Senderos marcaban mi camino
De mis actos soy testigo
Por cada historia, cada latir
Siempre encontré lugar donde rendir.
¿La razón? La batería apagada
No hay luz, no ha mirada
No existe túnel, si no cascada
Conocí límites marcados
No encontré lugar donde hube respirado
Con asombro y fascinación
Encontré camino y me alejé del dolor
No mucho de eso, aún no he superado
Sí, soy feliz, porque al fin he triunfado
Lágrimas perdidas, polvo derramado.
Nunca olvidaré la razón de lo llorado
La edad no hace la madurez
De eso se encarga la experiencia,
Sabía que no era el final
Debía tirar de la cuesta.
No sabía que podía
Me limitaba a oír a los demás
Oí buenos consejos
Y así lo logré pasar.
21.9.11
Vistas de página en total
Bienvenidos
Quería dar la bienvenida y las gracias, a todos aquellos que visiten mi blog.
Agradecería el comentar alguna entrada, simplemente para saber lo que puedo mejorar.
¡Muchas gracias!
¡Un beso!
Agradecería el comentar alguna entrada, simplemente para saber lo que puedo mejorar.
¡Muchas gracias!
¡Un beso!
sábado, 3 de diciembre de 2011
Soledad
Triste soledad que abunda
En mis ratos de amargura
Alegres sonrisas fingidas,
Por un día que destrozó mi vida.
Hace dos años, se destrozaron mis principios
Mi forma de pensar, mi forma de querer
A día de hoy me arrepiento
¿Por qué me cuestioné?
Maldita soledad que abunda,
Momentos tristes, apenas amanecer
Pesadillas acompañan
El anterior anochecer.
¿No te enteras de que te amo?
¿No te das cuenta?
¡Sin ti no sé!
¿No sueles observarlo?
Todo lo que siento
Todo lo que hablé
Todo lo que te dije de ‘ella’
Eso siempre lo recordaré
Sufrí en silencio,
Lo que tu amor me provocó
Sufro por las noches
Lo que tu razón de felicidad evocó.
Jamás olvidaré estos momentos,
Jamás te olvidaré
Pero sé que aún lejos de este jugar
Yo siempre te he de amar.
…Algún día acabará…
14/6/11
En mis ratos de amargura
Alegres sonrisas fingidas,
Por un día que destrozó mi vida.
Hace dos años, se destrozaron mis principios
Mi forma de pensar, mi forma de querer
A día de hoy me arrepiento
¿Por qué me cuestioné?
Maldita soledad que abunda,
Momentos tristes, apenas amanecer
Pesadillas acompañan
El anterior anochecer.
¿No te enteras de que te amo?
¿No te das cuenta?
¡Sin ti no sé!
¿No sueles observarlo?
Todo lo que siento
Todo lo que hablé
Todo lo que te dije de ‘ella’
Eso siempre lo recordaré
Sufrí en silencio,
Lo que tu amor me provocó
Sufro por las noches
Lo que tu razón de felicidad evocó.
Jamás olvidaré estos momentos,
Jamás te olvidaré
Pero sé que aún lejos de este jugar
Yo siempre te he de amar.
…Algún día acabará…
14/6/11
Comenzar a amar
Con el caminar de dos suspiros,
A los ojos cerrados
De un amanecer intenso
Aprendí amar
Con el deseo de dos cuerpos
Unidos por un estrecho lazo
De cualquier tarde de verano,
Aprendí a besar.
Con ojos cerrados, a situaciones,
Que nunca hube pensado,
Aprendí a sonreír.
Porque con una mirada,
Aprendí a sentir,
Con mucho dolor
Aprendí a desconfiar
Jamás fue cómodo,
Ver amando
Pues amor cuando no se es correspondido
No es aprender a amar
28/9/11
A los ojos cerrados
De un amanecer intenso
Aprendí amar
Con el deseo de dos cuerpos
Unidos por un estrecho lazo
De cualquier tarde de verano,
Aprendí a besar.
Con ojos cerrados, a situaciones,
Que nunca hube pensado,
Aprendí a sonreír.
Porque con una mirada,
Aprendí a sentir,
Con mucho dolor
Aprendí a desconfiar
Jamás fue cómodo,
Ver amando
Pues amor cuando no se es correspondido
No es aprender a amar
28/9/11
Aprender
Acompañé un suspiro en el cristal,
Pensé que todo sería mejor
Fallé como nunca…
Volví a caer en la tentación.
Pensé: ¿cómo hacer un mundo mejor?
Pensé ¿cómo creer cuando soy yo?
Creí saltar sobre las nubes,
Rebotar y volar libre,
Sentí que nada era malo
Que el mundo, no era el mundo.
Salté acompañada
Sin darme cuenta, que se alejaba
Salté como si nada, sintiéndome feliz,
Como si nada pasara.
Acompañé a la soledad,
Sintiéndome irónica
Acompañé a la esperanza,
Sintiéndome especial
Miro al pasado y digo:
¿Qué pensabas¿
¿Qué todo iba a salir de la nada?
Aprendí a comprender la soledad
Aprendí que aquello, no era esperanza,
Y que a pesar de la compañía
La soledad puede llegar a sentirse.
16.06.11
Pensé que todo sería mejor
Fallé como nunca…
Volví a caer en la tentación.
Pensé: ¿cómo hacer un mundo mejor?
Pensé ¿cómo creer cuando soy yo?
Creí saltar sobre las nubes,
Rebotar y volar libre,
Sentí que nada era malo
Que el mundo, no era el mundo.
Salté acompañada
Sin darme cuenta, que se alejaba
Salté como si nada, sintiéndome feliz,
Como si nada pasara.
Acompañé a la soledad,
Sintiéndome irónica
Acompañé a la esperanza,
Sintiéndome especial
Miro al pasado y digo:
¿Qué pensabas¿
¿Qué todo iba a salir de la nada?
Aprendí a comprender la soledad
Aprendí que aquello, no era esperanza,
Y que a pesar de la compañía
La soledad puede llegar a sentirse.
16.06.11
Aprenderé
Aprenderé a sonreír, en cada lágrima
Aunque tan solo sea una mentira
Comprenderé el valor de la felicidad
Aún así de no conocer el significado.
Cuando las lágrimas inunden mis ojos
Me encerraré hasta descargarme
Por el olvido de una simple palabra
No saldré a la luz en un millón de años.
Tras los libros de cuentos de hadas
Desea salir una pequeña
¡Pobre ingenua, pobre tonta!
Cree que su bolsillo, polvos saca.
No es cierto ¡Despierta imbécil!
Cierra sus oídos, no escucha jamás
Grita entre lágrimas por no querer
Oír lo que el maldito mundo le quiere decir.
22.11.11
Aunque tan solo sea una mentira
Comprenderé el valor de la felicidad
Aún así de no conocer el significado.
Cuando las lágrimas inunden mis ojos
Me encerraré hasta descargarme
Por el olvido de una simple palabra
No saldré a la luz en un millón de años.
Tras los libros de cuentos de hadas
Desea salir una pequeña
¡Pobre ingenua, pobre tonta!
Cree que su bolsillo, polvos saca.
No es cierto ¡Despierta imbécil!
Cierra sus oídos, no escucha jamás
Grita entre lágrimas por no querer
Oír lo que el maldito mundo le quiere decir.
22.11.11
Gritar fuerte
Grité un nombre en el silencio de la noche
Oí su voz, entre gritos de miedo
Sentí su mano, aunque con ardor.
-Te quiero-
Esbocé.
Sólo escuché su llanto ahogado
Del no poder responder
-Te amo-
Le decía
Más a ella, no le veía
Aunque si, podía sentirla.
-No te mueras-
Escuché un vacío
-Be..Bésame-
Esbocé al olvido.
No me olvides
No lo hagas
No sé qué hacer
Sin tu mirada
No me odies
Cuando oculto,
Porque sin ti,
Estoy sin aire.
Oye mis escritos,
Lee mi voz,
Mira mi suspiro
No olvides mi dolor.
Necesito tu sonrisa,
No me olvides, por favor
Necesito un beso tuyo,
Para irme con orgullo
Siento mi muerte lenta
Siento no poder respirar
Siento que al morir te amo
Te amo como nunca a nada.
8/6/11
Oí su voz, entre gritos de miedo
Sentí su mano, aunque con ardor.
-Te quiero-
Esbocé.
Sólo escuché su llanto ahogado
Del no poder responder
-Te amo-
Le decía
Más a ella, no le veía
Aunque si, podía sentirla.
-No te mueras-
Escuché un vacío
-Be..Bésame-
Esbocé al olvido.
No me olvides
No lo hagas
No sé qué hacer
Sin tu mirada
No me odies
Cuando oculto,
Porque sin ti,
Estoy sin aire.
Oye mis escritos,
Lee mi voz,
Mira mi suspiro
No olvides mi dolor.
Necesito tu sonrisa,
No me olvides, por favor
Necesito un beso tuyo,
Para irme con orgullo
Siento mi muerte lenta
Siento no poder respirar
Siento que al morir te amo
Te amo como nunca a nada.
8/6/11
¿De veras?
¿Acaso crees que miento?
¿Qué no te digo la verdad?
¿Que cuando digo ‘te quiero’
No lo siento en realidad?
Ahora de veras ¿Me crees?
Cuando sin ti, no sé
Cuando sin ti, me asfixio,
Cuando con intentos, fallo
Y no sé qué puedo hacer ahora,
Siento si te molesto,
¡Los siento de verdad!
No sé seguir sin ti,
Con toda esta soledad
No sé cómo hacerlo
La indecisión, es mi mayor maldición.
Tu mirada es mi tentación
Y tus labios quiero ir de excursión.
Quiero destrozarme el alma,
No quiero oír tu voz,
Siento tanta rabia dentro,
Casi ni la conozco yo.
Quiero perder el norte,
No recordar quién soy yo,
¡Quédate a mi lado!
¡Quédate a mi lado, por favor!
8/6/11
¿Qué no te digo la verdad?
¿Que cuando digo ‘te quiero’
No lo siento en realidad?
Ahora de veras ¿Me crees?
Cuando sin ti, no sé
Cuando sin ti, me asfixio,
Cuando con intentos, fallo
Y no sé qué puedo hacer ahora,
Siento si te molesto,
¡Los siento de verdad!
No sé seguir sin ti,
Con toda esta soledad
No sé cómo hacerlo
La indecisión, es mi mayor maldición.
Tu mirada es mi tentación
Y tus labios quiero ir de excursión.
Quiero destrozarme el alma,
No quiero oír tu voz,
Siento tanta rabia dentro,
Casi ni la conozco yo.
Quiero perder el norte,
No recordar quién soy yo,
¡Quédate a mi lado!
¡Quédate a mi lado, por favor!
8/6/11
martes, 15 de noviembre de 2011
Extra-escolar
Salí de clase, no podía más en dicha tortura.
El olor a porro podría captarse a tantos metros de distancia que supuse que no estarían tan cerca. Me equivoqué, las vi a lo lejos así que preferí ignorarles. Mala suerte, pues habían fichado ya a su próxima víctima. Yo.
