Vistas de página en total

Bienvenidos

Quería dar la bienvenida y las gracias, a todos aquellos que visiten mi blog.
Agradecería el comentar alguna entrada, simplemente para saber lo que puedo mejorar.

¡Muchas gracias!
¡Un beso!

jueves, 8 de marzo de 2012

El sueño de Adele

Estábamos en el parque, no sabía qué estaba haciendo allí exactamente. Tenía tal inconsciencia sobre el asunto que decidí tomármelo como un nada, sin saber que pronto vendría un todo, tan pronto como un corazón roto a su paso. Suspiré y ella me miró, rápidamente la miré y apartó la mirada, crucé las piernas y decidí hablar. - ¿Vamos a algún sitio? – Ella me miró y asintió. – Será una buena idea. – Sonreí, y esperé a que se levantase para irnos. Rápidamente se incorporó a mi lado dando el primer paso para caminar, mientras tanto yo, tenía las manos en los bolsillos. Comenzamos a caminar, la noté más rara de lo normal, pero cuando la miraba, sonreía como si nada fuese diferente.
Algo estaba pasando y no me daba cuenta de ello. Tenía que descubrirlo. -¿Tienes algo que decirme?- Pregunté mientras miraba al frente, se quedó callada negando. Suspiré, cerré los ojos y en el mismo callejón en el que estábamos me eché en la pared. Ella se paró mirándome. - ¿qué pasa? – Decía con algo de nerviosismo, me encogí de hombros. – Cuéntame – Negó mientras trataba de evitar mi mirada. Agarré su barbilla, la miré a los ojos mientras se mordía el labio e hice que me mirase. Ella me miraba con miedo y trató de cogerme la mano, cerrando levemente los ojos mirando al suelo de nuevo. – No te voy a juzgar, sea lo que sea, eres mi amiga por encima de todo.- Volvió a clavar su mirada en mí. – Quizás ese sea el problema – Dijo mordiéndose el labio inferior de nuevo. Se acercó levemente a mí mientras no me apartaba la mirada, encogí levemente los labios. - ¿El problema? – humedecí mis labios, creí que comenzaba a entender todo.
- Sí… - Me puse nerviosa mientras le veía acercarse, ya casi sentía su respiración en mis labios. – No… No existe… ningún problema… No tiene por qué haberlo… Esto no está… Nada bien… - Me temblaba la barbilla mientras no sabía qué hacer. Noté que su nerviosismo había desaparecido para ser implantado dentro de mí. Casi rozaba mis labios con los suyos y no tenía el valor de evitarle. - ¿De verdad quieres que no lo haga?– Decía mientras apoyaba una de sus manos en mi cintura. Negué mordiéndome el labio y sintiendo los suyos sobre los míos. – No voy a poder parar… - Se encogió de hombros mientras trató sus labios junto a los míos, cogí aire y la besé levemente. Cerré los ojos sabiendo el peligro que corría y la besaba como si mi vida dependiese de ello. El deseo de ese momento fue tan grande que me dio igual el peligro de lo que fuese. Acariciaba su espalda y la acercaba a mí, sin importarme la gente que pasase a mí alrededor. - ¿Hay alguien en tu casa? – Me susurró al oído. Asentí. – Vamos a la mía, si quieres…- Negué. –No voy a poder controlarme, y si esto es algo quiero que lo digas ya… porque yo no voy a saber… controlarlo si no me dices… necesito controlarme y…- Juntó de nuevo sus labios con los míos, haciéndome callar. – No vuelvas a decir nada más… - La miraba. - ¿qué sientes? – Besó mi cuello mientras subía a mi oído mientras yo me mordía el labio. – Siento que te deseo más que a nada y que te… amo – Bajé mis manos hasta sus glúteos acercándola de nuevo para besarla, no podía más. Podía arrepentirme de hacerlo, pero sabía que el no hacerlo me iba a arrepentir con mayor intensidad. - ¿Y tú? ¿Qué sientes? - La miré a los ojos y le di un leve beso en los labios. – Que eres todo lo que siempre deseé, y que estoy haciéndole mucho daño… - Dejé escapar una lágrima que ella secó con los labios. – Estoy dispuesta a esperarte… - Con las manos en el mismo sitio, moví su rostro con el mío para besar su cuello con lentitud, llegando a absorber en un punto, dejándole marca. Se sorprendió. – No creo, ¿no? – Me hice la despistada y reí. – Te quiero – Sonreí. – Me encantaría que el mundo se parase ahora mismo… - Suspiré y se volvió a acercar a darme un beso.
Justo fue ese momento en el que desperté, probablemente del sueño más hermoso jamás vivido, pero jamás contado. En el que jamás hubiese deseado volver a la realidad.

Att:Aje

sábado, 3 de marzo de 2012

Pídele

Pídele a un fumador que no fume,
Pídele a un vago que estudie,
Pídele a un enamorado que se desenamore,
Pídele a un indigente mil euros.

Pídele a un soñador que no sueñe,
Pídele a Dios que te ruegue.
Pídele un corazón roto que no sufra,
Pero no me pidas a mí que te olvide.

Pídele a un drogadicto que lo deje,
Pídele a un pedófilo que no lo haga,
Pídele piedad al señor más injusto,
Pídele a un cotilla que guarde un secreto.

Pídele a un cura homófobo que case dos homosexuales,
Pídele a un creyente que sea realista,
Pídele a tu padre que no te castigue por suspender,
Pero no me pidas que deje de soñar.

Pídele a un arrogante que te hable correctamente,
Pídele a un maleducado que sepa comportarse,
Pídele a un hipócrita que diga lo que de verdad siente,
Pídele a un estúpido que se comporte bien.

Pídele a un fanático que le deje de seguir,
Pídele a un cateto que comience a hablar bien,
Pídele a un corazón que deje de latir,
Pero no me pidas que olvide el pasado para ti.

Pídeme que no llore, pero lo haré.
Pídeme que te olvide, pero no podré.
Pídeme que me aleje de lo que me enferma, que no sabré.
Pídeme que no me valla, pero me tendré que ir.

Pídeme piedad, y trataré de darla,
Pídeme que no quiera, que lo haré.
Pídeme que elija, que no te gustará lo que elegiré.
Pídeme que no sueñe… Pero soñaré…

Att: Aje 3.3.12

martes, 28 de febrero de 2012

Tiempo

Tu deseo, se hace mi destino,
Tu corazón se hace mi camino.
Mientras que tu mente es mi indecisión,
Tú confundes la marea, llamándome mi amor.

La sombra de la noche se hace alargada,
Un amanecer me llama junto a ti,
Pero se hace extraño
Levantarme y tenerte junto a mí.

Lo extraño se hace bonito,
Lo bonito se hace visto,
Y lo visto se hace normal.

El sol nos cubre la espalda,
La nube sonríe al pasar,
Pero lo que no sabe es que la luna,
No nos deja de mirar.

Las estrellas son testigos,
De una noche llena de amor,
No quiero caricias,
Tan sólo quiero tu corazón.

Dime que me quieres,
Dime que me amas,
Pero no preguntes jamás,
Si lo que siento es de verdad.

El amanecer intenso confundirá tu piel con la mía,
Pero no lo tientes, no quiero que llegue.
Espera al momento, no te pongas nervioso.
Porque cuando sea preciso el tiempo
Aparecerá cada cosa en su lugar.

Desordenes en mi cabeza,
Desordenes en mi corazón,
No te confundas, te siento.
Tan sólo es la estúpida razón.

