háblame, por favor…- Le oía respirar y contestó – Me mentiste… cuando estaba preocupada por ti, tú estabas follando con Megan, ¿no? ¿Es eso? – Decía con enfado. – No puedo soportar una mentira, ¡SABES PERFECTAMENTE QUE LAS ODIO! Pero nooo… Lo peor no es que me mintieses, si no que no te dio por si quiera pensar en mi… ¿Sabes qué? Ya no tendrás que volver a hacerlo, porque esto, se ha TERMINADO. – Entonces colgó. Me derrumbé, cayendo al suelo lentamente. No sabía que hacer, pero la llamé. – Por favor, ven… Ven a casa, te necesito… Joder… Ven… - Decía entre lágrimas. – Claro que sí, rubia, ahora mismo voy para allí, ¿qué ha pasado? – Me decía con preocupación, parecía venir ya de camino. – Bruno… Bruno… Me… Me ha… dejado tras… contárselo… Coge las llaves de bajo el felpudo… -
Entonces entró por la puerta y yo estaba en la habitación llorando, arrinconada. Se acercó a mí, estaba completamente pálida y fatigada. Tenía los ojos rojos y estaba muerta de frío. Ella me abrazó, asegurándome de que todo iría bien. - ¿Por qué te ha dejado? ¿Qué le has contado, princesa? – Me miró con intriga y preocupación, abrazándome sentada en el suelo, yo sobre ella. – Lo que pasó anoche… - Me miró extrañada. - ¿Anoche? ¿qué pasó anoche? – Me sentí extraña con esa pregunta. – Nos… Nos acostamos y… Estuvimos toda… - Se sonrojó un poco, mientras me abrazaba. –Hubiese preferido estar toda la noche mirando la luna y pidiéndole un deseo por cada sonrisa que te consiguiese sacar, y así al menos no te haría llorar. Me gustaría decirte que fue mentira, pero… No, en realidad no puedo ya que fue una de las mejores noches de mi vida… Me obsesioné en que tú formas parte de mi vida, y así es, pero no puedo mentirte… - Suspiró. – Lo siento, princesa… Pero vivo por ti, y… no puedo parar de pensar en alguien que no seas tú, en unos ojos que no sean esos azules que me dejaron cautivada y en un pelo que no sea ese rubio que me resplandeció una primera vez – La miré a los ojos, sabiendo que ahora no me importaba nada más, aunque amase a Bruno, también. La besé, haciéndola callar. – Siempre quise pasar el resto de mis días conmigo, y siempre tuve miedo al compromiso. Siempre la cagué contigo y, sé que siempre he querido amarte. – Sonreí tontamente. - ¿Puedes decirle algo a la luna? – Asintió. –Claro, ¿qué quieres que le diga? – Susurré sobre sus labios. – Que nos lleve a ese viaje que siempre deseamos – Choqué sus labios con suavidad.
Att: Aje
Agarré sus manos y me dí la vuelta, me sorprendió. La abracé con todas mis fuerzas. – Te eché de menos, Megan… - Decía mientras la apretaba contra mi pecho. – Y yo a ti, princesa. – Me sonrojé, siempre supo cómo hacerlo. – Han cambiado tanto las cosas… No tienes ni idea… - Suspiré, y la miré. Ella decidió hacer lo mismo. – Para mí no han cambiado tanto… - Dijo mientras apartaba un mechón que entorpecía el poder mirarla. - ¿Cómo te va con él? – Su tono era más extraño de lo normal. – Me va genial, jamás pensé que podía ser tan feliz con una persona como lo soy con él… Es genial, en serio… - Sonreía como una tonta, y ella no paraba de mirarme a los ojos. – Parece que entonces sí han cambiado mucho las cosas… - Asintió con delicadeza, esbozando un poco de tristeza en sus palabras. - ¿qué pasa? – Pregunté con intriga. - ¿Qué me he perdido? – Ella negó y sonrió, como si nada estuviese pasando, como siempre.
- Nada, es que te eché tanto de menos… - Sonreí, y le besé la mejilla. - ¿Te apetece venir esta tarde a casa? – Me ofrecía. Asentí con rapidez. – Pero, no recuerdo muy bien donde vives – Torció la boca. – En ese caso, pasaré a buscarte a las cinco, ¿Te parece?- Asentí de nuevo. – Vete a prepararte, princesa. Iré a limpiar un poco la casa para que esté lista – Sonrió y me besó la mejilla. Se marchó y yo entré a casa.