Estaba harta de sus insultos y fue con lo que comenzaron. Pasé de ellas. – Ehh, callaros ya, ¿Queréis?- Podía darle tan bajo como quisiera, cada una de ella era más estúpida que la anterior. Se ofendieron. – Oh, la bebé sabe hablar, ya no tendrá que venir alguien a defenderla – Me ofendió, ya daba igual – Sí, yo sé hablar, pero tu sigues sin saber escribir, qué cosas, ¿no? – Una de ellas se adelantó a las otras, mientras tanto las miraba con indiferencia. - ¿Sin saber escribir? – Las miré con superioridad. – Ahá, ¿Lo entiendes? Eeeeeees-criiiii-biiiiiir – Me miraron con odio, pero pensé que era una de sus miradas ‘normal’, así que ni me preocupé. Traté de pasar al lado de ellas, pero una me lo impidió dándome un empujón, mirándome de tal manera, apretando el puño. - ¿Qué pasa ahora? – Dije con ironía, sabiendo que podría cargármela. La miré, con superioridad, ya, no me importaba, los truenos sonaban a mi alrededor, y le rocé el hombro con un dedo con un poco de asco - ¿Sabes qué? Mira, allá ustedes, podríais hacer tantas cosas, de las que jamás pensaréis en vuestra vida, pero tan cobardes seréis que haréis alguna tan vaga que no se os ocurra a una de vosotras, si no las hayáis visto en vuestro entorno. Puedo adivinarlo… - Me hice la sorprendida. – Oh noooo, ¡¡me pegaréis…!! – Ellas me miraron, intentando intimidarme, como lo hicieron durante todo el tiempo. – Anda, mira, pero si sabe lo que le vamos a hacer y todo – Una me puso la mano encima, parecía ser la jefa, era la que hablaba. – Mira tú por donde, que vamos a poder hacerlo sin tener que avisarte, ¿no? – Me reí en su cara. Me hacía tanta gracia su comentario con esa voz de imbécil que tenía… - Aiis, qué graciosa que eres – Aparté su mano de mi. – No me toques, me das asco – Le dije con repulsión, mirándola a la cara. Se crujió los dedos, como si intentase intimidar, sin darse cuenta de que por detrás andaba una profesora, cosa que ignoré, pues me daba igual que se enterase de mis comentarios. – Bulto repelente – Murmuré, a lo que se enteraron. – Perdona, ¿qué has dicho? – Dijo, quería intimidarme pero no lo conseguía como de costumbre. – Perdonada, tranquila – Se alteró, se abalanzó sobre mí, agarrándome del cuello, la profesora, no se daba cuenta pues se metió en una sala común. – Tranquila, no gritaré, puedes matarme, pero seguirás siendo lo que siempre has sido, una vulgar cobarde – Reí irónica, sabiendo que casi no podía respirar. La profesora salió y me vio ahí. Ella me soltó el cuello, dejando la cara libre para a continuación someterme a uno de sus puñetazos, éste me hizo sangre en la mejilla. La profesora corrió hacia mí. - ¡Suéltela Marie! ¡Suéltela ahora mismo! – Le ordenaba, aunque no hacía mucho caso, yo la miraba, sin intento de soltarme, pues me daba igual. – No hasta que no pague todo lo que ha dicho – Me miraba con tanto odio como estupidez que mostraba. - ¿Pagar la desgracia de tu madre? Pobre… Debe de ser… Una tortura tener una hija como tú, ¿no? – Tosía, pues casi ni podía hablar, pero me daba igual. Ella inconformada me acechó con otro de sus puñetazos, éste fue directo a la barriga. Mientras tanto, sólo quedamos Marie, Rose y yo. Rose me miraba con preocupación, pues no podía creer lo que Marie hacía, pero a mi me daba igual, a pesar de no poder respirar. – Puta bollera, ¡Cállate de una puta vez! ¡No sabes ni siquiera hablar! – Reí, a penas sin aliento, sabiendo que de un momento a otro me dejaría sin aire, pues no paraba de apretar. - ¿Crees que esto es un duelo limpio? Jamás me alcanzarías a pegar si no me dejase, imbécil. Seré bollera, pero será mejor ser bollera que una hija como tú, zorra. ¿A cuantos te has tirado ya? Bueno, perdona… Das tanto asco que ni el atrapa-polvos querría follarte. – Me dio tal puñetazo que me tiró al suelo, arreándome de nuevo alguna que otra patada en el costado. Rose se puso a su lado, agarrándola a otro lado, intentando pedir ayuda, pues ya ni me podía mover del sitio. – Déjela… Profesora, tan sólo es una imbécil cobarde que se ha llevado toda mi vida haciéndome eso, no será nada – Sonó la campana, y un corro se formó a nuestro alrededor, a la vez que esto, el director apareció entre la multitud, decidido a llevarse a cualquiera a su despacho. Yo, no podía ir. No me podía mover. Rose se acercó a mi, mientras que el director se llevaba a esa cobarde. – Qué asco de zorra – Dije con la voz muy agotada. Supongo que mi esperanza de vida para mi, había fracasado de tal manera que preferí no mirar a nadie. Aún así, entre la multitud, había gente preocupada, la cuál, Rose no dejaba acercar. – Vamos a llamar a una ambulancia – decía ella con preocupación, a lo que yo me negué en rotundo, jamás subiría de nuevo a una de esas, y no volvería a casa tampoco. – No, no quiero… Ni ambulancia, ni casa, ni nada. Quiero quedarme aquí y seguir… - Tosí, me costaba respirar del dolor que las patadas de Marie habían ocasionado en mis costillas. La profesora palpó éstas con mucho cuidado para ver si me había fracturado, pero no pudo. No quería que me levantase la camiseta, así que la sostuve, mientras los demás volvían a sus clases. – No, no quiero. Déjale, volveré a clase – Ella me miró con preocupación, aún seguía tumbada así que me intentó ayudar a levantarme mientras yo lo hacía. Me senté en el banco más cercano, sabía que no me saldría con la mía, pero no podía perder clase. Me daba demasiada vergüenza, como para estar ahí quieta junto a ella, mirándome con preocupación. – Adele, ¿Estás bien? Deberíamos llamar a un médico – Me alteré. - ¡No quiero ningún puto médico! No saben hacer nada, ¡nunca supieron hacerme nada con exactitud! – Una lágrima recorrió mi mejilla, desembocando en aquella camiseta que notó la gota caer. Me limité a ver al otro lado, sin importarme, ella se arrodilló ante mí. – Déjeme morir, ¿Por qué la ha parado? No sirvo para nada – Los ojos se me llenaron de lágrimas, todo lo decía con dificultad, pues me dolía mucho. Apreté los ojos. Ella me acarició la mejilla, haciendo que éstas se secasen. – Estoy harta de toda esa gente, estoy harta de esta sociedad que se está volviendo una auténtica copia, además de una auténtica mierda, ¡No sirvo para nada! No sé ni cómo aprobar los exámenes, no sé ni cómo saber ser persona… No puedo… ¿Por qué la ha parado? Si no la esquivaba era porque sabía que todo sería así, y que ella no pararía hasta verme tendida en el suelo sin poder respirar y sangrando. ¿Por qué? – ella me miró preocupada, no sabía que decir. – Vamos, tranquilízate… No digas esas cosas. Yo sé que no todo es tan malo como lo cuentas. Yo te ayudaré en lo que necesites, no te preocupes – Negué, con un dolor punzante en el riñón. – No, usted será como todos los profesores, pasarán por mi vida, marcándome su esencia, intentando hacer cosas buenas por mi, ayudándome, pero luego se largará, al acabar el curso se largará y jamás volveré saber nada de usted, como no sé nada de ninguno otro de los profesores. No será diferente, lo sé. Más luego, cuando le vea por la calle, si la veo, no me reconocerá, porque entonces seré una simple alumna del pasado – Negué, entre lágrimas. – Pero eso es lo de menos, no quiero seguir, si todo lo que viene siendo la vida, será así… No quiero seguir… ¡Déjela que vuelva! ¡Déjela que me mate! – Dije llorando, como nunca antes lloré. Me abrazó, nunca había abrazado a un profesor, fue una sensación demasiado extraña, para mi gusto. Pero en ese momento ya me daba igual, necesitaba un hombro en el que llorar. Me olvidé de quién era yo y quién era ella. - ¿Quieres venir conmigo, para regalarte? – Tan amable, como siempre… - ¿Ir? ¿Dónde?- Intrigada – A casa, ¿Dónde si no? – Me encogí de hombros, a lo que ella me guiñó el ojo. – Cogeré tus cosas de arriba, espérate aquí. – Le informé mi conformidad con una media sonrisa, entre dolor. No mucho tiempo pasó cuando ella me trajo mi maleta. – Iremos a mi casa y te tranquilizarás un poco, ¿Está bien? – Asentí, no muy segura, así que le pregunté que qué le dirían a mis padres. Ella me miró, intentando trasmitirme tranquilidad, cosa que en ese momento era imposible. Me sentía tan inferior... Miré al suelo, casi por llorar, así que desvié la dirección, mirando hacia otro lado, estaba tan observada que quise intentar no hacerlo. Fue otro de mis intentos fallidos, suspiré apretando los ojos. Me aferré al banco, llena de dolor. - ¿Puedo hacer algo? – Ella me miró con indecisión, y me dijo que nos fuésemos de allí, creí que vio mis intenciones. - ¿Qué te hizo ella? – La miré, con lágrimas en los ojos, llena de rabia. - ¿Y qué no me ha hecho ella? ¿Qué no hizo? Lo único que le ha faltado es matar a mi familia… - Resoplé. Ella me secó las lágrimas.
Llegamos a su casa, tras mucho alboroto al andar. No podía, me costaba tanto. Ahora que había sobrevivido a la paliza a la cuál pensaba no responder, me entraban ganas de responderle y engancharle como nunca lo hice. ¿La razón? Todo lo que esa zorra le hizo a mi vida. Me mordía el labio, casi me dejé los dientes marcados. Ella me ayudó a sentarse en su sofá, era una casa preciosa, muy colorida. Inspiraba familiaridad y me parecía bastante cómoda. Pero no hizo que me sintiera mejor. Sentí como el pinchazo de la costilla se hacía cada vez mayor y parecía manchar sangre, pero mirando mi camiseta no encontraba resto de ésta. Apretando los ojos del dolor y la rabia sentida, Rose me miraba. - ¿Estás bien, Adele? – Asentí, con la mano puesta en el costado. – Déjame verlo, por favor – Se acercaba a mi, preocupada, me negué, pero me dolía tanto que no podía oponerme a que me levantara la camiseta para verlo. – Déjale, no es nada – Ella miró con asombro, pues tenía un gran cardenal, entonces comprendí el dolor agudo sentido, pero me dio igual. – Déjale, en serio, no duele… - Mentí, como siempre cuando me pasaba algo grave, o molesto, me salieron lágrimas. Ella me miró, sin creerme, e intentó hacer que me tumbase, como era normal, no podía hacer fuerza, así que me dejé llevar por ella. – No, por favor, no necesito atención, está bien, no duele…- Me salían las lágrimas, me recordó a la última vez que pasó. Rose me miró, yo no era capaz de mirarla a la cara, puso sus manos sobre mis mejillas intentando secar mis lágrimas. – No quiero que se preocupe por mí, por favor – Ella negó. – Lo haré, quieras o no. Cuéntame, qué te pasó con esa chica – Mencionaba mientras que me ponía en el costado algo frío que no pude visualizar con exactitud. – Me ha destrozado la vida siempre que pudo… No quiero saber nada más de ella… Deseo verla muerta, porque si no lo está ella, lo estaré yo… Y me va a dar igual cuál de las dos muera, pero una lo hará muy pronto… - ella me miraba con preocupación, parecía que estaba muy preocupada, se sentó a mi lado, le hice hueco ante mí, intentando ponerme sentada, cosa que no me dejó. – No seas así… ¿No podéis hacer las paces? – Mordí encías. – Jamás haría las paces con alguien que desde los siete años ha estado tras de mí para incordiarme, e intentar hacerme daño hasta no poder más… Jamás haría las paces con alguien que a la edad de trece años, me amenazó con un cuchillo en medio de un recreo por tal de darle el bocadillo. No, jamás haría las paces con alguien que a la edad de 14 años me perseguía por la calle, me tiraba a los charcos y se reía de mí, diciéndome que era ridículo que fuese bollera, y que mi estancia era ridícula, que debería morir, yo, y toda mi familia, ¿Sabes? Jamás haría las paces con alguien como ella. Yo moriré, pero ella, sufrirá en el momento en el que yo esté muerta, pues mi espíritu sólo hará perseguirla hasta que se vuelva loca y sufra. Sufra como yo lo hice desde los siete años… - Lloraba, contándole todo, no podía resistir, imaginándome cada una de las cosas que me hizo cuando pequeñas. – no quiero hacer las paces con esa zorra. No quiero volver a verla en mi vida, quiero matarla… porque o es ella, o soy yo… - Ella me abrazó, yo me dejé, apretando los ojos, tosía. Lloraba, casi quedándome sin respiración, me senté, no podía estar acostada y aunque me doliese, me daba igual. – Por su culpa… Llevo siete intentos de suicidio y nueve psicólogos distintos, ¿Sabes? Ya me da igual lo que digan… No intento llamar la puta atención, ¡Quiero matarla! Pero no quiero que me acusen por homicidio… Sufriría entonces yo… Y eso no sería lo correcto… - Me agarré la muñeca con una mano, mientras ella me miraba con preocupación, secándome las lágrimas. Decidió que lo mejor sería cogerme la mano y besarme la frente. - ¿En serio? – Asentí, entre lágrimas. – Jamás pretendía llamar la atención, simplemente quiero morirme, y lo digo, porque ya me da igual lo que penséis. ¿Quieres pensar que llamo la atención? Piénsalo, ya qué más da, este año no tardaré en morirme… Me acercaré a ella y a sus putas discípulas y haré que me peguen, para así, que no tenga que hacer trabajo inútil. Al menos así les culparían… - Suspiré con las mejillas encharcadas. Me miró la mano y más tarde a los ojos. - ¿Es por eso que siempre llevas pulseras? – Asentí, ¿por qué si no iba a ser? Quiso verlos, y me negué. Ella me cogió la mano y apartó a un lado las pulseras, eran heridas tan recientes que podía verse casi ni secas. Dolía muchísimo, pero me daba igual. -¡Máteme ya! Necesito morir, no quiero sufrir más… ¡Dile que me maten! ¿Por qué la paró?