Att: Aje

Oscuridad en las masas

Siempre me gustó la sinceridad, pero no me gustó el dolor que ésta conllevaba, pensé que las consecuencias de un acto podían hacerme daño, y traté de mentalizarme para que éste no se llevase una parte de mí, pero no pude. Una imagen evadió mi mente: Él, besándose con otra. Jamás hube querido que se hubiese hecho realidad, pero así fue, y aunque creí estar preparada para ello, no lo estaba.
Mi orgullo estaba por encima de mí, y jamás permitiría que algo como aquello me derrumbase ante él. No alcanzaría a expresar el dolor de aquél acto, pues él era mi vida, mi razón de existir, pero estaba claro que eso ahora, no se iba a acabar ahí, así que con el rostro fruncido y haciendo fuerzas con las mejillas, asentí como una imbécil, deseando que fuese la hora para que se fuese, por no soltarle una de esas guantadas que le dejarían el moflete rojo como un tomate e hinchado como una pelota de baloncesto.
Trató de acercarse a mí, me conocía perfectamente, sabía que estaba tan enfadada como dolida, aunque trataba de esconderlo, pero me daba igual. Le avisaba con la mirada, no le hablaba por educación… Bueno, ¿A quién pretendo mentir? No le hablaba por no solarle una cantidad de idioteces con gran sentido y mucho sentimiento que me harían llorar ante él, como un bebé que se acaba de mojar el pañal. Pero no, no iba a ser yo ésta vez la que mojaría el pañal ante él, no sin que él, no sufriese. Sabía que mi ira iba a actuar de mala forma, pero sabía que él, de alguna forma, iba a sufrir más que yo a partir de ese momento, porque ahora a mí, me iba a ir genial. – Osas llegar a donde nadie, tocas donde nunca nadie ha podido tocar, robas mi corazón, lo arrancas, lo rompes prometiéndome que lo tratas bien, y te vas. No quiero que vuelvas a decirme que te importo, porque si te hubiese importado, lo hubieses hecho antes. ¿Sabes qué? Me has hecho daño, y esto, te perdurará más de lo que piensas. No te tortures por mí, tortúrate por lo que has perdido. Porque esto que está aquí, ahora será de otra persona, y sí, te quiero, es más, te amo. Pero ahora yo no soy dueña de mí. Te has llevado mi razón, y mi corazón. Pronto lo recuperaré y lo sé. Pero mientras tanto es hora de que me divierta. – Esbocé con las lágrimas contenidas. Sus palabras se le quedaron trabadas, sabía que le hacía daño, pero por una vez quería ser yo la que era mala, porque estaba cansada de que la gente me hiciese daño. – No hace falta que digas nada porque será en vano, no me pidas que no me mate, porque no te haré caso. No me pidas que no beba, porque no te haré caso, no me pidas que no me valla con quien menos me convenga, porque me iré. Y no tardaré poco en desaparecer de éste mundo, si no me devuelves mi corazón, mi razón, mi coherencia y mi razón de existencia. Seré dependiente de lo que a mí, me de la gana y quizás sea incluso todo lo que odie. Me odio a mí, ¿¿Aún no lo sabías?? Pero todo esto, te dará igual, encontrarás una carta mía escrita en mi habitación, en esa caja donde guardamos todo, en la que tendré mis confesiones más preciadas de después de esto y te arrepentirás… De absolutamente todo. Pero no voy a llorar delante de ti como una imbécil para que vuelvas, porque no quiero que lo hagas después de todo esto. Estoy cansada, de ser yo la que sufra, de ser yo la que llore y ser yo la que pase las noches en vela pensando en ti, y sin poder salir de fiesta y beber. Estoy cansada de mi casa, de estar encerrada el día entero y querer salir, beber, y pasarlo de puta madre con quien me de la gana y a la mañana siguiente aparecer en la casa de algún colega, tumbado con él o ella en la cama y sin acordarme de nada, pero riéndome. – Decía mientras retenía las lágrimas, deseando correr. – Trata de recordar los momentos buenos que hemos pasado… Fueron increíbles y… han sido muy especiales para mí, recuerda que te quise y que te quiero… Pero que ahora todo ha cambiado, ya nada es igual… No quiero que esto parezca un tópico, ni nada así. Porque estoy seguro de que te quiero, pero es conveniente que pasemos un tiempo separados. – Le corté la palabra riéndome irónicamente y negando, mientras una lágrima de odio recorría mi mejilla. – Los momentos buenos… ¿Qué? Todo no vale la pena si después te das cuenta de que es una mentira, de que me has mentido todo éste tiempo diciéndome que me querías, y esbozándomelo. ¡NO! ¡No quiero nada de ti! ¡No me toques, ni intentes tranquilizarme, porque no! Ya no formas parte de mi corazón, ahora lo tienes tú y crecerá uno nuevo, que tratará de resolver todos los líos que tú organizaste en mi vida, donde no deberías haber entrado. ¿Qué? ¿Me quieres? ¿PERO QUÉ TONTERÍAS SON ESAS? Si andas por ahí ya, sin querer saber nada de mi y mintiéndome. Quizás si lo hubieses dejado en el momento en el que me dejaste de ver como tu vida, te hubiese creído, pero… ¿cuánto ha pasado desde entonces…? – Decía mientras trataba de mantener dos metros de distancia a él. – Un mes… - Respondió. – Un sucio mes, en el que no eres feliz conmigo. ¿Sabes? Tengo muchos problemas, en mi cabeza surgen demasiadas conexiones fallidas y tengo antecedentes depresivos. Y es la única razón por la que puede que esté mal en ese único mes, y creo que después de tanto tiempo deberías saberlo. Pero no eres tú el que me deja, para ser amigos. Soy yo la que te deja, para irme de tu vida. Porque no puedo ser tu amiga… Porque mi corazón te pertenecerá, pero mi mente es una sucia perversa que hará de mi vida algo más que un puto sentimiento de mierda que me evadirá de la puta realidad. Hará de mi, algo diferente, pero tú no sabrás nada de mí. O quizás sí, cuando salga en las noticias mi carta escrita con sangre y mi nombre grabado, pero para entonces, estaré tan muerta, como podrida y no podrás hacer nada para remediarlo. – Salí corriendo mientras él, lloraba, sabía lo que él sentía pero sabía que yo me sentí aún peor que él y, que ésta vez, mi vida iba a cambiar más de lo normal. ¿Dónde iba? A casa no. Necesitaba salir, así que aparecí en su casa, en la casa donde más celos de él habitaban en metros cuadrados. ¿La razón? ¡Qué más daba! Toqué el timbre y salió ella. Mis ojos estaban inundados en lágrimas, como roto mi corazón. Mi vida estaba desmoronada y sabía que no podía estar sola. Abrió la puerta. Tan solo podía llorar en el sitio mientras la miraba con cara de idiota. Me miró y me abrazó automáticamente. – Me ha dejado… Lo ha hecho… No me quiere… No me ha querido nunca… Me ha mentido… - Decía balbuceando mientras lloraba en su hombro. – Vamos para dentro, ¿Te parece? Y hablamos más tranquila, mi niña.- Asentí como pude, tratando de secar mis lágrimas, pero ella me apartó las manos y con suavidad me las secó. Cerré los ojos y ella me cogió la mano guiándome hasta su habitación. Por suerte no había nadie en la sala de su casa, así que me alegré sólo por eso. Nos sentamos en una silla cada una, mientras ella me miraba cogiéndome las manos. – No me quiere, nunca lo hizo… - Dije mientras me desvanecía a llorar. Ella me acariciaba la mano en un intento de tranquilizarme. – Dijo que ya no era feliz conmigo y que desde hace más de un mes, dejaba de pensar en mí como su vida… - seguía mirándome, preocupada. Me encogí de hombros sin poder evitar ponerme a llorar, se levantó y me abrazó. – Siento unas ganas increíbles de morir… Y desaparecer de aquí… Como en mis sueños, cuando él no estaba, no… Ahora el deseo es mayor y evade parte de mi mente que podía ser feliz y pensó positivo. Ahora no puedo seguir aquí, todo me recuerda a él y… No voy a poder ser feliz… He rechazado miles de cosas por estar con él y… Ahora.. esto… No me lo puedo cre…er… - Decía entre lágrimas, debilitándome con cada pensamiento de éstas, y oyendo su respiración dolida por mí en mi oído. – Él te quiso, quizás no encontró el momento de decírtelo, mi vida… Él, estoy segura de que nunca quiso hacerte daño y de que aún te quiere, no como antes, pero te quiere… Podéis seguir siendo amigos… ¿no?- Negué con la cabeza, llena de lágrimas. – Jamás podría ser su amiga… - Me volvió a mirar a los ojos. – No hagas ninguna locura… - Me mordí el labio mientras escuché eso, y bajé la cabeza. – No me pidas eso… - Me agarró de la barbilla y la miré. – Ahora soy libre y no soy feliz, pero ahora haré lo que yo quiera, y no lo que los demás quieran… - Negó. – Yo jamás fui del montón y tú lo sabes. – Asentí. – No hagas locuras, hazlo por mí… Te quiero muchísimo… -. Me encogí de hombros. – No puedo prometer nada, lo sabes…- Me puso el dedo entre mis labios, haciéndome callar. – No me gusta ésta situación- Esbozó suspirando. – Ni a mí… - Me miraba mientras se mordía el labio. – Lo siento… - Negué. – No es tu culpa. – Bajó la cabeza y asintió. – ¿Por qué iba a serlo? – Cerró levemente los ojos mientras yo dejé escapar una lágrima que fue desplazada por una racha de viento que trajo la ventana de su habitación, ella me miraba con los ojos más brillantes y sinceros que nunca y me abrazó. – Te quiero… - Le miré fijamente a los ojos. - ¿qué hiciste? – Mordí encías. – Siempre te quise y… No deseaba mal para ti, pero yo… No… No puedo con… con ésta… con esta situación… siempre quise ser… ser feliz, contigo… pero ser feliz… como fuese… pero… feliz… contigo… Pero… ahora… me siento mal… porque tú estás mal… y cada vez que… venías a mí, con un problema, me partía… Porque siempre deseé ser él…- Decía con nerviosismo sin poder mirarme a los ojos. – Yo…- Me volvió a poner el dedo índice entre los labios sin decirme nada, pero sabiendo que quería sentirme libre esa misma noche. – Tú, vas a venir conmigo tan lejos como podamos, hoy mismo… Ahora mismo… ¿te parece? – Asentí, mirándola a los ojos. Me evadieron. Estaba perdida y ella se acercaba con las manos en mi cintura.
Cerró sus ojos y cerré los míos entreabriéndolos con lentitud para dejar que ella diese el paso, sin darme cuenta que a la otra parte de la calle, mirando para la ventana, estaba él. Me besó y acaricié su pelo mientras. Bajamos a la calle, y efectivamente, se acercó a pedirme una explicación. - ¡NO TENGO QUE DARTE MÁS EXPLICACIONES! – Me miró. - ¿Me has mentido todo este tiempo? – Negué irónicamente. – No, pero a partir de ahora voy a hacer todo lo que no pude hacer anteriormente. Y te vas a arrepentir. – Cogí la mano de ella y comenzamos a caminar, aunque dolida, con el orgullo por las nubes. Llegó la noche y estábamos en algún lugar alejado, con un par de botellas a nuestros lados y sin ser conscientes de la realidad. Reía feliz, o eso es lo que parecía. Reíamos tumbadas en el césped mientras mirábamos la luna, totalmente borrachas. - ¿qué pedirías a la luna? – Pregunté. – Besarte toda mi vida. – Respondió. - ¿y tú?- La miré. – Ser feliz y que tu deseo se pudiese hacer realidad. – Dije, no sabía si por la borrachera, o por el momento, pero lo sentía, aunque sentía dolor. Entonces se acercó a mí lentamente y me incorporé levemente, pero ella me echó al suelo con su chaqueta tras mi cabeza, mientras se mordía el labio mirándome. Traté sus piernas con mis manos con lentitud, intentando no ser muy efusiva. Sus labios recorrían mi cuello, bajando mientras desabrochaba mi camisa de la suerte, para besarme lentamente. Entonces, comencé a subirle lentamente la camiseta con cuidado de no hacerle daño. Acariciaba su tripa con cuidado, no sabía por qué, pero lo había soñado mucho antes. Le quité la camiseta completamente mientras tanto, ella comenzaba a besarme con lentitud el cuello tratándolo con cuidado. – Hoy serás mía. – Dijo mientras seguía y cogía una de las botellas. Bebió y me dio de beber a mí, haciendo que cayese de mis labios para besarme y volver a bajar al cuello. Me mordía el labio mientras podía sentirla anestesiada. Hecho sobre mi pecho para pasar más tarde la lengua. Iba bajando, pero me negué a ello subiéndole levemente por la barbilla hasta mis labios. - ¿Qué pasa? – Preguntó en mi oído, negué. – Aún no, princesa. – Asintió besándome de nuevo mientras trataba de desabrochar mi pantalón y dejaba quitármelo, no sin antes hacer lo mismo con el suyo. Rozaba con cuidado cada parte de su cuerpo, haciéndola sentir bien y ambas, sin dejar de beber. Dí la vuelta a la ronda tras sentir su roce extremo sobre mí. Comencé a besar su cuello y desabrochaba su sujetador para sentir su piel junto a la mía y ella, hizo lo mismo. Recorrí su piel con mis labios haciéndole llegar al éxtasis más extremo al que jamás llegaría. Terminamos las botellas y la sed aumentaba. Entonces ella llevó de nuevo el mando y le obligué a quedarse en mis labios. Pero donde siempre hay noche intensa, existe un amanecer inmediato. El sol nos invadió el rostro cuando ella estaba encima de mi, tapadas por una chaqueta que nos cubría. La observé durmiendo, y no alcancé a sentir la belleza de su rostro. Pero aún me sentía dolida. Ella despertó y me besó los labios. – Ha sido la mejor noche de mi existencia. –
Mi chip cambió, lo que pensé que iba a ser un mal cambio, fue todo lo contrario… - Antes de nada, eres mi amiga y he de decir que todo esto ha sido increíble y… Creo que, ahora lo tengo todo claro y… Toda esa tensión que tenía eran deseos de sentirte… Acabo de comprender a mi corazón y al tuyo… Pero no quiero que esto se convierta en una sola noche. Sé que aún estoy dolida por la mentira de él, pero sé que ahora puede haber algo más importante e intenso contigo. – Ella me miraba. – Te amo, y me encantaría que esto no fuese un cambio radical para mal, porque no aguantaría otro… - Me miró. - ¿qué quieres decir?- Le miré. – Que quiero pasar el resto de mi vida contigo. – Me besó y por una vez en mi vida, estaba segura de que ésta vez, era la definitiva.

