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miércoles, 24 de abril de 2013

Feliz cumpleaños.



Todos se fueron y tan sólo quedamos ella y yo. La miré y me miró, me quedé embobada en sus ojos, aquellos que ya me tenían loca de hace tiempo y tan sólo conseguía desviarme de ellos para mirar sus labios y esbozar una tímida sonrisa, con la que, acto seguido desviaría mi mirada hacia abajo, al no saber qué hacer. Pasé mi brazo sobre sus hombros, mirándola. Hacía algo de frío, ella me miró esbozándome una hermosa sonrisa, aquella que siempre había tenido y yo, me puse un poco nerviosa. Me mordí el labio. Trataba de evadir aquél gran, aunque algo incómodo momento, así que saqué el móvil con cuidado y puse una canción mientras apoyaba mi rostro sobre su pelo, dándole en éste un suave beso. Solté un leve suspiro sin decir nada. - ¿Estás bien? – Dijo ella, con aquella hermosa voz suave y tranquilizadora, bajada de  tono, cerca de mi oído. Aquello me ruborizó un poco, me encogí un poco de hombros y saqué otra vez aquella y estúpida tímida sonrisa mientras sentía su mirada sobre mis ojos. La miré mordiéndome levemente el labio inferior – No te preocupes, enana – dije mirándola y desvié rápidamente la mirada, pues, no podría quedarme así mucho tiempo sin que fuesen más que obvias mi inmensas ganas de plasmarle un beso en aquellos suaves labios. Acaricié su hombro con cuidado y, mordiéndome el labio por la impotencia, subí éstas caricias sobre su cuello, sintiendo como alargaba éste y echaba su cabeza sobre mí. Me puse más nerviosa, pero traté de tomar aire con normalidad. Besé su pelo con suavidad y una estúpida sonrisa en mis labios – Te quiero – Murmuré en un tono de voz bastante bajo y noté como una sonrisa se apoderó de su rostro, ¿Se habría enterado? No sabía si quería saberlo. Cerré con suavidad mis ojos, la verdad es que no me encontraba demasiado bien para estar en la calle, pero, no iba a cambiar ese momento por nada del mundo. Ella se me incorporó con levedad y me miró. La miré al notarla así. – Creo… que será mejor que me vaya ya a casa… - Dijo mirándome directamente a los ojos. - ¿Te acompaño? – Dije mirándola, no quería que se fuese, pero, ¿qué iba a hacer? ¿Retenerla conmigo? Ella aceptó. Caminando, su mano chocó contra la mía accidentalmente y, ambas manos quedaron unidas. La miré con mi rostro algo enrojecido y con una sonrisa idiota guardada en mi interior que, trataba, en un inútil intento de morderse el labio inferior interior, no ser esbozada. Acaricié sus dedos de forma lenta y prolongada deseando que el tiempo se parase, pero eso no iba a pasar, aquello iba a acabar tan pronto como empezó; ya estábamos llegando a su casa. Subí el escalón que daría a su propia acera y me quedé mirándola de la mano con una estúpida sonrisa que no conseguí borrar y, llevando la mano izquierda a su rostro con lentitud, acaricié su mejilla con el pulgar de ésta, acercando mi rostro al de ella muy lentamente mientras, de reojo podía contemplar aquella sonrisa mientras se mordía levemente el labio. Rocé con mis labios sus mejillas y ella soltó mi mano para llevar éstas a mi cintura, así fue como coloqué ambas manos mías sobre su rostro. Tras el beso de su mejilla la miré directamente a los ojos, muy nerviosa. Necesitaba besarla, quería hacerlo, no podía irme sin hacerlo pero, ¿y si la fastidiaba? – No quiero que te vayas… - Murmuré, con los ojos cerrados. Apoyé mi frente sobre la de ella mordiéndome el labio inferior mientras no apartaba mis manos de sus mejillas. – Hoy mis padres no están… - murmuró mientras noté su penetrante mirada sobre mi rostro, lo cual hizo que me ruborizada, al abrir los ojos y comprobar que así era. Me quedé embobada sobre sus ojos sin poder tener el valor de decir nada y cuando lo intenté, algo en mí no dejaba más que balbucear, ella soltó una sonrisa, lo cual me enrojeció aún más – Eres un tomate… - murmuró ella de forma cariñosa mientras arrugaba su nariz al juntarla con la mía con suavidad. Ese era mi momento, tenía que besarla, impulsé suavemente mis labios para juntarlo a los de ella, pero no tenía valor. Suspiré. – Quédate un rato más… - murmuré de forma muy baja, no sabia del todo si quería que se hubiese enterado. Mordí mi labio y ella, subió su mano derecha de mi cintura hasta el labio para acariciarlo. El corazón se me salía por la boca. – No te muerdas el labio… - Dijo mirándome a los ojos. La miré, desviando la mirada a sus labios, dejando que el labio se deshaga con la inercia del impulso de su dedo sobre éste y dí un suave beso sobre su yema. No tenía valor de decirle nada, pero… Aquello se me estaba haciendo eterno. Necesitaba besarla, ella se mordió el labio y yo la miré con una sonrisa, llevé una de mis manos, con un dedo a su labio para deshacerlo – No te muer… - Mi dedo se apartó de entre las dos, y ella, cortó mis palabras con un suave beso que, juntando mi cuerpo con el de ella y enlazando mis dedos en su nuca, correspondí. Solté una sonrisa bastante tímida al sentirlo, a la vez que mi corazón parecía estar volando por el impulso del latido. Sus labios se aproximaron con más intensidad a los míos mientras enredaba mis dedos detrás de su nuca, bajo su melena y con un suave beso, acabó. Me miró a los ojos, avergonzada, y parecía soltarse de mí. ¿La habría fastidiado? Esperaba que no. Pero acto seguido, comenzó a hablar. – Lo… Lo… Lo siento, Adele… - Dijo, negué y cogí sus manos incrustándolas de nuevo sobre mi cintura y volví con mis manos a su rostro con suavidad con la sonrisa más sincera que nunca había mostrado, llevé mis manos a su nuca y, acercando mi rostro al suyo lentamente me dejé llevar por mi corazón y la besé con mucha suavidad, comenzando por el enlazar de sus labios con los míos. Mordió mi labio inferior tirando hacia ella con una sonrisa y esa cara de niña mala que me enloquecía por momentos – quédate en casa ésta noche… - Dijo mirándome a los ojos tras soltar mi labio inferior – mis… padres no estarán… Pide permiso y… quédate… - asentí llevando ésta vez mis labios a su mejilla y rozando estos hasta su oreja, plasmando un suave mordisco en su lóbulo y susurrando – Ahora mismo… - Dijo con una sonrisa, soltando una mano para coger el móvil, mirándola a los ojos. Marqué el número de mi madre, aún me quedaba un día para los 18, así que sería buena idea avisarles de que no dormiría en casa, supuse que me darían permiso, pues ya tenía edad y, tras un poco de nervios a la espera de su respuesta, aceptó. La miré, y plasmé una gran sonrisa dándole un abrazo mientras ella me correspondía con otra como la mía a la vez que me rodeó con sus brazos. - ¿Entramos? – Murmuró ella con voz dulce sobre mi oído, a lo cual me estremecí con levedad y asentí al momento. Ella me abrazó suavemente por detrás y me llevó a la puerta acariciando mi tripa. Abrió la puerta de afuera y luego me dejó entrar, tras entrar y cerrar ella, siguió guiándome con sus manos sobre mi tripa hasta entrar dentro de la casa. La miré, dándome la vuelta y le miré - ¿Vemos una peli? Haré palomitas y… si quieres te dejaré algo de ropa para que estés más cómoda – Dijo con esa sonrisa dulce sobre sus labios la cual me hacía sonreír a la vez que intimidarme. Asentí y ella, tras dar un beso suave sobre mis labios y volver a dejarme atontada, susurró sobre mi oído – ven conmigo, te daré algo – Cogió mi mano y me llevó hasta su habitación, no muy lejos del salón, me quedé mirando cada detalle, cada foto, cada resquicio de ésta quedándome con una sonrisa mirándolo todo. Ella, fue a su armario y sacó unos pantalones y una camiseta cómoda, además de unas zapatillas. – Siéntete como en casa. Cámbiate aquí mismo e iré haciendo palomitas, ¿qué película quieres ver? – Dijo mientras me miraba directamente a los ojos – cualquiera de miedo estará bien – Asentí mirándola con una tímida sonrisa mordiéndome el labio. Ella se fue, cerrando la puerta mientras miraba – Oye… - dijo con voz dulce a la vez que un poco ronroneante. La miré alzando una ceja levemente, divertida - ¿No me vas a dar un beso? – Dijo mirándome con cara de niña pequeña, sí, esa, exactamente la que me volvía loca y no me dejaba responder a mí. Me acerqué a ella y con suavidad, con mi rostro sobre el de ella encajé nuestros labios, la miré con una sonrisa. – Así mejor – dijo ella, saliendo acto seguido con una sonrisa, muy alegre.
Me cambié de ropa lo más rápido que pude y cuando salí, estaba ella en el sillón, habiendo preparado ya las palomitas y puesto una película de miedo, por la cual, ni me preocupé demasiado de saber del título. Me senté a su lado mientras la miraba con una sonrisa, enlacé mis dedos con los de ella con suavidad. Ella le dio al play. Ella se apoyó levemente sobre mí y yo rodeé con mi brazo sus hombros con una sonrisa, sin poder parar de pensar en aquellos besos, mordiéndome el labio. Miraba la película aunque perdida. El tiempo iba pasando y el bol de palomitas ya se había acabado, aunque aún la película seguía su curso, bebí un poco de agua y ella me miró con una sonrisa. Acarició con su mano mi mejilla y yo puse mi mano sobre su tripa. Sus labios se acercaban a los míos tras habernos enlazado en una mirada cómplice.  