Antes de las cinco, le mandaba un sms a Bruno, explicándole que iba a ir con Megan para que no se preocupase. Que seguramente estaría hasta tarde.
Tocó el timbre, y aún no sabía por qué, pero estaba muy nerviosa. Me vestí con unos de mis vaqueros ajustados desgastados cortos, unas converse y una camiseta tirada por el hombro. Ella apareció con unos vaqueros largos, una camiseta ajustada y unos botines. Siempre me pareció que iba hermosa. Se sorprendió al verme, y me comentó que iba hermosa. Me abrió la puerta del coche y nos dirigimos hacia su casa.
- Bruno me da envidia… - Dijo ella mientras conducía, yo me reí, y me lo tomé a broma.
Llegamos a su casa, estaba tan hermosa como la recordaba, cerré los ojos y respiré profundo. Recordé la primera vez que entré en esa casa y me enamoré de nuevo del pasado. Pero ahora no, ahora era una chica comprometida la cuál no podía hacerle eso a su novio, así que no me preocupé y sonreí. Fue entonces cuando ella me agarró por la cintura, guiándome hasta la puerta. Abrió esta estando detrás de mí, dijo que le esperase en el salón que traería algo de beber, esperé mirando la decoración, había puesto un par de cuadros más, en alguno que otro volvía a salir mi rostro.
Apareció con un par de copas rellenas de algo con bastante alcohol, supuse que por un día no pasaría nada, así que acepté una de ellas. Pasó la tarde entre charlas puestas al día y tres copas de más encima.
Decidí que era la hora de volver a casa, y ya que ni ella ni yo estábamos en condiciones de conducir, le pedí el teléfono para llamar un taxi y ella se negó. Pensó que sería mejor pasar la noche en su casa y ya me acercaría mañana. Negué, pues no quería ser una carga, y me acerqué a la puerta. Ella se puso ante mí y me arrinconó en ésta. – Vaaamos Megg, he de ir a casa, en serio… - Ella negó mientras se acercaba con lentitud a mí. –Vamos, estamos muy borrachas, no hagas algo de… lo… que… podamos… arre…pentirnos… - Dije mientras ella me besaba el cuello. – No… puedo… Hacerle… esto… a… Bruno… - ella acercaba su cuerpo contra el mío, pegándolo. Mientras pasaba su mano por mi tripa, con lentitud. Jamás supe resistirme a sus garras. Era tan hermosa, sabía cómo hacerme sentir bien en cada momento, y sabía cómo hacerme sentir la persona más preciada del planeta. Gemí mordiéndome el labio, mientras ella pasaba su mano por mi pubis, bajando lentamente, hasta hacerme sentir el éxtasis más profundo, en el cuál nunca había estado. Dejé que siguiera, no podía resistirme a tal recuerdo y mientras gemía traté de desnudarla, olvidándome de todo, el alcohol me había dejado anestesiada, y ahora sólo quería jugar. Rozaba sus pechos con máximo cuidado y deseo, sabiendo que era con diferencia, una de las cosas que más me atraía en el mundo. Besé su cuello, tratando de ahogar mi gemido en éste, olvidando la razón por la que había ido esta tarde, sintiéndome libre. Absorbí con todas mis ganas, dejándole un par de marcas de mi deseo en éste. En el fondo sabía que lo que estaba haciendo estaba realmente mal, pero que me estaba sintiendo como nunca. La incansable Megan había vuelto a sus andadas, y lo había vuelto a hacer conmigo. Al menos, eso demostró durante ocho horas en su habitación. Jamás alcancé a expresar el éxtasis tan profundo que llegué a sentir con ella y a juzgar por su respiración ella, también lo sintió.