martes, 21 de febrero de 2012

El secreto de Adele

Siénteme dentro de ti,
Pronto lo estaré.
Siente mi corazón latiendo en tu oído,
Pronto lo harás.

Sentirás tanto de mi,
Que jamás te quitarás el sonido de voz de tu cabeza.
Que el momento en el pasado,
Será para ti, presente.

Me sentirás muy dentro de ti,
Haciéndote sentir bien,
Llegando al lugar que nunca nadie llegará.
A tu interior.

Rogarás que vuelva,
Porque lo estás deseando.
Desearás tanto de mi,
Como puedas llegar a pensar.

Desearás que te bese el cuello
En un arrebato de pasión
Durante toda la noche
En la que sólo quede testigo las estrellas.

Y cuando creas que todo el máximo esplendor,
Ha concluido en un simple éxtasis,
Jamás será el máximo,
Porque desearás que llegue como nadie.

Desearás tenerme entre tu corazón
Desearás tenerme en tu mente.
Desearás amarme como a nadie,
Y desearás hacer lo que a nada.

Querrás besarme hasta desgastar mis labios
Y querrás saciar tu sed en mi interior.
Hasta el punto en el que un simple gemido,
No sea suficiente para ti.

Sonará todo como un sueño,
Que será tomada como una copa
Y sentida como un pequeño placer,
Que te hará vivir.

Quiero tenerte cerca,
Sentir tu piel contra la mía,
Chocar tus labios
Como si la vida dependiese de ello.


Quiero que sientas lo que yo siento,
Que quieras más de lo que yo quiero
Y que seas tan insaciable como quien más.

Quiero tenerte entre mis garras,
Para poder sentirte dentro
Para que me sientas dentro de ti,
Porque querrás volver a repetir.

Escribiré tanto, como sentimiento,
De duda, de amor, ¿Qué más da?
¿Acaso soy yo?
Jamás alcanzaré a escribir tanto.

Llevo mucho tiempo
El sentimiento queda dentro
Donde nadie puede ver,
Lo que yo puedo llegar a ser.

Quieres sentirme,
Quiero sentirte,
Lo veo en tus ojos
En tu mirada, en tu forma de hablar.

Quiero besarte, quiero follarte.
Quiero que sientas todo,
Pero no quiero sentir nada.
Para qué mentir, todo es así.

Hay cosas que rondan mi cabeza,
Pero no llegan a alcanzar,
El simple hecho de lo que pasaría
Lo que podría cambiar…

Att: aje 21.02.12

Pensamientos impuros

El futuro se ha parado al ver mi rostro,
Al ver que ya no sé que hacer.
Al ver que la felicidad no sabe llegar.

El futuro no sabe llegar,
No sabe sonreír,
No sabe iluminar.

El futuro ha oscurecido,
Ha apagado la llama del calor,
La de la vida del corazón.

Pero entonces aprendí,
Que el futuro no es lo que ves,
Si no lo que sientes.

Aprendí que el futuro es inmediato
Que es amor, y felicidad.
Pero también dolor, y lagunas.

Entonces comprendí que amar,
Era futuro, que querer, lo era.
Y aprendí a sonreír, cuando quería llorar.

Aprendí que la vida son palos
Pero hay que tener maña para hacer una caseta.
Donde poder vivir en paz.

Aprendí que la vida es sudor, lágrimas y mucho dolor,
Pero que jamás he de dejar que otras personas,
Me puedan llegar a manipular.

Porque entonces sería cuando mi vida,
No sería vida, si no sólo mando.
Donde no podría manejar.

Entonces dije adiós a los mandos
A los cables, y a todo eso
Que me dejaba atada.

Para abrirme a vivir la vida,
A mi manera, como quiera.
Sin que nadie me retenga.

Porque que tenga corazón ocupado,
En varias mitades, no impide,
Jamás impide el paso a la libertad.

Porque quiero ser libre,
Porque no sé lo que siento y muero.

Porque no vivo por mi,
Pero es hora de hacerlo.
Porque no siento por mi,
Pero es momento de hacerlo.


Pero sentir el corazón de una persona,
Es tan precipitado, como amar.
Aún así, trato de no fallar.

Porque necesito vivir, y soltarme
Hasta no poder más.
Necesito libertad, pero quiero amar.

He amado, he llorado, he vivido, he sentido.
He dado todo, para y por nada.
Merezco ser feliz.

Quiero felicidad en el amor,
Quiero libertad, entre los dos.
Quiero sonreír y felicidad juntos.

No quiero no poder abrazar,
Ni poder besar ni sentir
En la mejilla un sin sentido, salir.

No quiero hacer daño, no quiero.
No quiero hacer llorar, no quiero.
No quiero sufrir yo, no quiero.

Por eso mismo que no quiero sufrir,
He de decir, que mi corazón es libre,
Pero te pertenece.

Por eso de que no quiero sufrir, he de decir,
Que mi mente piensa en muchas cosas,
Y no es feliz.

He de decir que tengo miedos,
Pero los callo.
Que tengo lagunas,
Pero las trato.

He de decir que no hago daño,
Sólo lo arreglo.
He de decir que quiero ser feliz.
No un objeto inanimado.

Att: Aje 21.02.12

sábado, 18 de febrero de 2012

Memorias de Adele, una chica en apuros.