Su rostro, serio y callado parecía corresponder de forma extraña a aquella situación, pero no dejaba de disgustarme. Sus labios se encajaron con los míos y cerré mis ojos cayendo en la tentación de besarla de forma lenta y prolongada usando varias veces la lengua en la busca del juego con la de ella y ella correspondió. Rodeó con sus piernas mi cintura, sentándose sobre mí y yo, pasé mis besos de sus labios a su cuello, pude escuchar sus suaves jadeos mientras esbozaba una sonrisa. Mordí su cuello y luego pasé la punta de mi lengua desde su clavícula hasta bajo del lóbulo de su oreja para más tarde pasar dándole mordiscos por la zona, noté algo más intensos sus jadeos. Eché la vista hacia ella, de reojo y la vi con los ojos cerrados y su labio inferior entre sus dientes. Sonreí tras notar sus caricias intensas sobre mi cintura, subiéndome la camiseta. Me dejé quitar. Acaricié su cadera, llevando mis manos al bajo de su espalda, sin dejar los besos de su cuello a un lado, subí su camiseta, deshaciéndome de ésta mientras ahora, la miraba a sus ojos. Acaricié su tripa con suavidad soltando una estúpida sonrisa, llevé mis manos al bajo de sus pechos, acariciando éstos con la yema de mis dedos, ella se mordía el labio mientra acercaba éstos a mi cuello. – Me vas… a… enloquecer… - dije entre jadeos al sentir sus labios sobre mi cuello y más aún al sentir sus manos sobre mis pechos. Apreté mis manos sobre el bajo de su espalda, llevándolas hasta su trasero. Sus besos seguían con intensidad sobre mi cuello, haciéndose notar pequeños mordiscos en zonas sensibles de éste y más tarde absorbió, dejándome marca, o eso pensaba, pero no le di importancia. Pasamos un rato sobre el sofá, en la misma posición. No aguantaba más. Apreté su trasero y mordí con suavidad su hombro. - ¿Vamos a tu… habitación…? – dije, notando que era el final de aquella película, ella asintió sin dejar de besar cada punto de mi cuello con sus manos sobre mis pechos, llevando ahora una para agarrarse a mi nuca, al levantarme con ella en mi cintura. La puse contra la pared, presionando mi sexo contra el de ella, en busca de sus labios y tras encontrarlos, con su trasero apretado por mis manos, la terminé de llevar a la cama, echándola ahí mientras la miraba con una sonrisa pícara. Me puse sobre ella con una sonrisa, agarrando sus manos hacia arriba para tentarla, ella me miró con una sonrisa de mala y yo rocé mis labios con los de ella mirándola. Al notar que trataba de besarme, me alejaba con levedad, notando cómo poco a poco su respiración iba a más. – Mala… - Dijo murmurando, algo ronroneante de nuevo. Negué mirándola a los ojos – Tú fuiste mala conmigo antes… - ella me miró con cara sorprendida. - ¿Yo? ¿Cuándo? – alzó una ceja divertida mirándome y me mordí el labio, di un suave beso en sus labios – en el salón – rocé mi sexo con el de ella, estando sobre su cintura recostada mientras la miraba directamente a los ojos mordiéndome el labio inferior con fuerza y ella, hacía lo mismo. Cerré de nuevo mis ojos, encontrándome con su cuello y, sin dejar de dar suaves caricias con mi sexo sobre el suyo, llevé con suavidad mis manos por su cuerpo, ésta vez, observándola de reojo con una sonrisa. Me incorporé sentada sobre ella y llevé mis manos hasta la tiranta de su sujetador, sobre sus hombros. Los acaricié con una sonrisa. Si aquello era un sueño, quería que fuese eterno. Cerré mis ojos un momento mientras bajaba mis manos a sus pechos y comencé a acariciarlos con levedad y suavidad, masajeándolos mientras la miraba directamente a los ojos. Lleve mis manos hasta su espalda, escondida en el colchón y, con una de estas, me deshice del broche de su sujetador, así quitándosela. Ella me miraba mordiéndose el labio y yo, tan solo podía sonreír como una estúpida. Tiré a un lado del cuarto su sujetador y contemplé con detenimiento cada uno de sus pechos, pasando mis manos por su tripa, con mucha lentitud y luego llevándolas a su vez a sus pechos, masajeando éstos mientras no dejaba ahora, de nuevo, de mirarla a los ojos. Ella correspondía ésta mirada cómplice con una sonrisa y su mordida en el labio. Llevé mis labios a su oído soltando un leve murmuro mientras vagaba con mis manos sobre su tripa mientras escuchaba sus jadeos ante la llegada de las caricias a su pelvis – Me encantas… - Dije sobre su oído y luego, mordí el lóbulo soltando leves jadeos. Con mi mano en su pelvis, acariciaba mis dedos sobre el borde de su pantalón mientras podía sentir cómo su corazón latía más fuerte. Me encantaba. Poco a poco fui bajando ésta mano, deshaciéndome de su botón, y a consecuencia de esto más tarde, de su pantalón. Sobre ella, en la misma posición, comencé a besar con mucha suavidad y lentitud sus labios haciendo uso de mi lengua, lenta y prolongadamente, así pudiendo notar la suya. Ella llevó sus manos hasta mi espalda, apretándola con fuerza al sentir el roce de mis dedos sobre su monte de Venus, sobre su ropa interior. Mordí su labio inferior, para así mirarla directamente a la cara, a sus ojos y, viendo sus labios entreabrirse a la vez que sus ojos, pude notar cómo poco a poco su excitación iba aumentando. Llevé dos de mis dedos a su sexo, pudiendo notar cómo se iba excitando y, con mi jadeo ahora sobre su cuello y el suyo sobre mi oído acaricié sus labios mayores, presionando en círculos. Noté gemidos ahogados en una auto-mordida de labio inferior y solté una sonrisa. Pasé mi lengua sobre su cuello, me deshice de su ropa interior, dejándola completamente al desnudo. Sus manos vagaron sobre mi espalda y se deshicieron de mi sujetador, echándolo a un lado. La mire directamente a los ojos y volví a la caricia en círculos de sus labios mayores. Ella cerró sus ojos mordiéndose su labio y yo me quedé mirándola, excitada. Sus manos recorrieron mi espalda y la llevaron hasta mis pantalones. No sé cómo, sin deshacer la unión de mi mano sobre su sexo, se deshizo de éstos y comenzó a acariciar mi sexo sobre mi ropa interior, muy excitada – Quieta… - Murmuré ahora sobre su oído, bastante excitada – Te toca a ti… - dije con voz entre gemidos y más tarde, dejé de hablarle al oído para besarla con suavidad. Con el uso de mi lengua sobre su cuello, comencé a acariciar sus labios menores y noté una intensidad mayor en el roce de mi lengua con la de ella. Mis caricias llevaron a su clítoris. Presioné sobre éste varias veces en busca de sus gemidos y, poco después de el roce continuo, pude escucharlos, por lo que sonreí y, sobre sus labios, llevé mis labios a su cuello, con mordiscos, a sus pechos, quedándome en éstos, sin dejar el roce de su clítoris, notándola bastante excitada. Rodeé y exploré cada uno de sus pechos, llegando así a su pelvis. Mientras la miraba, abriéndola de piernas con mis dedos sobre su clítoris, me mordí el labio. Posé mis labios sobre su sexo, apartando de éstos sus labios mayores, dejando abrir por sí solo a sus labios menores. Cerré mis ojos y pasé con suavidad la punta de mi lengua por su sexo al completo. Introduje mi dedo índice sobre su vagina, moviéndolo con suavidad a la vez que la miraba con la lengua sobre su clítoris. Cerré con fuerza mis ojos y comencé a pasarla sobre éste con más intensidad, notando sus gemidos subir el volumen y sus manos sobre mi pelo haciendo presión. Pasó el rato, y seguía sobre su sexo notando sus contracciones. Aumenté la velocidad e intensidad notando como ahí estaba, había llegado. Subí mis besos sobre su tripa, sus pechos y cuello hasta llegar a sus labios, sintiendo todo sus jadeos sobre éstos. Ella quiso llevar el ritmo ahora. Me puso debajo suya mientras me besaba con mucha intensidad y, acariciando mi sexo, pude notar como mis jadeos se iban aumentando. Se deshizo con rapidez de mi ropa interior y yo, apretaba las manos contra su espalda, excitada. Sus manos indagaron mi sexo, paseando por mi clítoris hasta llevar a mi vagina y una vez allí, juguetearon. Noté como sus besos iban bajando por mis pechos, mi tripa hasta llegar al punto de encuentro donde me haría gozar. Noté todo de ella sobre mí, no podía hacer más que ejercer presión sobre su cabeza con levedad mientras la estaba notando, arqueaba mi espalda sintiendo leves contracciones de placer. Apreté mis manos contra las sábanas, casi deshaciéndome del orden que la cama tenia al principio. Abría mis piernas para sentirla a la vez que movía mi cadera. Notaba que sus movimientos no cesaban y cada vez iba a más intensidad. Soltaba gemidos descontrolados, que, por más que quería, no era capaz de controlar. Movía mi cintura con fuerza y ella, lo notaba y a su vez, me respondía con una cálida sonrisa. Tras un rato de placer, ella notó mis fuertes contracciones, estaba llegando al punto de placer más extremo que jamás hubiese tenido. Llegué con casi un grito que no pude contener. Sus besos subieron por mi tripa, mis pechos y mi cuello hasta llegar a mis labios, una vez allí, pasó su lengua por éstos y más tarde me besó, dejándome con una sonrisa idiota. Se recostó a mi lado, tapándonos con la sábana que casi quitamos entre las dos. Desnuda, abrazada a ella, ella sobre mi pecho, ¿qué más podía pedir? - ¿Qué hora es? – murmuró ella sobre mi oído. Aún era relativamente temprano, aunque estábamos cansadas. – Las una, más o menos. – Ella se acercó a mi oído con suavidad y besó éste mientras murmuraba con aquella voz dulce que siempre me había enloquecido. – Feliz cumpleaños… cariño… - sonreí como una idiota. Ella era el mejor regalo que jamás podría haberme sucedido, aquello, ahora estaba segura que no era un sueño, pero prefería que aquél tiempo fuese eterno. – Gracias… - sonreí mientras la miraba al contestarle. Ella posó mis labios sobre su cuello. Ahora se había dado cuenta de todo, y, me alegraba de que fuese así, pero necesitaba saber qué éramos, pues ahora no sabía nada. - ¿Puedo preguntar algo? – Dije, ella asintió mirándome desde mi pecho - ¿Qué somos? Es decir, antes… éramos amigas y… ya sabes lo que siento por ti… - Ella me miró incorporándose un poco sobre mi pecho - ¿Qué sientes por mí…? – dijo con aquella dulce voz que me tenía enloquecida. – Antes, sentía ganas de besarte. Ahora me encantaría hacerlo todo el tiempo. Siento que contigo se me van los problemas, que quiero pasar más de un cumpleaños a tu lado, que quiero que… todo esto… no sea para siempre, si no, al menos, para lo que nos quede de tiempo, sea cual sea el fin de esto. Siento que quiero cogerte de la mano al caminar y besarte todo el trayecto sin dejar que digas ninguna palabra. Siento ganas de hacerte enfadar para luego darte un beso callándote la boca. Siento que… Si mañana me levanto y todo esto ha sido un sueño, todo se irá a la mierda. Siento que… te amo… Y que estoy enamorada de ti… Y todo esto tan solo lo ha reforzado… Pero… lo más reciente, es que… ésta ha sido la mejor noche de mi vida, y espero que éste sea el mejor cumpleaños de mi vida… - Sus labios se posaron sobre los  míos dándome un suave beso y yo cerré mis ojos. – Quiero caminar contigo de la mano – decía mientras me daba besos. – Quiero que esto sea un nosotras… y… quiero que me des tiempo para la gente… - La miré. - ¿Para la gente? – me miró – Para poder decírselo. Quiero hacer esto bien… - sonreí como una estúpida, volviéndola a besar. – Eso quiere decir que… ¿Estamos? – dije mordiéndole el labio con la duda y ella me besó mientras asentía. – Eso quiere decir que le pusimos fecha a esto… - Quedó abrazada a mí tras un beso y, apoyándose sobre mi pecho, durmió toda la noche y yo, concilié el sueño de la mejor forma que jamás habría pensado que pasaría de verdad: con ella.