La mañana siguiente sin saber qué había pasado realmente, en su habitación, desnuda, me despertó una dulce voz susurrando en mis labios. – Princeesaa…- Abrí los ojos y la vi, no sabía que hacer. Si besarla, sonreírle, abrazarle, salir corriendo, llorar… Sabía que fue una de las mejores noches de mi vida, pero también sabía que también quizás podía destrozar algo, y que no era la primera vez. – Te hice el desayuno – Dijo con la bandeja entre sus manos. – Es tu favorito, rubia – Sonreí ante el pánico. – Creo que debería llamar a Bruno… - Me miró bajó la cabeza y negó. –De eso nada, antes, desayuna- Alcancé mi móvil y vi unas 15 llamadas de él. Me asusté pues sabía que estaría enfadado y mientras obligada por ella, comía, lo llamaba. A la tercera, lo cogió. – ¿Bru..Bru..Bruno?- Dije tartamudeando. Él contestó enfadado. - ¿Dónde estás, Adele? ¿Qué has estado haciendo? ¿Por qué no me has cogido el teléfono en toda la noche? – Suspiré. – Mi vida, lo siento, lo siento de verdad, estuve aquí con Megan, estuvimos hablando y bebimos un poco, y no estaba en condiciones de volver a casa, me quedé dormida en su sofá y me quedé en su casa. – El parecía respirar tranquilo y se despidió. Prometí llamarlo cuando estuviese en casa. A eso de las una ya llegué a casa, pero no lo llamé, preferí esperar. Cogí fuerzas, lo llamé mientras lloraba. Mi mundo se había vuelto a derrumbar, todo había sido una gran mentira. – Bruno, joder, lo siento… Ayer volví a tener un desliz, estuve con Megan en su casa y… Ella y yo… Terminamos haciendo cosas de las que me arrepiento muchísimo… O eso creo… - Decía mientras casi se me cortaba la respiración. Jamás había amado antes a un chico como le amé a él, pero creí que volvió a florecer el sentimiento hacia Megan. Ella siempre fue una chica especial. – Lo siento, JODER, lo siento… Pero creo… Que… estoy… Enamorada… de… los… dos… - Lloraba mientras se lo contaba, sin poder evitarlo. – NO ME ODIES, POR FAVOR – Él no decía nada. – Háblame, por favor…- Le oía respirar y contestó – Me mentiste… cuando estaba preocupada por ti, tú estabas follando con Megan, ¿no? ¿Es eso? – Decía con enfado. – No puedo soportar una mentira, ¡SABES PERFECTAMENTE QUE LAS ODIO! Pero nooo… Lo peor no es que me mintieses, si no que no te dio por si quiera pensar en mi… ¿Sabes qué? Ya no tendrás que volver a hacerlo, porque esto, se ha TERMINADO. – Entonces colgó. Me derrumbé, cayendo al suelo lentamente. No sabía que hacer, pero la llamé. – Por favor, ven… Ven a casa, te necesito… Joder… Ven… - Decía entre lágrimas. – Claro que sí, rubia, ahora mismo voy para allí, ¿qué ha pasado? – Me decía con preocupación, parecía venir ya de camino. – Bruno… Bruno… Me… Me ha… dejado tras… contárselo… Coge las llaves de bajo el felpudo… -
Entonces entró por la puerta y yo estaba en la habitación llorando, arrinconada. Se acercó a mí, estaba completamente pálida y fatigada. Tenía los ojos rojos y estaba muerta de frío. Ella me abrazó, asegurándome de que todo iría bien. - ¿Por qué te ha dejado? ¿Qué le has contado, princesa? – Me miró con intriga y preocupación, abrazándome sentada en el suelo, yo sobre ella. – Lo que pasó anoche… - Me miró extrañada. - ¿Anoche? ¿qué pasó anoche? – Me sentí extraña con esa pregunta. – Nos… Nos acostamos y… Estuvimos toda… - Se sonrojó un poco, mientras me abrazaba. –Hubiese preferido estar toda la noche mirando la luna y pidiéndole un deseo por cada sonrisa que te consiguiese sacar, y así al menos no te haría llorar. Me gustaría decirte que fue mentira, pero… No, en realidad no puedo ya que fue una de las mejores noches de mi vida… Me obsesioné en que tú formas parte de mi vida, y así es, pero no puedo mentirte… - Suspiró. – Lo siento, princesa… Pero vivo por ti, y… no puedo parar de pensar en alguien que no seas tú, en unos ojos que no sean esos azules que me dejaron cautivada y en un pelo que no sea ese rubio que me resplandeció una primera vez – La miré a los ojos, sabiendo que ahora no me importaba nada más, aunque amase a Bruno, también. La besé, haciéndola callar. – Siempre quise pasar el resto de mis días conmigo, y siempre tuve miedo al compromiso. Siempre la cagué contigo y, sé que siempre he querido amarte. – Sonreí tontamente. - ¿Puedes decirle algo a la luna? – Asintió. –Claro, ¿qué quieres que le diga? – Susurré sobre sus labios. – Que nos lleve a ese viaje que siempre deseamos – Choqué sus labios con suavidad.