- Ella me puso un dedo entre mis labios y yo la miraba con lágrimas. – No llores, Adele… A veces no lo vemos, pero existen miles de razones para seguir adelante, y si tienes mil y una razones para llorar, tendrás mil y dos razones para sonreír, y si la tristeza abunda, con una cosa que te haga feliz, a veces bastará para que la vida cobre sentido, aunque duela, sí, porque duele, ya que la vida no se trata de andar por un sendero que tú hayas elegido, no. La vida te lleva por el sendero que ella elija… Que hay muchas piedras, muchos pinchos y árboles con los que te chocas, pero ¿Sabes qué significa? Que más atrás, allí a lo lejos hay una cima de una montaña donde te esperará alguien, que ha sufrido lo mismo que tú, y con la cual serás la persona más feliz del mundo, o si no, esa persona, sabrá cómo ayudarte a serlo – Me quedé embobada mirándola a los ojos, pues no sabía qué hacer. No supe que decir así que me limité a bajar la cabeza y a arrepentirme por lo que había hecho, aún así, mis ganas de morir no habían cesado. – Mi cima no existe, mi cima se derrumbó hace un año, con una pequeña felicidad que recobraba el nombre de un animal…- Rose se mordió el labio, cosa que me puso aún más nerviosa. – A veces no sabemos cómo ver la cima, sin darnos cuenta que la felicidad está delante de nosotros. Pero en ocasiones es tan imposible alcanzarla por las limitaciones que nos ofrece el mundo, que no lo vemos… - Suspiró, no capté lo que quiso decirme, aunque sí el contexto. - ¿Qué tipo de limitaciones?- Pregunté con intriga. – Sí, como la pérdida de un trabajo, el rechazo social. Son tantas cosas que no sabría por donde seguir ahora mismo… - Suspiró mientras me miraba a los ojos. – Lo siento… ¿Puedo ayudarla en algo? – Me miraba con un brillo diferente en sus ojos, me agarró del mentón mientras me hablaba. – No te preocupes pequeña… Jamás nada sería posible, así que limítate a sentirte mejor. Y si lo necesitas, yo te ayudaré… Te prometo que para el año que viene, no será un adiós ni mucho menos… El instituto no me permite tener este tipo de charlas en este tipo de sitios con alumnos, así que el año que viene no queda otra que ser mejor, ¿no? Tú no te preocupes por nada… Todo… estará bien… ya verás… - Me decía con dificultad, no sabía si creerla. Pero me limité a hacerlo, o al menos a intentar hacerlo. – Todos parecían decir lo mismo, así que dará igual, te olvidarás de mí y de todos mis compañeros, antes de lo que piensas… - Me encogí de hombros y ella negó rotundamente lo dicho. – Jamás podría pasar de ti, pequeña… - Suspiró. – si lo hiciese, sería culpa de el trabajo… - Le miré, recordé la temática que en ese mismo instante estábamos dando en ética. - ¿Darás la culpa al trabajo? Entonces no serías del todo libre, al menos eso dijeron en ética, la semana pasada… Pero dará lo mismo, ya verás como te olvidarás de mi nombre y de cómo soy, confía en mí, todos lo hicieron… - Repetía una y otra vez. – Pero es que resulta que YO, no soy otras. Resulta que yo, soy yo, y tú, eres tú- Seguía sin creérmelo. – Sí, yo, soy yo, y tú eres tú, pero no quitará que yo sea la misma para ti que para otra profesora. Me olvidarás como todos y lo sabes… -
No conseguía comprender sus palabras, pero podía captar el nerviosismo que sus ojos reflejaban, no era el mismo que cuando estaba dando clase con los demás, era otro tipo de nerviosismo, pero no supe qué pensar. Ella se acercaba mientras me miraba a los ojos, me besó con lentitud la mejilla. – Te prometo que no… - Alzó su mejilla, como si supiese que eso siempre me hacía confiar, no supe que hacer, pero respondí al impulso de alzarlo y enlazarlo. - ¿Por qué no lo harás? – Supuse que sería una mentira más de otro profesor, pero no conseguía descifrar del todo sus palabras. – El año que viene lo sabrás… - Fruncí el ceño. - ¿El año que viene? El año que viene no sé dónde estaré… Será mejor que me entere ahora… - Suspiré, ella, parecía que lo comprendió todo. Se acercó con lentitud a mi rostro, hasta poner su frente con la mía. Vale sí, fui imbécil, no me di cuenta de nada hasta ese momento en el que miré a sus ojos tan de cerca. – No puedo hacerlo… Compréndeme… - Le miré, sin importarme nada de lo que pasase. – Nadie se enteraría de nada, lo prometo… - Alcé mi meñique y ella me miró con inseguridad, aún así, lo enlazó con el mío. – Podrían echarme de mi trabajo y denunciarme, ¿Lo sabes? – Asentí, sabía sobre ello. Pero me daba igual, sabía que nada malo podía pasar si me callaba. No sabía qué pasaba del todo, pero sabía que sus antiguas palabras de ‘limitaciones’ habían recobrado en un segundo todo su sentido. – Jamás diré nada… - Me miró a los ojos, y yo muy nerviosa no dejé de hacerlo. - ¿será nuestro pequeño secreto?- No deslacé su dedo del mío, lo alcé y murmuré. – Nuestro pequeño secreto- Ella se acercó a mi, con lentitud. Estaba tan nerviosa que notaba como el corazón se me saldría por la garganta de un momento a otro. Sus labios rozaron los míos, apreté los ojos pues tenía mucho miedo y de éste salieron dos lágrimas. Ya en sus labios, a punto de besarla, oí su voz murmurar un ‘te amo’. Sonreí, sin querer separarme de sus labios. El dolor de mi costilla no era inferior, pero el dolor de mi corazón, casi sentí que podía cesar.
Att: Aje 15/11/11
El olor a porro podría captarse a tantos metros de distancia que supuse que no estarían tan cerca. Me equivoqué, las vi a lo lejos así que preferí ignorarles. Mala suerte, pues habían fichado ya a su próxima víctima. Yo.
Estaba harta de sus insultos y fue con lo que comenzaron. Pasé de ellas. – Ehh, callaros ya, ¿Queréis?- Podía darle tan bajo como quisiera, cada una de ella era más estúpida que la anterior. Se ofendieron. – Oh, la bebé sabe hablar, ya no tendrá que venir alguien a defenderla – Me ofendió, ya daba igual – Sí, yo sé hablar, pero tu sigues sin saber escribir, qué cosas, ¿no? – Una de ellas se adelantó a las otras, mientras tanto las miraba con indiferencia. - ¿Sin saber escribir? – Las miré con superioridad. – Ahá, ¿Lo entiendes? Eeeeeees-criiiii-biiiiiir – Me miraron con odio, pero pensé que era una de sus miradas ‘normal’, así que ni me preocupé. Traté de pasar al lado de ellas, pero una me lo impidió dándome un empujón, mirándome de tal manera, apretando el puño. - ¿Qué pasa ahora? – Dije con ironía, sabiendo que podría cargármela. La miré, con superioridad, ya, no me importaba, los truenos sonaban a mi alrededor, y le rocé el hombro con un dedo con un poco de asco - ¿Sabes qué? Mira, allá ustedes, podríais hacer tantas cosas, de las que jamás pensaréis en vuestra vida, pero tan cobardes seréis que haréis alguna tan vaga que no se os ocurra a una de vosotras, si no las hayáis visto en vuestro entorno. Puedo adivinarlo… - Me hice la sorprendida. – Oh noooo, ¡¡me pegaréis…!! – Ellas me miraron, intentando intimidarme, como lo hicieron durante todo el tiempo. – Anda, mira, pero si sabe lo que le vamos a hacer y todo – Una me puso la mano encima, parecía ser la jefa, era la que hablaba. – Mira tú por donde, que vamos a poder hacerlo sin tener que avisarte, ¿no? – Me reí en su cara. Me hacía tanta gracia su comentario con esa voz de imbécil que tenía… - Aiis, qué graciosa que eres – Aparté su mano de mi. – No me toques, me das asco – Le dije con repulsión, mirándola a la cara. Se crujió los dedos, como si intentase intimidar, sin darse cuenta de que por detrás andaba una profesora, cosa que ignoré, pues me daba igual que se enterase de mis comentarios. – Bulto repelente – Murmuré, a lo que se enteraron. – Perdona, ¿qué has dicho? – Dijo, quería intimidarme pero no lo conseguía como de costumbre. – Perdonada, tranquila – Se alteró, se abalanzó sobre mí, agarrándome del cuello, la profesora, no se daba cuenta pues se metió en una sala común. – Tranquila, no gritaré, puedes matarme, pero seguirás siendo lo que siempre has sido, una vulgar cobarde – Reí irónica, sabiendo que casi no podía respirar. La profesora salió y me vio ahí. Ella me soltó el cuello, dejando la cara libre para a continuación someterme a uno de sus puñetazos, éste me hizo sangre en la mejilla. La profesora corrió hacia mí. - ¡Suéltela Marie! ¡Suéltela ahora mismo! – Le ordenaba, aunque no hacía mucho caso, yo la miraba, sin intento de soltarme, pues me daba igual. – No hasta que no pague todo lo que ha dicho – Me miraba con tanto odio como estupidez que mostraba. - ¿Pagar la desgracia de tu madre? Pobre… Debe de ser… Una tortura tener una hija como tú, ¿no? – Tosía, pues casi ni podía hablar, pero me daba igual. Ella inconformada me acechó con otro de sus puñetazos, éste fue directo a la barriga. Mientras tanto, sólo quedamos Marie, Rose y yo. Rose me miraba con preocupación, pues no podía creer lo que Marie hacía, pero a mi me daba igual, a pesar de no poder respirar. – Puta bollera, ¡Cállate de una puta vez! ¡No sabes ni siquiera hablar! – Reí, a penas sin aliento, sabiendo que de un momento a otro me dejaría sin aire, pues no paraba de apretar. - ¿Crees que esto es un duelo limpio? Jamás me alcanzarías a pegar si no me dejase, imbécil. Seré bollera, pero será mejor ser bollera que una hija como tú, zorra. ¿A cuantos te has tirado ya? Bueno, perdona… Das tanto asco que ni el atrapa-polvos querría follarte. – Me dio tal puñetazo que me tiró al suelo, arreándome de nuevo alguna que otra patada en el costado. Rose se puso a su lado, agarrándola a otro lado, intentando pedir ayuda, pues ya ni me podía mover del sitio. – Déjela… Profesora, tan sólo es una imbécil cobarde que se ha llevado toda mi vida haciéndome eso, no será nada – Sonó la campana, y un corro se formó a nuestro alrededor, a la vez que esto, el director apareció entre la multitud, decidido a llevarse a cualquiera a su despacho. Yo, no podía ir. No me podía mover. Rose se acercó a mi, mientras que el director se llevaba a esa cobarde. – Qué asco de zorra – Dije con la voz muy agotada. Supongo que mi esperanza de vida para mi, había fracasado de tal manera que preferí no mirar a nadie. Aún así, entre la multitud, había gente preocupada, la cuál, Rose no dejaba acercar. – Vamos a llamar a una ambulancia – decía ella con preocupación, a lo que yo me negué en rotundo, jamás subiría de nuevo a una de esas, y no volvería a casa tampoco. – No, no quiero… Ni ambulancia, ni casa, ni nada. Quiero quedarme aquí y seguir… - Tosí, me costaba respirar del dolor que las patadas de Marie habían ocasionado en mis costillas. La profesora palpó éstas con mucho cuidado para ver si me había fracturado, pero no pudo. No quería que me levantase la camiseta, así que la sostuve, mientras los demás volvían a sus clases. – No, no quiero. Déjale, volveré a clase – Ella me miró con preocupación, aún seguía tumbada así que me intentó ayudar a levantarme mientras yo lo hacía. Me senté en el banco más cercano, sabía que no me saldría con la mía, pero no podía perder clase. Me daba demasiada vergüenza, como para estar ahí quieta junto a ella, mirándome con preocupación. – Adele, ¿Estás bien? Deberíamos llamar a un médico – Me alteré. - ¡No quiero ningún puto médico! No saben hacer nada, ¡nunca supieron hacerme nada con exactitud! – Una lágrima recorrió mi mejilla, desembocando en aquella camiseta que notó la gota caer. Me limité a ver al otro lado, sin importarme, ella se arrodilló ante mí. – Déjeme morir, ¿Por qué la ha parado? No sirvo para nada – Los ojos se me llenaron de lágrimas, todo lo decía con dificultad, pues me dolía mucho. Apreté los ojos. Ella me acarició la mejilla, haciendo que éstas se secasen. – Estoy harta de toda esa gente, estoy harta de esta sociedad que se está volviendo una auténtica copia, además de una auténtica mierda, ¡No sirvo para nada! No sé ni cómo aprobar los exámenes, no sé ni cómo saber ser persona… No puedo… ¿Por qué la ha parado? Si no la esquivaba era porque sabía que todo sería así, y que ella no pararía hasta verme tendida en el suelo sin poder respirar y sangrando. ¿Por qué? – ella me miró preocupada, no sabía que decir. – Vamos, tranquilízate… No digas esas cosas. Yo sé que no todo es tan malo como lo cuentas. Yo te ayudaré en lo que necesites, no te preocupes – Negué, con un dolor punzante en el riñón. – No, usted será como todos los profesores, pasarán por mi vida, marcándome su esencia, intentando hacer cosas buenas por mi, ayudándome, pero luego se largará, al acabar el curso se largará y jamás volveré saber nada de usted, como no sé nada de ninguno otro de los profesores. No será diferente, lo sé. Más luego, cuando le vea por la calle, si la veo, no me reconocerá, porque entonces seré una simple alumna del pasado – Negué, entre lágrimas. – Pero eso es lo de menos, no quiero seguir, si todo lo que viene siendo la vida, será así… No quiero seguir… ¡Déjela que vuelva! ¡Déjela que me mate! – Dije llorando, como nunca antes lloré. Me abrazó, nunca había abrazado a un profesor, fue una sensación demasiado extraña, para mi gusto. Pero en ese momento ya me daba igual, necesitaba un hombro en el que llorar. Me olvidé de quién era yo y quién era ella. - ¿Quieres venir conmigo, para regalarte? – Tan amable, como siempre… - ¿Ir? ¿Dónde?