24.04.13

sábado, 20 de abril de 2013

Una noche

Con el humo de éste cigarro recuerdo,
y recuerdo que recuerdo que no quiero recordar.
Con el alma en mi mano la estrujo,
y estrujo a sabiendas que dolerá más.

Cierro los ojos y veo tu sonrisa,
sonrisa que sin sonreír me hace llorar.
cierro los ojos y veo tu rostro de niña,
rostro de niña que no quisiera recordar.

Voy a la cama, y recostada de lado,
imagino tu cuerpo tumbado
en el silencio de la noche
Y a mis dedos, recorriendo tu cintura.

Empezaría por tus hombros, besaría éstos.
Te miraría de reojo, mientras indago tu cuerpo
por tu suave cintura, abrazándola.

Tu tripa sería mía en un momento,
luego tu cadera y así tus pantalones desabrochar.
Sentir el calor de tu cuerpo con el mío,
frente a frente te tendría ya.

Besar tu cuello con cuidado,
pero con ropa aún.
Quitarte tu camiseta con cariño,
pero sin dejar de conocer tú.

Sentarme sobre tu cintura
y tu cuello recorrer,
sentarme sobre tu cadera
y a tus pechos volver.

Con cuidado y en busca de tu sonrisa,
mis labios sobre ti recorrerían
cada punto de tu cuerpo.

Tus labios sobre los míos,
tu jadeo sobre mi jadeo,
tu sonrisa sobre mi sonrisa,
tu lengua sobre mi lengua.

Tus manos sobre mi espalda,
y las mías, recorriéndote.
Tu suspiro sobre mi oído,
y mis labios sobre tu cuello.

Tus mordidas sobre mi cuello,
mis labios y... donde tú quieras...
Mis miradas sobre tus ojos,
tus labios y... el más allá.

Escuchar tu gemido ahogado en mi oído.
Escuchar tus jadeos descontrolados
y acariciar cada parte de ti
con la yema de mis dedos.

20.04.13


viernes, 12 de abril de 2013

Una sola tarde.



Tu, que sentada sobre mi regazo
en medio de tanta gente te ubicas.
Tan sólo mirándome consigues
que me quede en tu mirada.

Acaricio tu pierna
en busca de tu mano,
quizás sólo acariciarte.

Cojo tu mano con cuidado y la acaricio,
esperando una respuesta.
Me vuelves a mirar, con esa sonrisa
que hace brillar tus ojos y me dejas tonta.

Sin saber responder,
sin saber qué decir,
tan sólo quedándome mirándote los labios.

Agarras la manguera y comienzas a absorber.
Echas el humo lentamente y sin poder parar de mirar tu boca,
me quedo quieta reconcomiéndome
por dentro por aquél sentimiento.

¿Por qué todo eso?
¿Será porque no estás enamorada?
No quiero sentir esto.

Si tan solo tu mirada consigue
sacarme de mis ratos de amargura.
Que tan solo tu sonrisa,
me lleva a un mundo de locura.

Dime por qué sentir esto,
pudiendo sentir libertad.
Dime por qué me pasa esto
si nunca me vas a amar.


Explícame la razón
por la que no paro de pensar en aquél momento…
tus labios sobre los míos, mi aliento sobre tu aliento.
Una pena, solo un sueño.

Osas entrar en un corazón
con coraza.
Osas entrar en mi mente
que me atrasa.

Y pensar el recorrer tu espalda con mis besos,
desembocando en tu cuello.
Pensar recorrer tu cuerpo
con mis manos desembocando en cualquier lado.

Pensar en tu cuerpo desnudo,
no me interesa.
Si tan sólo quiero
una sonrisa tuya puesta.

Pensar tu mirada sobre la mía,
tus ojos sobre mis labios,
y mis labios respondiendo a los tuyos.
Tan sólo lo que buscaba…

Que las palabras se conviertan en besos,
y las miradas en caricias.
Discursiones en sexo
y tu sonrisa en nuestras sonrisas.

Att: aje 12.04.13

domingo, 7 de abril de 2013

Lo que llevo dentro.

Todo iba a dejar de importar
Aunque el miedo sea testigo
Solo tus labios desear
Aunque la distancia sea castigo

Me iba a dar igual todo
Te dije que me iba a tirar
No pusiste emprendimiento
Y ahora me ves llorar

Quizás mi corazón se rompa
Quizás mi alma vuelva a llorar
Quizás esto sea devuelto
Con el doble, triple... O más...

Yo no lo quise así, te quiero.
Yo no lo dije así primero,
Tu insististe en esbozar
Lo que sin miedo dijiste sin más.

Dime que eran verdad tus palabras
Que no sin más decías
Que no sin más hablabas.

Dime que es mentira este sentimiento
Lo que te quiero...
Lo que te llevo dentro

Dime que no es cierto que morías,
Si con cada palabra mía
te estremecías... Decías...

Dime si fue mentira lo hablado
Lo deseado, lo acordado
Y lo que quedaba por vivir

Dime que es mentira lo que pienso,
Lo que siento que llevo dentro,
Lo que me hace llorar cuando escribo esto.

Dime por que dijiste eso sin más
Si ahora te vas
Y ya no volverás.

Dime por que me hiciste saltar sin miedo
Si ahora lo único que tengo
Es lo que faltó en el momento.

¿Por qué no paraste mis pies?
Si es cierto que tu sentías...
¿Por qué ahora haces esto?

07.04.13 Att: AJE

jueves, 4 de abril de 2013

Palabras de vacío.


Vienes con tu dulzura de niña,
tus palabras de amor,
Diciéndome que me amas,
y ya no sé cómo.

Vienes con tu rostro invisible,
pero labios deseados.
Vienes con tus ojos imprevisibles,
pero llanto desconsolado.

Vienes con tu voz callada
a un corazón dormido sin intención de despertar.
Vienes con tu mirada cegada
a unos ojos sin intención de mirar.

Vienes con una sonrisa,
dispuesto a cambiarlo todo.
Con esas palabras,
que me dejan de cualquier modo.

Ya no sé como hacerlo,
¿quererte? Ojalá
Pero éste miedo inerte,
No te quiere dañar

Perdóname si te digo lo que siento,
pero no quiero dar paso más.
Perdóname pero siento tanto,
que no te quiero ni dañar.

Tan solo quiero tu felicidad,
pues si tu mano a la mía unida irán,
nada importará en la espera ni lo que pase,
que el final el mismo será.

Si tan solo dos palabras hicieron,
hacerme sentir más que un año de relación,
no quiero imaginarme contigo
abrazándote en una habitación.

Dime por qué de mi cabeza
no sales desde hará dos meses.
Dime por qué mi corazón me miente
diciéndome que no siente.

Dime por qué mi estómago
no come porque no puede.
Dime por qué mi alma
se siente vacía si no vienes…
4.4.13

jueves, 28 de marzo de 2013

Kilómetros.


Con el suspiro marcado en el gemido de aquella noche,
se quedó en mí tu nombre.
Con el adiós marcado en el silencio de aquél corazón roto,
se quedó en mí tu imagen...

Con los sueños marcados en miles de kilómetros de por medio,
se quedó en mí tu persona.
Con los corazones rotos por miles de sonrisas esbozadas,
se quedaron con mi felicidad.

Ahora vienes tú, dispuesta a darlo todo por un algo.
Dispuesta a quererme a pesar de la distancia.
Dispuesta a comprender mi dolor y mis lágrimas.

Ahora vienes tú, te metes en mis sueños,
penetras lo impenetrable,
desvelas lo indesvelable.

Es entonces que con unas palabras consigues lo que nadie,
con unas palabras arreglas todo,
y mi corazón, se rompe en trosoz...

Otra vez vuelvo a caer, por no coger tu mano a tiempo.
No quería hacerlo, y ahora lo necesito.
Porque tiré de ti... Y tú, no de mí...

Dime por qué leo tu nombre
y mi corazón se agarra con fuerza.
Dime por qué miro tu imagen,
y mi cabeza solo piensa: ella.

Dame la razón, porque no quiero aguantar más,
dame la razón, porque no puedo sentir más,
quiero cerrarme, y no volverme abrir,
pero vendrá otra persona, o tu... y... no quiero ni decir...

Dime por qué mi alma llora en el silencio
y por qué mi corazón se rompe en trozos, por no sentirte dentro...
por qué no quiere sentir más y cuando lo hace, se rompe.
Por qué va con cuidado y... Se desliza y... al traste.

Explícame por qué vienes con esas sonrisas,
con esas ganas de todo,
con esa necesidad de amor.

Explícame por qué me contagias de todo tu respiro,
de toda tu necesidad,
de todo tu sentimiento...
y te vas...

Explícame, porque no lo entiendo,
necesito saber qué quieres,
qué sientes y qué necesitas...
porque quiero dártelo todo...