Att: Aje
lunes, 2 de enero de 2012
Rayo de luz.
Querido rayo de luz de mi vida,
Espero que jamás partas a ir a otro lado.
Pues contigo he vivido, sin ti no me hayo.
Querido rayo de luz de mi vida,
Tu me has sacado de esa enfermedad,
¿Me has sacado de dos, o una no es lo que los demás,
Pueden pensar que será?
No estoy segura de nada,
No estoy segura de mí misma.
Sólo sé que yo a ti te quiero.
Te quiero como a nunca.
Siento si renace de la nada, o si no la puedo controlar,
Siento si algún día mi corazón se apaga, y él desea llorar.
Todos los días, no sé ser feliz, a tu lado, consigo serlo más.
Perdóname, claridad, perdóname, vida mía.
Siento que me muero por dentro,
Al oír que perderte puedo ya.
Tengo miedo de irme,
Tengo miedo de volar.
Batir mis halas con torpeza
Y volver a caer una vez más.
Tengo miedo de perderte.
A cien kilómetros, no quiero estar.
Más bien quiero estar a tu lado,
Y cumplir el sueño de toda mi vida.
No deseo caerme, ni que piensen de mí, una enfermedad.
Pero a veces me siento tan mal, que ni yo sé qué pasa.
No deseo marchar a otro lado,
Deseo estar junto a ti, junto a ellos.
Deseo cumplir mi sueño, como la que más.
Deseo que mi corazón sea feliz, como de pequeña.
Callaré mis deseos, por no hacer daño a nadie,
Por no ser rechazada, por no tenerme que apartar.
Pues bien quiero estar con todos, pero no puedo dejarlos escapar.
Ahogo mi silencio en el futuro, un futuro ciego
El cual, jamás sabré si existirá.
Quiero que sea a tu lado, es mi deseo… Aún más.
Imagino un futuro: Trabajo de mis sueños, familia feliz.
Ojala se hiciese realidad, pero tú, estando aquí.
Ojala mi corazón no me traicione, y mi familia, me quiera así…
Att: Aje 3/1/12
Espero que jamás partas a ir a otro lado.
Pues contigo he vivido, sin ti no me hayo.
Querido rayo de luz de mi vida,
Tu me has sacado de esa enfermedad,
¿Me has sacado de dos, o una no es lo que los demás,
Pueden pensar que será?
No estoy segura de nada,
No estoy segura de mí misma.
Sólo sé que yo a ti te quiero.
Te quiero como a nunca.
Siento si renace de la nada, o si no la puedo controlar,
Siento si algún día mi corazón se apaga, y él desea llorar.
Todos los días, no sé ser feliz, a tu lado, consigo serlo más.
Perdóname, claridad, perdóname, vida mía.
Siento que me muero por dentro,
Al oír que perderte puedo ya.
Tengo miedo de irme,
Tengo miedo de volar.
Batir mis halas con torpeza
Y volver a caer una vez más.
Tengo miedo de perderte.
A cien kilómetros, no quiero estar.
Más bien quiero estar a tu lado,
Y cumplir el sueño de toda mi vida.
No deseo caerme, ni que piensen de mí, una enfermedad.
Pero a veces me siento tan mal, que ni yo sé qué pasa.
No deseo marchar a otro lado,
Deseo estar junto a ti, junto a ellos.
Deseo cumplir mi sueño, como la que más.
Deseo que mi corazón sea feliz, como de pequeña.
Callaré mis deseos, por no hacer daño a nadie,
Por no ser rechazada, por no tenerme que apartar.
Pues bien quiero estar con todos, pero no puedo dejarlos escapar.
Ahogo mi silencio en el futuro, un futuro ciego
El cual, jamás sabré si existirá.
Quiero que sea a tu lado, es mi deseo… Aún más.
Imagino un futuro: Trabajo de mis sueños, familia feliz.
Ojala se hiciese realidad, pero tú, estando aquí.
Ojala mi corazón no me traicione, y mi familia, me quiera así…
Att: Aje 3/1/12
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