- Intrigada – A casa, ¿Dónde si no? – Me encogí de hombros, a lo que ella me guiñó el ojo. – Cogeré tus cosas de arriba, espérate aquí. – Le informé mi conformidad con una media sonrisa, entre dolor. No mucho tiempo pasó cuando ella me trajo mi maleta. – Iremos a mi casa y te tranquilizarás un poco, ¿Está bien? – Asentí, no muy segura, así que le pregunté que qué le dirían a mis padres. Ella me miró, intentando trasmitirme tranquilidad, cosa que en ese momento era imposible. Me sentía tan inferior... Miré al suelo, casi por llorar, así que desvié la dirección, mirando hacia otro lado, estaba tan observada que quise intentar no hacerlo. Fue otro de mis intentos fallidos, suspiré apretando los ojos. Me aferré al banco, llena de dolor. - ¿Puedo hacer algo? – Ella me miró con indecisión, y me dijo que nos fuésemos de allí, creí que vio mis intenciones. - ¿Qué te hizo ella? – La miré, con lágrimas en los ojos, llena de rabia. - ¿Y qué no me ha hecho ella? ¿Qué no hizo? Lo único que le ha faltado es matar a mi familia… - Resoplé. Ella me secó las lágrimas.
Llegamos a su casa, tras mucho alboroto al andar. No podía, me costaba tanto. Ahora que había sobrevivido a la paliza a la cuál pensaba no responder, me entraban ganas de responderle y engancharle como nunca lo hice. ¿La razón? Todo lo que esa zorra le hizo a mi vida. Me mordía el labio, casi me dejé los dientes marcados. Ella me ayudó a sentarse en su sofá, era una casa preciosa, muy colorida. Inspiraba familiaridad y me parecía bastante cómoda. Pero no hizo que me sintiera mejor. Sentí como el pinchazo de la costilla se hacía cada vez mayor y parecía manchar sangre, pero mirando mi camiseta no encontraba resto de ésta. Apretando los ojos del dolor y la rabia sentida, Rose me miraba. - ¿Estás bien, Adele? – Asentí, con la mano puesta en el costado. – Déjame verlo, por favor – Se acercaba a mi, preocupada, me negué, pero me dolía tanto que no podía oponerme a que me levantara la camiseta para verlo. – Déjale, no es nada – Ella miró con asombro, pues tenía un gran cardenal, entonces comprendí el dolor agudo sentido, pero me dio igual. – Déjale, en serio, no duele… - Mentí, como siempre cuando me pasaba algo grave, o molesto, me salieron lágrimas. Ella me miró, sin creerme, e intentó hacer que me tumbase, como era normal, no podía hacer fuerza, así que me dejé llevar por ella. – No, por favor, no necesito atención, está bien, no duele…- Me salían las lágrimas, me recordó a la última vez que pasó. Rose me miró, yo no era capaz de mirarla a la cara, puso sus manos sobre mis mejillas intentando secar mis lágrimas. – No quiero que se preocupe por mí, por favor – Ella negó. – Lo haré, quieras o no. Cuéntame, qué te pasó con esa chica – Mencionaba mientras que me ponía en el costado algo frío que no pude visualizar con exactitud. – Me ha destrozado la vida siempre que pudo… No quiero saber nada más de ella… Deseo verla muerta, porque si no lo está ella, lo estaré yo… Y me va a dar igual cuál de las dos muera, pero una lo hará muy pronto… - ella me miraba con preocupación, parecía que estaba muy preocupada, se sentó a mi lado, le hice hueco ante mí, intentando ponerme sentada, cosa que no me dejó. – No seas así… ¿No podéis hacer las paces? – Mordí encías. – Jamás haría las paces con alguien que desde los siete años ha estado tras de mí para incordiarme, e intentar hacerme daño hasta no poder más… Jamás haría las paces con alguien que a la edad de trece años, me amenazó con un cuchillo en medio de un recreo por tal de darle el bocadillo. No, jamás haría las paces con alguien que a la edad de 14 años me perseguía por la calle, me tiraba a los charcos y se reía de mí, diciéndome que era ridículo que fuese bollera, y que mi estancia era ridícula, que debería morir, yo, y toda mi familia, ¿Sabes? Jamás haría las paces con alguien como ella. Yo moriré, pero ella, sufrirá en el momento en el que yo esté muerta, pues mi espíritu sólo hará perseguirla hasta que se vuelva loca y sufra. Sufra como yo lo hice desde los siete años… - Lloraba, contándole todo, no podía resistir, imaginándome cada una de las cosas que me hizo cuando pequeñas. – no quiero hacer las paces con esa zorra. No quiero volver a verla en mi vida, quiero matarla… porque o es ella, o soy yo… - Ella me abrazó, yo me dejé, apretando los ojos, tosía. Lloraba, casi quedándome sin respiración, me senté, no podía estar acostada y aunque me doliese, me daba igual. – Por su culpa… Llevo siete intentos de suicidio y nueve psicólogos distintos, ¿Sabes? Ya me da igual lo que digan… No intento llamar la puta atención, ¡Quiero matarla! Pero no quiero que me acusen por homicidio… Sufriría entonces yo… Y eso no sería lo correcto… - Me agarré la muñeca con una mano, mientras ella me miraba con preocupación, secándome las lágrimas. Decidió que lo mejor sería cogerme la mano y besarme la frente. - ¿En serio? – Asentí, entre lágrimas. – Jamás pretendía llamar la atención, simplemente quiero morirme, y lo digo, porque ya me da igual lo que penséis. ¿Quieres pensar que llamo la atención? Piénsalo, ya qué más da, este año no tardaré en morirme… Me acercaré a ella y a sus putas discípulas y haré que me peguen, para así, que no tenga que hacer trabajo inútil. Al menos así les culparían… - Suspiré con las mejillas encharcadas. Me miró la mano y más tarde a los ojos. - ¿Es por eso que siempre llevas pulseras? – Asentí, ¿por qué si no iba a ser? Quiso verlos, y me negué. Ella me cogió la mano y apartó a un lado las pulseras, eran heridas tan recientes que podía verse casi ni secas. Dolía muchísimo, pero me daba igual. -¡Máteme ya! Necesito morir, no quiero sufrir más… ¡Dile que me maten! ¿Por qué la paró?- Ella me puso un dedo entre mis labios y yo la miraba con lágrimas. – No llores, Adele… A veces no lo vemos, pero existen miles de razones para seguir adelante, y si tienes mil y una razones para llorar, tendrás mil y dos razones para sonreír, y si la tristeza abunda, con una cosa que te haga feliz, a veces bastará para que la vida cobre sentido, aunque duela, sí, porque duele, ya que la vida no se trata de andar por un sendero que tú hayas elegido, no. La vida te lleva por el sendero que ella elija… Que hay muchas piedras, muchos pinchos y árboles con los que te chocas, pero ¿Sabes qué significa? Que más atrás, allí a lo lejos hay una cima de una montaña donde te esperará alguien, que ha sufrido lo mismo que tú, y con la cual serás la persona más feliz del mundo, o si no, esa persona, sabrá cómo ayudarte a serlo – Me quedé embobada mirándola a los ojos, pues no sabía qué hacer. No supe que decir así que me limité a bajar la cabeza y a arrepentirme por lo que había hecho, aún así, mis ganas de morir no habían cesado. – Mi cima no existe, mi cima se derrumbó hace un año, con una pequeña felicidad que recobraba el nombre de un animal…- Rose se mordió el labio, cosa que me puso aún más nerviosa. – A veces no sabemos cómo ver la cima, sin darnos cuenta que la felicidad está delante de nosotros. Pero en ocasiones es tan imposible alcanzarla por las limitaciones que nos ofrece el mundo, que no lo vemos… - Suspiró, no capté lo que quiso decirme, aunque sí el contexto. - ¿Qué tipo de limitaciones?- Pregunté con intriga. – Sí, como la pérdida de un trabajo, el rechazo social. Son tantas cosas que no sabría por donde seguir ahora mismo… - Suspiró mientras me miraba a los ojos. – Lo siento… ¿Puedo ayudarla en algo? – Me miraba con un brillo diferente en sus ojos, me agarró del mentón mientras me hablaba. – No te preocupes pequeña… Jamás nada sería posible, así que limítate a sentirte mejor. Y si lo necesitas, yo te ayudaré… Te prometo que para el año que viene, no será un adiós ni mucho menos… El instituto no me permite tener este tipo de charlas en este tipo de sitios con alumnos, así que el año que viene no queda otra que ser mejor, ¿no? Tú no te preocupes por nada… Todo… estará bien… ya verás… - Me decía con dificultad, no sabía si creerla. Pero me limité a hacerlo, o al menos a intentar hacerlo. – Todos parecían decir lo mismo, así que dará igual, te olvidarás de mí y de todos mis compañeros, antes de lo que piensas… - Me encogí de hombros y ella negó rotundamente lo dicho. – Jamás podría pasar de ti, pequeña… - Suspiró. – si lo hiciese, sería culpa de el trabajo… - Le miré, recordé la temática que en ese mismo instante estábamos dando en ética. - ¿Darás la culpa al trabajo? Entonces no serías del todo libre, al menos eso dijeron en ética, la semana pasada… Pero dará lo mismo, ya verás como te olvidarás de mi nombre y de cómo soy, confía en mí, todos lo hicieron… - Repetía una y otra vez. – Pero es que resulta que YO, no soy otras. Resulta que yo, soy yo, y tú, eres tú- Seguía sin creérmelo. – Sí, yo, soy yo, y tú eres tú, pero no quitará que yo sea la misma para ti que para otra profesora. Me olvidarás como todos y lo sabes… -
No conseguía comprender sus palabras, pero podía captar el nerviosismo que sus ojos reflejaban, no era el mismo que cuando estaba dando clase con los demás, era otro tipo de nerviosismo, pero no supe qué pensar. Ella se acercaba mientras me miraba a los ojos, me besó con lentitud la mejilla. – Te prometo que no… - Alzó su mejilla, como si supiese que eso siempre me hacía confiar, no supe que hacer, pero respondí al impulso de alzarlo y enlazarlo. - ¿Por qué no lo harás? – Supuse que sería una mentira más de otro profesor, pero no conseguía descifrar del todo sus palabras. – El año que viene lo sabrás… - Fruncí el ceño. - ¿El año que viene? El año que viene no sé dónde estaré… Será mejor que me entere ahora… - Suspiré, ella, parecía que lo comprendió todo. Se acercó con lentitud a mi rostro, hasta poner su frente con la mía. Vale sí, fui imbécil, no me di cuenta de nada hasta ese momento en el que miré a sus ojos tan de cerca. – No puedo hacerlo… Compréndeme… - Le miré, sin importarme nada de lo que pasase. – Nadie se enteraría de nada, lo prometo… - Alcé mi meñique y ella me miró con inseguridad, aún así, lo enlazó con el mío. – Podrían echarme de mi trabajo y denunciarme, ¿Lo sabes? – Asentí, sabía sobre ello. Pero me daba igual, sabía que nada malo podía pasar si me callaba. No sabía qué pasaba del todo, pero sabía que sus antiguas palabras de ‘limitaciones’ habían recobrado en un segundo todo su sentido. – Jamás diré nada… - Me miró a los ojos, y yo muy nerviosa no dejé de hacerlo. - ¿será nuestro pequeño secreto?- No deslacé su dedo del mío, lo alcé y murmuré. – Nuestro pequeño secreto- Ella se acercó a mi, con lentitud. Estaba tan nerviosa que notaba como el corazón se me saldría por la garganta de un momento a otro. Sus labios rozaron los míos, apreté los ojos pues tenía mucho miedo y de éste salieron dos lágrimas. Ya en sus labios, a punto de besarla, oí su voz murmurar un ‘te amo’. Sonreí, sin querer separarme de sus labios. El dolor de mi costilla no era inferior, pero el dolor de mi corazón, casi sentí que podía cesar.