Explícame por qué quiero darte el sí,
por qué necesito abrazarte, oler tu aroma y tenerte en mí.
Explícame por qué necesito tenerte,
quererlo todo contigo, todo eso, y me lleva a la muerte.

Explícame por qué mis lágrimas salen en el silencio de tus palabras,
por qué mi corazón te suplica, pero tiene miedo al todo por nada.
Explícame por qué daría todo por ti, si me lo pides,
por qué nada tiene sentido, después de éste desliz...


28.03.13

sábado, 2 de marzo de 2013

Sólo un quizá




Quizás sea miedo lo que siento,
Quizás miedo por lo que tengo dentro
Quizá miedo por lo que pueda pasar,
Quizá miedo por lo que puedan pensar.

Quizás jamás me entiendas pero es así,
Quizás nunca me mires, pero éstos ojos te miran a ti,
Quizás el tiempo me diga no más.
Quizás el tiempo sea el testigo de éste alma rota.

Quizás tenga miedo y me refugie en otras,
Quizás tenga miedo y no mire más,
Quizás no vuelva a salir y muera soltera,
Quizás el tiempo no envejezca, si no muera.

Att: Aje 01.03.13

viernes, 22 de febrero de 2013

Me llaman loca.




Me llaman loca,
Como si por llamarte en soledad
Fuese un delito.

Me llaman loca
Como si por pensarte otra vez,
Fuese una locura.

Me llaman loca,
Como si por buscarte en mi almohada,
Fuese algo raro.

Me llaman loca,
Como si por enamorarme de ti, ángel sin alas, demonio sin cola,
Fuese una locura.

Me llaman loca,
Como si por tener la necesidad de besarte,
Fuese una obsesiva.

Me llaman loca,
Como si por verte en mí, al cerrar los ojos
Fuese algo imposible.

Me llaman loca, pues tú, impenetrable como hierro por pluma,
Inerte como piedra y mar,
Amante como yo no llegaré por un momento,
Como si fuese una locura enamorarme de ti.

18.02.13

miércoles, 23 de enero de 2013

Recuerdo


Recuerdo su muerte,
como si de ayer se tratase.
Cada relato, cada palabra,
cada lágrima en cada frase.

Recuerdo todo lo nombrado,
lo que faltó por decir,
recuerdo las traiciones que conllevaron
y las lágrimas derrochadas por ti.

Recuerdo como siendo visitante,
tus últimas palabras de negativa eran,
y con insistencia lo negabas,
así lo creías.

Recuerdo con lágrimas cada momento,
cada imagen de ti,
cuando me sentaba a tu lado,
para volver a reír.

Recuerdo mis exámenes.
No poder ir a verte,
recuerdo su ''no hoy no'' otro día más,
sin poder visitarte.

Recuerdo cada lágrima
derrochada en el año,
cada momento vivido
y cada momento llorado.

Recuerdo cómo era tu risa,
cuando sonreías,
algo bueno aparecía en mí.

Recuerdo tu rostro muerto sobre el ataúd,
tranquilo y sin respirar.
Como si no fueses tú...

Att: Aje 23.01.13

lunes, 21 de enero de 2013

Su último suspiro.



Hoy ya no estás,
hace tiempo que marchaste,
medio año y un mes,
o siete meses, si contase.

Quizás en éste tiempo me haya distraído,
y no haya sido consciente de la realidad,
me he evadido cada vez que aparece el tema
y no he dejado que nada me afectara.

Sólo los primeros días,
lloraba en soledad,
hasta que me miré al espejo
y dije: No llores más.

Quizás todo ese tiempo,
de nada sirve, te echo de menos.
Siete meses, siete espadas,
siete días, una semana...

Porque sí, todo fueron siete días,
en el que fuiste bajando del tobogán,
los pies no pusiste en el suelo,
y te rompiste al tropezar.

Es posible que aún llore tu despedida,
porque no fue ni un adiós,
yo pensaba un ''hasta luego''
y tú decías ''qué poco... por dios...''

A pesar de la insistencia...
''no, no digas, eso, te recuperarás''
De nada iba a servir,
el destino... escrito estaba...

Que si te echo de menos,
callaré por la insistencia de mi molestia.
Que si necesito llorarte,
no lloraré por la insistencia de mis cosas.

Que si necesito ayuda,
callaré por la insistencia de un no rotundo.
Que si necesito gritar,
me gritaré para ensordecer mis oídos, enmudecer mi voz,
y hacer entender a mi cabeza, que no haga caso a mi corazón.

¿Mi respiro? La música.
¿Mi droga? Quizás el alcohol.
Una auto-lesión más
y mi corazón, no seguirá.

Att: Aje 21.01.13

lunes, 14 de enero de 2013

¿Dónde?




¿Dónde quedó todo aquello que dimos?
Aquella pasión revolcada entre sábanas y almohadas
Aquellas sonrisas escondidas entre gemidos
ahogadas en un sin fín de amor.

¿Dónde quedó lo que dijimos?
Aquellas promesas, aquellos 'hasta le infinito y más allá'
aquellas sonrisas y aquellas caricias,
aquellos momentos donde lo mejor era no cesar.

¿Dónde quedó lo que hicimos?
Aquellas tardes sumidos en un sólo placer,
utilizando el amor como medio para llegar a él.

¿Dónde está lo que vivimos?
Pues cuando te miro no puedo evitar
echarte de menos.
Pero imagino lo que fue, y dejo de hacerlo.


¿Dónde quedó lo que pasó?
Si yo no puedo olvidar cuando
acariciaba tu cuello con mis labios.

¿Dónde quedó todo el tiempo?
Si no alcanzo a decir todo el tiempo pasado,
no alcanzo decir que viví, que sentí.
No recuerdo lo que sentí por ti,

¿Dónde quedó la pasión?
¿Dónde fue a parar las sonrisas?
¿Dónde están mis sentimientos?
¿Dónde está el placer del primer amor?

Lo peor de preguntarse,
es no poder responder,
es no decir por impotencia,
es no hablar por miedo al hablar.

Dime qué hago, si cuando te veo siento rencor.
Pero lo que existe por dentro, es algo más...
Puede ser amor, pero del pasado.
De aquél que no quiero que vuelva, sin haber cambiado.

domingo, 13 de enero de 2013

El lugar


Conforme me alejo del lugar,
veo cómo mis problemas cesan.
Veo las sonrisas en los rostros
y casi me puedo contagiar.
Conforme me alejo del lugar,
veo como los problemas no están
como una sonrisa puede aparecer
en mi rostro sin tener nada que explicar.
Conforme me acerco al lugar
siento que mi corazón estalla
que necesito verte, abrazarte.
Y no soltarte jamás.
Conforme me acerco al lugar
veo mis problemas venir
veo una sonrisa menos
y bastantes problemas para mí.
Conforme estoy llegando
no me arrepiento
pues así no pierdo lo que tengo
pero pierdo lo que siento.
Conforme tengo que llegar
si soy positiva, me puedo hasta alegrar
si soy negativa...
No digo que sea todo malo,
digo que hay poco bueno.
No digo que sea todo malo,
digo que siento poco bueno.
Att: Aje

martes, 8 de enero de 2013

Extrañar


No puedo evitarlo,
El echar la vista atrás,
Recibir tu aroma
Y saber que no estás.

No te quiero,
Ni quiero volver a ser lo que éramos,
Pero echo de menos algunos actos
De lo que realmente pasamos.

Echo de menos caminar,
Echo de menos sonreír,
Echo de menos besar
Y echo de menos amar.

Echo de menos tener algo que hacer,
Echo de menos tener algo que creer,
Echo de menos esos halagos
Y echo de menos esos amagos…

Echo de menos una tarde de tonterías,
De sonrisas sin venir a cuento
De no mentiras y solo amor.
De solo dos personas en una habitación…

Echo de menos cuando no había de qué preocuparse,
Cuando solo me tenía que sentar y mandarte venir
Para besarte y no soltarte en la vida.
Pero no te quiero aquí…

Te quiero fuera de mi vida,
Pero echo de menos esos momentos.
Te quiero dentro de mi vida,
Aunque alejado de todo recuerdo…

Echo de menos tu forma de mirarme
Tu sonrisa sin más,
Aunque no me gustaba, eran tus ojos
Los que me hacían respirar.

Echo de menos el ser normal,
No tener que explicar que no estoy enferma
Que solo es una opción más,
Que soy diferente pero igual a los demás.

Echo de menos cuando me decías te quiero,
Cuando me intentabas hacer sonreír aunque no pudiese,
Cuando te miraba y tus labios vocalizaban un ‘te quiero’

Echo de menos unas T en un simple pantalón,
Echo de menos unas tardes en un simple decatlón,
Unas miradas en un simple caminar
Ambas manos unidas y sin ser dispuestas a soltar.

Echo de menos cuando estaba enamorada
Y éste me correspondía.
Echo de menos cuando estaba atontada
Y ni cuenta de nada tenía.

Aún así todo ha traído cosas mejores,
Pero no puedo evitar mirar al pasado.
No tengo la culpa de los fallos,
No es mi culpa, ahora no haber triunfado.

Me gustaría mirarte y decirte
Que ojalá todo fuese como antes,
En cierto modo lo sentiría porque, lo quiero.
Pero no contigo.

Quiero vivir, sentir y sonreír.
Sentir sin ti, y lo hago.
Quiero olvidar o más bien,
No estar realmente en soledad.