Se fue la luz, parecía que era un momento único, pues me acerqué, sin saber cómo iba a responder a todo, pero lo hice. Cerré los ojos, sabiendo que ella también se estaba acercando. Noté su respiración sobre mi mejilla, olía su pelo desde no muy lejos y podía tocarla, aunque era algo muy precipitado, para ese momento. Sentí de nuevo su respiración, pero ésta vez más cerca de mis labios. Cerré los ojos, aunque no veía nada. Rocé sus labios, pero no sabía que hacer. Ella estaba exactamente en la misma posición que yo. Tenía que dejar que ella me besase, porque yo sola, no podría. Tenía una inmensa necesidad de arrinconarla en la primera pared que viese para poder sentir su cuerpo junto al mío en una fusión en la que jamás se separase de mí… Pero tenía miedo de que algo pudiese pasar. Yo, estaba comprometida y sabíamos que eso no saldría bien para todos. No quise que la luz volviese en ningún momento. Posé una de mis manos en su cintura, deseosa de acercarla, me aparté de sus labios para oler su pelo, tratando de hacer del inmenso deseo, algo menor, pero no sirvió de nada. El deseo subía a cada momento y mis las ganas de sentir sus labios junto a los míos era cada vez mayor. Pasé mis labios con cuidado sobre su cuello, apartando con lentitud su cabello, lo besé lentamente mientras reposaba la otra de mis manos sobre su cintura, acariciándola. –Vámonos de aquí…- Decía ella, parecía morderse el labio. - ¿Dónde iremos? – Dije mientras repasaba la fragancia de su pelo. – A mi casa… - Asentí, y el camino me pareció más largo de lo normal. Caminaba de su lado, sin poder mirarla y sin saber si realmente podría coger su mano. Llegamos y pasó ante mí guiándome. Cerré la puerta a su paso y me dirigí junto a ella a la habitación. Ya dentro de ésta, la miré, volví a cerrar la puerta y me quedé callada. – No sé qué estoy haciendo… - Decía mordiéndose el labio mientras se acercaba. – Esto no está bien – Asentí. – Lo sé…- Dije mientras me agarraba al marco de la puerta viéndola acercarse. – No quiero hacer daño a nadie – Me dijo al oído mientras me mordía el labio y giraba el rostro para sentirla más cerca. – Sé lo que estoy haciendo, y sé que quizás me arrepienta… Pero… Sé que… Hace mucho… - Me mordí el labio con más fuerza para no decir más. –Quiero besarte…- Decía ella mientras se acercaba a mis labios. Cerré los ojos, acaricié con tan solo una mano su cintura y dejé que se acercase mientras entreabría mis labios, jadeante de nerviosismo. Justo a un centímetro de mi rostro se quedó quieta y me miró a los ojos. – Tengo miedo- Decía con voz temblorosa. -¿Qué temes?- Dije mientras miraba sus brillantes ojos, oscurecidos por la pequeña sombra que dejaba caer sus pestañas en éstos. – No quiero ser algo ‘más’ ni ser ‘la otra’ – Contestó. – No lo serás… Eres más importante de lo que pien… - No dejó que terminase y me sorprendió con ese beso tan esperado de hace tanto tiempo. Acaricié su cintura y la mano que tenía libre la llevé a su nuca, acariciándola con lentitud mientras mis labios estaban fundiéndose en su saliva. Sabía que después de eso, lo iba a pasar mal, pero decidí seguir, pues mi corazón me lo mandaba, y mi mente, no quería reaccionar en éste momento. Así que la guié hasta una de las paredes para acercarme y aunque ella se resistía a que yo tuviese el control, me dejó. La seguía besando buscando entre sus labios para poder sentirla, cada vez más cerca. Ninguna de las dos, decíamos nada, pero sí compartíamos algo. Así pasaron las horas, evolucionando a cada momento de la circunstancia. Y aunque sabía que estaba mal, me dejó de importar el mundo, porque quería sentirme dentro de ella. Las sábanas fueron testigos de una pasión oculta por dos adolescentes llenas de fuego. Nada pudo pararnos en el momento, ni hacer que fuese mal. El momento sería descrito como un momento de pasión descontrolada de la que ninguna de las dos, pretendíamos salir. Jamás había sentido tanto placer, ni éxtasis extremo, como el que sentía con ella. Mi vida había cambiado de tal manera en el que todo lo demás, quizás ahora fuese diferente, pero de cualquier forma, sabía que merecería la pena, por tenerla entre mis brazos para amarme.
-Las promesas de amor, siempre me dieron miedo, pero quiero amarte- Dije abrazándola mientras se acostaba sobre mi pecho. – Quiero que este momento sea grabado para la eternidad y nos quedemos fundidas aquí, solas tú y yo. Sería perfecto. – Contestó tras darme un beso. – Moriré en el intento, pero, necesito sentirme tan cerca de ti, como pueda. – Suspiré, sabía que había hecho algo muy malo, pero también sabía que ahora no lo cambiaría por nada del mundo…

jueves, 16 de febrero de 2012

Eres como...

Te conviertes en arena,
Ahora me huyes.
Te conviertes en agua,
Ahora me ahogo.

Te conviertes en vida,
Y yo solo muero.
Te conviertes en sonrisas
Y yo sólo en lágrimas.

Te conviertes en lago
Y ardo en llamas,
Te conviertes en mí
Y yo huyo no más.

Te conviertes en luz
Y yo no puedo ver nada.
Te conviertes en mi sonrisa
Y ya no puedo sonreír.

Te conviertes en oscuridad
Y me choco hasta caer.
Te conviertes en fuego,
Y yo soy agua.

Dices que somos dos gotas de agua,
Que tu y yo no nos vamos a separar
Te digo que mi corazón te pertenece,
Pero mi mente, no para de pensar.

Eres el aire que respiro,
Sin ti, no puedo vivir,
No quiero gritarte,
Pero siento rabia en mi.

No quiero que me odies
Pero me siento mal dentro.
No quiero que te sientas mal
Porque en mi vida, la cosa es así.

No me odies,
Quiéreme.
No me detestes,
Ámame.

No me digas adiós,
Salúdame.
No me preguntes,
Abrázame.

Será la única manera de sentir,
Que una parte de mi
Sigue viva,
Dentro de mi.

martes, 7 de febrero de 2012

Necesito sentir la brisa del mar sobre mis mejillas,
Y saber que nací libre.
Necesito una cálida sonrisa al día,
Para sentirme útil.

No quiero un papel que diga
‘unidos hasta la eternidad’
Porque no existirá,
Jamás amor que pueda fallar.

Mírame, quiéreme, pídeme que esté contigo,
Pero no me pidas que me ate.
Porque soy un ave que deseó libertad
Jamás una firma que le haga sentir atada.

Siénteme, ámame, está conmigo.
Pero no me pidas aún una firma
Porque me sentiría en una habitación
De cuatro paredes, en la que no existe rendija.

No quiero atarme a la eternidad,
Con quince años no más.
Quiero vivir la vida contigo,
Pero que vivamos sin pensar.

Quiero soltarme, lo juro,
Quiero esperar para disfrutar,
Quiero que el día que venga todo,
Sea porque estemos preparados.

No me malinterpretes, porque no.
Lo quiero todo contigo,
Quiero amarte, respetarte, sentirte, quererte.
Y sobre todo, quiero pasar a tu lado,
El tiempo que mi cuerpo me permita.