Att: Aje 15/11/11
domingo, 6 de noviembre de 2011
Miedo de perderte
Te tengo de la mano,
Ya no te quiero soltar.
Observo tus ojos
En un alegre caminar.
Pero sé, que aunque el mal abunde,
Aquí dentro de nosotros,
Nada malo podrá pasar.
Estamos hechos el uno para el otro,
No lo hagamos estallar.
Comprendo que son muchas cosas
Comprendo que soy muy infantil, la verdad.
Comprende que soy muy débil,
Que solo a tu lado, me reconforto más.
No quiero irme de tu lado
Nunca, en lo que me quede de vida.
No quiero alejarme de ti,
Ni aunque de eso me valla la existencia.
No conseguía respirar,
Hasta que apareciste.
No conseguía caminar,
Hasta que me dirigiste la palabra.
Soy imbécil, lo admito.
Soy tu imbécil, te lo permito.
No me quiero separar de ti,
No quiero rime de tu lado
No pensé jamás, el haberme enamorado
Pero ahora que lo hice, no me quiero ir de aquí
Y si la distancia abunda,
Mi corazón no se separará de ti.
Porque podrás decir ‘Fulanita, menganito’
Pero comprende que el único en mi corazón eres tú.
Que hay muchos fantasmas en mi pasado,
Que hay muchos huecos sin formar.
Pero el único hueco que está formado,
Es el que necesito tener a mi lado.
Eres el único, eres lo mejor.
Eres lo que nunca hube pensado,
Y lo que no sé si me merezco.
Yo te quiero, yo te amo,
Y de verdad, comprendo todo tu pasado
Pero no entiendo por qué todo tiene que venir
Una y otra vez a joder.
Me da mucha rabia, aunque digas que me encelo
No es así, simplemente, tengo miedo.
Tengo miedo de perderte, porque eres lo mejor.
Tengo miedo de que mi corazón, no aguante otro adiós.
No aguantaría otro arañazo más,
Sus presencias, no paran de dañar.
Dime celosa, mientras tanto, diré enamorada.
Att: aje 06/11/11
Ya no te quiero soltar.
Observo tus ojos
En un alegre caminar.
Pero sé, que aunque el mal abunde,
Aquí dentro de nosotros,
Nada malo podrá pasar.
Estamos hechos el uno para el otro,
No lo hagamos estallar.
Comprendo que son muchas cosas
Comprendo que soy muy infantil, la verdad.
Comprende que soy muy débil,
Que solo a tu lado, me reconforto más.
No quiero irme de tu lado
Nunca, en lo que me quede de vida.
No quiero alejarme de ti,
Ni aunque de eso me valla la existencia.
No conseguía respirar,
Hasta que apareciste.
No conseguía caminar,
Hasta que me dirigiste la palabra.
Soy imbécil, lo admito.
Soy tu imbécil, te lo permito.
No me quiero separar de ti,
No quiero rime de tu lado
No pensé jamás, el haberme enamorado
Pero ahora que lo hice, no me quiero ir de aquí
Y si la distancia abunda,
Mi corazón no se separará de ti.
Porque podrás decir ‘Fulanita, menganito’
Pero comprende que el único en mi corazón eres tú.
Que hay muchos fantasmas en mi pasado,
Que hay muchos huecos sin formar.
Pero el único hueco que está formado,
Es el que necesito tener a mi lado.
Eres el único, eres lo mejor.
Eres lo que nunca hube pensado,
Y lo que no sé si me merezco.
Yo te quiero, yo te amo,
Y de verdad, comprendo todo tu pasado
Pero no entiendo por qué todo tiene que venir
Una y otra vez a joder.
Me da mucha rabia, aunque digas que me encelo
No es así, simplemente, tengo miedo.
Tengo miedo de perderte, porque eres lo mejor.
Tengo miedo de que mi corazón, no aguante otro adiós.
No aguantaría otro arañazo más,
Sus presencias, no paran de dañar.
Dime celosa, mientras tanto, diré enamorada.
Att: aje 06/11/11
martes, 1 de noviembre de 2011
Nada que explicar
Un amargo pasado ocultó en su interior,
Deseosa de llorar, en un amargo cúmulo de rencor.
Apartó las miradas, de aquellas personas que siempre odió,
Por respeto, un respeto que jamás debió guardar.
No diré tristeza, aunque de eso se tratara.
Tampoco diré violencia, pues de eso no se ofrecía.
Prefiero guardar algunas palabras, podría sonar borde.
Diré que sería un cúmulo de emociones, deseosas de estallar.
Más el sujeto en sí, no quería explotar,
Pues sabía que algo peor, comenzaría en realidad.
Prefería guardar el dolor, allí dentro, en su corazón.
Con pintas de dura, iba por la vida
Sin darse cuenta, que era una tierna y pequeña
Que jamás pudo ver, todo lo que los demás
Le quisieron ofrecer.
Aprendió a llorar para sí, cuando tenía ganas
Comprendió la verdadera felicidad, cuando no la había.
Supo guardarse del alcohol, cuando quiso lanzarse.
Supo guardar bien su autocontrol, pues era lo que le fallaba.
Porque el mal, hacia ella fue, sin solicitarlo
La oscuridad, inundó aquella barca la cuál fue pinchada
No lo consiguieron, no se hundió.
No se dieron cuenta, su barca era la mejor.
Las suyas eran esbeltas y bonitas
Pero no llevaban nada en su interior.
Cuando se quieran dar cuenta
Un vendaval de años, habrá caído sobre ellas,
Entonces sólo serán suciedades vacías
Las cuales nadie querrá.
No juzgues a una barca por su envoltura,
Júzgala por su interior,
Que pronto será lo que te proteja
De un duro vendaval, con el nombre de vida.
Att: Aje 1.11.11
Deseosa de llorar, en un amargo cúmulo de rencor.
Apartó las miradas, de aquellas personas que siempre odió,
Por respeto, un respeto que jamás debió guardar.
No diré tristeza, aunque de eso se tratara.
Tampoco diré violencia, pues de eso no se ofrecía.
Prefiero guardar algunas palabras, podría sonar borde.
Diré que sería un cúmulo de emociones, deseosas de estallar.
Más el sujeto en sí, no quería explotar,
Pues sabía que algo peor, comenzaría en realidad.
Prefería guardar el dolor, allí dentro, en su corazón.
Con pintas de dura, iba por la vida
Sin darse cuenta, que era una tierna y pequeña
Que jamás pudo ver, todo lo que los demás
Le quisieron ofrecer.
Aprendió a llorar para sí, cuando tenía ganas
Comprendió la verdadera felicidad, cuando no la había.
Supo guardarse del alcohol, cuando quiso lanzarse.
Supo guardar bien su autocontrol, pues era lo que le fallaba.
Porque el mal, hacia ella fue, sin solicitarlo
La oscuridad, inundó aquella barca la cuál fue pinchada
No lo consiguieron, no se hundió.
No se dieron cuenta, su barca era la mejor.
Las suyas eran esbeltas y bonitas
Pero no llevaban nada en su interior.
Cuando se quieran dar cuenta
Un vendaval de años, habrá caído sobre ellas,
Entonces sólo serán suciedades vacías
Las cuales nadie querrá.
No juzgues a una barca por su envoltura,
Júzgala por su interior,
Que pronto será lo que te proteja
De un duro vendaval, con el nombre de vida.
Att: Aje 1.11.11
domingo, 30 de octubre de 2011
Desvanecida
Caminé sin rumbo, hasta no poder más. Me paré, me derrumbé. Comencé a correr mientras lloraba, sin razón, buscando un lugar donde refugiarme de toda la muchedumbre. Tenía alguien especial, lo sabía, pero no me gustaba a mi misma, hasta tal punto que me producía asco. Asco propio. Intenté deshacerme de mí, jamás lo conseguí. Intenté cambiar, nunca pude. Carecía de fuerzas, él ahora no estaba. Me sentía tan sola cuando no estaba a mi lado… Corrí, me refugié en un banco donde pensé que jamás aparecería nadie, estaba tan equivocada.
Lloré, hasta quedar sin lágrimas, quise beber, hasta quedarme sin conciencia, así que me dispuse a ello, sabiendo que él lo odiaba y que me odiaría por ello… Pero no era capaz de deducir la razón de por qué le gustaba…
¿Por qué lloraba, si con él era tan feliz? No lo sé, pero me sentía tan culpable de estar así… Que decidí anestesiar. Me sentía tan imbécil.