Att: aje 8.1.13

domingo, 30 de diciembre de 2012

Lo haría




No tengas miedo del qué pasará. Solo mi mano tocará tu cuerpo. Deja que mi piel roce tu piel, deja que mis manos rocen cada centímetro de ti y que entremos en un mundo de fantasía del que no podamos salir sin éxtasis. Deja que vivamos, que sintamos. Hagámoslo todo, y no dejemos que nadie se entrometa en lo que sintamos.
Acaricia mi mano, mírame a los ojos, tómame del mentón y acerca tus labios hacia mí. Cuando más lo desee, apártate, pero que sea para coger fuerzas y besarme con ganas. Entrelaza tus dedos con los míos, acarícialos y deja que mi corazón vaya a su merced.
No dejes que el viento te lleve, coge mi mano y yo te guiaré. No tengas miedo, solo es una muestra de cariño. No tengas miedo, solo estaremos tú y yo.
Ven a casa, sube a mi habitación y cierra la puerta. Mírame a los ojos, estaré tranquila, aunque nerviosa por esas inmensas ganas de besarte. Acércate a mí. Abrázame y cuando me veas llorar, no preguntes, es por ti.
Acerca tus labios a mi rostro, y dime que soy tonta, que me quieres y hazme sonreír como nunca. Roza tus labios con los míos, entonces mi corazón se saldrá del pecho, pero harás que merezca la pena vivir. Acaricia mi nuca mientras me besas, entonces mi cuerpo lo recibirá con un escalofrío, pero me encantará. Sonríeme en el beso, entonces, sonreiré como una idiota que no puede dejar de tenerte entre sus manos.
Hazme soñar, y vivir mi sueño. Déjame no saber dónde acaba mi cuerpo y dónde empieza tu piel. Deja que la luna sea testigo de ello. Bésame en la oscuridad, y en la luz de la mañana. Bésame al despertar y al acostarnos. Bésame siempre, cuando me veas. Cubre mis ojos desde atrás, cuando no te haya visto llegar y susúrrame al oído que nunca te irás de mi lado. No tengas miedo, no es solo sexo, va acompañado de amor. Tendré cuidado. Déjame rozar tu cuerpo con mis labios, recorrer cada parte de ti conmigo.
No pares, no lo hagas. Deja que cada latido de mi corazón vaya por ti, que si me das la oportunidad, intentaré hacer que el tuyo, vaya por mí. Déjame recogerte en la puerta de tu casa, aunque tenga que esperar dos horas. Que entonces me mires y me digas: Lo siento. Me abraces y me des un beso en los labios y te diré: Merece la pena.
Deja que cuando te tengas que ir, te deje justo en la puerta de tu casa, o donde sea que te tengas que recoger, y que antes de irte, llegues a adormecer mis labios de tanto besarnos.
Deja que suspire sobre tu pecho, que cabalgue sobre tu pelo, que sonría sobre tus labios, que viva sobre tu latido del corazón. Deja que mis manos acaricien tu cuerpo en cualquier momento y que tu sonrisa sea testigo de mi felicidad, por tenerte a mi lado. Deja que el alcohol recorra nuestro más sentido de la reproducción y síguelo.
Vamos a la oscuridad, no tiene por qué saber nada nadie. No me importaría llevarlo en secreto, si lo disfrazamos de amor y, es lo que sientes. Súbete sobre mí, roza tus labios contra mi cuello, me perderé. Siéntate sobre mí, mírame a los ojos y dime que me quieres, ya me tendrás para ti. Sonríeme cada mañana cuando me veas, corre hacia mí, mírame a los ojos y dime: Ven conmigo. Me saltaré las clases si así es necesario para poder besarte en la oscuridad de todo. No tengas miedo de que nadie se entere, porque no dejaré que nadie te haga daño.
Te defenderé hasta la muerte si es lo que necesitas. Te besaré hasta la saciedad si es que tú lo quieres, pero hasta la tuya, no hasta la mía, que entonces no paramos. Cuidaré de ti cuando estés enferma, rozaré tu mejilla cuando llores y te diré: Eres lo más hermoso que he visto nunca. Robaré tu sonrisa cuando te sientas en los rincones más oscuro de tu sentir.
Deja que cuide de tu cuando sientas que te queda un día de vida. Cuando estés en pijama, con la nariz roja de tanto sonarte y la cara muy pálida. Cuando te sientas la mujer más fea del mundo, porque entonces de nuevo te miraré a los ojos y te diré lo que siento: ''eres la chica más hermosa que mis ojos podrían alcanzar a ver'', esperaría a robarte una sonrisa y te besaría, sin miedo de que me contagiases, porque no me importaría contagiarme si es de ti, si es por cuidar de ti.
Ah, y por si no ha quedado claro, si me llamas, en cualquier momento, cualquier día aunque esté a miles de kilómetros de ti, y me dices ''ven... por favor'' dejaría todo, y buscaría la forma de venir a verte, porque me necesites. Entonces te abrazaría y te diría ''te lo dije, era capaz de venir''.

30.12.12 Andrea.

sábado, 29 de diciembre de 2012

Un nuevo comenzar


Navego en la curvatura que tu sonrisa deja mostrar,
camino entre la destreza de no volver a tropezar.
Sonrío ante un futuro incierto, doloroso, maldecido.
Vivo para morir, y tú no lo verás.

Recuerdo aquellas tardes de verano
en las que una sonrisa recorría mi cabeza: la tuya.
Traté y traté y de la cabeza, me la quité.
Y vuelves ahora, con sigilo y la vuelves a mostrar.

Recuerdo como me abrazabas,
Recuerdo tus caricias y tus miradas.
Tu sonrisa, el cómo me hacías sentir,
aquello... lo podía ser todo para mí.

Recuerdo cada sonrisa esbozada al viento por una tontería,
cada mirada que lo decía todo y tú no lo leías,
cada sonrisa que salía con cada estupidez,
lo recuerdo todo, y tú, no podrás recordarlo.

Recuerdo como un recuerdo abrumador recordaba a mi humilde cabeza,
recuerdo como un recuerdo podía llegar a recordar que te quería,
te recuerdo, con una sonrisa, y una lágrima a tu espalda.
Te recuerdo, con amor, con odio y con mucho sentimiento con miedo a mostrar.

Una lucha interna en mi interior,
hay dos lobos peleando,
uno blanco y tierno, la paz.
Otro negro y feo, el infierno.

El blanco lucha, trata de ganar,
pero el negro no tiene nada que perder,
podrá hacerlo sin pensar.

El negro se abalanza sobre él,
le muerde, le daña.
El blanco nada que hacer tiene...
Lo da todo por perdido.

Trata de alimentarse, de mantenerse alerta.
pero nada conseguirá, porque el negro es fuerte, atleta.
Si su corazón no sobrevive ésta vez, el negro ganará.
Entonces todo estará perdido, en el infierno vivirá.

Recuerdo cada palabra, cada sentimiento que tuve,
recuerdo cada momento, cada sitio en el que anduve.
Recuerdo como una primera vez, tus labios se acercaron a mí,
sentí adrenalina y ganas de decírtelo todo, sin temer.

Recuerdo como cada segundo, mi corazón latía.
Recuerdo como cada minuto, mi corazón moría.
Recuerdo como en aquellos momentos, no paraba de llorar,
y como  mi corazón, podía llegar a parar.

Siento tan cerca aquellos recuerdos, que parecen que fue ayer,
cuando te vi, cuando casi necesitaba besarte,
y es que volvió a aparecer.

Ese maldito sentimiento, lo llevo dentro
ese maldito sentimiento, lo quiero muerto.
Ese maldito sentimiento, no lo quiero sentir,
ese maldito sentimiento, no lo querría para ti...

¿Ves lo que me haces?
Si no te veo, mi corazón muere,
pero más muere si te veo, por no poder tenerte.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Reflexión




''Acabar con todo sería una buena opción. Fácil, rápida y bastante eficaz, seguramente. Pero eso conyevaría el no verte, el no tocarte, el no sentirte, el no poder darte un puto beso en la mejilla. Y hace que la idea de acabar con todo, se vaya desvaneciendo.
Acabar con todo sería una opción bastante acertada, pues así dejaría de existir mis tonterías, mis dolores, mis quejas, mi forma de hacer preocupar por un simple dolor mío... Mi sufrir, por querer... Pero entonces no podría volver a abrazarte y sentir tu aroma sobre mí, quedarme así y que al llegar a casa, huela a ti....
Acabar con todo acabaría con bastante dolor... El dolor de mis padres, por si lloro, me siento bien, me siento mal... El dolor de mis amigos, por lo mismo... La preocupación de si voy bien con mi corazón o si voy mal... Acabar con todo daría mucho, pero quitaría mucho. Me quitarían esos momentos en los que no puedo dejar de mirarte. Dejar de alzar la mano, coger la tuya y... Esas inmensas ganas de besarte.
Quizás sea eso por lo que aún no acabo con todo... Por las ganas increíbles que me dan de poder besarte, sentirte cerca mía, aunque sepa que jamás pasaría nada y sé que tan solo es romper de  nuevo mi corazón... Pero acabar con todo, al fin y al cabo, es una opción... ''



''Mover el mundo sería un reto demasiado difícil quizás... Pero si me lo pides tú, sabes que lo hago... Muevo el mundo, la galaxia y todo lo que queda... Queda estúpido pero es realidad... Es increíble pero no tienes ni idea de lo que sería capaz de hacer si tú me lo pides. Porque si estás en la calle, y necesitas un sitio donde dormir... Pero no quieres venir a mi casa. Me quedo en la calle contigo y si hace falta, me quito la ropa, para que estés a gusto y sin frío... Si necesitas un hombro, tienes el mío y si necesitas una sonrisa, aunque mi corazón esté roto, aunque mi razón se haya extinguido, porque tu dolor sea por un amor... Yo daré esa estúpida sonrisa para que tú estés feliz, aunque mi corazón, por dentro estará naufragando entre la sangre, tratando de no hacerse más daño... Pero será inútil...
Si me pides que mate... lo haría, pero algo más importante que matar, es dar la vida... porque matar... puedes matar a muchas personas, pero dar la vida, solo la puedes dar una vez... Es algo más valiente dar la vida que matar... Porque cuando das la vida, estás dando tu derecho a la libertad, al estar con esa persona al estar y poder tocarla, sentirla... Pero estás dejando que otra persona viva... Estás dejando que otra persona haga lo que tú harías... Das tu vida para salvar a alguien y eso para mí tiene más valor... ''

jueves, 27 de diciembre de 2012

Reflexión

''No me importaría un mundo, en el que solo estuviésemos tú y yo. En el que las estrellas, tumbadas en un descampados podamos alcanzar con dos besos. En el que con un dedo, tapemos el sol y que la luna sea testigo de cuánto te quiero. No me importaría un mundo en el que las cosas fuesen difíciles, y te tuviese aquí, conmigo. Que cada abrazo, sea un 'te amo' que cada beso, sea un 'hasta la muerte' y cada suspiro sea un deseo por nombrar. Me encantaría quedarme a cargo de ti, cuando estás mal. Quedarme contigo y no dejarte ir de mi lado. Reír, hasta que nos duela la barriga y entonces una mirada se cruce y acabe en beso. No me importaría tener que cuidar de ti una vida... Pero, ¿sabes? No mataría por ti. Moriría por ti, porque, matar, es más fácil... Pero la muerte solo podrás verla una vez de mí y yo estoy dispuesta a darla si es por ti, aunque no seas capaz de creerlo''

sábado, 22 de diciembre de 2012

Algo


Su rostro dulce,
Tiene un lindo caminar,
Una sonrisa que le ilumina
Siempre el rostro, sin parar.