viernes, 3 de febrero de 2012

El número 66

Mientras una lágrima recorría aquél pálido rostro, se tumbaba en el suelo de aquél baño mientras lloraba. ¿La razón? Ella misma. Hizo creer a los demás que lo que le pasaba no era importante, mientras se mataba úlcera a úlcera en su interior.
Dejó el tema irse de sus manos, hasta el punto en el no poder más, echar a llorar y sufrir. -¿Necesitas hablar?- Una amiga le preguntaba. – No. – Siempre contestaba.
Y es que escuchaba que la mujer perfecta, todo lo contrario a ella. Su pelo perdió el brillo que hacía unos años tenía, es que ya lo decían, la adolescencia es una etapa muy… diferente. Su cuerpo atravesó unos cambios, las hormonas le llevaron al lado oscuro, a la resignación, al no salir de su cueva.
Pasaba los días encerrada en su habitación, ¿Qué hacía? Nadie lo sabe. Pero su mamá nunca podía entrar. - ¿qué te pasa? – Le preguntaba. – Nada. – Es lo único que ésta le respondía. Enmudecida desaparecía de la habitación que le daba vida, para aparecer en la calle. Volvía mojada, sucia y con algún que otro moratón. A su madre le extrañaba, y se preocupaba, aunque ella se empeñaba en que nunca, pasaba nada.
Se miraba frente al espejo, con la puerta del baño cerrada. En su mano mantenía un algodón lleno de alcohol, para sanar sus heridas. Mientras sanaba éstas una lágrima recorría su rostro, de nuevo. Se acercaba de nuevo la hora de irse de casa, y su mamá, no podía hacer nada por impedirlo, pues cuando lo intentaba ella se oponía y, hacía oídos sordos. – Por favor, no hagas nada malo, princesa… Cuídate, de verdad… Puedo… Ayudarte… - Entonces cerró la puerta. – Y lo sabes… - Terminaba de decir con el corazón en un puño.
Ella nunca decía nada, nunca sentía nada ante los demás y jurarían que jamás le han visto llorar. Nunca había dado problemas, ha sido siempre una de las mejores en clase e incluso fue delegada uno de los cursos, y todos sus amigas siempre le apoyaron. Así fue, hasta que llegó al instituto, esa dulce inocente se convirtió en quién sabe qué.
Nunca se le veía con nadie, nunca se le veía hacer nada, pero eso no fue en el primer curso. Su rostro fue cambiando y maduró, como lo hizo su inocencia, la que siempre creyó en la felicidad. ¿Por qué ese cambio? Su madre se sentía desconcertada, indecisa, no sabía qué hacer, no sabía qué era lo correcto. Pero el colmo llegó cuando pasó a tercero, cambió su vestimenta, cambió el estilo de su pelo y entonces fue cuando comenzó a salir a hurtadillas por las noches, para ‘no hacer nada’.
Su madre no era tonta, ella ya dudaba, se quedaba despierta por la noche, hasta la madrugada, cuando la oía volver de… donde quiera que fuese ese sitio.
Se acostaba con sigilo, era entonces cuando su madre se levantaba a verla, necesitaba saber que estaba allí. Ella yacía dormida, bueno, haciéndose la dormida.
Entonces su madre volvió a su habitación, haciéndose la despistada. Entre lágrimas se acostaba, al igual que su hija, desconsolada, muerta de miedo, pero siempre en silencio.
Su corazón estaba tan roto, como el de su madre.
Ella estaba harta, harta del silencio, ya quería morir, y en clase, ya si que no era la misma. Jamás estaba con sus compañeros y nunca respondía. No abría la boca, salvo para revelarse contra sus profesores. Los mismos a los que un día hablaba y respetaba.
Al despertarse, no se acordaba de nada del día anterior, y, aunque no le gustaba, se levantaba y se iba al instituto, con tal de estar fuera de casa.
Un día los mismos chicos que siempre le pegaban, la arrinconaron hasta dejarla aislada. ‘¿Qué queréis?’ Le dijo ella, mirándolo con tanto asco como rabia. ‘Mmmm… No sé… ¿qué podemos querer de ti?’ Decía el que parecía ser el lobo más feroz de la estúpida manada. ‘Nos debes algo, ¿no crees?’ Ella lo miraba con odio. ‘No os debo nada, dejadme en paz’ Decía con desagrado. Entonces el mismo que antes habló se acercó a ella con lentitud tocándole el hombro. ‘Venga, vamos, dánoslo’ Dijo con voz serena. ‘No os voy a dar nada, no me toques, das asco, imbécil’ Él se crujió los dedos, pretendiendo dar miedo, pero más que miedo, le producía pena. ‘¿Qué? ¿Me vas a pegar? Bah, hazlo, ya lo hiciste ayer, antes de ayer, el otro, y el otro… No te tengo miedo, nenaza.’ El chico le miró por encima del hombro. ‘No, hoy harás algo diferente…’ Dijo mientras la sostenía del hombro de nuevo. ‘¿El qué? ¿Mandarte a tomar por culo como debí de hacer hace siete putos años?’ Alzó su puño y le pegó por la barbilla, le cogió de sorpresa. ‘Está bien, tú lo has querido, niñata asquerosa’ Esbozó una media sonrisa mientras la agarraba del cuello. ‘Seré una niñata asquerosa, pero por lo menos tengo más cabeza que pene, además de tener una madre y un padre que me quieren más de lo que jamás nadie te va a querer a ti, si es que te quieren. Por lo menos tengo una ducha en mi casa donde lavarme, que a ti, ya te fa tufando, que lo sepas’ Apretó su mano, y la chica se hartó. Alzó un su rodilla hasta darle en la entrepierna. Él se tiró al suelo, retorciéndose de dolor y sus secuaces, fueron por ella. ‘¿Vosotros también? ¿Es que jamás os hartaréis? Sucios cobardes de mierda, mira que ser cinco y tener que venir a pegar a una chica… ¿Creéis que esto saldrá bien por vosotros? Podéis hacerme daño, pero vosotros pasaréis el resto de vuestras vidas lamiendo la mierda que dejan los perros en la calle y si no, entre rejas, de eso ya me encargaré yo…’
Otro de ellos se acercó a ella y le pegó un puñetazo en la barbilla, dejándola tirada en el suelo, dándose un golpe en la cabeza y dejándola inconsciente, mientras los otros dos con su macho alfa se iban al baño para tratar de refugiarse de los profesores.
Una de sus compañeras la encontró tirada, y pidió ayuda. Pues el golpe de la cabeza fue bastante fuerte.
Se quedó rendida en el suelo, pero al poco, cuando su compañera le cogió la mano, fue reaccionando poco a poco. ‘¿Estás bien?’ preguntaba preocupada. ‘Sí, no te preocupes’ Decía quejándose de la cabeza y mareada, tratando de levantarse. ‘No te levantes, han llamado a una ambulancia, vienen para aquí. Quédate ahí, ¿Vale?’ Asintió pensó que sería lo mejor. ‘No… Dejes… Que… me… saquen… sangre por favor…’ Dijo entre lágrimas. ‘¿Por qué…?’ Su compañera se sentía extrañada. ‘No lo dejes, ¿Vale? Hice cosas que no están nada bien…’ Su compañera asintió, aunque no sabía ni cómo hacerlo. Los médicos llegaron y cuando ya estaba de camino al hospital, su compañera iba junto a ella, y sin saber por qué, tenía su mano agarraba. Hacía tanto tiempo que sentía ese miedo, que tener su mano cogida mientras que le hacían algunas pruebas, le hizo tener más miedo. ‘Ahora le sacaremos una prueba de sangre, para comprobar que no hay nada perjudicial, y es algo normal, ¿Vale?’ Ella estaba dormida, y su compañera sin saber qué hacer sólo dijo con mucho nerviosismo ‘Nooo, no pueden hacer eso’ Los médicos le preguntaron que por qué, mientras uno preparaba las cosas. ‘¿No es mejor en el hospital? Cuando su madre de la autorización, digo…’ improvisó, pero como ya casi habían llegado, asintieron.
Ya en la habitación, ella había despertado. ‘Siento que hayas tenido que hacer todo esto…’ Luz, su compañera, negó. ‘No, no es ninguna molestia, para nada’ Le hizo sonreír, hacía mucho que no lo hacía. ‘Pero vas a tener que contarme qué está pasando. ¿Vale?’ Ella asintió, Luz le informó de que había estado su madre, pero tenía que ir a trabajar y a la compra así que se fue, al igual que su padre, pero que estaba muy preocupada por ella, y que volvería por la noche cuando acabase el trabajo, así que ella se quedaría hasta entonces. ‘Entonces, ¿Te cuento?’ Luz asintió.
‘Pasé una mala semana, y me sentía muy sola, porque nadie me llegó a hablar, siempre peleé con mis padres y nadie me hacía caso, así que comencé a salir de casa, iba por los alrededores del instituto cuando de repente, me empezaron a insultar y pasé del tema. Pero llegó lo peor cuando uno se acercó, y mirándome a la cara, cosa que vi extraño, pues uno de ellos jamás se acercan, lo hacen de lejos y en manada. Me insultó. Me hubiese dado igual, si no fuese por lo desfigurada que tenía la cara y esa cicatriz tan horrible que tenía en la nariz, posiblemente de haberse sacado los mocos, quién sabe. Así que lo miré a la cara, y me limité a apartarlo con dos dedos, pero él quería pelea. Era lo que buscaba, entonces, le dije. -¿Es que vas a pegarme como un sucio cobarde por nada?- Pareció molestarle, aunque su intelecto jamás entendería lo que le dije, y me agarró del cuello, hasta dejarme en asfixia, y cuando me soltó, no hice nada. Él me ofreció su cigarro y yo me negué. Sacó su navaja y me amenazó…’ Enseñó la cicatriz en su brazo. Luz se sorprendió. ‘Empezó a apretar y no sabía qué hacer… Así que lo cogí y me uní a ellos, con miedo. Me ofrecieron de todo, y día a día tenía que ir yendo con ellos, sabiendo que me estaba arruinando la vida. Un día dije que no quería volver a ir con ellos y cada vez que salía para cualquier cosa, y me los encontraba, me pegaban en grupo. Hasta hoy… Han aparecido, y… Me empezaron a pegar… No quería pelea, pero… Me estaban hartando, y ya no podía más…’ Comenzó a llorar de impotencia, Luz la abrazó y ella negó. ‘No importa’ alegó. ‘Claro que importa, y lo que importa ahora, es que estás bien’ Le besó la frente. ‘Pero me tienen cogida por los huevos. No puedo hacer más contra ellos’ dijo con pena ‘Si que puedes’ Repuso. ‘¿Ah sí?’ Preguntó intrigada. ‘¿Qué puedo hacer?’ Suspiró. ‘Jamás ir sola…’ Le cogía la mano. ‘Estoy sola en esto, normalmente...’ Luz negó, haciéndole ver que le tenía a ella. Le acarició la mejilla, y esperó a que se terminase de recuperar, para proceder al plan. ‘¿Qué te parece si quedamos esta tarde?’ Le comentó Luz, cuando ya habían salido del hospital. ‘Vale, pero no puedo salir mucho, tengo que cuidar la casa y, además no me conviene mucho la calle… Me da… Miedo… ya sabes…’ Luz asintió. ‘Si quieres podemos quedarnos en tu casa a ver una película tranquilas y solas, puedo llevar palomitas o patatas si quieres’ La chica asintió. ‘Vivo en el número 66’ Luz asintió y se fue.
Esa misma tarde apareció con una de sus camisetas más hermosas y unos pantalones ajustados rasgados, los cuales eran sus preferidos. Mientras tanto la chica la esperaba en pijama, pues no tenía mucho ánimo de cambiarse. ‘Valla, qué… guapa’ Dijo la chica. ‘Tú también’ La chica alegó que estaba en pijama. ‘Pero estás hermosa con lo que te pongas’ Dijo Luz. Más tarde le besó la mejilla. ‘Traigo palomitas, ¿Las ponemos?’ ‘Claro, yo iré poniendo la película y preparando el sofá’ ‘No, de eso nada, tu te quedas ahí sentada que acabas de salir del hospital.’ Negó Luz.
‘Está bien’ Dijo mientras ella lo preparaba todo. Tras un rato se sentaron a ver la película, era de miedo. En un momento, Luz agarró su mano y ambas se miraron. Luz se sonrojó y le pidió perdón. ‘¿Por qué?’ Preguntó la chica. ‘Porque… Bueno… yo… No sé…’ Alegó con nerviosismo. Mientras se miraban mutuamente sin saber qué hacer. Luz agarró su mejilla, rozándola. Se acercó levemente a ella hasta rozar sus labios con lentitud. Paso éstos sobre los de la chica, dejándolos entreabiertos. La chica posó su mano en la cintura de Luz, que armada de valor la besaba como nunca había besado a nadie, deseando sentirla tan cerca de si como fuese posible. Y así fue como dos cuerpos separados por una sociedad inmensa de homofobia se apartaron por un momento de éstas para dejarse llevar por la pasión durante cuatro muy cortas horas, y volviéndose a dejar llevar durante muchas más a lo largo de toda su vida. Ésta es la razón por la que no siempre está todo perdido, por la que siempre se puede ver más allá de las tormentas, porque la predicción no siempre acierta, el número 66 a veces no es tan malo. Como realmente parece.