Un grupo de canis decidieron arruinarme más aún la noche, no era la primera vez que lo hacían, pero intenté resistir, hasta que uno de ellos se acercaba más que los otros, borracho. Yo no estaba menos que ellos, así que supongo que esa fue la razón de mi salto. – Imbécil – Musité. Seguían diciendo insultos, a lo que pasaba, mirando hacia otro lado. Sabía que eran peligrosos, aunque eso ya, me daba igual. Me dispuse a sacar mi móvil, eran las cuatro de la mañana y no quería despertarlo, pero quise dejarle un sms, sabía que la cosa no estaba yendo bien. Mordiendo encías, alcancé a escribirle. ‘Jamás he amado a nadie como te he amado a ti, y lo haré hasta el último de mis días. Quiero decirte que si me pasa algo, lo mejor que harías es seguir viviendo, dándome la satisfacción de que he sido correspondida.’ Le dí a enviar. Uno de ellos, tomando demasiadas confianzas cogió mi móvil y leyó el mensaje, a lo que se puso a burlarme de mí. - ¿Qué? Ohhhhhh mirad lo que pone aquí ‘Jamás he amado a nadie como…’ – Le corté la palabra – ¡DAME ESO AHORA MISMO! – Me levanté, con la botella de cristal en la mano. – Ohhh, la nena se pone valiente, ¿no? – Me enfadó, me abalancé a por el móvil. - ¿quieres esto? Pobrecita, quizás seas demasiado pequeña para tenerlo, mejor que te lo guarde – Me cabreó, golpeé la botella en el banco hasta romperla. Estaba ebria, ahora sí lo notaba, podía verlo doble. – Jamás comprenderías el funcionamiento de semejante teléfono, imbécil – Se guardó el teléfono en el bolsillo y se acercó a mi, sacando su navaja. Ya me daba igual. – Con que esas tenemos ¿no? ¡Enana! Tú te lo has buscado… - Me puso su navaja al cuello, estampándome contra la pared. No sentí nada, pero la respiración me dio un vuelco. - ¿Crees que así vas a conseguir bien propio? ¡Me da igual lo que hagas imbécil! Jamás me llegarías a la suela del zapato. Si es que sabes lo que es eso, claro. – Le insulté, esperando tocar demasiado su conciencia, pero no esperaba mayor respuesta que la de pensar sobre lo que había dicho. Éste apenas había entendido lo que dije, pero se limitó a apretar la navaja haciéndome sangrar leve. – Oh sí, eso… ¿Me vas a matar, cobarde? ¡Sí, eso harás! ¡Me vas a mataaaaaaaaaaaaaaar y le vas a decir a todos que a alguien la cuál podría ser tu hija te ha pegado, ¿no? No tienes escusa, irás a la cárcel y morirás pudriéndote en tu propia mierda, ¡CERDO! – Grité, enfadada con el mundo. Éste respondió zarandeándome. Me tiró al suelo, éste golpe si lo sentí. Me golpeó la cabeza, haciéndola sangrar, casi no me sentía bien pero me daba igual. La gente llegó a oír mis gritos, llamarían a la policía. Ellos salieron corriendo, mientras yo, me pudría en el suelo, poco a poco. – Ya me daba igual, volver a caer… Necesitaba llorar y vine a un lugar… No era consciente de mis palabras, la bebida calló en mi mano, y mi mano necesitaba anestesiar… No quiero que llores por mi muerte, porque sería una lágrima perdida, jamás olvides todo lo que te amo, porque siempre… siempre lo hice. Mis palabras serán en vano, porque no las podrás escuchar, pero yo si que te dije siempre, ‘te amaré hasta mi final’ – Cerré mis ojos, tras alcanzar a ver a una multitud. No tuve fuerzas para decir ninguna palabra más. Las lágrimas cayeron al suelo. Esperé que mis palabras fuesen a su corazón.
Lloré, hasta quedar sin lágrimas, quise beber, hasta quedarme sin conciencia, así que me dispuse a ello, sabiendo que él lo odiaba y que me odiaría por ello… Pero no era capaz de deducir la razón de por qué le gustaba…
¿Por qué lloraba, si con él era tan feliz? No lo sé, pero me sentía tan culpable de estar así… Que decidí anestesiar. Me sentía tan imbécil.
Un grupo de canis decidieron arruinarme más aún la noche, no era la primera vez que lo hacían, pero intenté resistir, hasta que uno de ellos se acercaba más que los otros, borracho. Yo no estaba menos que ellos, así que supongo que esa fue la razón de mi salto. – Imbécil – Musité. Seguían diciendo insultos, a lo que pasaba, mirando hacia otro lado. Sabía que eran peligrosos, aunque eso ya, me daba igual. Me dispuse a sacar mi móvil, eran las cuatro de la mañana y no quería despertarlo, pero quise dejarle un sms, sabía que la cosa no estaba yendo bien. Mordiendo encías, alcancé a escribirle. ‘Jamás he amado a nadie como te he amado a ti, y lo haré hasta el último de mis días. Quiero decirte que si me pasa algo, lo mejor que harías es seguir viviendo, dándome la satisfacción de que he sido correspondida.’ Le dí a enviar. Uno de ellos, tomando demasiadas confianzas cogió mi móvil y leyó el mensaje, a lo que se puso a burlarme de mí. - ¿Qué? Ohhhhhh mirad lo que pone aquí ‘Jamás he amado a nadie como…’ – Le corté la palabra – ¡DAME ESO AHORA MISMO! – Me levanté, con la botella de cristal en la mano. – Ohhh, la nena se pone valiente, ¿no? – Me enfadó, me abalancé a por el móvil. - ¿quieres esto? Pobrecita, quizás seas demasiado pequeña para tenerlo, mejor que te lo guarde – Me cabreó, golpeé la botella en el banco hasta romperla. Estaba ebria, ahora sí lo notaba, podía verlo doble. – Jamás comprenderías el funcionamiento de semejante teléfono, imbécil – Se guardó el teléfono en el bolsillo y se acercó a mi, sacando su navaja. Ya me daba igual. – Con que esas tenemos ¿no? ¡Enana! Tú te lo has buscado… - Me puso su navaja al cuello, estampándome contra la pared. No sentí nada, pero la respiración me dio un vuelco. - ¿Crees que así vas a conseguir bien propio? ¡Me da igual lo que hagas imbécil! Jamás me llegarías a la suela del zapato. Si es que sabes lo que es eso, claro. – Le insulté, esperando tocar demasiado su conciencia, pero no esperaba mayor respuesta que la de pensar sobre lo que había dicho. Éste apenas había entendido lo que dije, pero se limitó a apretar la navaja haciéndome sangrar leve. – Oh sí, eso… ¿Me vas a matar, cobarde? ¡Sí, eso harás! ¡Me vas a mataaaaaaaaaaaaaaar y le vas a decir a todos que a alguien la cuál podría ser tu hija te ha pegado, ¿no? No tienes escusa, irás a la cárcel y morirás pudriéndote en tu propia mierda, ¡CERDO! – Grité, enfadada con el mundo. Éste respondió zarandeándome. Me tiró al suelo, éste golpe si lo sentí. Me golpeó la cabeza, haciéndola sangrar, casi no me sentía bien pero me daba igual. La gente llegó a oír mis gritos, llamarían a la policía. Ellos salieron corriendo, mientras yo, me pudría en el suelo, poco a poco. – Ya me daba igual, volver a caer… Necesitaba llorar y vine a un lugar… No era consciente de mis palabras, la bebida calló en mi mano, y mi mano necesitaba anestesiar… No quiero que llores por mi muerte, porque sería una lágrima perdida, jamás olvides todo lo que te amo, porque siempre… siempre lo hice. Mis palabras serán en vano, porque no las podrás escuchar, pero yo si que te dije siempre, ‘te amaré hasta mi final’ – Cerré mis ojos, tras alcanzar a ver a una multitud. No tuve fuerzas para decir ninguna palabra más. Las lágrimas cayeron al suelo. Esperé que mis palabras fuesen a su corazón.
Tu comprensión
Puede que intente ponerte celoso,
Puede que me guste mirarte cuando te ‘enfadas’
Puede que me encante verte encelado
Pero odio, cuando lo haces en serio.
Odio cuando me hablas en broma, cosas que duelen.
Odio cuando me esquivas un beso, por estar ‘enfadado’
Amo cuando me miras a los ojos y me dices ‘te amo’
Amo cuando me abrazas desde atrás, sin dejar de recordármelo.
No pienso un mundo sin ti, ¡Quiero que lo sepas!
No necesito esperar para saber que eres tú, pero quiero hacerlo.
Simplemente no necesito tiempo para nada, contigo.
Pero lo único que quiero es estar preparada.
Admito que me encelo, porque sé
Que jamás te gustaré de todas maneras.
Admito que odio verme en el espejo,
Y que no comprendo ¿Qué ves?
Odio tu pasado, porque lo recuerdas,
Odio cuando recuerdas el mal, porque me haces sentir así.
No me gusta verte sufrir, más muero yo sin ti.
Sólo necesito comprensión,
Necesito llorar en tus brazos, para sentir tu calor.
Sentirme libre, sin tener por qué explicar nada
Porque simplemente, me sienta mal.
Necesito llorar, sin que me preguntes,
Sin que me digas si es que no soy feliz contigo.
¡Contigo sé vivir!
Pero aún así, a veces lloro, como todo…
Lo siento, pero es mi realidad,
No quiero que te marches jamás,
Pero comprende que en ocasiones sin razón,
Yo necesito llorar, teniendo tu comprensión.
Att; Aje 30/10/11
Puede que me guste mirarte cuando te ‘enfadas’
Puede que me encante verte encelado
Pero odio, cuando lo haces en serio.
Odio cuando me hablas en broma, cosas que duelen.
Odio cuando me esquivas un beso, por estar ‘enfadado’
Amo cuando me miras a los ojos y me dices ‘te amo’
Amo cuando me abrazas desde atrás, sin dejar de recordármelo.
No pienso un mundo sin ti, ¡Quiero que lo sepas!
No necesito esperar para saber que eres tú, pero quiero hacerlo.
Simplemente no necesito tiempo para nada, contigo.
Pero lo único que quiero es estar preparada.
Admito que me encelo, porque sé
Que jamás te gustaré de todas maneras.
Admito que odio verme en el espejo,
Y que no comprendo ¿Qué ves?
Odio tu pasado, porque lo recuerdas,
Odio cuando recuerdas el mal, porque me haces sentir así.
No me gusta verte sufrir, más muero yo sin ti.
Sólo necesito comprensión,
Necesito llorar en tus brazos, para sentir tu calor.
Sentirme libre, sin tener por qué explicar nada
Porque simplemente, me sienta mal.
Necesito llorar, sin que me preguntes,
Sin que me digas si es que no soy feliz contigo.
¡Contigo sé vivir!
Pero aún así, a veces lloro, como todo…
Lo siento, pero es mi realidad,
No quiero que te marches jamás,
Pero comprende que en ocasiones sin razón,
Yo necesito llorar, teniendo tu comprensión.
Att; Aje 30/10/11
miércoles, 19 de octubre de 2011
No todo es tan malo.
Nada en el día fue bien. Estaba sentado en un banco, tenía tantas ganas de llorar… No podía aguantarme más, estaba super cabreada y cuando era así, me ponía a llorar. No quería hacerlo ante él. Así que me limité a quejarme sobre el comportamiento de los que me hicieron enfadar. No sabía sostener las lágrimas, y menos si me miraba de esa forma, entristecida y preocupado por mí. Nunca me gustó esa sensación. Me sentía observada y doblemente mal. Por hacerle preocuparse y por culpa de los que se ocuparon de enfadarme.
- No puedo más, en serio… ¡Quiero irme de aquí!
+ Vamos, no digas eso… Ya verás como todo irá bien…
- Pero es que… En casa siempre me tienen harta y… pff, no puedo más…
+ Venga, en mi casa es igual, pero no te preocupes, verás que luego llegas y todo será normal…
- Sí, pero estoy… Estoy muy harta…
+ Ven conmigo…
- Ojalá…
Suspiré, mirándolo, con los ojos llorosos, me eché sobre su pecho, esperando recibir un abrazo que me obligase a cerrar los ojos. Así lo hizo, él me abrazó, haciéndome sentir segura, ahora.
+ Te quiero…
Susurró.
- Yo más…
Contesté, esperando no recibir respuesta, puesto que necesitaba ocultar mis lágrimas. Me eché sobre su hombro, mirando a un punto fijo, intentando olvidarme de todo, mientras me salían las lágrimas. Él intentó comenzar a hablar… No quería hacerlo, no podía hablar en ese momento y no quería que se preocupase más por mí… Así que me abalancé con lentitud sobre sus labios y comencé a besarle mientras la lágrima recorría mi mejilla, y un tímido respiro ahogado surgió de la nada. Parecía que no se dio cuenta, así que decidí dejar el tema a un lado y seguir caminando por el parque de su mano, como cada tarde, en los mejores momentos del día.
Att: Aje
- No puedo más, en serio… ¡Quiero irme de aquí!
+ Vamos, no digas eso… Ya verás como todo irá bien…
- Pero es que… En casa siempre me tienen harta y… pff, no puedo más…
+ Venga, en mi casa es igual, pero no te preocupes, verás que luego llegas y todo será normal…
- Sí, pero estoy… Estoy muy harta…
+ Ven conmigo…
- Ojalá…
Suspiré, mirándolo, con los ojos llorosos, me eché sobre su pecho, esperando recibir un abrazo que me obligase a cerrar los ojos. Así lo hizo, él me abrazó, haciéndome sentir segura, ahora.
+ Te quiero…
Susurró.