Sus ojos, azules cristalinos,
Siempre cosas te enseñarán,
Con inocencia y con el corazón,
Todo te lo podrán mostrar.

Sus manos, aunque no lo parecían,
Cuidadas intentaban estar,
Aunque todo el mal que padecía,
A estar así, no podía llegar.

Que si un mal padecía,
Nadie se ha de enterar,
Que si su corazón se rompía,
Su rostro no ha de llorar.

Que si alguien se acercaba,
Para acechar su corazón,
No importa se dejaba,
Aunque luego no hablaba de amor.

Que si alguien le decía ‘te quiero’,
Le creía.
Y si alguien decía, ‘no lo hagas’.
No lo hacía.

Chica buena, nada desagradecida,
No quería volver, a la maldad padecida.
Vivía de la pobreza, del no poder más,
Aún así, noble era, no atracó jamás.

Pero estaba cansada,
Ya no podía más.
Su corazón se cansaba,
No era capaz de caminar


miércoles, 5 de diciembre de 2012

Dejabú




Las ganas de salir corriendo de aquél lugar no me faltaban. Me senté en la cama, incómoda, dando vueltas. Bajé, me senté en la silla y traté de estudiar, pero las lágrimas entumecían mi mirada, dejándome sin ver nada, y haciendo que mis escritos se corriesen. Solté el bolígrafo y me quedé mirando los apuntes, atenta, como si mi mirada se detuviese por un simple momento, con un solo pensamiento en la cabeza: Clara.
En un periodo de tiempo ella con unas simples palabras consiguió lo que en la vida nadie llegó a conseguir: Hacerme sentir especial.
Con tan solo unas palabras consiguió llegar a mi corazón y eso, casi nadie pudo hacerlo nunca, tras una pantalla, pero ya estaba cansada de las mentiras, de los malos rollos, de las falsedades y los te quiero en vano. Cogí mi móvil, abrí los mensajes y empecé a leer, con cada palabra de amor, un mar de lágrimas equivalente salían de mí.
Las conversaciones no me servirían de nada, me había vuelto a caer, quizás la caída no era a causa de aquella chica, si no de aquél suceso repetido. Dejé el móvil sobre la mesa, cerrando fuertemente los ojos, giré un poco la cabeza, comprobando que la puerta seguía cerrada, subí el volumen de la música, aumentando así la intensidad de mordida sobre los labios para no hacer ruido al llorar. Alcancé una pequeña caja donde guardaba todas aquellas cosas de las que algún día me desharía y que por el entonces quería mostrar valentía ante ello, pero no pude. La abrí y ahí estaba, esa pequeña amiga, la que me sacaba de toda la realidad y me daba ese placentero y doloroso escalofrío que yo solo era capaz de parar y controlar, prometí que nadie me iba a volver a hacer daño y me fallé a mí misma confiando en la palabra de una persona que posiblemente fuese un partido, estaba harta.
Cerré los ojos y coloqué la fría placa de metal sobre mi brazo, deslizándola a medida que me mordía el labio con mayor intensidad, esbozando un pequeño gemido entre el dolor y el placer. – Nadie más… - Murmuraba mientras tanto. Los apuntes se manchaban de sangre, sentía la debilidad de mis brazos, pero el dolor de mi corazón era mayor. Seguí incrustando mi cuchilla sobre el brazo, haciéndome sangrar y más daño. Mi mano derecha se llenaba de sangre a la vez que apretaba. Sentí debilidad, así que decidí sentarme en el frío suelo, así lo hice, con el móvil cogido sin fuerzas, con la imagen de la última conversación que tuvimos. – Lo siento… - Decía con lágrimas en los ojos, que me hacían borrosa su imagen. Estaba sola en casa, por lo que me sentía más a gusto, aún así, no quería hacer ruido. Volví a abrazar el filo junto la herida, abriendo ésta más intensamente notando como cada pequeña gota de sangre salía de mí. Sintiendo como cada lágrima recorría mi mejilla, llegando hasta mis labios, sin quererlo. Me sentía débil, casi había conseguido mi propósito: Sentirme mejor. Mi debilidad se apoderaba de mí y el charco se hacía grande por momentos, miraba al móvil que estaba aún agarrado con el brazo izquierdo. Las lágrimas salían pero tras ésta una leve sonrisa. – Ya no volveré a molestar… Nadie volverá a hacerme daño… - Decía con una voz dormida, mientras su cabeza se le iba cayendo. Antes de todo eso, quería hacer una última llamada, acercó su mano derecha, manchada de sangre al móvil y manejó hasta marcar el número correspondiente al de la chica, dio llamada… Mi debilidad iba aumentando, si no lo cogía pronto no iba a poder despedirme de ella… Escuché una voz, supuse que era ella, aunque mis oídos ya empezaron a sentir el acoplamiento de todos los sonidos juntos como dentro de un cuarto vacío. - ¿s..sí? – Respondían al móvil, no sabía cómo era su voz, así que no la pude reconocer. – C…Clara..? – Tartamudeaba con la voz dormida, apagada, casi sin intensidad alguna. - ¿Adele? ¿eres tú? – Cerré los ojos, llorando al escuchar que se acordaba de mí… - Es…Escúchame… Tengo algo… Algo que decir, y es… Importante… Al menos, para mí… - Me quedé callada unos instantes, tratando de coger aire, no tenía fuerzas… - ¿ADELE? – Escuché sus gritos de desesperación, parecía nerviosa. - ¿Estás ahí, Adele? – Decía con nerviosismo a lo que contesté. – Sí… Cla…Clara…Tengo… Que darte las gracias… Por ayudarme a sonreír estos días… aunque poco… efectivos en su momento… Pero ya con todo ha acabado… Éste es el final de… El juego ya… Ha terminado…- Decía entrecortada por las lágrimas – Te quiero… Lo sabes… Y yo, sin saber por qué… Pero te has convertido… En alguien importante…- Ella me interrumpió. – Adele… ¿dónde estás? ¿Qué estás haciendo…? – Cerré los ojos, dejando escapar unas de las posibles últimas lágrimas. - ¿Qué más… da dónde… dónde… esté…? ¿A caso… podrás venir…? No te dejan… No lo harás… - El silencio fue protagonista de nuestra conversación durante unos segundos y terminé por romperlo, casi sin fuerzas. – Solo… Quería decirte eso… Adi… - Antes de que pudiese acabar, me interrumpió. – NO. No cuelgues, no me importa… Cogeré el primer autobús que venga, iré para allí… ¿dónde es? – Cerré los ojos con lágrimas… - Si llegas a  tiempo para entonces, te dejo la dirección… en un mensaje… - Me sentía dormir. – No cuelgues… Por favor… No cuelgues – Decía ella, con nerviosismo. – Estaré aquí… No… me moveré, te he pasado la… dirección… Las… llaves están escondidas al lado… las encontrarás… - Dije sin fuerzas, tras un rato con mareo de enviar el mensaje. – No… puedo seguir… hablando… - Colgué, dejando el móvil en el suelo sin fuerzas, la sangre no cesaba y ya no tenía fuerzas ni para seguir. La música que sonaba de fondo casi ni la percibía. Al cabo de un buen rato, yacía en el suelo, notando como mi cuerpo había pasado de la pared al suelo, manchándome así de sangre el pelo. Noté una presencia que me buscaba, al parecer debió escuchar algo y asustarse al ver la puerta cerrada. Entró.
- ¡¡ADELEE!! – Gritó, desesperada. Tenía la vista nublada y casi no respiraba. Mis oídos estaban taponados. Ella se arrodilló a mi lado, viendo mi brazo y rápidamente encontró una camiseta, me la puso en el brazo haciendo un torniquete. – Es… in…in…inútil… - Decía sin fuerzas, ella negaba con la cabeza, o es lo que podía alcanzar a entender. Se acercó a mí, poniéndome sobre sus rodillas y cogió el móvil, llamando automáticamente a una ambulancia. Escuché casi cada palabra, fue entonces cuando comprendí que quizás no saldría de aquella. Cogí su mano con mi mano derecha, sin fuerza y acaricié ésta con una leve sonrisa en mi rostro, ella me miraba, llorando, noté su lágrima caer sobre mi frente. Se acercó dándome un beso justo en el mismo sitio. La miré fijamente, casi sin poder moverme de debilidad, mi mano cayó al suelo, sin fuerzas, y ella agarró ésta mirándome a los ojos, o eso creía ver. – Todo va a salir bien, preciosa… - Se acercó suavemente a mí, con cuidado de no moverme y me dio un leve beso en los labios. Había dejado la puerta abierta y dio constancia de ello a la ambulancia así que entraron sin preguntar y fueron donde le indicó Clara. Mis ojos se cerraron. Mi mente no alcanza a recordar el camino de casa al hospital más que con flashes de su mano sobre la mía, llena de lágrimas y las mías saliendo por el rabillo del ojo con una leve sonrisa mirándola. Los médicos no dieron muchas esperanzas, había perdido mucha sangre, y quizás así era mejor. Ella podría rehacer su vida, y yo, ya no tendría que olvidar nada. Era una decisión un tanto injusta, pero era lo que sentía. Desperté en el hospital, conectada a un respirador: Mi sistema había fallado y casi no me pude mantener por mí sola, así que no se iban a atener a consecuencias, me tendrían así unos días. Sentí que mi mano estaba cogida por alguien, pero no ví ese alguien en pie. Giré con cuidado un poco más la cabeza, y allí estaba ella, dormida con su mano sobre la mía en aquél infernal sillón, por mí. – ¿Cla…Clara…? – Dije, quitándome el respirador, pues podría valerme por mí misma. Una lágrima salió de mí y ella se despertó sobresaltada. Me miró y se echó a llorar mientras cogía mi mano mirándome de muy cerca. – Hola cariño… ¿cómo te encuentras? – Dijo entre lágrimas. – creí que no despertarías… Gracias por volver… - Dijo mirándome, cerré levemente los ojos, para tratar de ocultar las lágrimas, pero era inútil, éstas salían igualmente. - ¿y ella? – dije con tristeza, tratando de ocultar el dolor que había dentro de mí, pero por lo que se ve ella, lo único que quería era hacerme sentir mejor, lo que agradecí por su parte, pero no compartí en sentimiento. Ella se acercó a mi, acariciándome y mirándome a los ojos, con dulzura. Me besó la mejilla, haciéndome la chica más feliz de aquél hospital por un momento. – Olvídate de ella ahora, ¿vale? ¿Cómo estás…? – Dijo mirándome, ocultándome algo, pero traté de dejarlo a un lado. – Estoy… Necesitándote… - Dije, cerrando los ojos dejando una lágrima caer, mojando de nuevo aquella almohada. – Deja de preocuparte… Estoy aquí, ¿vale? Ya hablaremos todo más adelante…. – Dijo mirándome. - ¿Por qué? ¿De qué temes? ¿de que acabe con todo esto cuando me digas que ya no me quieres que la quieres a ell…? – No me dejó terminar, cuando me cortó con un beso. El beso más hermoso de toda mi vida, pero sabía que estaba vacío por su parte, aunque no en cierto modo. – Cállate… - Dijo mirándome. – Lo importante ahora es que te pongas bien, ¿vale? – Negué mirándola. – Quiero saber la verdad… - Ella suspiró. – No creo que estés preparada para ello… No sé si te va a gustar… - Mordí mi labio, deshaciéndome del todo del respirador, ella lo puso sobre mi rostro y me negué a ello de forma brusca, ella captó el mensaje. – Me he quedado aquí por ti, pero he quedado con ella ésta tarde, he de irme pronto… No te enfades por favor. – La miré enfurecida. - ¿Para eso me besas? ¿Para mantenerme callada y que no trate de acabar con mi vida? ¿qué quieres? ¿Hundirme? De qué vale vivir si lo que existe dentro de mí está todo muerto… ¿de qué me vale, Clara? Me decías que me querías… - Me interpuso. - ¡Y lo hacía! – Me interpuse ante su voz. - ¿Y de qué me vale que me quieras cuando a los dos días de no poder dejar de hablar contigo y tratar de estar menos encima porque eras la única que entre todo conseguía sacarme una sonrisa, si ahora me haces esto? ¿de qué me vale sonreír a esto cuando aunque mi corazón parezca latir te lo llevaste? – Dije, llorando y cada vez con más rabia. - ¿de qué me vale estar muriéndome por poder besarte y sentirte ahora junto a mí? – Ella me miró, acarició mi mejilla. – Me tengo que ir… - Es lo único que dijo. – Espera… - Dije, avergonzada por mis palabras, pero tenía que hacerlo, no podía dejar que se fuese así como así, sabía que no iba a pasar de esa semana, así que tenía que quedar con ella para al menos, cumplir mis propósitos. – Dime… - Dijo, aún cogida de mi mano. – Ésta tarde escuché que me daban el alta… ¿Podemos quedar mañana? – ella me miró y asintió. – Es lo menos que puedo hacer… - Suspiró, la miré. – En mi casa a las siete. Asintió, me dio un beso en la frente y se fue por la puerta. Cerré los ojos fuertemente, tratando de volver a aparentar felicidad. Mi madre entró y la miré con debilidad. – He oído que mañana vendrá a verte a casa, ¿verdad? – Asentí y ella sonrió. – No lo vuelvas a hacer, ¿vale? Ahora descansa… Ésta noche vamos para casa, y el lunes por la mañana, el médico te ha conseguido cita con un psicólogo, para que te ayude… Haremos todo lo posible para que salgas de éstas y verás como todo va bien… - Dijo mi madre mirándome. Mis lágrimas salieron de mí, ante sus palabras. Ella me abrazó y prometió que todo saldría bien. Se fue para que descansara.