Att: aje

jueves, 2 de febrero de 2012

¡Mamá!

Entonces, el lobo le dijo a la princesa. “No vallas por ese camino, está lleno de obstáculos que podrán acabar contigo, princesa. Eres aún débil, necesitas un hombre a tu lado para defenderte, no has de ir por ahí. No tiente a la suerte.” Y ella respondió. “mi rostro aparenta inocencia, pero mis manos destreza, por cada piedra que encuentre, una sonrisa alzaré al cielo, porque por mi familia vivo, y por ella viviré” Entonces el lobo bueno aprendió una valiosa lección: No debe de juzgarse a nadie por su aspecto. Y colorín colorado, éste cuento se ha acabado.
+Hasta mañana princesa.
- Espera, mamá…
+ ¿Qué pasa cielo?
- No quiero que te separes de mi lado.
+ Pero voy a dormir, y mañana volveré, mi vida.
- La mamá de esa princesa se murió de la noche a la mañana.
+ Pero esto no es un cuento, princesa.
- ¿Eso quiere decir que no necesito un príncipe?
+ ¿Qué quieres decir con eso?
- No, nada. Hasta mañana.
+ Princesa, venga, cuéntame…
- Es que Rose dice que no es normal, pero aún así será mi amiga.
+ ¿Qué quieres decir? Venga, ¿De qué me hablas?
El silencio se hizo, hasta que Adele se decidió a hablar con voz temblorosa.
- ¿Te acuerdas de que estaba con Robert?
Su mamá asintió.
- Pues es que ya no me gusta Robert.
+ ¿Y quién te gusta?
Adele negaba.
+ Vamos, dímelo, soy tu madre…
Decía mientras le hacía cosquillas.
- Es que tú también me vas a juzgar…
Dijo con tristeza en sus ojos, acostándose en la cama hacia el otro lado.
+ ¿Cómo que te voy a juzgar? ¡Jamás haría eso! ¡Eres mi hija! ¡Tienes mis genes y también mi corazón! Tienes mi vida ganada y lo sabes, pequeña.
- Me gusta Luz…
+ ¿Luz? ¿Es un chico nuevo?
Su mamá sonreía con picardía mientras, Adele se limitó a negar.
- No, mamá, mi mejor amiga… La de siempre…
+ Ohh…
Decía con asombro.
+ Luz…
- ¿Ahora me vas a odiar?
Se tapó con las sábanas para llorar.
+ A ver… Cielo, ¿por qué dices eso?
- ¡Porque todos dicen que soy una rara! ¡Que no quieren que esté a su lado porque tengo una enfermedad! ¡Y nadie quiere sentarse conmigo en clase, ni pasar el tiempo junto a mí…! Y tú seguro que tampoco querrás… ¿Por qué soy diferente? ¿Soy tan rara?
+ Claro que no, cariño. Tú eres tú y los demás son los demás. No eres diferente, ni si quiera rara, eres especial, simplemente eres tú misma, cosa que la mayoría de aquellos pequeñajos no podrán ser nunca. Tú, lo eres. A ellos no les han enseñado el respeto, y a mi jamás me han enseñado como reaccionar cuando pase esto, pero ya me lo temía, así que no te preocupes, esperaba éste momento desde hace mucho. ¿Esa chica es tu amiga?
- Sí…
+ Pues no tiene por qué preocuparte nada más, es tu amiga de siempre. ¿Lo sabe?
- No… Quiero decírselo, pero no puedo. ¿Me odias?
+ Claro que no, princesa. Eres mi pequeña, desde hace 13 años, ¿Por qué te iba a odiar? ¿Recuerdas el cuento que te contaba de pequeña?
- Sí…
+ La princesa jamás necesitó un príncipe, sólo necesitaba amor, no alguien en un caballo, por muy hermoso y todo el dinero del mundo que tenga. Sólo quería vivir en condiciones. Por eso a ti te gusta ella, porque buscas una vida especial, no como todos.
- ¿Cómo lo supiste?
+ Pues, desde que tenías dos añitos, sólo jugabas con las muñecas chicas, y las barbies, las juntabas en las mismas camas ellas dos juntas y tenían bebés. Además, ¿Crees que no me daba cuenta cómo mirabas a la hija de la vecina cuando tenías diez años y ella estaba con su amigo?
- ¡No la miraba! ¡Es que se llevó mi gomilla!
+ Y con ello tu corazón, pero lo recuperaste. Nunca olvides que yo siempre te querré por toda mi vida, cariño. Pero es hora de dormir. Hasta mañana.
- ¡Mamá!
+Dime
- Te quiero.

lunes, 16 de enero de 2012

Sólo informar.

Debí de haber sabido,
Que tus palabras jamás esbozaban una verdad.
Que un siempre en tus labios,
Era un no en la eternidad.

Debí haber sido más lista,
Y poder ver un poco la realidad,
Pero me cegaba la posibilidad,
De tenerte como algo más.

Siempre pensé que era imbécil,
Yo, no los demás.
Imbécil por creer,
Imbécil por amar.

Aprendí mal, sobre la gente mala.
Aprendí mal, sobre a quién había que ayudar,
Aún así no me arrepiento de haberte conocido,
Me arrepiento de haberte creído.

Mas tus palabras yo creí por última vez,
Pero ya no más.
Éste estúpido cuerpo,
Ya no te extrañará nunca más.

Aunque digas adiós,
Quizás un pasado se quede.
Pero el presente que es más listo.
Sepa realmente que no te quiere.

No digo que no te quiera en mi vida,
Pues tu amistad fue de lo más importante una vez,
Digo que mi corazón es fuerte de hace tiempo
Y que sin ti, aguanto extremadamente bien.

Att; Aje 16.01.12

sábado, 14 de enero de 2012

Mátame

Me mata tu inseguridad,
Me matan tus miedos,
Me matan tus celos.
Vuelvo a morir, con todo ello.

Siento lentamente despellejarme
El corazón haciéndose pedazos,
¡Mi corazón no es de nadie!

¿No te enteras? Yo te quiero a ti.
¿No te enteras? Mi corazón te pertenece a ti.

No lo quieras en tus manos,
Pues es feo, y no está bien cuidado.
Dañará tu imagen, como a todos los demás…

Ah… Y se me olvidaba un detalle…
Con un poco de polvo, se puede rayar,
Es muy frágil, llora con facilidad.
Es estúpido e irónico a veces.

Siente mucho sobre las personas,
Tiene una gran capacidad de amar,
Es fácil de dañarlo.
Tú has de cuidarlo más.

Hace unos años, tenía envoltura.
Feliz era, nada le pasaba.
Creí que lo cuidaban, pero así lo devolvieron.

Ayúdame a arreglarlo, no lo ensucies.
No tengas miedo, él tiene más.
No te sientas mal, pues él se encogerá.