- Yo más…
Contesté, esperando no recibir respuesta, puesto que necesitaba ocultar mis lágrimas. Me eché sobre su hombro, mirando a un punto fijo, intentando olvidarme de todo, mientras me salían las lágrimas. Él intentó comenzar a hablar… No quería hacerlo, no podía hablar en ese momento y no quería que se preocupase más por mí… Así que me abalancé con lentitud sobre sus labios y comencé a besarle mientras la lágrima recorría mi mejilla, y un tímido respiro ahogado surgió de la nada. Parecía que no se dio cuenta, así que decidí dejar el tema a un lado y seguir caminando por el parque de su mano, como cada tarde, en los mejores momentos del día.
Att: Aje
jueves, 6 de octubre de 2011
Recuerdos
Las cosas cambian, cambian hasta tal punto, que las cosas que antes eran divertidas, ahora se hacen rutinas.
¿Recuerdas cuando ir al colegio era toda una aventura? Sí, en esas mañanas en que lo pasabas en grande con todos tus compañeros y siempre había cosas por descubrir. Incluso, cuando el mayor temor tan sólo era el acabado de la hora del recreo.
O, incluso tardes en cualquier lugar con un amigo simplemente, se convertía en una gran aventura.
Sí, son recuerdos que vienen a la mente y suelen sacar una gran sonrisa, incluso si esa tarde te hiciste una rozadura en la rodilla y te doliese.
¿Recuerdas cuando aprendiste a montar en bicicleta? Todo un mundo lleno de aventuras, como siempre surgía de la nada, para que tú y tus dos ruedas fueseis ahí a investigar.
¿Recuerdas cuando imaginar ser mayor era divertido?
¿Qué me dices de cuando se jugaban a las casitas?
Incluso cuando hacer castillitos de arena, era tu afición, y por hacer la forma de un cubo ya te creías un artista.
¿Y esos cumpleaños en los que invitabas a toda la clase?
Las cosas ahora han cambiado mucho. Miras al pasado y dices, “¿Y yo hacía eso? ¿Y yo me divertía con eso?”
Pues sí, todos nos divertíamos con eso, hasta que la cosa llegó a rutina.
Hubo un momento en el que perdimos la ilusión por el ir al instituto absolutamente todos los días. Fue cuando nos dimos cuenta que, aprender realmente con ésos profesores era realmente aburrido. Y que el instituto era divertido la primera semana, ya luego parecía una rutina increíblemente… Pesada.
Más tarde, descubrimos que la bicicleta llega a ser un buen lugar de transporte y ya no es para descubrir, sólo para transportar.
Los recuerdos de siempre rondarán nuestra cabeza, hasta que ésta lo permita. La inocencia nunca se pierde, tú eliges perderla, o sacarla a paseo y abandonarla.
Tú y sólo tú puedes decidir, como ser.
Porque puede que ya no sea lo mismo a la hora de ir a estudiar, al ir a coger la bicicleta, o al ir a la playa para hacer castillos de arena, pero no todo es un final de inocencia, porque sé que dentro de cada una de las personas de este planeta, queda un mínimo punto, ese mínimo, que es donde queda la inocencia resguardada detrás de toda una seriedad.
Porque madurar, no es dejar de ser feliz ni mucho menos, es más, tampoco es dejar de ilusionarse por un día, por un momento determinado ni si quiera es comenzar a ser la persona más seria de este planeta.
Madurar es comprender, que el mundo que tenías en tu imaginación, no es real, que sólo es producto de ella y que siempre puedes agarrarle la mano a la inocencia para sacarla en un momento dado, porque ésta no te la rechazará nunca.
Ella quiere divertirse. Hay tiempo para todo.
Porque crecer es obligatorio, pero madurar no lo es.
Tú eliges hacerlo, pero jamás te olvides de lo que fuiste. No te desprendas de eso porque te vendrá genial para algún día.
¿Recuerdas cuando ir al colegio era toda una aventura? Sí, en esas mañanas en que lo pasabas en grande con todos tus compañeros y siempre había cosas por descubrir. Incluso, cuando el mayor temor tan sólo era el acabado de la hora del recreo.
O, incluso tardes en cualquier lugar con un amigo simplemente, se convertía en una gran aventura.
Sí, son recuerdos que vienen a la mente y suelen sacar una gran sonrisa, incluso si esa tarde te hiciste una rozadura en la rodilla y te doliese.
¿Recuerdas cuando aprendiste a montar en bicicleta? Todo un mundo lleno de aventuras, como siempre surgía de la nada, para que tú y tus dos ruedas fueseis ahí a investigar.
¿Recuerdas cuando imaginar ser mayor era divertido?
¿Qué me dices de cuando se jugaban a las casitas?
Incluso cuando hacer castillitos de arena, era tu afición, y por hacer la forma de un cubo ya te creías un artista.
¿Y esos cumpleaños en los que invitabas a toda la clase?
Las cosas ahora han cambiado mucho. Miras al pasado y dices, “¿Y yo hacía eso? ¿Y yo me divertía con eso?”
Pues sí, todos nos divertíamos con eso, hasta que la cosa llegó a rutina.
Hubo un momento en el que perdimos la ilusión por el ir al instituto absolutamente todos los días. Fue cuando nos dimos cuenta que, aprender realmente con ésos profesores era realmente aburrido. Y que el instituto era divertido la primera semana, ya luego parecía una rutina increíblemente… Pesada.
Más tarde, descubrimos que la bicicleta llega a ser un buen lugar de transporte y ya no es para descubrir, sólo para transportar.
Los recuerdos de siempre rondarán nuestra cabeza, hasta que ésta lo permita. La inocencia nunca se pierde, tú eliges perderla, o sacarla a paseo y abandonarla.
Tú y sólo tú puedes decidir, como ser.
Porque puede que ya no sea lo mismo a la hora de ir a estudiar, al ir a coger la bicicleta, o al ir a la playa para hacer castillos de arena, pero no todo es un final de inocencia, porque sé que dentro de cada una de las personas de este planeta, queda un mínimo punto, ese mínimo, que es donde queda la inocencia resguardada detrás de toda una seriedad.
Porque madurar, no es dejar de ser feliz ni mucho menos, es más, tampoco es dejar de ilusionarse por un día, por un momento determinado ni si quiera es comenzar a ser la persona más seria de este planeta.
Madurar es comprender, que el mundo que tenías en tu imaginación, no es real, que sólo es producto de ella y que siempre puedes agarrarle la mano a la inocencia para sacarla en un momento dado, porque ésta no te la rechazará nunca.
Ella quiere divertirse. Hay tiempo para todo.
Porque crecer es obligatorio, pero madurar no lo es.
Tú eliges hacerlo, pero jamás te olvides de lo que fuiste. No te desprendas de eso porque te vendrá genial para algún día.
sábado, 1 de octubre de 2011
Recuerdos
Recuerdo aquellos días de ilusión,
En aquellos momentos, en el que sólo era yo.
Recuerdo el ansioso momento,
En el que el timbre sonaba, ¡Ya están dentro!
Jugábamos en el patio,
Jugábamos a bailar,
Siempre era feliz,
No se me ocurría llorar.
Hasta que llegaron los infernales,
Recuerdo la lluvia,
Recuerdo los chispazos
Lo que producía aquella nube
Y me hacía entristecerme tanto.
Luego llegó la enfermedad
Dentro de casa, mientras la fiesta estaba fuera.
Mientras los demás festejaban, lo que era mío.
Nadie se acordaba de la razón, ni de mi se hacían cargo…
No era el colmo, porque luego estaban las peleas,
Peleas de familia, con alguna que otra tontería.
‘Que si tu no mandas en mí’ ellas decían
‘Has hecho esto malo, ¿No te das cuenta?’ Ella respondía.
‘¡Podéis parar de una maldita vez!’ Mi corazón no se decidía.
Más no entendía la razón,
De por qué en mi cumpleaños
Siempre hubo dolor.
Luego llegó la soledad,
Marcó tal intimidad en mis recuerdos
Que ahora miedo tengo al llegar.
Fue una tarde lluviosa,
Gran dolor de cabeza
Decidí salir sola,
Para olvidar tal tristeza.
Más no era suficiente
Ya la lluvia me alcanzó
Lágrimas bañaban mi mejilla
Con el agua se disolvió.
No quiero dicha fecha
No quiero saber nada más
Querría olvidar todo esto,
Para no volverme a dañar…
Att:aje
En aquellos momentos, en el que sólo era yo.
Recuerdo el ansioso momento,
En el que el timbre sonaba, ¡Ya están dentro!
Jugábamos en el patio,
Jugábamos a bailar,
Siempre era feliz,
No se me ocurría llorar.
Hasta que llegaron los infernales,
Recuerdo la lluvia,
Recuerdo los chispazos
Lo que producía aquella nube
Y me hacía entristecerme tanto.
Luego llegó la enfermedad
Dentro de casa, mientras la fiesta estaba fuera.
Mientras los demás festejaban, lo que era mío.
Nadie se acordaba de la razón, ni de mi se hacían cargo…
No era el colmo, porque luego estaban las peleas,
Peleas de familia, con alguna que otra tontería.
‘Que si tu no mandas en mí’ ellas decían
‘Has hecho esto malo, ¿No te das cuenta?’ Ella respondía.
‘¡Podéis parar de una maldita vez!’ Mi corazón no se decidía.
Más no entendía la razón,
De por qué en mi cumpleaños
Siempre hubo dolor.
Luego llegó la soledad,
Marcó tal intimidad en mis recuerdos
Que ahora miedo tengo al llegar.
Fue una tarde lluviosa,
Gran dolor de cabeza
Decidí salir sola,
Para olvidar tal tristeza.
Más no era suficiente
Ya la lluvia me alcanzó
Lágrimas bañaban mi mejilla
Con el agua se disolvió.
No quiero dicha fecha
No quiero saber nada más
Querría olvidar todo esto,
Para no volverme a dañar…
Att:aje
miércoles, 7 de septiembre de 2011
Serie LHDP
Entre mis brazos te tuve,
Con impotencia soporté,
Poco a poco verte débil,
Intentaba taparte la sangre.
Te miraba a los ojos, con dolor.
Más el tuyo, en mi era doble.
Más no sabía soportar verte llorar.
Pues era un día especial,
Aquél día en el que todo comenzaba,
Una nueva vida iba a pasar,
Era el comienzo de una nueva era.
Era nuestro comienzo ahora.
En mis brazos te tenía,
Más no soportaba verte llorar.
¡No llores, princesa!
Verás como te recuperarás.
Sin ganas te decía,
Pues más miedo era el que tenía.
Tú decías ‘Esta es mi hora’
Yo te decía ‘no digas eso ni en broma’
Ahí estabas, medio dormida,
Y aunque te intentaba reanimar,
Tu no podías, tu cuerpo no respondía.
Tu me miraste, y tus ojos dijeron
‘Te amé hasta mi fin’
Tu corazón se paró.
Abracé a tu cuerpo, sin poder parar de llorar.
Att; Aje
Con impotencia soporté,
Poco a poco verte débil,
Intentaba taparte la sangre.
Te miraba a los ojos, con dolor.
Más el tuyo, en mi era doble.
Más no sabía soportar verte llorar.
Pues era un día especial,
Aquél día en el que todo comenzaba,
Una nueva vida iba a pasar,
Era el comienzo de una nueva era.
Era nuestro comienzo ahora.
En mis brazos te tenía,
Más no soportaba verte llorar.
¡No llores, princesa!
Verás como te recuperarás.
Sin ganas te decía,
Pues más miedo era el que tenía.
Tú decías ‘Esta es mi hora’
Yo te decía ‘no digas eso ni en broma’
Ahí estabas, medio dormida,
Y aunque te intentaba reanimar,
Tu no podías, tu cuerpo no respondía.
Tu me miraste, y tus ojos dijeron
‘Te amé hasta mi fin’
Tu corazón se paró.
Abracé a tu cuerpo, sin poder parar de llorar.
Att; Aje
martes, 6 de septiembre de 2011
Miedo
Tengo miedo de perderlos,
Por estar con él
Tengo miedo que el tiempo se haga corto
Y no me deje pensar.
Tengo miedo en el futuro,
Porque nunca me había salido nada bien
Quiero un futuro sin agobios,
Sin nada que temer.
Y no sé comenzar.
Tengo miedo, a volar alto,
A volar tan algo, que luego
No sepa aterrizar.
Tengo miedo a sentir caer lentamente,
Y no pueda extender mis alas para no hacerme daño.
Tengo miedo de llorar por algo perdido,
De llorar por algo marchado
De llorar, porque nadie me haga caso.
O de perder, por mi actitud lo que conseguí.