Eran las siete del día siguiente. Hacía mi vida con normalidad, aunque con una venda en el brazo. Clara llegó entró en mi casa y cerré la puerta. Pusimos la televisión y nos quedamos mirándola, ella se apoyaba sobre mí y yo, por unos segundos era feliz inocente de pensar en la otra chica. ¿Su nombre? Era algo que ya ni me importaba, lo único importante ahora éramos ella y yo. Pusimos una película que nos hizo reír y pasamos toda la tarde la una junto a la otra. Jugamos y cenamos y tras la cena, fuimos a mi habitación.  – Quiero hablar contigo…- Ella se acercó y me miró. – No quiero que esto quede en el olvido… - Me eché en la cama, ya que era más alta que mi cintura y la mandé venir, estaba frente a mí. Me mordí el labio inferior, le cogí de la mano y la acerqué. – Adele… Sabes que  no… - dijo, empecé a darle besos por el cuello. – No puedo… - Decía, la miré a los ojos. – No va a salir de aquí, lo prometo… - Dije mirándola. – Solo… Tú y yo… Como dijimos… - Me abracé a ella, dejando que su perfume me cegara, oliendo su pelo, sintiendo su cuerpo contra el mío una primera y última vez. Pero ya no importaba nada, si no decidía ese mismo día, no aguantaría mucho más. La sostuve de la cintura y empecé a darle besos por el cuello con suavidad, esperando su correspondencia. Ella puso sus manos tras mi cabeza, acariciando mi nuca mientras se mordía el labio inferior. Cogí por los enganches de su pantalón vaquero para acercarla y no se opuso a ello, pasé de su cuello a su mejilla y de ahí suavemente a sus labios. Besé con suavidad su labio inferior sin dejar de mirarla directamente a los ojos. Viendo como ella me miraba y cerró los ojos, los cerré al instante dejando su labio inferior para comenzar a besarla con suavidad pero intensidad. – Quédate ésta noche… - Le susurré al oído, tras el largo beso. Ella se quedó quieta. – Vamooos…. – Traté de convencerla mirándola a los ojos, haciéndole ojitos como una niña pequeña, su sonrisa le delató y asintió. – Bien… - Dije, volviendo a su cuello, recorriendo éste con lentitud. Ella pasó sus manos a mi cintura, acariciando ésta lentamente. Sonreí como una idiota que cayó en sus redes una vez más, pero ya no me importaba el qué sentir cuándo. Volví a besarla, dejándome llevar por mis impulsos. Pasé a llevar el mando, la eché contra la pared, besándola con lentitud pero intensamente, absorbí su labio inferior tirando hacia mí para ver su reacción. Sonrió, me separé lentamente de ella y ella se acercó a besarme. La besé con suavidad mientras mis manos recorrían su cuerpo. Pasaron por su cintura y comenzaron a subir su camiseta lentamente. Se dejaba hacer. Sonreí sobre sus labios y ella hizo lo mismo. Iba acariciando conforme subía. Quité su camiseta, dejándola en sujetador. La miré a los ojos, miré sus hombros y observé su cuerpo semidesnudo de cintura hacia arriba, pasé suavemente mis dedos por su tripa, llegando así a sus pechos, los acaricié con cuidado, como si de una figura pequeña y frágil se tratara. Rocé mis labios por su cuello, sin apartar mis manos de sus pechos, acariciando éstos suavemente, sintiendo como su cabeza se echaba sobre la pared. Iba besando sus pechos lentamente, bajando suavemente las manos hasta llevarlas a su pantalón, desatando estos lentamente. Terminó por quitarlos con ayuda de la chica. Volvió a su cintura, paseando las manos por ésta, mientras sentía que la chica le quitaba su camisa, mirándola de reojo entre los besos de su cuello. Se dejó hacer, quitándose la camisa con su ayuda. La chica quiso llevar el mando. Pasó sus manos sobre mi cintura y comenzó a besar con lentitud mi cuello. Me dejé hacer mientras mordía mi labio, pasó de besar mi cuello a besar mis pechos mientras repetía el procedimiento que anteriormente le realicé. Noté su cuerpo semidesnudo sobre el mío, de la misma forma y sin dejarle llevar el ritmo, comencé a besarla suavemente, llevando mis manos por su espalda hasta su sujetador, desabrochando éste y a su paso besando cada uno de sus pechos. Mis manos se acercaron a su sexo, y comencé a dirigirla hacia la cama, tumbándola y tumbándome sobre ella entre besos y caricias, pasando una de las noches más desenfrenadas y cariñosas que en toda una vida se puede tener. Se hicieron las cuatro de la mañana cuando ambas ya casi íbamos a dormir, la manta nos recubría. Ella estaba sobre mi pecho, respirando tranquila, sobre mi cuello. No conseguía dormir, acariciaba su espalda y sentí como ella tampoco podía dormir. – Creo… Que… Me… Estoy enamorando de ti… - Clara me miró y yo no supe donde meterme, así que me limité a mirar al techo. – Cielo… Sabes que yo estoy con… - Le interrumpí. – Sí, ya sé, me sustituiste después de todo y… Ahora estás con ella, eso ya lo sé… Pero qué le hago si después de esos… besos me enamoras, ¿Qué le hago? No puedo mirar tus fotos sin evitar llorar por no poder tratarte como te trataba… - Dije mordiéndome el labio y ella me dio un beso en el cuello mirándome. – Creo que es mejor que me vaya… - Dijo levantándose a lo que yo negué cogiéndola del brazo. – Tranquila, te dije que hoy y nada más, ¿vale? No te preocupes, quédate… a dormir… Pondré el despertador para que cojas el primer autobús para que puedas ir con ella… - Ella me miró, asintió y se acomodó de nuevo, pero ésta vez ya no era sobre mí, si no en la propia almohada.
Pasó la noche y no paraba de dar vueltas, intenté no incomodarla, así que me levanté, cogí un folio y un bolígrafo, me fui a la salita a escribir.