Dudas no quiere volver a sentir,
Parece fuerte y duro, pero dentro de él
Está realmente dolorido y a punto de romper.

Permíteme decirte, tu tienes la llave de ésta caja.
Tú tienes el secreto de éste corazón.
Cuídalo con tu vida, una de éstas, está en tus manos.
Y si te vas… Esto se va a convertir en un adiós.

Att: aje 14.01.12

Llámame

Mi calma te llama,
Ansia tu voz en el más profundo de los silencios.
Necesita besarte en el más intenso de los días.
Quiere hablar contigo sobre la eternidad.

Mi sonrisa te añora.
Añora unos labios que besar,
Una mente que descubrir
Y un abrazo que sentir.

En el sigilo de una noche de pasión,
Mi corazón se quiere descubrir sin miedo.
No en una tarde de añoranza,
Pues tranquilidad, no se siente.

Pretende con sigilo,
Acercarte a mi corazón,
Pero prométeme quedarte.
No necesito otro adiós.

14/1/12

jueves, 12 de enero de 2012

¿Un error?

Alguien cubrió mis ojos por detrás con suavidad, por lo que me dejé. Respiré profundo, sintiendo unos labios calientes sobre mi cuello, en ese momento, llevé mis manos hacia detrás, rozando la cintura de quién fuese esa persona. Se me hacía tan familiar…
Agarré sus manos y me dí la vuelta, me sorprendió. La abracé con todas mis fuerzas. – Te eché de menos, Megan… - Decía mientras la apretaba contra mi pecho. – Y yo a ti, princesa. – Me sonrojé, siempre supo cómo hacerlo. – Han cambiado tanto las cosas… No tienes ni idea… - Suspiré, y la miré. Ella decidió hacer lo mismo. – Para mí no han cambiado tanto… - Dijo mientras apartaba un mechón que entorpecía el poder mirarla. - ¿Cómo te va con él? – Su tono era más extraño de lo normal. – Me va genial, jamás pensé que podía ser tan feliz con una persona como lo soy con él… Es genial, en serio… - Sonreía como una tonta, y ella no paraba de mirarme a los ojos. – Parece que entonces sí han cambiado mucho las cosas… - Asintió con delicadeza, esbozando un poco de tristeza en sus palabras. - ¿qué pasa? – Pregunté con intriga. - ¿Qué me he perdido? – Ella negó y sonrió, como si nada estuviese pasando, como siempre.
- Nada, es que te eché tanto de menos… - Sonreí, y le besé la mejilla. - ¿Te apetece venir esta tarde a casa? – Me ofrecía. Asentí con rapidez. – Pero, no recuerdo muy bien donde vives – Torció la boca. – En ese caso, pasaré a buscarte a las cinco, ¿Te parece?- Asentí de nuevo. – Vete a prepararte, princesa. Iré a limpiar un poco la casa para que esté lista – Sonrió y me besó la mejilla. Se marchó y yo entré a casa.

Antes de las cinco, le mandaba un sms a Bruno, explicándole que iba a ir con Megan para que no se preocupase. Que seguramente estaría hasta tarde.

Tocó el timbre, y aún no sabía por qué, pero estaba muy nerviosa. Me vestí con unos de mis vaqueros ajustados desgastados cortos, unas converse y una camiseta tirada por el hombro. Ella apareció con unos vaqueros largos, una camiseta ajustada y unos botines. Siempre me pareció que iba hermosa. Se sorprendió al verme, y me comentó que iba hermosa. Me abrió la puerta del coche y nos dirigimos hacia su casa.
- Bruno me da envidia… - Dijo ella mientras conducía, yo me reí, y me lo tomé a broma.

Llegamos a su casa, estaba tan hermosa como la recordaba, cerré los ojos y respiré profundo. Recordé la primera vez que entré en esa casa y me enamoré de nuevo del pasado. Pero ahora no, ahora era una chica comprometida la cuál no podía hacerle eso a su novio, así que no me preocupé y sonreí. Fue entonces cuando ella me agarró por la cintura, guiándome hasta la puerta. Abrió esta estando detrás de mí, dijo que le esperase en el salón que traería algo de beber, esperé mirando la decoración, había puesto un par de cuadros más, en alguno que otro volvía a salir mi rostro.
Apareció con un par de copas rellenas de algo con bastante alcohol, supuse que por un día no pasaría nada, así que acepté una de ellas. Pasó la tarde entre charlas puestas al día y tres copas de más encima.

Decidí que era la hora de volver a casa, y ya que ni ella ni yo estábamos en condiciones de conducir, le pedí el teléfono para llamar un taxi y ella se negó. Pensó que sería mejor pasar la noche en su casa y ya me acercaría mañana. Negué, pues no quería ser una carga, y me acerqué a la puerta. Ella se puso ante mí y me arrinconó en ésta. – Vaaamos Megg, he de ir a casa, en serio… - Ella negó mientras se acercaba con lentitud a mí. –Vamos, estamos muy borrachas, no hagas algo de… lo… que… podamos… arre…pentirnos… - Dije mientras ella me besaba el cuello. – No… puedo… Hacerle… esto… a… Bruno… - ella acercaba su cuerpo contra el mío, pegándolo. Mientras pasaba su mano por mi tripa, con lentitud. Jamás supe resistirme a sus garras. Era tan hermosa, sabía cómo hacerme sentir bien en cada momento, y sabía cómo hacerme sentir la persona más preciada del planeta. Gemí mordiéndome el labio, mientras ella pasaba su mano por mi pubis, bajando lentamente, hasta hacerme sentir el éxtasis más profundo, en el cuál nunca había estado. Dejé que siguiera, no podía resistirme a tal recuerdo y mientras gemía traté de desnudarla, olvidándome de todo, el alcohol me había dejado anestesiada, y ahora sólo quería jugar. Rozaba sus pechos con máximo cuidado y deseo, sabiendo que era con diferencia, una de las cosas que más me atraía en el mundo. Besé su cuello, tratando de ahogar mi gemido en éste, olvidando la razón por la que había ido esta tarde, sintiéndome libre. Absorbí con todas mis ganas, dejándole un par de marcas de mi deseo en éste. En el fondo sabía que lo que estaba haciendo estaba realmente mal, pero que me estaba sintiendo como nunca. La incansable Megan había vuelto a sus andadas, y lo había vuelto a hacer conmigo. Al menos, eso demostró durante ocho horas en su habitación. Jamás alcancé a expresar el éxtasis tan profundo que llegué a sentir con ella y a juzgar por su respiración ella, también lo sintió.

La mañana siguiente sin saber qué había pasado realmente, en su habitación, desnuda, me despertó una dulce voz susurrando en mis labios. – Princeesaa…- Abrí los ojos y la vi, no sabía que hacer. Si besarla, sonreírle, abrazarle, salir corriendo, llorar… Sabía que fue una de las mejores noches de mi vida, pero también sabía que también quizás podía destrozar algo, y que no era la primera vez. – Te hice el desayuno – Dijo con la bandeja entre sus manos. – Es tu favorito, rubia – Sonreí ante el pánico. – Creo que debería llamar a Bruno… - Me miró bajó la cabeza y negó. –De eso nada, antes, desayuna- Alcancé mi móvil y vi unas 15 llamadas de él. Me asusté pues sabía que estaría enfadado y mientras obligada por ella, comía, lo llamaba. A la tercera, lo cogió. – ¿Bru..Bru..Bruno?- Dije tartamudeando. Él contestó enfadado. - ¿Dónde estás, Adele? ¿Qué has estado haciendo? ¿Por qué no me has cogido el teléfono en toda la noche? – Suspiré. – Mi vida, lo siento, lo siento de verdad, estuve aquí con Megan, estuvimos hablando y bebimos un poco, y no estaba en condiciones de volver a casa, me quedé dormida en su sofá y me quedé en su casa. – El parecía respirar tranquilo y se despidió. Prometí llamarlo cuando estuviese en casa. A eso de las una ya llegué a casa, pero no lo llamé, preferí esperar. Cogí fuerzas, lo llamé mientras lloraba. Mi mundo se había vuelto a derrumbar, todo había sido una gran mentira. – Bruno, joder, lo siento… Ayer volví a tener un desliz, estuve con Megan en su casa y… Ella y yo… Terminamos haciendo cosas de las que me arrepiento muchísimo… O eso creo… - Decía mientras casi se me cortaba la respiración. Jamás había amado antes a un chico como le amé a él, pero creí que volvió a florecer el sentimiento hacia Megan. Ella siempre fue una chica especial. – Lo siento, JODER, lo siento… Pero creo… Que… estoy… Enamorada… de… los… dos… - Lloraba mientras se lo contaba, sin poder evitarlo. – NO ME ODIES, POR FAVOR – Él no decía nada. – Háblame, por favor…- Le oía respirar y contestó – Me mentiste… cuando estaba preocupada por ti, tú estabas follando con Megan, ¿no? ¿Es eso? – Decía con enfado. – No puedo soportar una mentira, ¡SABES PERFECTAMENTE QUE LAS ODIO! Pero nooo… Lo peor no es que me mintieses, si no que no te dio por si quiera pensar en mi… ¿Sabes qué? Ya no tendrás que volver a hacerlo, porque esto, se ha TERMINADO. – Entonces colgó. Me derrumbé, cayendo al suelo lentamente. No sabía que hacer, pero la llamé. – Por favor, ven… Ven a casa, te necesito… Joder… Ven… - Decía entre lágrimas. – Claro que sí, rubia, ahora mismo voy para allí, ¿qué ha pasado? – Me decía con preocupación, parecía venir ya de camino. – Bruno… Bruno… Me… Me ha… dejado tras… contárselo… Coge las llaves de bajo el felpudo… -
Entonces entró por la puerta y yo estaba en la habitación llorando, arrinconada. Se acercó a mí, estaba completamente pálida y fatigada. Tenía los ojos rojos y estaba muerta de frío. Ella me abrazó, asegurándome de que todo iría bien. - ¿Por qué te ha dejado? ¿Qué le has contado, princesa? – Me miró con intriga y preocupación, abrazándome sentada en el suelo, yo sobre ella. – Lo que pasó anoche… - Me miró extrañada. - ¿Anoche? ¿qué pasó anoche? – Me sentí extraña con esa pregunta. – Nos… Nos acostamos y… Estuvimos toda… - Se sonrojó un poco, mientras me abrazaba. –Hubiese preferido estar toda la noche mirando la luna y pidiéndole un deseo por cada sonrisa que te consiguiese sacar, y así al menos no te haría llorar. Me gustaría decirte que fue mentira, pero… No, en realidad no puedo ya que fue una de las mejores noches de mi vida… Me obsesioné en que tú formas parte de mi vida, y así es, pero no puedo mentirte… - Suspiró. – Lo siento, princesa… Pero vivo por ti, y… no puedo parar de pensar en alguien que no seas tú, en unos ojos que no sean esos azules que me dejaron cautivada y en un pelo que no sea ese rubio que me resplandeció una primera vez – La miré a los ojos, sabiendo que ahora no me importaba nada más, aunque amase a Bruno, también. La besé, haciéndola callar. – Siempre quise pasar el resto de mis días conmigo, y siempre tuve miedo al compromiso. Siempre la cagué contigo y, sé que siempre he querido amarte. – Sonreí tontamente. - ¿Puedes decirle algo a la luna? – Asintió. –Claro, ¿qué quieres que le diga? – Susurré sobre sus labios. – Que nos lleve a ese viaje que siempre deseamos – Choqué sus labios con suavidad.