Tengo miedo de perderle,
Tengo miedo de perderlas,
Tengo miedo del curso,
De las personas, de mis amigas.
Tengo tanto miedo, de alejarme de todo,
De no saber nada de nadie,
Y que nadie me cuente nada.
El miedo abunda mis días,
Y no sé cómo alejarlo.
Yo sé que con él irá bien
Yo sé que él será fiel.
Pero ¿Y los demás?
¿Y si la estoy fastidiando, estando con él?
¿Y si no se molestan, porque no sea igual?
Siento algo que me separa, e intento unir,
Pero hago planes por adelantado,
No quiero pasar un verano al lado del ordenador.
No es mi culpa, ¡hago planes!
Intento estar con todos,
Aunque realmente,
A veces sienta que no estoy con nadie
Att:Aje
Por estar con él
Tengo miedo que el tiempo se haga corto
Y no me deje pensar.
Tengo miedo en el futuro,
Porque nunca me había salido nada bien
Quiero un futuro sin agobios,
Sin nada que temer.
Y no sé comenzar.
Tengo miedo, a volar alto,
A volar tan algo, que luego
No sepa aterrizar.
Tengo miedo a sentir caer lentamente,
Y no pueda extender mis alas para no hacerme daño.
Tengo miedo de llorar por algo perdido,
De llorar por algo marchado
De llorar, porque nadie me haga caso.
O de perder, por mi actitud lo que conseguí.
Tengo miedo de perderle,
Tengo miedo de perderlas,
Tengo miedo del curso,
De las personas, de mis amigas.
Tengo tanto miedo, de alejarme de todo,
De no saber nada de nadie,
Y que nadie me cuente nada.
El miedo abunda mis días,
Y no sé cómo alejarlo.
Yo sé que con él irá bien
Yo sé que él será fiel.
Pero ¿Y los demás?
¿Y si la estoy fastidiando, estando con él?
¿Y si no se molestan, porque no sea igual?
Siento algo que me separa, e intento unir,
Pero hago planes por adelantado,
No quiero pasar un verano al lado del ordenador.
No es mi culpa, ¡hago planes!
Intento estar con todos,
Aunque realmente,
A veces sienta que no estoy con nadie
Att:Aje
domingo, 28 de agosto de 2011
Creer en el amor
¿Sabes? Estamos aquí, entre toda la multitud,
Pero no me importa.
Cogida de tu mano, no me quiero separar.
Nadie nunca me ha dado, lo que tu me estás llegando a dar.
Siento que de tu lado, no me quiero marchar.
Que cuando estoy contigo, todo es especial.
El tiempo vuela, y no sé cómo atraparlo.
Mi único dolor, es que se haga tan rápido.
No sé qué tienes, sólo eres persona,
Eres algo, eres todo.
Me has llegado a dar, algo que jamás pensé.
Mi futuro pensado, ha cambiado,
Desde aquél día, en el que llegaste a él.
Eres mi presente, eres un poco de mi pasado.
No te conocía, y ya te había juzgado…
He aprendido mucho, con esta relación,
Y es que el dolor, no siempre es permanente.
Aunque no todo es fácil, ahora así lo veo,
Ahora veo tranquila, el futuro sin miedo.
¿Sabes? Me gusta estar de tu mano, sin soltarme.
¿Sabes? Me gusta caminar por la calle contigo.
¿Sabes? Me gusta cuando me abrazas desde atrás,
Y entonces me susurras al oído ‘te quiero’
Porque me haces sentir especial.
Me gusta esa manera en la que me miras,
Porque me intimidas y… Es especial.
Me gusta cuando me dices que te encanto,
Porque jamás pensé que eso pudiera llegar a pasar.
Todo comenzó con un juego, un juego de dos,
Pero poco a poco, esto se fue haciendo grande,
Tu me hiciste olvidar el dolor.
Y yo te hice volver a amar.
Yo conseguí creer en el destino,
Tú conseguiste sonreír al peligro.
Siento las burlas sobre mi, pero me da igual.
Siento que contigo, puedo llegar al país de nunca jamás.
Tengo interés en el futuro, sólo si estás ahí.
Dices para siempre, y espero que sea así.
Yo nunca conocí alguien que me hiciese sentir especial,
Que me abrazase de tal manera… Que me besase como si fuese el final…
Ahora solo pienso en estar ahí, contigo,
Pues en este momento, tú eres mi destino.
No quiero decir siempre, pero espero que dure,
No quiero decir nunca, pero espero que no acabe.
Att: Aje
Pero no me importa.
Cogida de tu mano, no me quiero separar.
Nadie nunca me ha dado, lo que tu me estás llegando a dar.
Siento que de tu lado, no me quiero marchar.
Que cuando estoy contigo, todo es especial.
El tiempo vuela, y no sé cómo atraparlo.
Mi único dolor, es que se haga tan rápido.
No sé qué tienes, sólo eres persona,
Eres algo, eres todo.
Me has llegado a dar, algo que jamás pensé.
Mi futuro pensado, ha cambiado,
Desde aquél día, en el que llegaste a él.
Eres mi presente, eres un poco de mi pasado.
No te conocía, y ya te había juzgado…
He aprendido mucho, con esta relación,
Y es que el dolor, no siempre es permanente.
Aunque no todo es fácil, ahora así lo veo,
Ahora veo tranquila, el futuro sin miedo.
¿Sabes? Me gusta estar de tu mano, sin soltarme.
¿Sabes? Me gusta caminar por la calle contigo.
¿Sabes? Me gusta cuando me abrazas desde atrás,
Y entonces me susurras al oído ‘te quiero’
Porque me haces sentir especial.
Me gusta esa manera en la que me miras,
Porque me intimidas y… Es especial.
Me gusta cuando me dices que te encanto,
Porque jamás pensé que eso pudiera llegar a pasar.
Todo comenzó con un juego, un juego de dos,
Pero poco a poco, esto se fue haciendo grande,
Tu me hiciste olvidar el dolor.
Y yo te hice volver a amar.
Yo conseguí creer en el destino,
Tú conseguiste sonreír al peligro.
Siento las burlas sobre mi, pero me da igual.
Siento que contigo, puedo llegar al país de nunca jamás.
Tengo interés en el futuro, sólo si estás ahí.
Dices para siempre, y espero que sea así.
Yo nunca conocí alguien que me hiciese sentir especial,
Que me abrazase de tal manera… Que me besase como si fuese el final…
Ahora solo pienso en estar ahí, contigo,
Pues en este momento, tú eres mi destino.
No quiero decir siempre, pero espero que dure,
No quiero decir nunca, pero espero que no acabe.
Att: Aje
sábado, 20 de agosto de 2011
Once meses
Dicen que duele la pérdida,
Yo digo que se queda corta.
Dicen que un animal de compañía,
Es el mejor amigo del hombre.
Yo digo que se queda corto.
Aprendí a querer, cuando tenía cuatro añitos.
Aprendí a sonreír, cuando corría hacia mí,
De vuelta del colegio.
Me entristecía, cada vez que al ir al colegio,
Corría y corría fuera de casa.
Yo me iba, cuando no había vuelto.
No podía parar de pensar, hasta volver y comprobar,
Que estaba en su sitio de nuevo.
Lloraba por las noches,
Porque de solo pensar,
Que a la mañana siguiente,
Tú ya no estarías…
Duele el recuerdo, porque no estás aquí,
Siento un vacío, que la otra pequeña,
No lo pudo rellenar…
Y es algo por dentro,
Algo que no puedo controlar,
Sale solo, no sé parar…
Y sí, ella me recibe, pero no es igual.
Al comer, el rozar de tu pelo por mis piernas.
Al levantar, verte sentadita, esperando mi llegada.
Al salir, sentada al lado de la columna, viéndome salir.
Al sacar la basura, movías la colita, contenta de poder venir…
Y es que tanto tiempo sin ti, no es nada bueno,
Si es que cuando no estás, tengo un vacío que muero.
Es que quiero estar a tu lado, por ese tiempo que no pasé,
Pero ahora pienso y sé, que es demasiado tarde.
Att: Aje
21/8/11
Yo digo que se queda corta.
Dicen que un animal de compañía,
Es el mejor amigo del hombre.
Yo digo que se queda corto.
Aprendí a querer, cuando tenía cuatro añitos.
Aprendí a sonreír, cuando corría hacia mí,
De vuelta del colegio.
Me entristecía, cada vez que al ir al colegio,
Corría y corría fuera de casa.
Yo me iba, cuando no había vuelto.
No podía parar de pensar, hasta volver y comprobar,
Que estaba en su sitio de nuevo.
Lloraba por las noches,
Porque de solo pensar,
Que a la mañana siguiente,
Tú ya no estarías…
Duele el recuerdo, porque no estás aquí,
Siento un vacío, que la otra pequeña,
No lo pudo rellenar…
Y es algo por dentro,
Algo que no puedo controlar,
Sale solo, no sé parar…
Y sí, ella me recibe, pero no es igual.
Al comer, el rozar de tu pelo por mis piernas.
Al levantar, verte sentadita, esperando mi llegada.
Al salir, sentada al lado de la columna, viéndome salir.
Al sacar la basura, movías la colita, contenta de poder venir…
Y es que tanto tiempo sin ti, no es nada bueno,
Si es que cuando no estás, tengo un vacío que muero.
Es que quiero estar a tu lado, por ese tiempo que no pasé,
Pero ahora pienso y sé, que es demasiado tarde.
Att: Aje
21/8/11
viernes, 29 de julio de 2011
Solo a veces
Aquella tarde de verano las tardes cantaban
Sin querer llegar al lugar, para parar a recordar.
Cerraba los ojos, los volvía a abrir,
Miraba a mi alrededor, me veía ahí.
¿Por qué recuerdo el verano anterior,
Cuando este está muchísimo mejor?
¿Por qué recuerdo el sentimiento pasado,
Cuando el de ahora se bastante semejante?
Cierro los ojos, y aparece tu ventanilla.
Cierro los ojos, y apareces en aquel banco,
Cierro los ojos, y aparecemos detrás de aquél muro.
Cierro los ojos y ahí estamos… Buscando cualquier cosa…
No recordaba lo que se sentía, cuando alguien te rozaba
No recordaba lo que se sentía con una mirada simple,
Con un susurro ‘te quiero’ en medio de un beso.
No recordaba lo que se sentía en un simple roce de labios.
Porque cuando dos cuerpos se unen,
Mostrando un mismo sentimiento,
Escuchando latir sus corazones a la vez,
Mientras existen miradas que lo dicen todos.
No se puede hacer nada.
Porque cuando dos manos están entrelazadas,
Unidas con un pensamiento que dice ‘amor’
Compartiendo un único momento,
No existe nada que pueda romper.
Yo creí que no volvería a sentir lo mismo,
Exacto, aún no floreció esa llama de nuevo,
Tampoco creció la vuelta hacia mí,
Pero de alguna manera u otra,
Consigo ser a ratos feliz.
Att; aje
Sin querer llegar al lugar, para parar a recordar.
Cerraba los ojos, los volvía a abrir,
Miraba a mi alrededor, me veía ahí.
¿Por qué recuerdo el verano anterior,
Cuando este está muchísimo mejor?
¿Por qué recuerdo el sentimiento pasado,
Cuando el de ahora se bastante semejante?
Cierro los ojos, y aparece tu ventanilla.
Cierro los ojos, y apareces en aquel banco,
Cierro los ojos, y aparecemos detrás de aquél muro.
Cierro los ojos y ahí estamos… Buscando cualquier cosa…
No recordaba lo que se sentía, cuando alguien te rozaba
No recordaba lo que se sentía con una mirada simple,
Con un susurro ‘te quiero’ en medio de un beso.
No recordaba lo que se sentía en un simple roce de labios.
Porque cuando dos cuerpos se unen,
Mostrando un mismo sentimiento,
Escuchando latir sus corazones a la vez,
Mientras existen miradas que lo dicen todos.
No se puede hacer nada.
Porque cuando dos manos están entrelazadas,
Unidas con un pensamiento que dice ‘amor’
Compartiendo un único momento,
No existe nada que pueda romper.
Yo creí que no volvería a sentir lo mismo,
Exacto, aún no floreció esa llama de nuevo,
Tampoco creció la vuelta hacia mí,
Pero de alguna manera u otra,
Consigo ser a ratos feliz.
Att; aje
Suscribirse a:
Entradas (Atom)