*Es hora de terminar con esto. Pronto te enterarás, no me busques, ¿Vale? Sal con tu chica y diviértete. Sé feliz, que en un mes, mi presencia estará muy borrada. Espero que allá donde vaya, pueda encontrar la verdadera felicidad. Aunque la verdad ni me importa ya. Lo único que sé que echaré de menos serán esos besos tuyos. Esa forma de tocarme, esa forma de preocuparte por mí y de hablarme así tan tierna. De preocuparte con la mínima cosa que me pasase… de… hacerme sentirlo todo con tres palabras o con un ‘asdoiklsm<3 a="a" all="all" alternativos="alternativos" amar="amar" antes="antes" cerca="cerca" consigo="consigo" creo="creo" culpable="culpable" de="de" despido="despido" digo="digo" diles="diles" donde="donde" el="el" en="en" era="era" es="es" ese="ese" eso="eso" estaba="estaba" esto="esto" feliz="feliz" final="final" forma="forma" fuiste="fuiste" gotita="gotita" gracias="gracias" gran="gran" ha="ha" hasta="hasta" he="he" intentarlo="intentarlo" la="la" lado="lado" lo="lo" los="los" m="m" me="me" mi="mi" mir="mir" mis="mis" mucho="mucho" muerte.="muerte." name="name" ndote="ndote" nica="nica" no="no" nombr="nombr" o:p="o:p" odies="odies" ojos="ojos" olvidar="olvidar" padres="padres" pasado="pasado" pensaba="pensaba" peque="peque" perd="perd" pero="pero" por="por" porque="porque" preocupen="preocupen" preocupes.="preocupes." preocupes="preocupes" problemas="problemas" prop="prop" que="que" quedes="quedes" querr="querr" quiero="quiero" quise="quise" s="s" se="se" seas="seas" si="si" sientas="sientas" sito="sito" sobre="sobre" solo="solo" sta="sta" suplicar="suplicar" t="t" te="te" tenido="tenido" ti="ti" todo="todo" un="un" una="una" vale="vale" vaso="vaso" vaya="vaya" vayas="vayas" y="y" yo="yo">

Dejé la carta firmada sobre la mesita de noche, en ella cayeron lágrimas que emborronaron algunas de las palabras, pero la dejé allí igualmente. Le besé los labios una última vez. – Te amo, princesa. Cuídate y se feliz, ¿eh? – Dijo, observando la que sería la última imagen de la chica. Suspiré y salí sin hacer ruido, salí por la puerta y me dirigí a mi final a las cuatro de la mañana, esperando no encontrarme nadie. Subí al puente, pasé la barra, y respiré. Dejé mi cuerpo caer golpeándome contra el suelo.
Mi cuerpo yacía en el suelo, sin vida, desangrado y con magulladuras de haber caído sobre las piedras. Hasta la mañana siguiente nadie se dio cuenta y para entonces ya sí era demasiado tarde.
Clara se levantó de mi cama, leyó la nota y lo único que pudo hacer fue derrumbarse ante ésta con un enorme miedo de no saber qué haría, trató de contactarme, pero su intento fue inútil, el móvil estaba en casa, y yo, bajo aquél puente, siendo recogida por una ambulancia que un pueblerino cercano, aterrorizado al ver semejante imagen, llamó. Era un pueblo pequeño, por lo que pronto se enteró todo el mundo. Clara, salió de la habitación y vio a mis padres abrazándose mientras lloraban. Se esperaba lo peor… Se tapó la boca con las manos a esperas de que todo fuese una mentira, o una confusión, pero no, era cierto. Había muerto y ahora sí no volvería. – Hicimos todo lo que pudimos… Y aún así… - Lloraba desconsolada mi madre mientras mi padre la abrazaba llorando. Clara se echó las manos a la cara, cayendo al suelo de la impresión, a lo que mis padres fueron corriendo hacia ella, tratando de tranquilizarla, casi en vano. A penas podía respirar y pasaron unos cuantos minutos hasta que se tranquilizó y cuando lo hizo, mi padre se ofreció a llevarla hasta su casa. Ella se negó pero ante la insistencia de mi padre, tuvo que aceptarlo. El camino fue eterno. Mi padre sacó el tema con voz algo dormida. – Mañana por la tarde será el funeral, a las siete… - Clara recordó la hora como una hora clave. Sus lágrimas recorrieron su mejilla asintiendo. – Allí estaré… - Se mordió el labio. – Ella querría que estuvieses… - Asintió, sintiéndose tan culpable, que ni las palabras podían salirle de sí misma.

Pasó la mañana encerrada en su habitación, llorando, pero a las cuatro, llegó Catherine, su novia. A pesar de la insistencia de Clara, de que no quería ver a nadie, Catherine fue. En cuanto la vio, se acercó a ella y la abrazó llorando aferrándose a su pecho. – Shh… Pequeña… Tranquila… - Dijo Catherine abrazándola con suavidad y firmeza. – Ella… Ella… ella… - Decía tartamudeando. – Tranquila cielo, estoy yo, ¿vale? – Se quedó callada, ante el no saber qué decir, sabía que todo el problema había sido suyo. – Mañana es su funeral. – La miró alejándose, sentándose en la cama de su habitación. - ¿vas a ir? – Dijo Catherine. – CLARO. -  respondió Clara, con firmeza. – No sé, no creo que… debas ir… - Dijo Catherine, algo encelada por el caso, pero comprensiva y flexiva. – Si quieres puedo acompañarte- Clara negó. – Quiero ir sola… - Catherine se acercó. – Quiero estar sola, Catherine… Necesito pensar, ¿vale? Mañana después del funeral te veo… -
Pasó el día y a la tarde siguiente, Clara fue al funeral, estaba pegada a la caja. Llevaba un clavel, mi flor favorita. Se acordó, hacía tanto tiempo que se lo dije que no pensé que se acordaría. Cuando todos se fueron, a las siete y media, ella seguía ahí, al lado de mi tumba. – Te quiero, Adele… Te quiero… - Decía mientras sus lágrimas caían sobre mi tumba. – Clara… Aún sigues aquí… - Pasó Catherine al lugar junto a ella, cogiéndole de la mano –Vámonos, anda… - Justo en el momento de que Clara y Catherine se cogiesen de la mano un viento sopló a mi favor. Clara lo notó. Asintió, y se despidió con un leve roce de sus dedos sobre mi tumba. Una frase recorrió la mente de Clara ‘creo que me he enamorado de ti’. Caminando de la mano de Catherine estaba perdida. – Catherine, tenemos que hablar… - Catherine la miró. – No puedo seguir así… - Dijo bajando la mirada. – ¿Qué ha pasado? – Dijo Catherine a Clara. Clara bajó la cabeza y comenzó a contarle. – El otro día, por la tarde, cuando me fui tan de repente, fue ella la que me llamó… como bien te dije… Ella… Había intentado suicidarse porque antes de estar contigo, seriamente… Ella y yo éramos algo… Por lo que se ve, lo que ella sentía era mayor… Y, tras estar toda la noche en el hospital a su lado… Ella me pidió quedar una tarde… La tarde de antes de que ella se… - Catherine aclaró las lágrimas de Clara. – Entonces… ella me pidió una noche… Y,  no pude decirle que no… Porque en cierto modo lo que sentía no se fue… Tras todo… Me dijo que se había enamorado de mí y yo… Le dije que estaba contigo, pero… aún así, estaba ocultando lo evidente… Me había enamorado de ella… Y esa era la evidencia… Lo siento, Catherine… Esto… Es muy duro para mí y te agradezco que hayas estado a mi lado. Ahora me odiarás… Por haberte mentido y haberte dicho que tan solo era una amiga más, pero… Yo no sabía que todo aquello iba a pasar… - Decía Clara con lágrimas en sus ojos. Catherine la miró y una lágrima recorrió su mejilla, sin decir nada. Clara se acercó a ella, besó su mejilla y volvió allí dentro. Se acercó a mi tumba y se acostó en ésta poniendo la mejilla de lado, sintiendo el frío y soltando cada lágrima sobre mi tumba. – Te quiero…- Decía sobre mi tumba. – Pronto te veré, lo prometo… - Pasó el dedo por ésta y dio un leve beso, se levantó y se fue decidida, con las lágrimas recorriéndole por su rostro.
Dentro de su chaqueta guardaba un papel, donde le explicaba todo a sus padres y esperaba que pudiesen encontrar.
Llegó al sitio, aquél donde aún quedaban restos de mi sangre, cerró los ojos mientras se mordía el labio. – Fui una imbécil – Se lamentaba. Soltó sus manos con suavidad dejando su cuerpo caer y dejó de ser consciente de todo. Poco más tarde encontraron su cuerpo, de la misma forma, la noticia corrió, un segundo suicidio en menos de media semana. La carta fue entregada a sus padres tras su correspondiente búsqueda de éstos, y su madre leía con dificultad a causa de las lágrimas.

* Sé que sólo tengo 15 años, pero mi vida se ha ido al traste. Sentí todo y sé que esto, jamás lo podréis comprender, porque no fue por un chico. Fue por una chica. Estoy cansada de vivir dentro de un armario en el que, no puedo salir por miedo a la incomprensión. La fastidié, jugando con quien no tenía que jugar, y me fui con otra chica, más luego, no contenta volví con la primera y, me enamoré. No quería aceptarlo, pues estar con la segunda era más cómodo, porque no tenía que dar explicaciones a la hora de salir, ni casi tenía que esconderme, porque parecía todo más normal. Pero cuando besé a Adele, lo sentí todo y le dije que no era nada… Pensé que esto sería más fácil, pero ya no tiene sentido… Os quiero y os querré por siempre. Sólo pido una última cosa. Quiero que mi cuerpo yazca junto al suyo por siempre… Necesito que éste sueño, se haga realidad. Que mi cuerpo y el suyo estén en el mismo sitio… Hacedlo posible, es mi última voluntad. No quiero que lloréis por mí, es inevitable, lo sé, pero ya no tenía ninguna razón. Todo me iba mal y sé que sin esto no lo habríais comprendido y tengo la razón. Lo siento, os quiero.
- Clara *

Tras leer la carta, su madre se echó a llorar a brazos de su padre, y éste se quedaba inmóvil, pálido. – Tenemos que hacerlo… - Dijo él, ante la nota. - ¿Hacer el qué…? – Respondía ella, con la nota aún en las manos. – Cumplir lo que ella quiere… - Su mamá asintió aunque no muy convencida de ello, pues era otra chica.

Pasaron los días y arreglaron todo. Su cuerpo yacía junto al mío, sin más, como una primera vez. Aunque habiendo dañado las dos, felices por volver a estar juntas, viviendo aquello que no vivimos en vida. En otra vida, que sí era vida por vivir. Ahora sí, todo tenía sentido y, aunque todo cambiado, le tenía y ella a mí. ¿Dónde? En un vacío. ¿Cuándo? Hasta que el sentimiento lo dejase sentir… Pero éramos dos, ella y yo. Tal y como siempre, habíamos soñado.