Att: Aje

lunes, 2 de enero de 2012

Rayo de luz.

Querido rayo de luz de mi vida,
Espero que jamás partas a ir a otro lado.
Pues contigo he vivido, sin ti no me hayo.

Querido rayo de luz de mi vida,
Tu me has sacado de esa enfermedad,
¿Me has sacado de dos, o una no es lo que los demás,
Pueden pensar que será?

No estoy segura de nada,
No estoy segura de mí misma.
Sólo sé que yo a ti te quiero.
Te quiero como a nunca.

Siento si renace de la nada, o si no la puedo controlar,
Siento si algún día mi corazón se apaga, y él desea llorar.
Todos los días, no sé ser feliz, a tu lado, consigo serlo más.

Perdóname, claridad, perdóname, vida mía.
Siento que me muero por dentro,
Al oír que perderte puedo ya.

Tengo miedo de irme,
Tengo miedo de volar.
Batir mis halas con torpeza
Y volver a caer una vez más.

Tengo miedo de perderte.
A cien kilómetros, no quiero estar.
Más bien quiero estar a tu lado,
Y cumplir el sueño de toda mi vida.

No deseo caerme, ni que piensen de mí, una enfermedad.
Pero a veces me siento tan mal, que ni yo sé qué pasa.

No deseo marchar a otro lado,
Deseo estar junto a ti, junto a ellos.
Deseo cumplir mi sueño, como la que más.
Deseo que mi corazón sea feliz, como de pequeña.

Callaré mis deseos, por no hacer daño a nadie,
Por no ser rechazada, por no tenerme que apartar.
Pues bien quiero estar con todos, pero no puedo dejarlos escapar.

Ahogo mi silencio en el futuro, un futuro ciego
El cual, jamás sabré si existirá.
Quiero que sea a tu lado, es mi deseo… Aún más.

Imagino un futuro: Trabajo de mis sueños, familia feliz.
Ojala se hiciese realidad, pero tú, estando aquí.
Ojala mi corazón no me traicione, y mi familia, me quiera así…

Att: Aje 3/1/12

viernes, 23 de diciembre de 2011

Informaros.

Bueno, ya que pedí colaboración en una encuesta para un concurso de relatos del maltrato, he de decir que al final se organizó un concurso de micro-relatos, había varias categorías, las de maltrato y la libre. Me presenté a la libre y... ¡Lo gané!
El micro-relato decía algo así:

- El golpe del hacha en la madera, no te hace más leñador. El golpe de la mujer no te hace más hombre.

Algo así, cuando lo recuerde del todo o lo encuentre literalmente, lo escribiré con mucho gusto.
Estoy emocionada, jamás pensé que ganarías, ¿Podéis darme vuestra opinión?
¡Un beso!

Explosión

Fuera de lugar, donde las sirenas no alcanzan,
En un punto en el que respirar, se hace eterno.
No consigo encontrar salida, necesito correr.

Necesito libertad, no hablo de correr, hablo de caminar.
Necesito tu sonrisa, no hablo de follar, hablo de amar.
Necesito la música, no hablo de escuchar, hablo de cantar.

Oigo ruido, pero no encuentro gente,
Oigo risas, pero no encuentro felicidad.
Cuento las veces que intento salir, pero no encuentro.

Me he descentrado, ya no sé mi lugar.
No sé si es con unas, o es con otras.
No sé en qué momento, mi vida se hizo un caos.

Me puse a pensar, en lo que pudo pasar.
Sé que puede ser mi culpa, pero ¿A quién puedo llamar?
Me siento fuera del grupo, no puedo reaccionar.

Necesito una sonrisa que me anime a entrar,
A pesar del amor, yo del grupo no me quiero separar.
Necesito seguir cerca, pues si no moriré.

No quiero olvidar ni a unos, ni olvidar a otros,
Simplemente necesito vivir a veces, fuera de lo normal.
Quiero olvidar quién soy, para llamarme felicidad.

Necesito salir de mi normalidad,
Salir, gritar, bailar, cantar, tocar, sentir.
Sentirme afónica hasta no poder más.

Me quiero enredar, y pasármelo genial,
Reír hasta que el estómago no pueda más.
Quiero sonreír hasta que mis mejillas duelan.

Imagino una tarde perfecta, está rodeada de gente
Diciendo cosas graciosas, y ¡se dan cuenta de que estoy!
Increíble sensación la que sería, podría ser libre por un día.

Siento esa libertad, y un poco de felicidad,
Pero no es completa, necesito el aire respirar.
Dentro de mi, una parte explosiva, con ganas de salir está.

Att: Aje 23/12/11

lunes, 19 de diciembre de 2011

Decirlo todo sin hablar.

Al borde del abismo, un mechón de su rizado pelo, dejó esparcir una agradable fragancia, que haría enloquecer a cualquier enamorado. Entonces un leve gesto de sonrisa sucumbió lentamente sobre su rostro haciendo eliminar las lágrimas de éste. Mientras que un leve viento iba balanceando con sigilo su hermoso cabello, mi cabeza ya no alcanzaba notar tal hermosura. Pero no fue más que sus tiernos ojos encantados de absorber o fulminar a alguien con la mirada, tantos sentimientos me daba, que mi corazón no pudo resistirse y calló en la tentación, desde entonces, recibió el nombre de AMOR.

martes, 13 de diciembre de 2011

Más que vecinas.

Recuerdo tardes de verano,
En las que dos pequeñas jugaban,
Las muñecas, eran la consecuente,
De la diversión ejercida por un momento.

Sabe dios, dónde quedaría tanta inocencia,
Sabe dios, dónde quedó tal amistad.
Jamás encontraría amistad más verdadera,
Que con la de una chica a dos pasos de ti.

Fueron tantas tardes vividas, a la sombra de un muro,
Que no puedo olvidar todas esas sonrisas.
Siempre, con la lágrima a punto de salir…

Recuerdos abundan mi mente,
Mejoremos esa frase: En el corazón.
No puedo vivir sin el recuerdo.
Pues éste consta de mi razón de pasado.

Recuerdo cada cumpleaños,
Cómo jugábamos, cómo nos divertíamos.
Ahora tú estás perdida,
Pero eso ya es algo inevitable.

No he parado de recordarte,
Cada octubre, el día de tu cumpleaños.
Pues nuestra amistad era más que amistad.
Nosotras éramos vecinas de verdad.

Dos casas de diferencia,
¿Ahora? Una eternidad
No alcanzo a recordar del todo,
Qué fue lo que acabó con esto.

Duele mucho, porque recuerdo casi todo,
Duele mucho, porque ahora me arrepiento.
No sé cómo ocurrió todo, pero ocurrió.
Nos separamos, y esas dos casas de distancia.
Ya se convirtieron en más que un mar.

Att: aje 13/12/11